La vergonzosa radiografía de los elefantes blancos en el país

La vergonzosa radiografía de los elefantes blancos en el país

En al menos 1.300 obras inservibles, inconclusas o problemáticas se han invertido $20 billones.

Elefantes blancos

Así luce la Unidad Intermedia de Salud El Caraño, en Quibdó, Chocó.

Foto:

Contraloría.

Por: Milena Sarralde Duque
21 de julio 2020 , 04:13 p.m.

En un país en donde los recursos públicos son escasos, los elefantes blancos son una muestra tangible de la ineficiencia, la mala administración y la corrupción. 

Los elefantes blancos son colegios a los que no asisten los alumnos porque no fueron terminados, son hospitales que no atienden pacientes y vías que ningún vehículo usa. Son acueductos a medias que no llevan agua, o viviendas que suman años con maleza porque nadie las habita.

(Lea también: Contraloría advierte sobrecostos de 506.000 millones en pandemia).

Para cazar estas obras y buscar que sean continuadas, la Dirección de Información, Análisis y Reacción Inmediata (Diari) de la Contraloría está usando la tecnología para cruzar información y georreferenciar estos proyectos en los que se gastaron cuantiosos recursos públicos, pero que se quedaron a medio camino o que no son útiles.

Con ese cruce de datos y hasta con una búsqueda satelital, la Diari encontró en el país 1.300 obras que constituyen elefantes blancos, obras abandonadas u obras críticas, que cuestan más de 20 billones de pesos.

Con ese dinero se podría cubrir la mitad del presupuesto que, antes de la pandemia, el Gobierno destinó este año para las regiones; pagar casi la mitad de lo que se destinó para educación en el 2020; o un 64 por ciento de lo que se había destinado para la salud este año.

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EL TIEMPO conoció un estudio de la Contraloría que evalúa detalladamente qué pasó con por lo menos 1.193 obras cuestionadas, que cuestan 8.7 billones de pesos. De los proyectos evaluados, la Contraloría encontró que el 15,14 por ciento son elefantes blancos (es decir, son obras inservibles), el 24,45 por ciento son obras inconclusas (nunca fueron entregadas), y el 29,19 por ciento son proyectos críticos (tienen preocupantes retrasos de años o décadas).

La mayoría de estas obras son del sector de agua potable y saneamiento básico (18,36 por ciento), cifra preocupante si se tiene en cuenta que el país tiene departamentos como Guainía, Chocó, Vaupés, San Andrés, Amazonas o La Guajira, en donde la cobertura de agua potable está apenas entre el 21 y el 46 por ciento.

Le sigue el sector de la educación (17,18 %), en donde uno de los casos más preocupantes es el del Plan Nacional de Infraestructura Educativa (PNIE), que buscaba implementar la jornada única escolar y para el que se invirtieron más de 3 billones de pesos. De 541 colegios solo ha terminado 162, y ha entregado 35.

Después está el sector del transporte (14,55 %), vivienda (10,64 por ciento), y deporte y recreación (6,64 por ciento).

(Más de su interés: Contraloría analiza posibles irregularidades en atención a coronavirus).

Elefantes blancos

Esta obra, en Palestina, Caldas, debería ser un aeropuerto.

Foto:

Contraloría

Y los elefantes más costosos están en el sector del transporte, con presuntos detrimentos de 2,1 billones. Le siguen el sector del agua potable y saneamiento básico, en donde hay elefantes blancos por 1.8 billones de pesos. El tercer lugar lo ocupa la educación, con pérdidas de 1 billón de pesos; el cuarto lugar, el sector de agricultura y desarrollo rural, con 776.015 millones de pesos, y el quinto lugar es la vivienda, con 762.615 millones de pesos.

Una de las obras más onerosas y con retrasos, detectada por la Contraloría, es la construcción de 988 viviendas en Gramalote, Norte de Santander, pueblo que tuvo que ser reubicado luego de que se hundió hace 10 años, en medio de una cruda ola invernal.

Aunque allí se han invertido 64.643 millones de pesos y la obra va por un 85 por ciento, las familias damnificadas siguen sin recibir el nuevo pueblo.

También aparece en el listado el Túnel de la Línea, en Quindío, calificado por la Contraloría como un proyecto crítico para el que el presupuesto es de 1.1 billones de pesos. De esta obra, que se adjudicó en el 2008, el país viene hablando por lo menos en las últimas tres décadas. Del Túnel, que según Invías estaría por fin listo en septiembre, la Contraloría ha dicho que terminó costando un 500 por ciento más de lo esperado.

Este estudio de la Contraloría, muestra que los 10 departamentos con más proyectos sin terminar son Casanare (104 obras inconclusas), seguido por Cundinamarca (93), Nariño (94), Meta (93), Boyacá (76), La Guajira (53), Antioquia (48), Córdoba (38), Sucre (35) y Cauca (34).

Elefantes blancos

Este debería ser el colegio El Pozón, en Cartagena.

Foto:

Contraloría.

Los departamentos con más pérdidas

El evaluar los montos de las obras, el orden de los 10 departamentos con mayores presuntos detrimentos cambia. En primer lugar aparece La Guajira, en donde los elefantes blancos tienen un valor de más de 1,2 billones de pesos.

Elefantes blancos por departamentos

En La Guajira es donde estos proyectos ascienden a un valor mayor. Fuente: Contraloría.

Foto:

Infografía EL TIEMPO.

Llama la atención el caso de La Guajira por ser uno de los departamentos con más pobreza en el país. En el 2019, según el Dane, su índice de pobreza multidimensional era del 48,8. Aún así, tiene millonarios proyectos atrasados que podrían ayudar a mejorar la calidad de vida de su población como la Represa del Embalse Multipropósito del Río Ranchería, que desarrollaría la presa El Cercado y permitiría el riego hacia las áreas de Ranchería y San Juan del Cesar.

Ese proyecto estratégico se inició en julio del 2005 para solucionar los problemas de agua y energía en La Guajira, pero hoy es un elefante blanco en el que se han perdido por lo menos 637.000 millones de pesos.

En La Guajira también está la construcción de la laguna de oxidación, Emisario Final de Riohacha, que cumple 30 años en marcha, con un costo de 21.620 millones de pesos, y que sigue sin estar lista.

(De su interés: Aportantes de las campañas, con 296 contratos de crisis por covid-19).

Después de La Guajira, aparece Tolima, con obras que suman 798.722 millones de pesos. Uno de sus elefantes blancos es el proyecto Distrito de Riego Triángulo del Sur del Tolima, de hace 15 años, que debía beneficiar a unos 20.000 pobladores, entre ellos, 17.500 de comunidades indígenas. En él ya se han invertido 600.000 millones, pero sigue sin ver la luz del día.

Elefantes blancos

Este debería ser un velódromo en Pitalito, Huila.

Foto:

Contraloría

También aparece Casanare, con obras paralizadas por 731.906 millones de pesos. Una de ellas es la construcción de un sistema de abastecimiento de agua potable para Yopal, en el que hay sumas invertidas por 76.857 millones de pesos. También está la construcción de un megacolegio en Paz de Ariporo que fue licitado hace 13 años, con un costo de 9.499 millones de pesos. Esa escuela siguen sin beneficiar a los 1.500 estudiantes a los que les debía servir.

En Magdalena, la Contraloría identificó obras inconclusas por 555.122 millones de pesos, en donde uno de los proyectos sin terminar es el mejoramiento de la vía Salamina-Remolino-Sitio Nuevo, con costos de más de 466.900 millones. Esa carretera, más conocida como la vía de la Prosperidad, tiene poco de próspera si se tiene en cuenta que sigue en veremos y se inició hace 8 años.

(Le puede interesar: Los elefantes blancos del Eje Cafetero según la Contraloría).

En Bolívar, con elefantes que suman los $ 503.914 millones, uno de los casos destacados es el de la construcción y dotación de 22 centros de desarrollo infantil, que costó más de 67.000 millones de pesos; o la construcción instituciones de salud del distrito de Cartagena, del 2014. Desde ese año se planeó construir 39 instituciones de salud, cuatro hospitales, 12 centros de atención prioritaria y 23 unidades de atención, que habrían sido muy útiles en medio de la pandemia, pero de las cuales solo se han entregado 8 centros.

En Antioquia, hay elefantes por 463.821 millones de pesos, de los cuales casi la mitad tienen que ver con el proyecto Parques del Río, cuya primera etapa ya fue terminada pero que según la Contraloría, no tendría una continuidad clara. También está la Biblioteca España, que costó 10.715 millones. De ser un orgullo paisa, pues fue inaugurada por los los reyes de España en 2007 y ganó un premio de la IV Bienal Iberoamericana de Arquitectura por si diseño innovador, pasó a estar cerrada desde el 2015 por fallas estructurales.

Y en Valle del Cauca hay proyectos problemáticos por 439.914 millones de pesos, y uno de las más costosos que está inconcluso es la ampliación de la cárcel de Buga, que tuvo una inversión de 69.799 millones.

En Córdoba, con elefantes que suman $ 308.000 millones, un caso vergonzoso es el del proyecto de investigación sobre el corredor agroecológico caribeño, en la cuenca del río Sinú, que costó 51.118 millones. Nunca fue terminado y en el caso resultaron salpicados los exgobernadores Alejandro Lyons y Edwin Besaile.

Uno de los objetivos de la Contraloría es lograr que las obras se terminen. Por eso priorizó 58 proyectos, suscribiendo compromisos con los responsables de esas obras que cuestan 1.6 billones, para que puedan cumplir su objetivo: servir a unos 5 millones de personas.

Hasta ahora el organismo ha logrado avanzar, por ejemplo, en conseguir un convenio para continuar el Coliseo Mayor de Ibagué o terminar los patinódromos y estadio de fútbol, que hacían parte de los escenarios deportivos que debían estar listos para los Juegos Nacionales del 2015, pero que no fueron acabados en esa fecha.

También se logró en junio pasado que se entregara, 19 años después, el Parque de las Aguas en Yopal, para beneficiar a unas 344.040 personas, o la entrega de 20 pozos profundos para 1.263 familias Wayuú de La Guajira.

Sin embargo, los 1.300 elefantes hasta ahora identificados, a los que esta semana el contralor general Carlos Felipe Córdoba calificó como “verdaderos mamuts”, muestran que el reto no es sencillo y que es mucho lo que queda por hacer para que el dinero público no termine únicamente engordando algunos bolsillos privados o despilfarrado en estructuras de concreto que nadie usa.

MILENA SARRALDE DUQUE
Subeditora de Justicia
Twitter: @MSarralde

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