Tras los cinco colombianos desaparecidos por la dictadura argentina

Tras los cinco colombianos desaparecidos por la dictadura argentina

Después de 42 años, la familia de Álvaro Herrera León dio muestras de ADN para saber qué le pasó.

Álvaro Herrera León desaparecido en Argentina

Álvaro (derecha), junto a Rosa Dalia. Ambos fueron desaparecidos. Rafael Herrera (izquierda), hermano de Álvaro, carga a Gabriela. Foto de enero de 1977.

Foto:

Carmenza Herrera León. Archivo familiar.

Por: Juan David López Morales
04 de enero 2020 , 09:34 p.m.

Una placa con un nombre, una edad y una fecha de desaparición: Álvaro Herrera León. 23 años. 13 de mayo de 1977. María Teresa Escobar y Diana Ortiz le pusieron una flor y le tomaron una foto. No estaba escrita su nacionalidad, pero la conocían: colombiano.

Era junio del 2016. Pleno invierno porteño. María Teresa, odontóloga colombiana, viajó a Córdoba (Argentina) a un congreso académico, y de allí fue a Buenos Aires, donde se encontró con su amiga Diana, integrante del Colectivo de Migrantes y Exiliados Colombianos por la Paz (MeCoPa).

María Teresa recordó que el hermano de una amiga suya, de apellidos Herrera León, hacía parte de la lista de cerca de 30.000 personas detenidas y desaparecidas en la última dictadura cívico-militar de Argentina, entre 1976 y 1983. Entonces, fueron a buscar su nombre en el parque de la Memoria de Buenos Aires.

El encuentro de las dos, la visita al parque y el hallazgo de la placa fueron el detonante para que 42 años después, en noviembre del 2019, la familia de Álvaro viajara hasta esa ciudad a instalar una baldosa en nombre de los cinco colombianos de quienes se tiene registro como víctimas de la dictadura militar.

Carmenza Herrera León es la mayor de los nueve hermanos de la familia. Tiene 67 años y vive en Alemania hace 42. Todavía habla un español fluido porque nunca perdió contacto con Colombia y en ese país europeo, donde formó su propia familia, fue profesora de español en una escuela popular hasta hace cinco años.

Después de ella, nació Álvaro. Vivían en La Palma, Cundinamarca, donde se conocieron y se casaron sus padres, Rafael Herrera Restrepo y Nicolasa León de Herrera. Casi todos sus hijos nacieron en ese municipio al norte de Bogotá.
Aunque el padre trabajaba para el Ministerio de Justicia, no tenía títulos y ganaba poco, recuerda Carmenza. “En La Palma no teníamos muchas posibilidades”. Por eso, hacia 1963, se mudaron a Bogotá.

“Vivíamos en un barrio en el sur”. Carmenza recuerda una infancia humilde que incluye la imagen de un Álvaro maduro desde joven, tranquilo y sosegado. Era un joven de pocos amigos y muchos libros. Fue justamente él quien le inculcó a ella el gusto por la lectura.

Álvaro seguía la producción literaria de Gabriel García Márquez, combinada con lecturas de filosofía, la carrera que se fue a hacer fuera del país después de no lograr ingresar a la Universidad Nacional a estudiar una ingeniería.

“Se fue a Chile porque había subido Salvador Allende. Álvaro estuvo allá repartiendo pan y leche en barrios de miseria”. Era 1971. Después regresó a Colombia para poner en regla algunos documentos que necesitaba y volvió a tomar rumbo hacia el sur, por tierra, como muchos jóvenes latinoamericanos en esos años de utopías.

Cuando Álvaro llegó a Bolivia, ya se anunciaba la tensión social y política en Chile que desembocaría después en el golpe de Estado de Augusto Pinochet. Álvaro cambió de rumbo y decidió probar suerte en Argentina. Llegó primero a Mendoza y luego a Buenos Aires. En 1973 ya estaba radicado en la capital.

Álvaro Herrera León

Documento oficial de Álvaro Herrera León como estudiante de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina.

Foto:

Archivo familiar.

Álvaro Herrera León

Documento oficial de Álvaro Herrera León como estudiante de la Universidad de Buenos Aires, en Argentina.

Foto:

Archivo familiar.

Álvaro Herrera León

Carmenza, hermana de Álvaro, también conserva este viejo documento judicial sobre la desaparición de su hermano.

Foto:

Archivo familiar.

Tres años después, el 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado contra la entonces presidenta Isabel Perón, heredera del poder del fallecido Juan Domingo Perón, dejó en el poder a una junta militar integrada por los comandantes de las Fuerzas Armadas del país.

Aunque se pretendió justificar la dictadura como una respuesta a las acciones de los movimientos guerrilleros en Argentina en esa década, como Montoneros, significó un proyecto económico y político que terminó cometiendo graves violaciones a derechos humanos.

Álvaro no fue ajeno a las militancias de aquella década. Perteneció a la Juventud Universitaria Peronista, en la UBA, aunque, según Carmenza, él militó en varias causas. Eso sí, “estaba en contra de las armas”. Así se lo dijo en varias de las cartas que le envió desde Argentina y que ella todavía conserva.

Germán Herrera León, el tercero de los hermanos, vivió en Argentina toda esa época. Llegó en 1975 y regresó a Colombia en 1985. Llegó a Buenos Aires, pero no alcanzó a validar su bachillerato, entonces se fue a Rosario, donde podía validarlo después de comenzar su carrera. Llegó allí dos días antes de que estallara el golpe.

Estudió medicina en la Universidad Nacional de Rosario, cuenta ahora, con 64 años, desde La Palma, donde vive con su pareja actual y ejerce como médico.

Estar en el mismo país no era garantía de comunicación, y menos en aquellos años. Germán y Álvaro se escribían de vez en cuando. Entre ellos, se pedían avisarle a la familia en Colombia que estaban bien. La última vez que lo vio fue en enero de 1977, cuando Carmenza fue a visitarlos y se encontraron todos en Buenos Aires.

A Miriam, otra de sus hermanas, Álvaro le enseñó a buscar en el diccionario cuando ella necesitaba saber sobre la vida de Salvador Dalí. “Mi mamá quería que todos estudiáramos”, cuenta ella desde Estados Unidos. Tiene 59 años y la última vez que vio a Álvaro tenía 11. “Todos fuimos a la universidad. Desafortunadamente, Álvaro fue el único que no pudo terminar”. Es bióloga y trabaja en la Universidad de Nueva York.

Aunque Miriam fue un par de veces a Buenos Aires, incluso al monumento con los nombres de los desaparecidos, y Argentina no le es un país ajeno –su novio es de allí–, nunca se animó a consultar por su hermano. “Esto de la desaparición es un dolor que se lleva toda la vida, uno lo guarda y espera que algún día pase algo, pero es muy difícil que uno lo comience”.

La casualidad de que Miriam y Diana tuvieran a María Teresa como amiga en común les permitió a los Herrera León destrabar el duelo que tuvieron pendiente por cuatro décadas. En octubre, María Teresa le contó a Miriam que los colombianos exiliados en Argentina querían poner dos baldosas frente al consulado colombiano para conmemorar a cinco desaparecidos colombianos, por si ellos querían enviar una nota al acto.

“Pensé: ‘¿Qué debo hacer?’. Contacté a mis hermanos por WhatsApp y les dije: ‘Vamos, sería lindo, es la oportunidad’. Yo decidí ir”, cuenta Miriam. Nueve personas fueron a Buenos Aires: cuatro hermanos (Carmenza, Germán, Miriam y Jairo), una sobrina (hija de Germán) y cuatro compañeros sentimentales de ellos.

La instalación de las baldosas diseñadas por MeCoPa y el proyecto Baldosas por la Memoria –que instala estas placas en zonas donde las personas vivían o de donde se los llevaron– fue el sábado 30 de noviembre, pero los días antes y después le sirvieron a la familia de Álvaro para rehacer algunos de los últimos pasos de él, antes de ser detenido y desaparecido.

Se encontraron con Gabriela, la hija de Rosa Dalia Herrera, quien era la pareja de Álvaro y fue desaparecida con él. La última vez que Carmenza y Germán vieron a Gabriela fue en el viaje de enero de 1977. Para entonces, ella tenía 2 años. Ahora tiene 44.

Germán cuenta que habló con ella, que ahora es sicóloga y profesora de la UBA. Que ella le contó algunos detalles de su proceso personal de indagación sobre qué le había pasado a su madre, que no lo recordaba aunque la hubiera cargado cuando era apenas una niña, que vivió un tiempo en el apartamento del que se llevaron a su madre, hasta que no lo soportó más, que ya no le gusta hablar del tema, que lo ha superado, pero cómo no iba a hablar con ellos que habían ido hasta allí cuatro décadas después.

Baldosas en Buenos Aires

Instalación de baldosas frente al consulado colombiano en memoria de los cinco colombianos detenidos desaparecidos por la dictadura argentina.

Foto:

Julián Athos. Cortesía.

Baldosas por los desaparecidos

Baldosas en honor a cinco colombianos detenidos desaparecidos en la dictadura argentina, instaladas el 28 de noviembre de 2019 en Buenos Aires.

Foto:

Archivo familiar.

Baldosas por los desaparecidos

Baldosas en honor a cinco colombianos detenidos desaparecidos en la dictadura argentina, instaladas el 28 de noviembre de 2019 en Buenos Aires.

Foto:

Archivo familiar.

La familia Herrera León también fue al Equipo Argentino de Antropología Forense, que funciona en la antigua Escuela de Mecánica de la Armada (Esma), uno de los mayores centros de detención y tortura de la dictadura, convertido ahora en un lugar de memoria. Dejaron muestras de sangre para que las cotejen con los cuerpos que no han sido reconocidos. “Habría una esperanza de que entre esos pudiera estar el de mi hermano”, explica Miriam.

También hablaron con organizaciones de derechos humanos y hasta fueron a donde quedaba el centro clandestino de detención Club Atlético, el último sitio donde habrían visto vivo a Álvaro. Indagaron, pero ninguno de los testigos vivos que estuvieron en ese lugar recordaba a un colombiano. Dieron su testimonio en un juzgado y, por supuesto, instalaron las baldosas.

“Cuando uno va poniendo la baldosa siente como si fuera una lápida. No fue una despedida, porque seguimos buscando, pero sí fue como un ritual, decir: ‘Aquí queda tu nombre y aquí va a seguir’”, cuenta Miriam, y su hermano Germán coincide. El quiebre de su voz demuestra el dolor latente por el luto inconcluso.

A estas alturas, no tienen certeza de qué pasó con Álvaro después de aquel día de mayo cuando ocho hombres armados, vestidos de civil, llegaron pasadas las 11 de la noche en dos carros verdes Ford Falcon hasta el edificio donde vivía Rosa Dalia con Gabriela, en el apartamento A del sexto piso de un edificio en la calle Güemes, en el barrio Palermo.

Álvaro Herrera León

Germán cree que esta foto, que tomó Carmenza, es cerca del edificio de donde Álvaro y Rosa Dalia fueron sacados entre la noche del 13 de mayo y la madrugada del 14 de mayo de 1977.

Foto:

Carmenza Herrera León. Archivo familiar.

Rosa Dalia estaba con su hija, y Álvaro llegó después de que entraron los agentes. Según documentos judiciales, la pareja fue sacada en la madrugada con los ojos vendados y las manos esposadas y la niña, Gabriela, se la dejaron al portero del edificio.

La familia Herrera León se enteró de la desaparición de Álvaro el domingo 18 de noviembre de 1979, cuando lo leyeron en una noticia publicada en EL TIEMPO. ‘Desaparecen en Argentina tres colombianos’, se titulaba. Habían pasado tres años del golpe militar y ya se calculaban alrededor de 15.000 personas desaparecidas. “Las autoridades argentinas dicen no tenerlos presos. Sin embargo, ni ellos ni sus cadáveres han sido vistos por nadie”, decía aquella noticia en la portada del periódico.

El primero de los tres casos era el de la delineante de arquitectura de 36 años Berta Lucía Restrepo, militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, desaparecida el 26 de julio de 1976. Había nacido en Ibagué, Tolima, en 1939. Según la noticia de EL TIEMPO, vivió varios años en París, donde se hizo amiga de la argentina Graciela Paserien, con quien se fue en 1974.

El segundo era el del médico Jairo de Jesús Herrón Fernández, de 35 años, oriundo de Santa Fe de Antioquia, quien fue sacado de su consultorio en la provincia de Buenos Aires después de recibir un llamado de emergencia en la madrugada del 24 de mayo de 1977. Vivió en Argentina desde sus 19 años, se casó con una mujer argentina y quienes lo conocieron lo recuerdan como amable y “humano, muy humano”, como han recogido organizaciones de derechos humanos de ese país.

Y el tercero era Álvaro Herrera León, cuya desaparición se conoció gracias a las denuncias de la familia de Rosa Dalia. Denuncias que también le llegaron a Carmenza, cuando ya estaba domiciliada en Alemania Federal, gracias a la ONG Amnistía Internacional.

Miriam y Carmenza cuentan que después de leer esa noticia, su padre se puso en contacto con el de Berta Lucía Restrepo, para buscar información en Argentina. El encargado diplomático colombiano en Buenos Aires, Alfonso Bonilla Aragón, envió seis notas a la Cancillería colombiana el segundo semestre de 1977, “de las que se desprende el malestar del embajador colombiano al no encontrar respuesta por parte del gobierno argentino en su búsqueda para dar con el paradero” de los colombianos, dice un fallo judicial argentino del 2009 en el cual se absuelve a varios militares por la causa de Álvaro y Rosa Dalia.

Carmenza tiene copias de las cartas que su padre envió en 1984, a pocos meses de la caída de la dictadura, al escritor Ernesto Sabato, entonces presidente de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). Entre la narración de Rafael Herrera a Ernesto Sabato, escrita a máquina sobre una hoja de papel café, se cuenta que los hombres armados, que se identificaron como ‘Miembros de las Fuerzas de Seguridad’, volcaron todos los muebles del apartamento. Los ataron y golpearon en el suelo.

Renglones más abajo, el padre de Álvaro le reveló a Sabato que Bonilla Aragón “en nota a la Cancillería dice que extraoficialmente, sin confirmar la versión, se enteró que Rosa Dalia Herrera murió cuando era interrogada y mi hijo asesinado por quien lo vigilaba”. Otras versiones que recibieron hablaban de traslados entre unidades militares y decían que, según un capellán del Ejército, Álvaro “podía aparecer en cualquier momento”. Todavía no ha aparecido.

¿Dónde están las otras cuatro familias?

Desde 2016, MeCoPa comenzó a documentar los casos de colombianos desaparecidos en el contexto de la última dictadura cívico-militar sufrida por Argentina.

Diana Ortiz explica que su interés es que “mínimamente puedan acercarse a un espacio de reparación simbólica con el apoyo de la sociedad argentina y sus avances en políticas de memoria, verdad y justicia”. Ese país ha atravesado un proceso de duelo colectivo en el que las familias de los colombianos desaparecidos allí no han estado.

Colombianos desaparecidos en Argentina

Washington José Barrios Fernández y Jairo de Jesús Herrón Fernández, colombianos detenidos desaparecidos en Argentina.

Foto:

Archivos de derechos humanos.

Además de los tres casos conocidos desde 1979, MeCoPa encontró otros dos. El primero es el del caleño Alonso Durango Londoño, de 24 años, quien fue sacado de su casa en San Miguel de Tucumán el 15 de marzo de 1976.

El otro fue el del ciudadano colombo-uruguayo Washington Javier Barrios Fernández, quien nació en Cúcuta. Él era integrante de los Tupamaros, en Uruguay, el mismo movimiento insurgente al que perteneció Pepe Mujica y tenía vínculos con el Partido Revolucionario de los Trabajadores Ejército Revolucionario del Pueblo, en Argentina.

Barrios salió de Uruguay el 20 de abril de 1974, para buscar cómo sacar de ese país a dos compañeras suyas. Mientras él salía, ellas se quedaron con la pareja de él, Silvia Reyes Sedarri, quien tenía 19 años y tres meses de embarazo. El 21 de abril, las tres mujeres fueron asesinadas, por lo que Washington decidió no regresar. Fue capturado en septiembre de 1974 en Córdoba, ciudad del interior argentino, y desaparecido el 20 de febrero de 1975. El caso fue documentado por el Estado uruguayo.

Hasta ahora, MeCoPa solo ha podido contactar a la familia de Álvaro Herrera León. Los datos que han conseguido de las demás familias están desactualizados: no contestan los números que tienen y no viven en las mismas direcciones. En algunos casos, las casas ni siquiera existen más.

Gracias a su gestión y alianzas con grupos locales de derechos humanos, los integrantes de MeCoPa lograron que la Cámara de Diputados de la Nación de Argentina declarara de interés el homenaje rendido a finales de noviembre. Y en aquel acto, incluso se planteó la posibilidad de instalar otras baldosas, por ejemplo, frente al edificio donde fue detenido Álvaro Herrera León.

Ahora, esperan encontrar a las demás familias para que ellos también inicien el proceso para buscar y hacerles duelo a sus familiares, sin importar cuántas décadas hayan pasado.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor de Justicia
Twitter: @LopezJuanDa
Correo: davlop@eltiempo.com

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