‘Soy sacerdote con un hijo nacido de una relación de amistad’

‘Soy sacerdote con un hijo nacido de una relación de amistad’

"La relación con mi hijo debe ser manejada por teléfono o en ciertos momentos especiales", indica.

Sacerdote

El cura que da este testimonio oficia en el oriente del país.

Foto:

iStock

Por: Unidad Investigativa
27 de abril 2019 , 11:06 p.m.

Sé que no faltarán el reclamo y los señalamientos; varios dirán que los pongo en vergüenza y no sobrarán quienes digan que es una experiencia de una subjetividad herida y que no se me debe prestar atención. Pero, también, sé que más de uno puede hablar mejor e influir y hacer que esta dura realidad cambie, para bien de muchos que están siendo ignorados, rechazados o perseguidos. Y perdónenme que tenga que hablar e incomodar a algunos por pensar diferente.

Soy sacerdote con un hijo nacido de una relación de amistad y que, por fruto de muchas cosas, no supimos guardar distancia en su momento y tener claro nuestros sentimientos. Hoy compartimos una paternidad, pero no una relación sentimental, lo que ha sido difícil.

Esto es tener que lidiar con dos figuras, debido a la presión de la Iglesia. Por parte de nuestros obispos, es muy difícil que nos puedan entender y apoyar ante tal situación, y uno queda a merced de cómo ellos tratan en particular cada caso. Se ve de todo: suspensión, aislamiento y hasta presión suficiente para hacer retirar al sacerdote de su ministerio, pues saben que no es ningún crimen canónico para ordenar la expulsión. Además, está la mirada inquisidora de una comunidad.

El deseo de poder tener cerca y compartir con los hijos, verles crecer, enseñarles y reír o llorar con ellos, de llevarles a la escuela o asistir a una reunión en el colegio, el día a día que construye una relación sólida de amor de padres e hijos, se ve esfumado y truncado.

Gran parte de mi relación con mi hijo debe ser manejada por teléfono o en ciertos momentos especiales y lugares donde no me conozcan. Todo por el temor de perder mi lugar en la sociedad, mi trabajo en la Iglesia y tener que renunciar a la vocación que he sido llamado por Dios.

Por esto es que más de uno prefiere callar al máximo y soterradamente su situación, o, incluso, hacerse los desentendidos y hasta, en el peor de los casos, abandonar a sus hijos.

Estos sucesos son manejados y sabidos al interior de cada diócesis y conocidos de modo general por la Iglesia, con poca atención o dejando ver la expulsión como la mejor forma de solución. Y, sin ánimo de criticar, es claro que muchos obispos ven con menor dificultad el tener sacerdotes homosexuales soterrados que curas con hijos, que me atrevería a decir que son más de la mitad de los que sirven en cada diócesis. Ya el papa Francisco veía con gran preocupación este aumento del clero rosa.

Ahora, estos roles de ser esposo, papá y padre de una comunidad no deberían ser vistos como contrarios. Así es manifestado por san Pablo, quien vivió el celibato. Pero para él era claro que no era incompatible (1Cor. 9, 5).

De hecho, en la Iglesia antigua los sagrados ministros eran elegidos tanto entre personas célibes como entre personas casadas. Porque en ningún momento Cristo lo puso como única forma de servirle en el ministerio sacerdotal, aunque se resalte su valor.

Pero todo esto se tornó difícil por la manera en que la Iglesia, siglos después a sus inicios, abordó el tema del celibato por ciertos intereses. Desde ahí, sembraron una separación de estos roles-figuras frente a la sociedad, presentándolos como incompatibles y, de alguna manera, afectados por la visión neoplatónica y agustiniana del cuerpo y el alma, predicando dualidades, separación y condenación.

No olviden que somos humanos, sentimos, nos enamoramos, la sexualidad nos acompaña y no es algo incompatible con nuestro ministerio

También debemos preguntarnos: ¿de qué manera se está viviendo ese estado célibe? Vemos hermanos amargados, coléricos, insensibles, ambiciosos, prepotentes, a quienes los mismos feligreses han tenido que sufrir o lidiar con ellos. ¿Acaso puede ser realmente agradable a Dios un clericalismo déspota?

Ahora, no generalizo y no estoy en contra del celibato, pues el celibato no nos lleva a vivir de esa manera, porque el mismo Cristo fue célibe y es él nuestro referente y motivación por el cual se llega a optar en este ministerio sacerdotal. Por eso, aplaudo realmente a aquellos quienes viven su estado de esta forma en completa alegría. Pero sé que se pueden contar; sean sinceros, hermanos, pues la formación y acompañamiento no es el mejor, y la fraternidad en la que se vive esta muy fracturada.

Hay que poder conciliar la figura de ser papá y cura, y aceptar a quienes se enamoran de una mujer y quieren formalizar una familia, sin que nos lleven a renunciar bajo presiones. ¿Porque no pensar en una comunidad de sacerdotes casados que vivan bajo el carisma de servicio a la familia, como existen tantos otros carismas y vocaciones?

¿Pero saben qué es lamentable? Que prefieren perder a grandes hombres de iglesia que dar un espacio y abrirse a la posibilidad de tener curas casados dentro de nuestro rito latino. Y lo especifico porque en otros ritos católicos, como el Maronita en Obediencia y Comunión con Roma, sí se les permite hacerlo. Sería un gran bien para la iglesia, y sé que gran parte de nuestros fieles no se opondrían a ello.

La aceptación y apoyo de nuestra sociedad y jerarquía eclesial puede dar paso para que muchos hijos de curas que viven en el anonimato, puedan tomar a sus papás de la mano sin miedo a que los juzguen; o que crezcan con vacíos fuertes en su personalidad; o con el desconocimiento de quién es su padre. Podría decir con claridad que hay un gran porcentaje de los sacerdotes activos que tienen hijos.

No olviden que somos humanos, sentimos, nos enamoramos, la sexualidad nos acompaña y no es algo incompatible con nuestro ministerio, como quieren dejarlo ver algunos. Queremos servir a una comunidad y hacer las cosas bien, sin hipocresías y sin estar tapando cosas. Queremos llevar a nuestros hijos de la mano y darles amor y cariño, sin renunciar a la vocación por la que hemos sido llamados por Dios.

* La identidad del sacerdote que escribe este testimonio se reserva por su petición expresa.

UNIDAD INVESTIGATIVA
u.investigativa@eltiempo.com
En Twitter: @uinvestigativa

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