Patio carcelario en el que mujeres recuperan sus vidas de las drogas

Patio carcelario en el que mujeres recuperan sus vidas de las drogas

En la comunidad terapéutica de la cárcel El Buen Pastor, en Bogotá, hay 50 mujeres rehabilitándose.

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Estrategia con la que internas de El Buen Pastor se recuperan de las drogasLa comunidad terapéutica de la cárcel El Buen Pastor hoy tiene 50 mujeres que están en rehabilitación de consumo de drogas.
Comunidad terapéutica El Buen Pastor

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Por: María Isabel Ortiz Fonnegra
23 de noviembre 2019 , 01:40 a.m.

A los 9 años de edad, cuando empezó a consumir drogas, María Elizabeth Legarda no podía tener conciencia de lo que podría llegar a ser su vida de adulta. Hoy, a los 31 años, cumple una pena por homicidio en la cárcel de mujeres El Buen Pastor, en Bogotá.

Con la voz entrecortada narra que a los 11 años fue víctima de abuso sexual, y siendo aún una niña, se fue de su casa. Para poder sostenerse entró a la prostitución, y un día de aquellos cayó por completo en las drogas. “Las drogas son algo que destruye tu vida por completo”, comenta, y recuerda las “malas compañías” que en 2015 la llevaron a ser parte de grupos armados ilegales y a participar en crímenes.

En la cárcel, su primera experiencia no fue mejor. Llegó al patio 9, uno de los más temidos y en el que el consumo de estupefacientes es constante. Allí tocó fondo. No solo porque por consumir había descuidado su vida y casi no comía, sino porque estuvo a punto de ser apuñalada en prisión, pues no tenía dinero para pagarles a las personas que venden vicio.

En esos momentos de desesperación, una compañera de celda la convenció de buscar ayuda con el psicólogo de la prisión, que coordina programas de rehabilitación de drogas.

Ese fue el primer paso que cambió su vida por completo. Hace 9 meses está sobria gracias al programa de rehabilitación de drogadicción, y desde julio de este año ingresó a la comunidad terapéutica Sembrando Vencedoras, un patio de El Buen Pastor en el que hoy hay 50 internas que se rehabilitan del consumo de drogas.

Para Legarda llegar a este programa fue como volver a la vida, tanto física como espiritualmente. Ya no está demacrada físicamente y pasó de ser una interna a la que las demás le tenían miedo a alguien a quien ven como una líder que siempre tiene una mirada alegre y una sonrisa para acompañar a las demás en el duro camino para dejar atrás el consumo.

Dentro de la comunidad terapéutica coordina el taller de madera y bisutería.  Precisamente vendiendo cuadros de madera en ferias de productos hechos por internos consigue dinero para ayudar con el sostenimiento de sus dos hijos, a quienes este mes volvió a ver después de tres años, un encuentro que fue “como si hubiera vuelto a nacer”, contó entre lágrimas.

María Elizabeth Legarda, cárcel El Buen Pastor

Gracias a este programa, María Elizabeth Legarda se reconcilió con su familia y espera salir a ayudar a otras personas a dejar las drogas.

Foto:

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

No haberlos acompañado más mientras crecían es algo que lamenta profundamente, pero que es su principal motivación. Otro de sus anhelos fuera de la cárcel es ayudar a otras personas a dejar las drogas.

“Acá estamos presas de libertad, pero en la calle hay muchas personas que están presas espiritualmente. Quiero salir a la calle a decirle a alguien que de pronto esté en un andén: ‘Levántate, sí se puede’. Yo soy un ejemplo y quiero ayudar a otros”, concluyó.

La lucha es diaria, para mí la droga es un cáncer social, este patio nos ayuda a tenerla totalmente al margen de nuestras vida

Precisamente Nathaly Ortega, otra de las mujeres que integran la comunidad terapéutica, tiene muy claro que dejar las drogas no es para nada fácil. Ella comenzó a consumir a los 11 años y por más que intentó dejarlas, no pudo. Hoy paga en la cárcel una condena por un hurto que cometió para poder pagar el vicio.

Todo ambiente, contexto y entorno que toca la droga, lo destruye”, comentó Ortega, mientras repasaba los momentos que la llevaron a estar hoy en una prisión, pero también aquellos que por fin le permitieron dejar el vicio.

Para ella lo que ha ocurrido en los 4 meses que lleva en la comunidad terapéutica ha sido un cambio “milagroso, majestuoso”, pues a través de ejercicios de calistenia, trabajo en la huerta y talleres con perros y de crecimiento no solo ha avanzado en una rehabilitación física, sino también espiritual.

“Más de uno no da un peso por nosotras, no nos creen, pero vamos a demostrar que sí podemos. La lucha es diaria, para mí la droga es un cáncer social, este patio nos ayuda a tenerla totalmente al margen de nuestras vidas”, dijo entre lágrimas, pero con una sonrisa.

Nathaly Ortega El Buen Pastor

Nathaly Ortega espera llegar a sus 35 años completamente rehabilitada de las drogas.

Foto:

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Y si de por sí ser mujer en una cárcel ya es difícil, ser una migrante lo es aún más. Joselyn Ovando, una joven venezolana de 29 años de edad, también hace parte de Sembrando Vencedoras.

Ovando está cumpliendo una pena de 5 años de cárcel por narcotráfico, una “decisión apresurada” que tomó en medio de la desesperación por conseguir los medicamentos que su padre, enfermo de cáncer, necesitaba con urgencia en Venezuela.

En la cárcel, apartarse de las drogas no fue fácil, pero un día pidió ingreso a la comunidad terapéutica de El Buen Pastor, la primera en Colombia solo de mujeres, y su vida cambió por completo, los miedos al futuro que la llevaban al consumo se fueron desvaneciendo.

En este nuevo patio, que fue adecuado gracias a dinero de redes de apoyo y que hoy cuenta con duchas dignas, una cocina y habitaciones adecuadas en las que conviven máximo dos personas, no solo dejó las drogas sino también el cigarrillo, del que no había podido apartarse desde niña.

“Yo canto, y ahora que estoy fuera de todas las drogas pude conocer mi voz, pude conocerme”, explicó. Ahora espera pagar su pena para poder volver a Venezuela a ayudar a su familia.

Joselyn Ovando El Buen Pastor

Joselyn Ovando en el taller de madera y bisutería de la comunidad terapéutica de El Buen Pastor.

Foto:

Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Las mujeres de este patio tienen claro que son mucho más que ‘delincuentes’, son personas con anhelos y sueños, y están cultivando habilidades para lograrlos.
En todo el país hay 18 comunidades terapéuticas como la que funciona en El Buen Pastor, según Sandra Lizarazo, psicóloga de la Dirección de Atención y Tratamiento del Inpec.

Lizarazo agregó que la meta con estos espacios es mejorar la calidad de vida de los presos con problemas de drogas, promoviendo alternativas para que superen el consumo, potencializando sus habilidades.

En el caso de las mujeres de Sembrando Vencedoras, no solo tienen claro que volver a las drogas no es una opción, sino que varias tienen un proyecto común de montar un negocio de trenzas y arreglo de uñas. Saben que para una persona que estuvo en prisión es difícil encontrar un empleo afuera, pero quieren demostrar que son mucho más que su pasado.

MARÍA ISABEL ORTIZ FONNEGRA
REDACCIÓN JUSTICIA
justicia@eltiempo.com
En Twitter: @M_I_O_F

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