Más de 7.000 testimonios recogió Comisión de la Verdad en primer año

Más de 7.000 testimonios recogió Comisión de la Verdad en primer año

Francisco de Roux, presidente de la Comisión, cuenta que ya tienen acceso a información reservada.

Sacerdote Francisco de Roux

El sacerdote jesuita Francisco de Roux encabeza la Comisión de la Verdad, que comenzó a funcionar a finales de noviembre del 2018.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Por: Juan David López Morales
14 de diciembre 2019 , 08:00 p.m.

Cierra los ojos y se aprieta los párpados con los dedos, mientras piensa cada respuesta. El sacerdote Francisco de Roux preside la Comisión de la Verdad, que ya cumplió la tercera parte de su mandato para esclarecer lo sucedido en el conflicto y dar recomendaciones para la convivencia y la no repetición en el posconflicto.

De Roux encabeza a los 10 comisionados (11 con Alfredo Molano, fallecido), que son dolientes de regiones y temas específicos para el esclarecimiento de la verdad con víctimas, responsables e instituciones y que, para el 2020, buscan llegar a regiones más profundas y olvidadas del país.

En esta entrevista, De Roux da cuenta del trabajo de escucha que lleva 7.444 testimonios recogidos, 4.382 de estos sistematizados, entregados por 7.069 personas. Además, explica cómo se está armando el rompecabezas de una verdad que, como dice, busca una reflexión colectiva sobre el drama de lo que nos pasó como sociedad.

¿Cuál es la mayor satisfacción que le deja el primer año de la Comisión?

Haber podido llegar prácticamente a todos los territorios del país. Pudimos establecer 28 casas de la verdad y vincular a un conjunto de personas de extraordinario coraje y generosidad, que emprendieron la tarea de entrevistar a las víctimas y los responsables. También, haber podido posicionar a la Comisión en el país en actos de esclarecimiento de la verdad para la no repetición y de encuentros de víctimas con responsables para tratar de clarificar cosas tan serias como el abuso de los niños en la guerra, la manera como actuaron las mujeres que buscaban a sus seres queridos desaparecidos y los abusos sexuales en la guerra.

Me ha sorprendido enormemente encontrar la cantidad de personas que quieren contribuir a la verdad. Primero, las víctimas, que son nuestra principal preocupación y que han permitido que tengamos 7.444 testimonios recogidos directamente por nosotros.

¿Todos de víctimas?

Sí, víctimas individuales. También haber encontrado que muchas personas en las cárceles que fueron responsables han querido contribuir a la verdad. Me ha sorprendido la actitud de contribuir a lo que estamos haciendo de parte de las universidades, de medios de comunicación, de las Fuerzas Armadas del país. También la actitud de los excombatientes de las Farc y las de las víctimas hacia la reconciliación y la convivencia.

¿Y la mayor preocupación?

Es el asesinato de los líderes y luchadores por los derechos humanos. Lo hemos sentido particularmente en los territorios dejados por las Farc con el Acuerdo, que se esperaba que fueran ocupados inmediatamente por el Estado en una forma contundente, pero no lo consiguió. Simplemente hubo presencia de Fuerzas Armadas, lo cual era indispensable, pero no presencia completa que abarcara todas las necesidades de la gente. Incluso la presencia militar se quedó corta y dejó angustias entre los pobladores.

La mayor preocupación es el asesinato de los líderes y luchadores por los derechos humanos

¿Cómo va al acercamiento para acceder a archivos militares reservados?

Estamos trabajando con los militares en dos líneas. Por una parte, con mucho juicio, el Ejército ha venido preparando documentos que contribuyan a la verdad desde su punto de vista.

¿Como víctimas?

Exactamente. Se trata de establecer las violaciones al DIH y los crímenes de guerra como tratos inhumanos a prisioneros de guerra, o personas que desaparecieron y nunca más se supo de ellas, que fueron víctimas de armas no convencionales o que fueron asesinadas cuando no estaban en acciones militares o no portaban uniformes. También sobre las familias de soldados campesinos que fueron obligadas a dejar sus parcelas y huir.

¿Y cuál es la otra línea?

El acercamiento a la información reservada, a la cual tenemos derecho porque es parte de nuestra obligación en la búsqueda de la verdad. Empezamos esa tarea y estamos procediendo a través del Ministerio de Defensa.

¿O sea que sí tienen acceso, o falta algo?

Ya tenemos acceso. Queremos acelerarlo con la firma de unos protocolos, pero ya tenemos acceso. Los protocolos no están firmados, pero el convenio general sí.
Entonces, en el informe final habrá información de los archivos reservados…
Por supuesto, ya estamos solicitando asuntos muy puntuales que requerimos en la investigación.

¿Esto permitirá no tener solo la versión oficial y unificada de las Fuerzas Militares?

Sí, pero además vamos a contrastar lo que nos entregan los militares con lo que nos entregan las víctimas de crímenes de Estado (Movice), informes de prensa, lo que recibimos de la Fiscalía y la Procuraduría, sindicatos, organizaciones campesinas… Para nosotros una cosa no es verdad por el autor que nos la entrega. Los documentos los vamos a someter a reflexión crítica y contraste. A todas las entregas que recibimos les damos la más absoluta seriedad y respeto.

¿Y reserva?

Y reserva, por supuesto.

¿Cuál será el enfoque de la Comisión en el 2020?

Nos vamos a concentrar en las relaciones entre narcotráfico y conflicto armado, los conflictos de la tierra y la economía, las relaciones entre la corrupción y el conflicto, problemas de exclusión étnica y racismo, afectaciones a la tierra y la ecología y las afectaciones en general a la democracia. También vamos a poner en evidencia los esfuerzos que durante el conflicto se han hecho por luchas no violentas que anunciaban la paz.

Ahora que menciona esos temas, ¿cómo va el acercamiento al sector privado y económico?

Nos hemos aproximado tanto a empresas privadas como a los gremios, y hemos tenido respuestas diferenciadas. Hay empresarios que están preparando estudios sobre su manera de actuar y racionalidad en el conflicto. Es muy importante para nosotros, porque necesitamos entender cómo se ubicaba desde su punto de vista cada actor capaz de tomar decisiones sobre el país. Otros han sido más reticentes. Hemos tenido mucho cuidado en no generalizar. En el país hay más de un millón de empresarios, y decir que son responsables de lo que pasó sería injusto.

Y tampoco esperan de ellos una actitud autoincriminatoria…

Tampoco se espera, pero sí invitamos a los responsables que vamos estableciendo a que contribuyan voluntariamente a aceptar sus responsabilidades. Y quiero ser muy claro. Cuando hablamos de responsabilidades, no son responsabilidades jurídicas, para eso está la JEP, que asegura que no haya impunidad. Nosotros no vamos detrás de eso, no condenamos a nadie, no sentenciamos. Invitamos a aceptar las responsabilidades humanas, éticas, históricas…

Nuestra tarea es explicar que estas cosas no ocurrieron en el vacío, que no fue que de pronto
a alguien se le ocurriera la locura de ir a matar a otros

¿Los trasnocha no tener la verdad judicial que saldrá de la JEP?

Consideramos que para avanzar hacia la transición que nos lleve a la paz, los tres componentes del sistema son necesarios. Se necesita la verdad jurídica, pero no es nuestro propósito, ni nuestra misión. Nosotros hacemos la verdad que la sociedad necesita como un todo. Voy a ser más claro: ¿por qué como Estado y como sociedad nos vimos involucrados en un conflicto de 50 años y no lo detuvimos? ¿Por qué llegamos a 10 millones de víctimas? ¿Por qué 500 mil personas dejaron el país y se exiliaron? ¿Por qué la sociedad se quedó en silencio cuando las masacres pasaron de 2 mil, los desaparecidos de 100 mil, los secuestrados de 32 mil y hubo un número impresionante de ‘falsos positivos’? ¿Qué nos pasaba como sociedad? ¿Qué explicación tenemos? Si no comprendemos, como está ocurriendo, las cosas tienden a continuarse.

Y quiero distinguir entre dos tipos de verdades, las dos bien importantes. La primera es la realidad incontestable, indiscutible de las afectaciones de las víctimas que uno puede poner en evidencia a través de testimonios y de simple observación directa: niños sin piernas, minas antipersona, familias con problemas emocionales hondísimos por secuestros y desapariciones, soldados y policías sin piernas, la búsqueda de las mamás de hijos que no encontraron. Esa es una verdad directa, incuestionable, un dolor que está en lo profundo de la sociedad colombiana y que no se puede acallar.

Y hay una verdad ulterior, cuando uno comienza a preguntarse: ¿Por qué escogieron a estas personas? ¿Por qué los desplazaron como lo hicieron? ¿Por qué les quitaron las tierras? ¿Por qué asesinaron a sus familias? ¿Por qué hicieron las masacres? Y más allá, ¿qué intereses económicos y políticos había en esas actuaciones bárbaras? ¿Quiénes dieron las órdenes? ¿Qué responsabilidad tienen el Estado y otras instituciones? Esa es nuestra tarea, explicar que esas cosas no ocurrieron en el vacío, no fue que de pronto a alguien se le ocurriera la locura de ir a matar a otros, sino que jugaban intereses, presiones, necesidades reivindicatorias, venganzas, rabias, vacíos de seguridad del Estado llenados por otros actores, desesperanza, desesperación y miedo.

En ese contexto, hay que explicar otro elemento muy importante, la extraordinaria desigualdad con respecto al significado y al valor de la vida, y no solamente económica, también el racismo frente a los negros y los indígenas, considerados como menos gente y con menos dignidad, lo mismo que los campesinos y los pobres. Eso los hace extraordinariamente vulnerables, sin haber comprendido que aquí cada vida humana vale igual y tiene un valor absoluto.

Ustedes han representado la construcción de la verdad como un rompecabezas, ¿cuáles son las piezas fundamentales que le faltan?

Quisiera insistir en que nos importa llegar a esclarecer plenamente los sufrimientos y victimizaciones que hay cuando el narcotráfico se cruzó con el conflicto armado y se metió profundamente entre espacios de la cultura colombiana, los sufrimientos enormes sobre personas que quisieron participar de política, cuando la política estaba cargada de odio y de armas, para cerrarle el paso sobre todo a personas de sectores populares. Nos interesa esclarecer la situación de muchos desaparecidos y con eso contribuir a la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas y nos interesa entrar en poblaciones que nunca hablaron porque quedaron sumergidas en el terror.

¿Insistirán en invitar a los expresidentes vivos a aportar en la Comisión?

Por supuesto, y quisiéramos también despejar el negacionismo, que es cuando algunos sectores han negado la realidad y las responsabilidades. Pero me parece importante que quede muy claro que nuestro propósito está muy lejos de acrecentar entre nosotros rivalidades, odios, apetitos de venganza o señalamientos. No estamos detrás de eso. Nuestro propósito es ponerles nombre a las cosas, que la verdad aparezca, pero con el propósito de resignificar, de manera que nos ayude a entender el presente para que nunca más vuelva a acontecer, de tal suerte que de aquí salgamos fortalecidos como sociedad. Nuestro intento es un intento de paz, no de acrecentar polarizaciones. Somos parte central en el proceso de reconciliación del país.

¿Cómo están trabajando con los insumos que tienen?

Desde ya estamos conversando sobre cómo hacer el informe. En términos de tiempo, quisimos que el primer año fuera de escucha y lo vamos a prolongar más o menos hasta abril del año entrante, tratando de estar atentos a todos los puntos de vista que podamos abarcar para contrastar. No es solamente ponerlos como las fichas de un rompecabezas, sino contrastarlos para buscar las verdades subyacentes.

Sí, no todas las piezas van a encajar de inmediato…

No encajan necesariamente, porque en la verdad hay un proceso muy profundo de clarificación por contraste. Tampoco pensamos que el resultado final sea la presentación de un montón de puntos de vista, sino el esfuerzo por tratar de llegar a un punto de vista más alto, capaz de abarcar y comprender la totalidad de lo presentado, que le brinde sentido a lo que está pasando.

¿Ese trabajo empieza en abril?

Sí, en abril empieza el análisis racional de la información, que durará por lo menos hasta bien entrado el 2021, cuando empezaremos a escribir el informe final y a formularlo de maneras diferenciadas, no solamente en un texto escrito, sino en películas, obras de teatro, cartillas para niños… en formas pedagógicas.

Los comisionados y comisionadas y sus tareas
Comisionados de la Comisión de la Verdad de Colombia

Estas 10 personas, con la presidencia de Francisco de Roux, integran la Comisión de la Verdad.

Foto:

Comisión de la Verdad.

Arriba, de izquierda a derecha:

Patricia Tobón: comunidades indígenas y macro región Amazonía.

Carlos Martín Beristain: colombianos en el exilio, macro región Internacional.

Lucía González: dimensión cultural, macro región Magdalena Medio.

Carlos Guillermo Ospina: sector de la Fuerza Pública, macro región Centroandina.

Alejandra Miller: enfoque de género, macro región Surandina.

Abajo, de izquierda a derecha:

Saúl Franco: impactos en la salud, metodología, macro región Nororiente.

Marta Ruiz: reconocimientos del Estado y excombatientes, macro región Caribe.

Alejandro Valencia: Enlace con la JEP, macro región de Antioquia y Eje Cafetero.

Ángela Salazar: comunidades afrodescendientes, macro región Pacífico.

Alfredo Molano (D.E.P.): macro región Orinoquía.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor de Justicia
Twitter: @LopezJuanDa

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