¿Por qué mataron a la promotora de Cannabis Tour?

¿Por qué mataron a la promotora de Cannabis Tour?

La disidencia de las Farc, al mando de ‘Mayimbú’, no quiere foráneos en sus montañas.

Mónica Berenice

Hacía más de un año que Mónica Berenice organizaba los Cannabis Tours.

Foto:

Cortesía familia Blanco Sosa

07 de junio 2018 , 08:33 a.m.

La dejaron frente al cementerio de los Evangélicos, bajo un árbol, en un punto de la vía que las diferentes bandas criminales convirtieron desde hace rato en su macabro botadero de cadáveres. A diferencia del resto de casos, a Mónica Berenice Blanco, de 47 años, no la arrojaron muerta desde una camioneta. La bajaron con vida del vehículo y le pegaron seis tiros en ese lugar, a tan solo cinco minutos del casco urbano de Corinto.

Eran las 7:45 de la noche del pasado 23 de mayo. Una patrulla móvil del Ejército escuchó los disparos y enseguida montó un operativo para descubrir su procedencia. Salió a la carretera y a los pocos minutos, un motorista informó que había visto un bulto grande frente al camposanto. Media hora más tarde, la funeraria local conducía el cuerpo sin vida de la mujer al pueblo.

Mónica Berenice nació en Buenos Aires (Argentina), el 16 de enero de 1970, pero sus papás se trasladaron a la isla de San Andrés cuando solo contaba dos años de edad. Al crecer en el seno de una familia de operadores turísticos, trabajó en el negocio desde adolescente. Más tarde estudió administración de agencias de viajes y en el 2015 se afincó en Cali. Madre de tres hijos de un primer matrimonio –de 20, 18 y 16 años–, intentó sacar adelante su propia empresa de turismo, primero con su última pareja y sola cuando se separó.

Hacía más de un año que organizaba los Cannabis Tours, destinados a extranjeros que pasaban por Cali. Jóvenes mochileros de distinta procedencia visitaban por un par de horas los sembradíos en zona rural del norte del Cauca, ya fuese en Corinto o en el adyacente corregimiento de Tacueyó, municipio de Toribío, que quedan a un máximo de dos horas de la capital del Valle.

Les mostraban de cerca el proceso, se tomaban fotos entre las matas y con bultos de moños, fumaban un bareto si se les antojaba y regresaban a Corinto para el almuerzo. Al concluir el tour, volvían a Cali felices de la experiencia. Las redes sociales propagaron las visitas al punto de que había jornadas de doble viaje, semanas en las que Mónica Berenice debió hacer el recorrido seis días y con grupos de hasta veinte extranjeros.

Cuatro días antes de su asesinato, el sábado 19, acompañaba a dos jóvenes israelitas. Cuando se encontraban en algún punto remoto al que se accede desde la carretera principal por la vereda Jagual de Corinto, una partida de la disidencia del sexto frente de las Farc, al mando de alias Mayimbú, los retuvo. “Ella fue una valiente”, afirma una persona que la conoció. “Le pudo su espíritu maternal, porque miraba a esos jovencitos como a sus hijos, y su sentido de la responsabilidad. Pidió que soltaran a los dos muchachos y al chofer de la camioneta. Siempre se preocupaba por sus turistas, decía que primero ellos para todo”.

Esa hipótesis, que comparten diferentes fuentes que he recogido en la zona, establece que suplicó que dejaran partir a sus clientes y al conductor, que ella era el botín que necesitaban. Los secuestradores aceptaron y después se comunicaron con la familia para exigir 300 millones de pesos por su liberación. Cuando descubrieron que no se trataba de un rehén adinerado, capaz de asumir una cifra tan elevada, se sintieron engañados y la asesinaron sin contemplaciones.

Le pudo su espíritu maternal, porque miraba a esos jovencitos como a sus hijos, y su sentido de la responsabilidad

Otros nativos, sin descartar lo anterior, aportan datos que señalarían otras razones para segar la vida de una mujer emprendedora y esforzada. Afirman que Mónica Berenice, quien residía sola en un apartamento de Cali, pecó de exceso de confianza y desoyó las voces de alerta sobre la nueva guerrilla que opera en la zona. “En el pueblo le advirtieron que no subiera más, que era peligroso”, asegura un conocido suyo.

“Ella no le hacía mal a nadie, antes nos proporcionaba ingresos a muchos, y de pronto se confió por eso y porque, seguro, nadie en los cultivos le advirtió de manera directa que no subiese más a la parte alta. Figúrese que pagaba por turista 10 o 20 mil pesos y un campesino, que casi siempre tiene cultivos pequeños de marihuana y no gana tanto como la gente cree, sobre todo cuando el precio está caído, podía sacarse 200 mil o más”, indica un comerciante de la región. Llegó a pagar 40.000 pesos por cabeza y regaba el beneficio, puesto que necesitaba cambiar de finca al requerir matas altas, a punto de la recolección, para las fotografías, y es un plantío de ciclo corto. A lo que cabría sumar almuerzos y compras de gaseosas y frutas. “También la propia doña Berenice necesitaba la plata para vivir, como todos. Por eso seguía llevando a sus extranjeros”. Y porque daría por hecho que sus anfitriones contaban con el permiso de la “gente del monte”.

Lo probable, en todo caso, es que la guía turística no estuviera al tanto de lo que se cocinaba en la trastienda de las bandas criminales que están tomando el control del norte del Cauca tras el acuerdo de paz de las Farc.

Tan solo dos días después de su asesinato, en la víspera de los comicios del 27 de mayo, la gente de alias Mayimbú, el nuevo jefe de la disidencia, mandó pintar letreros de ‘Farc-Ep’ y ‘Sexto Frente’ a lo largo de la trocha que del corregimiento de El Palo conduce a Tacueyó. Se trata de una vía en pésimo estado que serpentea la cordillera Central y que el gobierno Santos prometió mejorar. Si el forastero pregunta a los nativos, enseguida recomiendan no aventurarse por esos parajes. “Ellos se mantienen en la vereda Pajarito, sobre la vía, detrás de la bomba de gasolina, y pueden hacer cualquier cosa”, señalan.

Sexto frente Farc EP

La disidencia del sexto frente quiere hacerse notar en el norte del Cauca.

Foto:

Salud Hernández-Mora

Pese a su juventud –no llega a la treintena–, ‘Mayimbú’, natural de Tacueyó, acredita una larga trayectoria en las Farc. Integró los llamados ‘pisasuave’, cuerpo de élite de la antigua organización armada, y en la actualidad es ficha clave de Gentil Duarte, el excomandante que intenta articular un gran movimiento disidente guerrillero, al que también pertenece alias Guacho.

“Dice que lo firmado con Santos fue un acuerdo de Timochenko y los otros jefes solo para ellos, y se desentendieron de la tropa y las comunidades, y ellos van a seguir”, precisa un nativo que escuchó de labios de ‘Mayimbú’ y su gente las causas para abandonar el proceso de paz y volver a las armas.

Duarte lo habría enviado hace un año a la zona, que conoce como la palma de su mano, para poner orden en el caos que impera en el norte del Cauca. El antiguo reino de las Farc, que continúa siendo un jugoso generador de recursos por los cultivos ilícitos y el narcotráfico, se convirtió en objeto de deseo del resto de guerrillas y de disidentes.

Alias Mordisco, del Eln, intentó apropiárselo y también llegaron miembros del Epl desde el Catatumbo. Para fortuna de ‘Mayimbú’, las autoridades detuvieron recientemente a ‘Mordisco’, así como a su principal lugarteniente. Con ambos fuera del juego, y tras sostener enfrentamientos armados con sus rivales y lograr que muchos se incorporaran a su grupo, se hizo con el poder. Han protagonizado otros secuestros económicos y tienen azotados con vacunas a los comerciantes de varias poblaciones. En ocasiones delinquen con el brazalete Farc, tanto del sexto frente como del 29; en otras, optan por el del Eln o el del Epl, pero es la misma organización. “Son muy crueles y nada les importa. ‘Mayimbú’ se puede convertir en un ‘Guacho’ si no le ponen atención”, pronostica una fuente.

“Uno acá no sabe qué hacer. No se puede buscar a un comandante como antes para intentar arreglar un malentendido o mediar por una persona. Ahora todos se creen comandantes berraquitos, son muy peligrosos. Mejor no subir a las veredas de la parte alta”, dice un campesino.

A juicio de nativos consultados, al matar a Mónica Berenice no solo enviaron el mensaje de que secuestros y extorsiones se pagan o la víctima se muere. Igualmente difundieron la amenaza de “que nadie sin su permiso debe subir a la parte alta donde están”, agrega otro poblador. “El temor de ellos es que con los extranjeros se puedan colar infiltrados, y la señora no podía garantizar quién es quién. Y si ese día soltaron a esos israelitas, además de la señora, fue porque el país de ellos no iba a quedarse quieto y calentaban demasiado la zona”.

Cultivos de marihuana

Los extranjeros se sacaban fotos entre los cultivos de marihuana.

Foto:

Tomada de la web de Cannabis Tour.

Hace unas semanas se presentaron en Tacueyó. La Guardia Indígena les había arrebatado cuatro fusiles y equipamiento militar, y exigieron su devolución. Al negarse a entregarlos y anunciar, como después hicieron, que los destruirían ante miles de miembros de su comunidad porque no aceptan armas en su territorio ancestral, sean de quienes sean, la disidencia Farc-Ep declaró a sus dirigentes “objetivo militar”.

“Son los mismos integrantes de las Farc que se acostumbraron a las armas, pero ahora la situación es más complicada y asumimos un riesgo mayor”, indica una fuente solvente indígena en Tacueyó. En cuanto a los Cannabis Tours, los cabildos no los aprueban, aunque rechazan la muerte de la guía. “No damos permiso porque el potencial de estas montañas del Cauca puede ser el turismo, pero no con marihuana ilegal. Ya ha llegado aquí el consumo de droga, y la misma comunidad se está dando cuenta del perjuicio. Estamos recuperando miles de hectáreas del páramo de Santo Domingo y de otras montañas para fomentar en el futuro el etnoturismo”.

El 21 de junio celebrarán en la vereda Soto una feria con sus productos artesanales, algunos derivados de la marihuana, para mostrar al país sus propuestas alternativas al desarrollo actual. Diez días antes de esa fecha –9 y 10 de junio–, la alcaldía de Corinto, por su parte, organiza la ‘Expo de cannabis medicinal, terapéutica e industrial’. Ya hay inscritas 27 empresas, unas de Holanda, España y Argentina, además de colombianas, y esperan cinco mil visitantes. Resaltarán el pujante emprendimiento local, tan necesario para superar la imagen de municipio acorralado por la violencia.

“El cannabis medicinal puede ser el futuro. Lo que al pueblo no le interesan son mochileros que fumaban marihuana hasta en el parque; una vez la policía se la requisó”, anota un corinteño. “Al principio lo apoyamos porque creímos que querían un recorrido étnico, histórico y turístico del municipio, que tiene lugares naturales espectaculares. Hasta que nos dimos cuenta de que los extranjeros no estaban interesados en cultura, en ríos cristalinos ni paisajes. Solo marihuana y vicio”.

SALUD HERNÁNDEZ MORA
Especial para EL TIEMPO

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