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'La nación colombiana requiere un proceso de sanación’: monseñor Henao
Monseñor Héctor Fabio Henao

Monseñor Héctor Fabio Henao, director de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia.

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Archivo particular

'La nación colombiana requiere un proceso de sanación’: monseñor Henao

El prelado hace un balance de lo que se ha logrado en la mesa de negociación.

El 26 de mayo de 1994 se firmó un acuerdo de paz que logró la desmovilización de al menos 650 combatientes de las Milicias Populares de Medellín. En esa época, monseñor Héctor Fabio Henao –director de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal– participó como tutor moral, y desde entonces su voz ha estado presente en diferentes procesos de paz y resolución de conflictos. Ahora, 27 años después de ese diálogo, Henao –junto con la ONU– es uno de los mediadores de la mesa de negociaciones entre el Gobierno y el Comité Nacional del Paro, con la que se espera encontrar una solución al estallido social que se despertó en Colombia hace 26 días.

Monseñor Henao asegura que el país vive una crisis, y que es urgente un “proceso de sanación” que nos permita encontrar salidas. Un proceso que nuestro pasado y presente, marcados por las violencias, han convertido en un desafío difícil de superar.

¿Por qué para los colombianos es tan difícil reconciliarnos?

La conformación de la nación colombiana como un pueblo capaz de incluir a todos sus habitantes, de crear espacios de participación, se ha visto muchas veces fracturada por diferentes conflictos profundos. Sobre todo porque somos un país con inequidades muy profundas, que ha sufrido de manera muy diversa las distintas violencias, pero también que ha percibido de maneras diversas las oportunidades, el desarrollo. Nos ha sido muy difícil identificar realmente la dignidad de cada ser humano. El pueblo colombiano tiene una herida muy profunda en el alma y su corazón.

Lo que se requiere es un proceso de sanación de la nación colombiana, donde pasemos por identificarnos, reconocernos y no ver el otro un enemigo sino realmente ver en los demás verdaderos compatriotas y hermanos. Cambiar esa imagen ha sido supremamente complejo.

¿De qué manera esas situaciones derivan en lo que vivimos hoy?

El paro nacional surge por una problemática que ya existía desde antes. Recordemos que en el año 2019 ya había unas manifestaciones que expresaron reclamaciones sociales y, después, en el año 2020 se presentó de parte del Comité Nacional del Paro un pliego de emergencia. Pero, sustancialmente, ha venido con la pandemia una crisis social y económica muy profunda que ha golpeado de manera muy directa a sectores de la población que ya estaban en condiciones de mucha vulnerabilidad, sectores que vivían de la economía informal, inclusive pequeñas y medianas empresas. Y ese proceso tan difícil, de una crisis tan profunda, es lo que lleva a medidas de emergencia.

Hoy Colombia reúne muchas situaciones difíciles relacionadas con el empobrecimiento de la población, con la falta de oportunidades. Y de alguna manera eso fue creando un clima de mucho resentimiento, de desesperación, lo cual ha desencadenado en las manifestaciones actuales

“Las marchas no pueden ser objeto de violencia de ningún lado. Las grandes transformaciones se han hecho con movimientos que han tenido de fondo una capacidad de expresión no violenta”.

Que dejan un preocupante saldo de hechos violentos…

Sabemos que ha habido violencia, violaciones de los derechos humanos, hay un número muy importante de heridos, tanto de la Fuerza Pública como de manifestantes, y eso ha representado una cuota de dolor muy alta. Ha habido personas que han perdido incluso los ojos. Tenemos también un número importante de personas desaparecidas, no hay que olvidar que esto ha generado una situación de enorme complejidad. Ese hecho nos ha colocado delante la obligación de sentarnos como sociedad, porque esto es un dolor de toda la sociedad colombiana. Y los muertos, los heridos, los desaparecidos generan un dolor profundo que todos debemos sentir.

¿Cuál es el rol de la ONU y la Iglesia como mediadores?

Naciones Unidas y la Conferencia Episcopal fuimos invitados por el Comité del paro y el Gobierno Nacional a acompañar el proceso. Estamos cumpliendo una labor de facilitación, pero los roles tendrán que definirse, pues la mesa de negociación no ha sido todavía establecida, habida cuenta de que se está en fase previa, de definición de garantías para la protesta social.

Se han brindado elementos técnicos de cómo avanzar, cómo llevar los distintos aspectos de la negociación, y nos hemos centrado bastante en el ejercicio de ayudar a profundizar en la construcción de puentes, lograr que haya el mayor entendimiento y relacionamiento entre las partes.

¿Por qué ha tomado tanto tiempo llegar a una negociación?

Las negociaciones con mucha frecuencia tienen esta fase, donde se definen condiciones y asuntos previos. Habida cuenta de las manifestaciones y bloqueos se ha presentado este momento de negociación, de lo que serían propiamente las condiciones para una negociación sobre contenidos, y aunque aún no se han tocado, sí se han hecho avances muy importantes y significativos, que tienen que ver con una respuesta muy urgente: cómo manejar las protestas y establecer los compromisos para que la protesta ciudadana pueda desarrollarse excluyendo toda forma de violencia y de violación de derechos humanos.

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Eso quiere decir que aún no se puede hablar de un tiempo para el fin de la negociación...

Estamos en una fase preliminar. Esto todavía no está considerado, pero los sectores que están en el Comité el paro tienen ya las propuestas sobre cada uno de los aspectos. Eso significa que los temas van a ser colocados de una manera ágil en la mesa porque ya hay unas propuestas. Además, hay unos temas que ya han tenido una suerte de solución, porque han sido retirados, como la reforma tributaria o la reforma de la salud.

¿Cómo ven la voluntad de las partes?

Hay que resaltar que las partes han manifestado su voluntad de interlocutar. Cuando en una negociación las partes afirman esa voluntad y se mantienen en la mesa, se puede avanzar en el proceso.

¿Cómo pueden solucionarse las demandas de los manifestantes?

Hay una parte de la crisis que tiene que ver con la situación de la juventud. Aquí se requiere crear posibilidades, dar soluciones urgentes relacionadas con empleabilidad de los jóvenes. Este proceso nos tiene que llevar, como sociedad, a encontrar respuesta a este sector particularmente. Tendrán que venir decisiones también en otros campos, como la salud, la mejor implementación de la vacunación de la sociedad colombiana, y otros temas que están sobre la mesa, como el empobrecimiento y las enormes diferencias que nos separan no solamente entre sectores sino entre territorios que prácticamente no eran reconocidos por la sociedad colombiana por las más grandes inequidades, situaciones de una carencia muy fuerte de servicios, de oportunidades.

Esta crisis es sin duda una oportunidad en la cual podemos identificarnos como miembros de una sola nación, que nos duela realmente el sufrimiento de los demás y que tengamos una responsabilidad colectiva de juntar caminos y alternativas para aquellos en condiciones de mayor vulnerabilidad.

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Varios sectores dicen no sentirse representados por el Comité del paro, ¿qué puede surgir de eso?

El comité es una plataforma donde están representados sectores muy importantes y representativos de la sociedad colombiana, pero indudablemente hay muchos más, hay otras expresiones y otros movimientos que vienen desde muchos ángulos y que tendrán que ser recogidos.

Pasemos a las calles. Esta semana hubo debate por el anuncio del presidente de levantar los bloqueos

Tanto el Gobierno como el comité tienen consciencia sobre las implicaciones de lo que son interrupciones o bloqueos permanentes y sostenidos de vías, y que eso puede traer afectaciones sobre la salud, el trabajo, la movilidad de otros sectores de la población y que es necesario abordar este asunto. Ya se han dado algunos pasos, se ha fortalecido el tema de corredores humanitarios, pero también hay que tener en cuenta que cuando hay bloqueos de vías no son todos coordinados por una plataforma o movimiento, sino que muchas veces resultan de necesidades muy locales. En ese sentido, me pareció indicado el ejercicio de invitar a los alcaldes y gobernadores a dialogar, a ejercer labores de identificación de las necesidades que expresan las personas que salen a las calles y que hacen bloqueos.

Y en cuanto al vandalismo, ¿cuál es su impacto en la protesta?

Los hechos de violencia que ocurren durante las manifestaciones pueden desvirtuar el carácter de las reclamaciones que se hacen y, de alguna manera, deslegitimar la protesta como tal. Es muy importante lo que ha sucedido en las últimas marchas, que tienen más un carácter de expresión cultural, de expresiones simbólicas, de manifestaciones de múltiples estilos para mantener las reclamaciones y para dar a conocer las necesidad.

Las marchas no pueden ser objeto de violencia de ningún lado. Las grandes transformaciones en la humanidad se han hecho con movimientos que han tenido de fondo una capacidad de expresión no violenta. Queremos invitar a que se piense, se reflexione y se asuma dentro de lo que estamos viviendo en este momento en el país.

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¿Han visto un cambio en el tono y el discurso del Gobierno frente a la protesta?

En la mesa este tema ha sido abordado. En este momento el diálogo es sobre la búsqueda de los mecanismos y los protocolos que ayuden a resolver los desafíos que han salido en estos días, relacionados con este derecho a la protesta pacífica.

¿Por qué esta negociación sería diferente a la ‘conversación nacional’ del paro de 2019?

La conversación puede traer transformaciones, pero no necesariamente las implica, tampoco tiene mecanismos de seguimiento a las transformaciones que se logran, ni mecanismos de veeduría. En cambio, la metodología de negociación puede ser más efectiva y responder mejor, porque tiene unas fases, unos objetivos, debe proceder con unos encuentros y unas decisiones tomadas colectivamente, entonces se construyen nuevas perspectivas.

¿Cómo garantizar que haya condiciones para que este estallido no se vuelva a repetir en el corto plazo?


Una de las lecciones del paro es que hay que sintonizarnos mucho mejor para identificar las grandes necesidades de la nación. Dentro de eso hay sectores más vulnerables, con mayores urgencias, y tenemos que abrirnos a ellos. Esta sociedad tiene que caminar más hacia superar los niveles de empobrecimiento e inequidad existentes. En la medida que se avanza y se llega a acuerdos, a los que se les hace seguimiento, eso va creando un marco que permite que la sociedad vaya saliendo de la coyuntura en la que está. Se abre un camino, que es un pacto nacional por la vida, por la democracia, que sea capaz de fortalecer la estructura del país, y que sea incluyente. Ahí deben estar todos los sectores sin ninguna discriminación.

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JULIÁN RÍOS MONROY
Redacción Justicia
@julianrios_m

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