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Tras 20 años desaparecidos, siguen buscando a ‘los muchachos’ del CTI
Los muchachos, 7 funcionarios desaparecidos desde hace 20 años

Son 20 años los que llevan en calidad de desaparecidos los 7 funcionarios del CTI.

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UBPD.

Tras 20 años desaparecidos, siguen buscando a ‘los muchachos’ del CTI

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Hay un relevo generacional en los buscadores de los siete funcionarios desaparecidos en el 2000.

A Matilde Bernal de Ibarra se le está acabando la vida sin respuestas. “Siento una gran tristeza que invade mi corazón al ver que mi tiempo se está acabando y no sé nada acerca de mi hijo”. Tiene 75 años, de los cuales lleva 20 repitiendo las mismas preguntas: “¿Qué pasó con mi hijo y sus compañeros? ¿Por qué se los llevaron? Quiero saber la verdad”.

La madre de Carlos Ibarra volvió a preguntar el lunes 9 de marzo, frente a un centenar de personas, cuando se conmemoraron 20 años desde que paramilitares del bloque Norte de las AUC los desaparecieron a él y otros seis funcionarios del CTI de Valledupar

En la plazoleta de la biblioteca departamental Rafael Carrillo Luquez, de la capital del Cesar, los familiares de ‘Los muchachos del CTI’ –como los han llamado todos estos años porque no superaban los 30 años– se reunieron, no tanto para conmemorar la desaparición de sus familiares, sino para recordarse que a pesar de la falta de verdad, de las dificultades que permanecen para encontrarlos, de las amenazas que incluso llevaron al exilio a una familia y de que muchos ya no tienen las mismas fuerzas que antes, siguen juntos y firmes en la búsqueda.

Ya son tres generaciones las que han afrontado la búsqueda. Después de hablar desde una tarima dispuesta para la conmemoración, Matilde Bernal volvió a su puesto, en la primera fila, junto a su esposo, Luis Ibarra. Junto a ellos estaban sentados Hernando Javier y Karen Lorena Carrera, de 25 años y 23 años.

Todavía eran niños cuando se llevaron a su papá, Danilo Carrera. Hoy, son parte de la generación que está recibiendo de sus abuelos, abuelas, tíos y tías, la labor de la búsqueda.

Hernando dice que tiene recuerdos vagos de Danilo, pero que todos son buenos. Sus familiares le dicen con frecuencia que tiene “gestos” espontáneos de ese padre al que escasamente conoció.

Aunque su madre y su tía no le ocultaron que su padre fue desaparecido, apenas hace seis o siete años Hernando decidió asumir lo que había sucedido. Y lo hizo porque se dio cuenta de que no asumir ese dolor estaba teniendo consecuencias en su personalidad, que se había vuelto huraño y había optado por alejar de su vida a varias personas.

Estuvo así cerca de un año. Entonces, profesionales de la fundación Fasol, que ha acompañado a las familias de ‘Los muchachos’ casi desde que se los llevaron, le sugirieron que enfrentara de otra forma su realidad.

“Ya el papel me toca a mí”, dice, bajo la sombra de un árbol frente a la plazoleta donde su padre y sus seis compañeros fueron recordados. Su madre y su tía ya están alrededor de los 50 años. Después de 20 años de luchas y frustraciones, Hernando asume que a él y a su hermana Karen Lorena les corresponde recibir la tarea que emprendieron otros antes que ellos.

Hernando va a ir a la próxima prospección que la Fiscalía General llevará a cabo en la finca ‘La Holanda’, donde se presume que están enterrados, en algún lugar, los siete cuerpos.

Serán 10 días, desde el martes 10 de marzo, en los que técnicos forenses irán al terreno con un informante que asegura conocer dónde están los restos de los miembros del equipo judicial que el 9 de marzo del 2000 llegó hasta el corregimiento El Minguillo, de La Paz, Cesar, para realizar la exhumación de un hombre vendedor de paletas que estaba desaparecido desde 1999.

Al llegar allí, los ‘muchachos’ se cruzaron con una cuadrilla paramilitar del frente Juan Andrés Álvarez, comandada por John Jairo Esquivel Cuadrado, alias El Tigre, quien rendía cuentas a su vez a Rodrigo Tovar Pupo, alias Jorge 40. Ambos reconocieron en Justicia y Paz el asesinato y desaparición de los siete funcionarios del CTI.

Desde aquel día hasta ahora, las familias de ‘Los muchachos’ han escuchado todo tipo de versiones sobre lo que les pasó a Carlos Ibarra, Israel Roca, Mario Anillo, Hugo Quintero, Edilberto Linares, Danilo Carrera y Jaime Barros.

Al principio, se creyó que era un secuestro, recuerda el periodista Limedes Molina, quien para entonces era corresponsal de RCN Radio en la ciudad. “Creíamos que iban a regresar pronto”, dice. Cuenta que por esos años Cesar estaba sitiado entre las Farc al mando de ‘Simón Trinidad’ y los ‘paras’ al mando de Jorge 40.

Las horas se hicieron días, los días meses y los meses años. Nadie se atribuyó ningún secuestro y entonces se asumió que se trataba de una desaparición forzada. Pero las versiones seguían llegando y más cuando los paramilitares se desmovilizaron y contaron parte de sus verdades en las versiones libres de Justicia y Paz.

Que los habían tirado al río Cesar, dijeron algunos, que los habían incinerado, dijeron otros, que fueron enterrados en una carretera que luego fue pavimentada… Hasta se dijo que fueron lanzados a un pozo de caimanes, una versión que para el fiscal Alberto Prieto, a cargo de la investigación, no es más que un mito, porque en el proceso judicial no ha sido mencionada.

El duelo no se ha hecho

“El duelo no se ha hecho”, asegura, sentada en la sala de una casa en algún barrio de Valledupar, Olga Anillo, hermana de Mario Anillo Trocha, el más joven de ‘Los muchachos’.

Para el 2000, Mario llevaba cinco años en el CTI y había ascendido de técnico a investigador, cursaba quinto semestre de Administración de Empresas, pero en realidad soñaba con ser docente de educación física y deportes, una carrera que por esos años no se podía cursar en esa ciudad.

Olga no se atreve a dar ninguna hipótesis sobre qué le pasó a los miembros del cuerpo judicial: “Esa es la verdad que queremos saber y queremos conseguir”.

La madre de los hermanos Anillo Trocha, Petrona Trocha, ya tiene 80 años. Al papá de ellos le dio cáncer de próstata un año después de que Mario fuera desaparecido y murió en 2014 sin conocer qué le pasó a su hijo.

Padeció múltiples enfermedades que, según Lucy Anillo, la mayor de los hermanos, fueron consecuencia del trauma de la desaparición. Ella cuenta que entre las familias han aparecido enfermedades asociadas al estrés, como osteoartritis, fibromialgia o, en su caso y el de su mamá, problemas de hipertensión. Eso, sin mencionar las consecuencias emocionales. Esa es una de las razones por las que los hermanos se turnan en los rigores de la búsqueda.

Mario no tuvo hijos, pero sus hermanos se han encargado de mantener parte de su memoria entre los sobrinos que no conoció: Sergio Mario, Alejandro Mario y Alberto Mario. “Es una forma de hacerles homenaje a él y a mi papá, que también se llamaba Mario”, cuenta Alexander, el menor de los Anillo Trocha y quien siempre vio a su hermano, dos años mayor, como un modelo. Alexander tiene tres hijos, y cuando los ve jugar o discutir, ve el reflejo de cómo eran él y Mario, dos años mayor, mientras crecían.

Desaparecidos

Los familiares de los desaparecidos guardan la esperanza de encontrar sus cuerpos y cerrar el duelo por su muerte.

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Aunque ‘Los muchachos’ eran los técnicos e investigadores judiciales, los años tras su desaparición convirtieron a sus familiares en investigadores empíricos que incluso confrontaron a varios de los responsables del crimen. Y confrontarlos y reclamar verdad y hacer activismo ha sido costoso, como lo refleja el caso de Claudia Balcero, esposa de Israel Roca, exiliada con su familia desde el 2014 por las amenazas que recibieron.

Las demás familias siguen en Valledupar, pero en muchos momentos se sintieron asediadas por camionetas que se pasaban varias veces y reducían la velocidad frente a los lugares donde se reunían.

Olga Anillo cree que, después de 20 años, tienen una nueva “luz” en su caso. Hace un año, cuenta, todos estaban muy desanimados, pero la investigación ha tenido un nuevo impulso, en parte, gracias al acercamiento de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), que se sumó al reconocimiento humanitario de la búsqueda y al acompañamiento de las diligencias. Hernando Carrera, por su parte, cree que “es bueno” que la UBPD se sume para ayudar a mantener la búsqueda hasta que haya respuestas.

Justamente, según el director de Fasol, Carlos Andrés Ojeda, presentar el caso de ‘Los Muchachos del CTI’ a la UBPD les ha dado un nuevo aire porque ha hecho que, de nuevo, todas las instituciones y organizaciones alrededor del caso, desde la Fiscalía hasta la organización Equitas, se sienten a hablar sobre qué hacer en este, uno de los pocos casos con un plan de búsqueda establecido hace cerca de 15 años. “Los familiares tienen ánimos renovados”, asegura Ojeda.

July Henríquez es la abogada del colectivo de abogados José Alvear Restrepo que hoy acompaña a las familias. Cuestiona que ‘paras’ como ‘Jorge 40’ y ‘El Tigre’ hayan recibido beneficios penales por verdades que, a todas luces, quedaron a medias. “Una verdad a medias es una mentira”, en palabras de Hernando Carrera.

La abogada Hernández explica que sobre las prospecciones en marcha no hay expectativas distintas a las que hubo en los más de 40 intentos de exhumación anteriores. Aunque hay indicios, también hay dificultades como los cambios de vegetación o los cambios climáticos que llevan a que solo se hagan dos prospecciones al año en las épocas más secas, como los meses que corren actualmente, y a comienzos del segundo semestre.

El caso no está quieto. En diciembre fue capturado ‘El Tigre’, ahora integrante del ‘clan del Golfo’, acusado del secuestro de la sobrina nieta de Gabriel García Márquez. Por eso, intentarán volver a hablar con él para ver si aporta nueva información. Y apenas la semana pasada fue capturado y cobijado con medida de aseguramiento un hombre que es señalado de haber sido el responsable material del presunto asesinato de los siete miembros del CTI. Presunto porque, hasta que no encuentren los cuerpos, las familias no cerrarán estas dos décadas de duelo.

El tiempo no siempre cura las heridas, menos cuando quedan asuntos pendientes”, dijo en el acto de homenaje el sacerdote que ofició la eucaristía católica. Para muchos familiares, Dios es la única esperanza que sigue viva.

Así lo dejó ver también Matilde Bernal al terminar sus palabras, en medio de arbustos movidos por la brisa e iluminados por los últimos rayos del sol que dieron paso ese lunes a una luna de un amarillo intenso: “Hijo, te seguiré buscando hasta que Dios me dé fuerzas”.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES*
Redactor de JUSTICIA
Twitter: @JusticiaET
*Con invitación de la UBPD.

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