A 20 años de tragedia de 'Machuca', víctimas siguen esperando justicia

A 20 años de tragedia de 'Machuca', víctimas siguen esperando justicia

El Eln voló el oleoducto, esto desencadenó un gigantesco incendio que cobró la vida de 84 personas.

Víctimas de masacre de 'Machuca' protestan en Bogotá

Un grupo de sobrevivientes y familiares de las víctimas de la masacre de 'Machuca' protestaron ayer frente al Palacio de Justicia.

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Víctimas de la masacre de 'Machuca'

Por: Justicia
19 de octubre 2018 , 06:45 a.m.

Cerca de 50 personas, en su gran mayoría sobrevivientes de la llamada ‘masacre de Machuca’ protestaron este miércoles frente al Palacio de Justicia, en Bogotá.

Exigían un pronunciamiento por parte de la Corte Suprema de Justicia sobre la demanda que instauraron hace 16 años contra la empresa Oleoducto Central S.A. Ocensa.

Radicamos un Derecho de Petición y esperaremos los 15 días hábiles. Hemos recibido respuesta positiva en el juzgado de Segovia y en Antioquia, pero aquí no se mueve nada. Y esa empresa era la encarga de manejar el sistema que voló el Eln”, dijo a EL TIEMPO Luz Mery Estrada, una de las sobrevivientes de la tragedia.

El grupo de víctimas estuvo en Bogotá y este jueves estuvieron en Segovia, Antioquia, donde el presidente Iván Duque hizo presencia en horas de la mañana para rendir homenaje a las 46 familias que vivieron hace 20 años el rigor de la guerra.

¿Qué pasó en Machuca?

"Yo estaba muy pequeño y dormía. Tenía cinco años. Solo recuerdo que mi mamá gritaba y se sentía mucho calor, asfixiaba. Nos sacó de la casa, un rancho de madera, y corrimos junto a mi hermano. El resto no alcanzó a salir", narró Juan, quien afirmó que ya estaba cansado de repetir la historia: "es muy doloroso recordar, porque allí murió mi papá y dos hermanos. Murieron quemados"

Juan, hoy de 25 años, recuerda así la madrugada del 18 de octubre de 1998, día en que sobre las 2 de la mañana un reducto del frente 'Cimarrones' del Eln dinamitó el oleoducto Cusiana - Coveñas (en explotación por Ocensa).

El combustible en llamas llegó hasta el río Pocuné -que pasa por un pequeño caserío de nombre Machuca- del municipio de Segovia, Antioquia. Las llamas abrazaron las casas rusticas, la mayoría en madera, de 46 familias. 

Cecilia Sánchez lo recuerda todo. El infierno llegó a Machuca y el fuego consumió el pueblo en medio de gritos de desesperación. El humo la despertó. Abrió los ojos y la densidad del vapor emitido por las tablas que ardían la envolvió en un manto sofocante.

“Lo primero que hice fue buscar a mi pareja y a mis hijos. La casa se estaba incendiando, pero los logré sacar con vida”, cuenta la mujer de tez oscura.
Luego del atentado, el crudo que alimentaba las llamas bajó silencioso por las aguas del río Popuné y cercó este pequeño caserío hasta consumirlo en su totalidad.

Tres días después las autoridades daban el parte devastador para el país, 84 personas habían fallecido, la gran mayoría de ellas niños. Y los que sobrevivieron, 30 personas, resultaron con quemaduras y lesiones para toda la vida, sumadas al trauma psicológico. 

“Llegaron ambulancias y helicópteros y nos montaron para llevarnos a Segovia y, luego, a Medellín. Fue la última vez que vi a mis tres hijos y a mi esposo”, cuenta Cecilia como si lo acabara de vivir. “No supe a dónde los llevaron. Pasaron cuatro meses, hasta cuando me enteré de que habían muerto. Yo sé que los saqué vivos, pero ya todos estábamos quemados”, agrega, con amargura.

Solo recuerdo que mi mamá gritaba y se sentía mucho calor, asfixiaba. Nos sacó de la casa, un rancho de madera, y corrimos junto a mi hermano. El resto no alcanzó a salir

Machuca

La destrucción de la población quedó evidenciada con las casas consumidas por las llamas.

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Ejército Nacional

'En dos vuelos sacamos muchos quemados, en su mayoría niños'

"Yo piloteaba un helicóptero ruso MI-17 del Ejército. En mi primer sobrevuelo sobre Machuca no entendía la magnitud de la tragedia. Se veían los árboles quemados, casas quemadas y animales quemados caminando, sin piel. Esa imagen jamás la olvidare", aseguró a EL TIEMPO el capitán Mario Arciniegas, instructor de vuelo del Ejército.

Arciniegas dijo que llegó a Machuca sobre las 10 de la mañana y "aún había fuego en muchos sectores, la cantidad de humo era impresionante y al aterrizar fue peor. De inmediato acomodaron a unos 9 heridos, quemados, en su mayoría niños, para que los llevará a El Bagre y fueran atendidos de urgencia", relata el piloto, quien tuvo a su cargo la primera aeronave militar que aterrizó en el lugar de la tragedia.

El capitán Arciniegas, más conocido como 'Archi', para esa época tenía 34 años y afirma que nunca olvidará el llanto de los niños y el dolor que alcanzó a percibir ese día en los dos vuelos que realizó.

Machuca

En el 2005 la cúpula del Eln fue condenada a 40 años de cárcel

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Ejército Nacional

Condena al Eln es 'letra muerta'

Un juez de Antioquia condenó a 40 años de prisión a la cúpula del Eln, condena que fue ratificada por la Corte Suprema de Justicia.

Sin embargo, en una segunda instancia fueron exonerados de los cargos los máximos jefes. Aunque la masacre de Machuca es considerada como una clara violación a los Derechos Humanos y a los protocolos del Derecho Internacional Humanitario, 20 años después las víctimas siguen clamando justicia.

Conmemoración

Este jueves, como cada año, la comunidad se reunió para llevar a cabo la tradicional eucaristía a las 8 de la mañana. Las familias llegaron hasta el cementerio de Machuca para poner una foto con el rostro de las víctimas de aquella tragedia y algunas ofrendas florales allí, donde recordaron la conflagración que vivieron esa madrugada.

En medio de la conmemoración, Cecilia Sánchez también recuerda que las llamas le quitaron a siete miembros de su familia. Y ella, al igual que otras 30 personas, quedó marcada con secuelas de por vida, físicas y sicológicas.

Los brazos con los que sacó a sus familiares le quedaron calcinados con heridas que aún le duelen, pero no tanto como el olvido del Estado. Un olvido que lleva 20 años. Y, precisamente por eso, no las esconde; con su camisilla gris, son visibles las secuelas de aquel fuego voraz como una cicatriz viva que no ha sido sanada, ni reparada.

“Seguimos sin médico y sin centro de salud. Nos mantenemos peleando para que nos devuelvan una ambulancia que se mantiene en Segovia, que es donde está el centro de salud más cercano. Para llegar allá nos demoramos dos horas y media”, se queja la mujer.

De acuerdo con información de la Unidad de Víctimas, este atentado dejó afectada la mitad de la población. En total fueron 230 familias damnificadas, 1.070 personas y 64 viviendas destruidas.

“Tiempo después, paramilitares hicieron presencia en el corregimiento, obligando a los habitantes a estar resguardados en sus viviendas, además de asesinar a siete personas; entre las víctimas se encontraban comerciantes, mineros y agricultores”, señala un reporte.

De las cenizas resurgieron como una comunidad más unida que nunca, pues, según dicen los sobrevivientes: el olvido del Estado les enseñó a no esperanzarse en ningún político.

“Las casas de madera sirvieron como leña para el cuerpo. Los pocos que se salvaron fue porque no todos los ranchos eran completamente de madera”, narra Maribel Agualimpia, habitante de Machuca, que hace eco de lo relatado por Cecilia.

“Resurgimos solos, juntos. Aprendimos que solo nos tenemos a nosotros mismos, y lo poquito que tenemos ha sido por cuenta de nuestro empuje. De otra parte no ha llegado ninguna solución”, asegura.

Un año después del atentado, Maribel fundó y aún coordina una emisora rural. “La idea surgió como un medio para informarles a las veredas lo que ocurre en la zona, porque antes solo había un megáfono. De esta manera, los podíamos informar más rápido en caso de que pasara otro atentado”, dice la mujer.

JUSTICIA
En Twitter: @JusticiaET

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