Secciones
Síguenos en:
No disparen / columna de Héctor Riveros
Marcha de las mujeres en Medellín

En Medellín, marcha de las mujeres contra el ‘mal gobierno de Duqe’.

Foto:

Jaiver Nieto Álvarez / ETCE

No disparen / columna de Héctor Riveros

El analista y abogado, opina frente a las jornadas de manifestación. 

El primero de las decenas de personas que han muerto en el marco de las protestas de la última semana en Colombia fue un joven, menor de edad, que agredió con una patada a un agente de Policía, quien desenfundó su arma y le disparó dos tiros en la cabeza, según se evidencia en los videos difundidos en las redes sociales.

(Lea también: Van 47 investigaciones en la Policía por exceso de fuerza)

Desafortunadamente, el agente, seguramente otro joven, con historias sociales parecidas a las del fallecido, cometió un delito del que seguramente la justicia lo declarará responsable. Reaccionó, quizás, atendiendo recomendaciones de muchas personas que invitan a los policías a defenderse con las armas y sin contemplaciones.

Los azuzadores invocan la legítima defensa y seguramente reclamarán, inútilmente, que se le reconozca y lo exoneren. Cuando la justicia lo condene afirmarán que “así es imposible” y dirán que “están dejando sin dientes a la policía”.

(Lea también: ¿Dónde y cómo murieron? El mapa de víctimas de la violencia en el paro)

Desde el punto de vista jurídico, habrá un debate de filigrana para los abogados penalistas. El caso tiene la particularidad de que el joven agresor emprendió la huida, con lo que la inminencia del peligro que se exige para poder invocar la legítima defensa había desaparecido.

En realidad, la vida del agente no estaba en peligro para el momento del disparo, pero claro ese cálculo, en un breve lapso, es difícil de exigirlo a quien reacciona, a pesar de lo cual la realización del disparo con la clara intención de causar la muerte resultaría injustificada y absolutamente desproporcionada si se evalúan las circunstancias en las que ocurrieron los hechos.

(Le sugerimos leer: Lucas Villa, el estudiante herido en Pereira que lucha por su vida)

La defensa dirá que el agente sintió temor de ser agredido por las otras personas que se encontraban en el lugar y por ello reaccionó así, podría ser, pero no será suficiente para exonerarlo de la responsabilidad penal.

En esas discusiones de abogados, algunos dirán que no se trataba de la legítima defensa sino del cumplimiento de un deber legal, en este caso, el de reducir a una persona que cometía un delito para ponerlo a disposición de la justicia, caso en el cual las valoraciones sobre el legítimo uso de la fuerza no serían muy diferentes. La necesidad y la proporcionalidad son en ambos casos las palabras claves.

(Lea también: Mindefensa advierte sobre 'terrorismo digital')

Las imágenes de agentes de policía resguardados detrás de sus escudos recibiendo piedras de manifestantes llevan a mucha gente a invitar a usar las armas. Para empezar, seguramente los agentes no tienen armas letales, precisamente para evitar que las usen en un caso como ese, y siempre deberán considerar qué tipo de reacción es la necesaria y cuáles son los medios que resultan proporcionales a la agresión.

Como si fuera poco, en estos días de saqueos y vandalismo, en lo que la Policía parece desbordada, hay personas que quieren usar el expediente de la mal llamada “justicia por mano propia”. Se arman para repeler los ataques.

Aunque con criterios un poco distintos, otra vez, la reacción legítima es la que resulta necesaria y proporcional, ya no solo a la agresión sino al derecho que se pretende proteger: si una persona tiene en peligro su vida, quizás pueda, en el marco de la legítima defensa, usar un arma de fuego y disparar, pero si, por ejemplo, le han robado una bicicleta y el ladrón trata de huir, el disparo llevará varios años de cárcel a quien supuestamente defendía sus derechos de esa manera.

(Además: Congresista pide investigar supuesto ataque con ácido a policías)

La comunidad internacional ha reclamado al Estado colombiano actuar sin vacilación y con rapidez para hallar a los responsables penales de decenas de muertos, varios de los cuales cayeron por efecto del accionar de armas entregadas a agentes del Estado, los cuales las usaron, según muestran las evidencias, sin regirse por los estándares internacionalmente aceptados para el uso de la fuerza.

Suena escandaloso, pero en ocasiones lo que procede es esconderse, que en los manuales policiales se llama “repliegue táctico”, antes que disparar porque se causarán más daños de los que se pretenden evitar.

(Siga leyendo: Legítima defensa vs. agresión / Columna de Jaime Lombana)

HÉCTOR RIVEROS

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.