La vida de lujos y excesos en el patio más caliente de La Picota

La vida de lujos y excesos en el patio más caliente de La Picota

Concentra a fichas del caso Odebrecht, el cartel de la Toga y parapolíticos.

Penitenciaría La Picota en Bogotá.

Imagen de la Cárcel La Picota, en Bogotá.

Foto:

Archivo EL TIEMPO

Por: Unidad Investigativa
15 de abril 2019 , 10:23 a.m.

Los exsenadores Bernardo ‘Ñoño’ Elías y Otto Bula –presos por los sobornos de Odebrecht– tuvieron una discusión hace dos semanas. Uno de ellos aseguraba que era imposible abrirle cupo en el privilegiado pabellón Ere Sur de La Picota al recién detenido Antonio Guerra.

Aunque es un exsenador de Cambio Radical, miembro de una poderosa casta política, el propio Bula dijo que él entregó evidencia de su presunta participación en la aprobación de contratos clave para Odebrecht, incluido el de estabilidad jurídica de la Ruta del Sol II, que la eximía del pago de tributos.

Días después, Guerra fue enviado a una guarnición militar y si bien se trató de una decisión de la Corte, algunos se la atribuyeron a las prerrogativas que los nuevos huéspedes de ese patio han ido colonizando.

Juntos y revueltos

El mismo día de esa discusión, estaban en el salón de visitas otros miembros de la llamada nueva generación de presos de Ere Sur, que retratan la situación del país y que aún así siguen gozando de privilegios.

En el grupo de ‘nuevos’ están los excongresistas David Char y Álvaro Ashton. Ambos tenían viejos expedientes pendientes por parapolítica que solo se movieron cuando estalló el llamado escándalo del ‘cartel de la toga’.

Por ese caso, el expresidente de la Corte Suprema Francisco Ricaurte, también terminó en el Ere Sur, compartiendo espacio con personajes como Héctor Julio Alfonso López, el hijo de ‘la Gata’; Carlos Palacino, en juicio por el desvío de 300.000 millones de pesos de la salud; y Jorge Noguera, condenado por las chuzadas del DAS y por un crimen.

“En ese patio están los cerebros de la corrupción, la parapolítica, el desangre a la salud y hay hasta señalados asesinos, como el exsenador Álvaro García, condenado por una masacre paramilitar. Todos están revueltos y gozan de privilegios”, le dijo a EL TIEMPO un alto funcionario recién posesionado que examina el tema.

En efecto, en el también llamado ‘Congresito’ ingresan desde una lata de atún por 40.000 pesos hasta una botella de whisky, por 800.000. Y es el único patio del país donde no hay hacinamiento: solo están ocupadas 34 de las 56 celdas sin barrotes: las ventanas tienen vidrios y cortinas. Hay señal de cable, computador con conexión a internet y dos visitas semanales: mientras los demás reclusos solo tienen una visita conyugal al mes, estos la pueden tener semanal.

Y si hoy hicieran una requisa sorpresa, encontrarían celulares que ingresan ilegalmente por valores que, según la marca, alcanzan los 5 millones de pesos.

“Si lo sabe pedir, hay patinadores que desde el exterior pueden hacerle llegar lo que sea”, le dijo a EL TIEMPO uno de los llamados patinadores del patio.

Y aunque el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, busca endurecer las penas y condiciones carcelarias de los corruptos, por ahora los del Ere Sur tienen gimnasio privado, cocina propia y la posibilidad de ingresar alimentos de restaurante, por “razones de seguridad”.

Allí trabajan dos señoras quienes reciben un salario mensual y prestaciones de ley para que preparen los menús de quienes conviven en este pabellón. El sueldo corre por cuenta de los internos.

Los productos para el menú también son pagados por los presos. Cuando hay algún alimento que no está en los listados que el Inpec tiene autorizados, se paga una especie de peaje que oscila entre 40.000 y 200.000 pesos. Este valor sube más cuando se trata de licor importado.

También pueden recibir catequesis con una sacerdote de la Emaús, o criar conejos y participar en los cultivos de hortalizas y verduras en una huerta privada.

Cuando estalla un escándalo, como los excesos en los que incurrió Emilio Tapia, cerebro del saqueo de Bogotá, o los del exsenador Juan Carlos Martínez Sinisterra, los controles en el patio suelen aumentar.

“Pero las medidas se vuelven a reducir y otra vez entra de todo. Con decirle que hay casos en donde las supuestas abogadas no tienen tarjeta. Muchos de los visitantes de los miércoles no aguantan una verificación por parte del Consejo Superior de la Judicatura”, aseguró otro de los patinadores.

Y agregó que el temor de los huéspedes del patio Ere Sur es que, tras la captura del anterior director de La Picota –el mayor Luis Francisco Perdomo–, se les complique el ingreso de la procesión de políticos que tienen planillados y con los que intentan seguir incidiendo en el mapa electoral, de cara a los comicios regionales que se realizarán en octubre próximo.

UNIDAD INVESTIGATIVA
u.investigativa@eltiempo.com
En Twitter: @uinvestigativa

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