¿Dónde están los secuestrados que no volvieron?

¿Dónde están los secuestrados que no volvieron?

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Las familias de los secuestrados que no volvieron aún esperan respuestas

Una madre, un hijo y un padre que perdieron a sus familiares hablan sobre sus expectativas frente a la JEP.

En medio de la turbulencia política y jurídica alrededor de las objeciones del presidente Iván Duque a la ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP), críticos y defensores del sistema transicional pactado con las Farc basan sus argumentos en la defensa de los derechos de víctimas.

Pero, ¿qué piensan realmente ellas del modelo?, ¿qué opinan de que las audiencias de los exjefes de la guerrilla se estén haciendo a puerta cerrada?, ¿qué respuestas esperan de los ex-Farc y de la misma JEP? Esto es lo que dicen las víctimas de uno de los dramas más crueles del conflicto: los familiares de los secuestrados que nunca volvieron.

Amalia Díaz de Márquez

Amalia Díaz de Márquez, mamá de Enrique Márquez, secuestrado en febrero de 1999.

Marcela Han Acero / EL TIEMPO
Amalia Díaz de Márquez

Enrique Márquez era secretario general de una cooperativa cuando lo secuestraron.

Marcela Han / EL TIEMPO

“El dolor que uno tiene no se puede prestar para hacer un show. Que uno dijo o no dijo, que este se rio (...) No, la verdad es una cosa tan sagrada, tan especial, que yo sí le abono a la JEP que las audiencias sean a puerta cerrada”.

Amalia Díaz de Márquez habla con contundencia sobre el caso de su ‘Quique del alma’. Busca, en medio de la fase que vive el país con la implementación del acuerdo de paz y la justicia especial, encontrar las respuestas a un secuestro que le desbarató la vida hace ya 20 años.

A Enrique Márquez Díaz se lo llevaron el 11 de febrero de 1999. Hombres de las Farc lo interceptaron cuando arribó al trabajo; se fueron con él casi que en segundos. Eran las 6:30 de la mañana, en pleno centro de Bogotá. Quique era el secretario general de Conalcréditos, tenía 29 años y una carrera exitosa como abogado lo había puesto en ese lugar.

El día del secuestro fue la última vez que escucharon su voz. Enrique llamó a Amalia y a su papá, Ismael, dos veces: la primera, dos horas después de que lo raptaron. Solo les comentó que tenía una reunión imprevista, aunque Amalia sabía que eso era mentira. La segunda fue a las 9:30 de la noche.

“Me dijo que lo tenían las Farc, que no nos preocupáramos, que no era con él ni con nosotros, que el gerente tenía que ir a dar unas explicaciones, que lo llamáramos y le dijéramos que contestara el teléfono”.

Después de eso, la información que han tenido Amalia Díaz e Ismael Márquez ha sido precaria. Siempre les ha llegado de a poco. Solo 3 años y medio después de que se lo llevaron, recibieron de secuestrados liberados reportes de Enrique. “Cuando salían siempre iban a comentarnos que se encontraba bien, que para todos era el mejor amigo. Él era muy dado a ayudar a los demás, aun estando allá”.

La confirmación, la certeza de qué le había pasado a su hijo le llegó a Amalia hace un año, por una entrevista radial en vivo a ‘Romaña’.

“El 21 de febrero me entró una llamada. Era Gustavo Gómez. Me dijo: doña Amalita, ¿cómo está? ¿Está oyendo noticias? Le dije que no. Palabras más, palabras menos, afirmó: doña Amalita, se me parte el alma y el corazón, pero tengo que decirle que Quique está muerto. Ahí me volteé, abracé a mi marido, le conté. Después llamamos a mi otro hijo”.

A pesar de que finalmente Romaña dio una certeza, los Márquez Díaz siguen esperando. “Nos dijeron que él había dicho que tenía que hablar con nosotros, pero que el proceso era muy dispendioso porque para entregarnos los restos tenían que reconstruir todo lo que había pasado y eso toma su tiempo”, dice Amalia.

En la sala de su casa tiene la foto de la primera comunión de Quique. En esa imagen, el pequeño Enrique sale sonriendo, levantando un poco el mentón, lleno de seguridad. Ella está sentada al lado cuando lo recuerda. En este momento, después del desasosiego de años, lo único que esperan son respuestas. Y la Jurisdicción Especial para la Paz se convirtió para ellos en la posibilidad más real de resolver esas dudas que los han perseguido desde que se llevaron a Enrique.

“En la JEP nos han atendido muy bien: ellos mismos fueron los que nos llamaron cuando empezaron a abrir los casos. Fuimos invitados por las magistradas, nos recibieron con mucha calidez, me hicieron sentir que el caso de Enrique Márquez no era un caso más. Siente uno apoyo, que si no pasa nada, al menos lo han escuchado”, afirma esta madre.

Lo que ha sentido como primordial en medio de todo este proceso es el acercamiento que puede tener la víctima con la verdad de su caso. Y dice que apoya que las versiones de los excomandantes de la desaparecida guerrilla sean a puerta cerrada, porque es algo “muy personal”.

“Una situación como la que estamos viviendo, tan delicada, debe ser de cada familia, no un show, porque el dolor que uno tiene no se puede prestar a hacer un espectáculo. (...) No critico que sean a puerta cerrada. La gente quiere saber detalles porque no está en el corazón de uno: entonces, es muy fácil decir que a puerta abierta —cuestiona— (...) Pero, ¿a quién le interesa mi caso? Me interesa a mí, a mi esposo, a mi otro hijo y a la familia”.

A los magistrados les pide “que no acepten en ningún momento mentiras". A las Farc, "que digan solo la verdad, que nos digan ¿qué pasó? ¿Qué fue lo que hicieron con él? ¿Por qué se lo llevaron, si era una persona que no tenía arte ni parte con ningún grupo?”.

Y finaliza: "que Romaña entregue los restos de mi hijo y nos diga la verdad, ante todo: la verdad, la verdad y la verdad".

Héctor Angulo Castañeda

Héctor Angulo Castañeda, hijo de Gerardo Angulo y Carmenza Castañeda.

Marcela Han Acero / EL TIEMPO
Héctor Angulo Castañeda

Este es el mapa en el que Héctor Angulo ha delimitado la ruta que habrían realizado sus padres cuando fueron secuestrados.

Marcela Han / EL TIEMPO

Héctor Angulo Castañeda coincide con doña Amalia al considerar que lo único que espera que le traiga la JEP es verdad.

En este momento, confía en que este proceso de justicia transicional le permita verse cara a cara con los que ordenaron el secuestro de sus padres, Gerardo Angulo y Carmenza Castañeda.

Los abuelos Angulo tenían 68 años cuando se los llevaron y, posteriormente, asesinaron en cautiverio. “Confiemos en que ahora con la JEP funcionando sean sinceros y digan la verdad, porque ellos han sido mentirosos todo el tiempo. Desafortunadamente las Farc nos han mentido a nosotros y le han mentido a todo el mundo”, cuestiona.

La búsqueda de verdad es una constante en la vida de Héctor desde que sus papás fueron secuestrados el 19 de abril del 2000, cuando llegaban a la casa en la que vivían en la vía Patios- La Calera. Los llamaron días después a exigirles 800 millones de pesos, dinero que no tenían.

Él y sus hermanos les enviaron a los guerrilleros certificados de bancos, de la Dian, todo para demostrarles que el pequeño taller para hacer repuestos industriales que tenía su papá y en el que trabajaban él, su hermano y su cuñado, no les generaba sino el ingreso justo.

Con los años, cerca de 20 secuestrados, entre ellos el periodista Guillermo la ‘Chiva’ Cortés, les confirmaron que sus padres estuvieron en manos del frente 53 de las Farc en límites de Cundinamarca y Meta.

(Vea también el especial: Los secuestrados que nunca volvieron)

En medio de las averiguaciones que hicieron se encontraron con la verdad de la boca de una desmovilizada de esta guerrilla, quien les dijo que habían sido asesinados porque no pagaron el rescate. Hasta el momento se han hecho cinco operativos para encontrar los restos de los abuelos Angulo. Todos han resultado fallidos.

“Yo quiero que nos digan la verdad, aunque ya la sabemos prácticamente, la sabemos a medias, pero la sabemos. Que nos respondan, ¿por qué los asesinaron? ¿Por qué los tenían amarrados con cadenas? Esa es la verdad que estamos buscando que nos digan. Tal vez nos digan que fue un error, una equivocación y les tocó a ellos, pero no hay ninguna justificación para lo que les hicieron”.

Son las 11 de la mañana de un día de principios de marzo. Héctor sentado en un amplio mueble en su casa, al sur de Bogotá, consiente a Karina, su gata. Le puso así por la temida exguerrillera, dice que como la felina es tan fea, merecía ese nombre. Curiosamente, ella nunca se le despega, lo persigue a donde vaya, ahora es una fiel compañera.

Héctor afirma sin dudas que frente a la JEP todavía “todas las cosas siguen siendo expectativas”. Reconoce que tiene muchas discrepancias con el acuerdo de paz, porque, dice, no avala muchas de las gabelas que les dieron a las Farc.

“La JEP nos presenta una nueva ventana, mala o buena, es una nueva perspectiva y es tener de frente al victimario. Quisiera ver a ‘Romaña’, quien dio la orden de asesinarlos, para que me diga las razones. Por eso, la perspectiva de la JEP es que me den esa oportunidad de resolverlo, que me quiten esta incertidumbre, el dolor que está aquí metido. Es eso, darle algo de cierre a esta pesadilla que empezó hace 19 años”.

Rafael Mora

Rafael Mora, padre de Juan Camilo Mora, quien fue secuestrado en enero de 2006, en Bogotá.

Marcela Han Acero / EL TIEMPO
Rafael Mora

Juan Camilo fue secuestrado en el barrio Santa Cecilia, después de que llegara a llevar los documentos de un vehículo.

Marcela Han / EL TIEMPO

A Rafael Mora le secuestraron a su hijo, Juan Camilo. Lo que le preocupa de la Jurisdicción Especial para la Paz, dice, es que esta funciona con “la buena voluntad de las personas, al confesar lo que consideren de los casos”. Aún así, cree que la JEP “ha generado buenas expectativas” y le traerá “algunas cosas muy positivas al país”.

“Particularmente considero que es una buena medida, pero hay un problema y es que depende mucho de qué van a confesar y que no van a confesar. Por eso no sabemos hasta dónde irá a llegar”, precisa.

Desde el secuestro de Juan Camilo, el 19 de enero de 2006, han tenido solo cortas e imprecisas versiones de lo que le pasó. Fue un jueves. Juan Camilo llegó al apartamento de sus padres en el occidente de Bogotá, proveniente de Chía, donde vivía con su esposa. Salió con la promesa de regresar para almorzar, tenía que entregar unos papeles cerca, en el barrio Santa Cecilia, pero no volvió nunca.

Dos días después encontraron su carro en la vía que conduce de Bogotá a Choachí.“La información que tenemos es que en ese tiempo operaba en esa zona el frente 51 de las Farc. Según con las autoridades, lo más probable es que lo hubieran sacado por la zona de Sumapaz”, afirma Rafael mientras evoca los últimos momentos en que vio a su hijo menor.

Después de 13 años de respuestas escasas, le gusta que el primer caso que asumió la JEP sea el de secuestro, aunque no deja de expresar sus temores.

“Ahí el problema está en ver quiénes confiesan y quiénes no —dice—. Por ejemplo, en el caso de Juan, del frente 51, que operaba en la zona del secuestro, muchos, o casi todos, están muertos. No sé si las Farc tenga un registro puntual de los secuestros. No creo. No sé cómo un grupo armado pueda tener un registro del número de secuestrados y qué pasó con ellos. Por eso, como no todos los secuestros tiene evidencia judicial, pues la verdad sobre muchos de ellos depende de la buena voluntad de la guerrilla”.

Ante la decisión del Gobierno de objetar seis artículos de la ley estatutaria, el proyecto volverá nuevamente al Congreso, en donde se decidirá su futuro. Pese a esto, la JEP no pierde sus competencias y sigue avanzando en los procesos.

Rafael, ante esta nueva situación, dice que las expectativas siguen intactas. La única cosa en la que les insiste tanto a la JEP como a las Farc y al mismo Gobierno — al igual que Amalia y Héctor— es en la verdad. Es la única forma en la que conciben una reparación.

¿Qué está pasando con los casos de secuestro en la JEP?

El caso 001 de la Jurisdicción Especial para la Paz fue abierto el 4 julio de 2018 en la Sala de Reconocimiento y es el que corresponde al tema de secuestro. En él están identificadas 8.163 víctimas, según informes de la Fiscalía y diferentes organizaciones sociales.

Actualmente, 31 exjefes de la cúpula de la extinta guerrilla de las Farc están vinculados a este caso, en el que ofrecerán versión colectiva e individual sobre los hechos que están documentados en el tribunal. Estas versiones ya han sido realizadas por Rodrigo Londoño, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, Carlos Antonio Lozada, Fabián Ramírez y Édgar López o 'Pacho Chino'.

Las versiones individuales a las que ya han asistido los excomandantes de las Farc tienen el valor de confesión y corresponde a lo que es un interrogatorio de la Fiscalía en la justicia ordinaria, por eso se hace a puerta cerrada, situación que generó diferentes críticas en días pasados en algunos de los partidos políticos críticos con el proceso de paz.

En esta fase no hay presencia de las víctimas. Ya adelante en el proceso y dependiendo de cada caso se establecerá una audiencia pública de reconocimiento de verdad, donde estarán las víctimas que ya se han acreditado ante la JEP, hasta el momento 89 personas se han recibido su certificación para esa fase.

Las versiones de los exguerrilleros continuarán hasta finales de mayo y para el día 27 de ese mes, los miembros del secretariado de las Farc entregarán una versión colectiva sobre las acciones que desempeñaron en este delito.

MARÍA FERNANDA ARBELÁEZ MÉNDEZ
Redacción ELTIEMPO.COM
En Twitter: @mafearbelaezmen

Video y fotos: MARCELA HAN ACERO
Realizadora audiovisual ELTIEMPO.COM
En Twitter: @Han_Acero

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