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La vida que se siembra en Montes de María tras el paso de la guerra
Reincorporacion de exguerrilleros Farc
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Julián Ríos Monroy. EL TIEMPO

La vida que se siembra en Montes de María tras el paso de la guerra

Excombatientes de las Farc están terminando sus estudios y poniendo en marcha proyectos productivos.

Cuando se enteró de que estaba embarazada por primera vez, supo que debía ocultarlo. “Eso fue en 2005, estábamos en plena guerra y uno prefería que los comandantes no se dieran cuenta, hasta que ya la barriga no se podía disimular”, dice Maribel –piel morena, cuerpo robusto– mientras se acomoda en una silla de plástico azul.

Tiene 34 años y durante 15 hizo parte del Bloque Caribe de las Farc. Luego de que esa guerrilla abandonó las armas y firmó el acuerdo de paz, la vida le cambió tanto que decidió tener otro hijo, que nacerá en dos meses, si sus cálculos no fallan.

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Son las 8 de la mañana y comienza a calentar en Colosó, un pueblo montemariano de escasos 6.000 habitantes ubicado en el norte de Sucre.

Maribel viste una blusa roja suelta, que le cubre una barriga pronunciada, y se emociona de solo pensar en cómo va a criar a su pequeño, a quien llamará Daniel David. A su primer hijo –que ya tiene 16 años– lo tuvo en sus brazos apenas unos días, antes de entregárselo a sus papás para seguir en la guerrilla.

Con sus ganancias y ahorros, Maribel comenzó un proyecto de cerdos para engorde.

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Julián Ríos Monroy. EL TIEMPO

Nos resguardamos del sol en la cocina de Maribel, una construcción de madera techada en palma que desde lejos se asemeja a una maloca. Ella y su esposo se despertaron a las 5, como de costumbre, para ordeñar las vacas que les dieron como proyecto productivo: la estrategia para que los excombatientes, tras dejar el conflicto, tengan sostenibilidad económica.

En el Caribe hay 1.225 exguerrilleros de las Farc que, como Maribel, están en el proceso de reincorporación a la vida civil. De ellos, 600 están involucrados en alguno de los 321 proyectos que están en marcha en la región en temas de agricultura, ganadería, silvicultura, pesca, comercio y manufacturas. A través de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), el Gobierno ha invertido 4.799 millones de pesos en esas iniciativas.

“Nosotros empezamos hace un año. Nos dieron ocho reses de doble propósito, entonces vendemos leche y tenemos otras para carne, y con la platica que queda y lo de la renta básica mensual hemos comprado cerdos para engorde y gallinas”, cuenta Maribel.

Su hermano Pedro, quien también estuvo en las Farc, usó los ocho millones que les asignan para montar un criadero de cerdos, empezó a estudiar Producción Pecuaria y también incursionó con los carneros.

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He logrado muchas metas que estando en la guerrilla ni me imaginaba, porque allá uno amanecía sin saber si anochecía, y anochecía sin saber si iba a amanecer

Ambos se instalaron en la finca de sus padres, un predio de tierra negra y fértil en el que, además de cuidar a sus animales, cultivan tabaco, maíz, yuca y ñame.

Al lugar donde crecieron Maribel y Pedro se llega después de andar media hora por una carretera destapada desde el casco urbano de Colosó.

Por décadas, guerrillas y paramilitares transitaron esos caminos imponiendo su ley a su paso. Para inicios de la década del 2000, la población de los 15 municipios que conforman la región de los Montes de María era de 422.000 habitantes, de los cuales alrededor de 200.000 tuvieron que desplazarse a la fuerza por culpa del conflicto armado, y cientos murieron en las por lo menos 56 masacres perpetradas allí.

“Para nosotros era normal ver grupos armados cuando éramos niños. Uno veía eso como si fuera la policía. Por ahí pasaba el Eln, el Erp, las Farc y las autodefensas. Cuando uno sentía que había peligro, tocaba salir a correr a esconderse al monte”, cuenta Maribel, que se escapó de su casa a los 14 años para formar parte de las filas farianas.

Estuvo en los frentes 35 y 37, y operó entre Bolívar, Sucre y Magdalena como miliciana, enfermera e integrante del grupo de fuerzas especiales de la guerrilla. Pese a haber estado casi la mitad de su vida en armas, dice que ya no conserva nada de ese pasado.

“Yo me liberé de eso y me centré en mi vida. Al principio, mi miedo era que la gente me rechazara, y por eso tomo con mucha responsabilidad el hacer las cosas bien. He logrado muchas metas que estando en la guerrilla ni siquiera me imaginaba, porque allá uno amanecía sin saber si anochecía, y anochecía sin saber si iba a amanecer”, dice mientras acaricia su barriga.

Una de esas metas fue estudiar. Cuando se vinculó a las Farc, había cursado hasta octavo de bachillerato, pero tras la firma del acuerdo de paz terminó el colegio y cursó un técnico en Salud Oral.

“Uno piensa que ya a esta edad no puede estudiar, pero la facilitadora de la ARN me machacaba y machacaba todos los días esa idea y vea… empecé en 2017 y me gradué en 2019”, cuenta Maribel, con su acento tan costeño.

Y así como su vida ha ido cambiando, su pueblo –enterrado en una región tan golpeada por la guerra y el abandono– pareciera ir saliendo de ese ciclo de violencias. Los colosoanos cuentan que en los últimos años ha disminuido la presencia de los armados en la zona, pese a ser estratégica para conectar la costa Caribe con el interior del país.

Mientras caminamos por su cultivo de tabaco, Maribel dice que si las cosas siguen así, le gustaría echar raíces en su tierra: “Yo quisiera tener una finca grandotota, que mi proyecto crezca y pueda quedarme aquí a ver crecer a mis hijos”.

Es una ilusión que el conflicto le arrebató con su primer embarazo. Pasaron más de dos años para volver a ver a su hijo después de dejarlo al cuidado de sus papás, y cuando –aún siendo combatiente– lograba visitarlo, la persecución la obligaba a volver pronto al monte.

Maribel tiene 7 meses de embarazo. De fondo, sus cultivos de tabaco y la cochera de sus cerdos.

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Julián Ríos Monroy. EL TIEMPO

“Ahora la vida es más bonita. Con más responsabilidad, sí, pero también con mucha más libertad y sin tantos miedos”, dice.

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Los proyectos colectivos

Al sur de Colosó, en el municipio de Morroa, 12 exmiembros de las Farc se unieron para formar la Asociación de productores agropecuarios de los Montes de María (Asopramas).

Sumaron los desembolsos de sus proyectos productivos, alquilaron un lote de 32 hectáreas y dedican sus días a cuidar 46 cabezas de ganado (entre vacas, novillas y terneros).

“Este proyecto es el único en la región en el que se ha implementado sistema de riego, y eso nos ayuda mucho a tener mejores pastos para las reses, sobre todo en época de sequía”, dice la única mujer que hace parte de la asociación.

Uno de sus compañeros señala, eso sí, que están a la espera de saber qué va a pasar con el terreno donde están desarrollando su iniciativa: “Nos quedan dos años del arriendo, que pagamos con parte del desembolso que nos hicieron. Esperamos poder acceder a estas tierras, que hemos ido adecuando”.

Miembros de Asopramas recorren el predio donde desarrollan su proyecto productivo en Morroa, Sucre.

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Julián Ríos Monroy. EL TIEMPO

Entre proyectos individuales y colectivos, en Sucre han sido aprobadas 69, que vinculan a 231 ex-Farc, el 90,9 por ciento de los que viven en la región.

De ahí que el director de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), Andrés Stapper, asegure que este departamento se va a convertir “en el primero con el 100 por ciento de excombatientes con sus unidades productivas y esa gran garantía de sostenibilidad económica”.

En casos como el de Asopramas, sus miembros han hecho alianzas con pobladores de la vereda para venderles productos a precios asequibles o para emplearlos en las actividades agropecuarias.

De hecho, varios de los asociados no ejercieron roles militares dentro de las Farc, sino que hacían parte de su red de informantes, mensajeros y colaboradores en la región.

Uno de ellos es un labriego de Morroa, de 58 años, que durante 16 le ayudó a la desaparecida guerrilla a recibir –bajo la clandestinidad– los víveres para su aprovisionamiento.

“Si hay algo que nos ha dejado de lección este proceso es que la guerra es la peor opción. Después de que se firmó el acuerdo acá se sintió paz, tranquilidad. Claro, se dice que hay grupos por ahí, pero mientras que no surjan, en unos años esta región puede alcanzar la prosperidad que le arrebataron tantos años de conflicto”, dice el hombre.

*Algunos nombres fueron modificados por solicitud de las fuentes.

**Este artículo se desarrolló con invitación de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN).

En Twitter: @julianrios_m
Redacción Justicia

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