El blindaje que la Policía no puede perder / Opinión

El blindaje que la Policía no puede perder / Opinión

La legitimidad de la institución frente a la ciudadanía no puede ponerse en riesgo.

Protestas en el CAI Villa Luz este miércoles.

La legitimidad de la Policía frente a la ciudadanía no puede ponerse en riesgo.

Foto:

Néstor Gómez. EL TIEMPO

Por: Jhon Torres
13 de septiembre 2020 , 08:35 p. m.

Las familias de 14 colombianos –empezando por la del abogado Javier Ordóñez– lloran el saldo fatal de la cadena de tragedias que se inició en la madrugada del miércoles en Bogotá con una detención por escándalo en la vía pública que no debió pasar a mayores y terminó siendo el detonante de las más duras asonadas contra la Policía en la historia reciente del país.

Una tras otra, las escenas que hemos visto han sido devastadoras. Primero, la del ciudadano reducido por dos policías que implora que no le apliquen más descargas eléctricas y que después termina muerto, además con claras señales de golpes en la cabeza y el tórax. Y luego, la película de terror con turbas enardecidas quemando y destruyendo los CAI y saqueando lo que estuviera a mano; y también con policías disparando en operativos de control de protesta social en los que, por orden legal y expresa, esa acción debía ser el último recurso. Y finalmente, la de los criminales que se roban un bus y atropellan sin la menor humanidad a una mujer que trataba de llegar a su casa.

El Gobierno y la Policía han denunciado, con argumentos, que tanto el Eln como las disidencias de las Farc aprovecharon las protestas para avanzar en su estrategia de llevar el caos a las ciudades. No es algo nuevo. Lo vemos hace ya varios años, con las manifestaciones pacíficas que de un momento a otro desembocan en destrucción de estaciones de TransMilenio y saqueos.

Pero la clara infiltración de los violentos en algunas marchas no puede llevarnos a desconocer lo que representa el caso de brutalidad policial que le costó la vida a Ordóñez. Como pasó en 1993 con la tragedia de Sandra Catalina, la niña de 9 años que fue violada y asesinada en una estación, lo que dio pie a un revolcón de fondo en la Policía, este episodio debe abrir una profunda reflexión nacional. Y hay que abordar desde las calidades mismas de los colombianos que llegan a la institución hasta la doctrina sobre el uso de armas letales y no letales. Y, sobre todo, nos debe llevar a hablar del control sobre las actuaciones de los miles de hombres y mujeres que llevan el uniforme.

La legitimidad de la Policía frente a la ciudadanía –que se expresó a través de los centenares de personas que defendieron sus CAI de los vándalos– no puede ponerse en riesgo.

Es su mejor blindaje. Y se desgasta cuando un uniformado abusa de su autoridad o viola abiertamente la ley, pero también cuando las instituciones, empezando por la misma Policía, no actúan en consecuencia y se resisten a ajustar, cuando toca, el rumbo.Lea otras columnas del autor:


JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

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