La masculinidad frente a los círculos de violencia sexual

La masculinidad frente a los círculos de violencia sexual

Cómo los hombres aprenden a ser hombres tiene mucho que ver con la violencia que ejercen.

La masculinidad frente a los círculos de violencia sexual

Los hombres no son inherentemente violentos, dice Gary Barke. Crecer en un hogar con padres que ejercen el cuidado por igual puede hacer la diferencia.

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Por: Juan David  López Morales
31 de enero 2020 , 08:37 p.m.

“¿Qué vamos a hacer con los hombres?”, era la pregunta que se hacía Gary Barker hace casi 30 años, cuando trabajaba con Unicef atendiendo a mujeres y niñas víctimas de explotación sexual. ¿Y los hombres? ¿Cómo solucionar el problema sin preguntarse por quienes estaban dispuestos a pagar por sexo con niñas de alrededor de 15 años?

Estas preguntas lo han llevado a adentrarse en la discusión sobre las nuevas masculinidades y a preguntarse tanto por las condiciones que llevan a los hombres a ser perpetradores de actos de violencia –y en particular de violencia sexual– como por las circunstancias que atraviesan los que son víctimas de esta.

Es periodista de formación y doctor en psicología, además de CEO de Promundo, una organización fundada en Estados Unidos, con trabajo en cerca de 25 países con hombres adultos y jóvenes para una masculinidad saludable y tendiente a mayor equidad de género.

“Entonces, ¿qué hacemos para cambiar esa realidad de los hombres apenas como victimarios. Yo no me identifico con esos victimarios, quiero hablar de qué lleva a un hombre a ser así, porque no nació así”, dice en esta entrevista, tras ser invitado por la Unidad de Investigación y Acusación de la JEP a dar una conferencia en el espacio Fragmentos, creado por la artista Doris Salcedo.

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Gary Barker

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El hombre que llega a altos niveles de violencia contra otros y otras, ¿es una víctima del entorno social en el que se forma?

Casi siempre. Por ejemplo, en 24 países que medimos, los hombres que fueron testigos de violencia de un hombre contra una mujer cuando eran niños tienen de 2,5 a 3 veces más tendencia a usar violencia contra una pareja cuando sean adultos. Y las mujeres que son testigos de esa violencia cuando son chicas tienen más probabilidad de estar en un relacionamiento violento con hombres cuando es adulta.

¿En el que ella es la violentada?

Claro. Y los hombres que son víctimas de violencia sexual tienden a abusar en cifras dos veces más altas que los que no dicen que fueron víctimas. Violencia genera violencia, pero eso no puede ser nunca una disculpa para un individuo. Según las encuestas que hemos hecho en 45 países, 80 % de los hombres fueron víctimas de algún tipo de violencia en la casa, la escuela o la comunidad. Y no es que las chicas la estén pasando bien. La violencia sexual es más alta contra ellas, la violencia verbal, el control de su movimiento, pero la violencia física es más practicada contra cuerpos masculinos.

¿Y el homicidio, en particular?

El 80 %, dependiendo del país, es contra hombres, y el 90 % es cometido por hombres. El homicidio es una violencia masculina, pero no inherentemente masculina. No quiere decir que sea natural en los hombres, sino que es una forma como nosotros construimos las masculinidades.

La forma como construimos la sexualidad masculina se basa en la conquista, en el desempeño y en no aceptar un no

¿Se puede decir que es un fenómeno histórico?

Sí, creado por seres humanos. No por nuestra esencia biológica de XY versus XX.

¿Al ser un fenómeno histórico, también puede desaparecer?

Claro. Países como Canadá, Suecia, comparados con Estados Unidos o Colombia, las Américas tienen cifras más bajas de homicidio. Los países nórdicos tienen las cifras más bajas, y aun así en la gran mayoría de los homicidios las víctimas son hombres y los victimarios también. La tendencia se mantiene en términos de género, pero las cifras son bajísimas comparados con las Américas.

¿Qué lleva a que la violencia física se pueda convertir en violencia sexual, teniendo al hombre tanto como perpetrador como una posible víctima?

Tiene que ver con una construcción de la sexualidad masculina de que no se puede parar: el hombre como consumidor de sexo. Miremos desde cómo se construye o conversa sobre la sexualidad. En inglés se usan muchas palabras que tienen que ver con golpear. Decimos 'I hit that', refiriéndonos a una mujer con quien tuve un acto sexual. En español también: conquista. Si pensamos en la conquista de las Américas fue un acto de violencia total. La forma como construimos la sexualidad masculina se basa en la conquista, en el desempeño y en no aceptar un no, porque hay que cumplir con el deseo, pero también del uso de la sexualidad como un espacio de dominación, donde yo controlo cuándo tenemos relaciones sexuales y cuando una mujer no está ‘protegida’ por otro hombre puedo intentar conquistarla.

Cuando más actos de violencia hay fuera de casa es más alta la violencia dentro de ella

Todos los hombres estamos expuestos a esa manera de construir esa masculinidad, y no todos llegamos a los extremos más violentos, ¿por qué?

Yo me refiero a tendencias, pero si yo fui criado en una familia donde mi padre, los otros hombres o las mujeres dicen: ‘consentimiento, o nada’, o mi mamá dice: ‘la sexualidad de ella importa tanto como la tuya, tu padre nunca levantó la mano contra mí y nunca tuvimos relaciones sexuales que yo no quería’, si tenemos esa postura en casa, o un profesor hombre, o un entrenador que dice: ‘aquí no hablamos así, puede que con tus cuates escuches eso, pero aquí respetamos a la mujer’, entonces también hay resistencias muy fuertes. Hay mensajes que internalizamos también de padres cuidadores. Nuestros datos muestran que hay factores claves en los hombres que usan menos violencia, como un padre involucrado en el cuidado de los hijos y parejas igualitarias.

¿Un padre involucrado en el cuidado reduce la tendencia a la violencia?

Sí, y empodera a la hija también. En esas encuestas a mujeres y hombres hacemos preguntas sobre sus antecedentes familiares, en términos de papeles de género, si sus padres dominaban o si las decisiones eran igualitarias. Si tú relatas que tus padres tenían una relación más igualitaria tiendes a ser una mujer más empoderada y un hombre menos violento.

(Lea también: En violencia sexual e intrafamiliar, las condenas no superan el 30 %)

Cuando hablas de cuidado no te refieres solo a presencia, ¿verdad?

No, es manos a la obra. No diría que la mayoría de hombres llegamos a la igualdad de estar 50 % en casa, pero ponemos manos en la obra de cuidar. No es estar presente en su silla mirando fútbol en la televisión. Es cuidar, controlar su enojo, acompañar. Es usar menos la palabra 'ayudo' y más 'hago'.

Gary Barker

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Cuando hablamos de violencia sexual contra hombres, pensamos en violación. ¿Cuál es el abanico de violencias sexuales que padecen los hombres?

También es culturalmente construido. En algunos contextos, ser penetrado por otro hombre puede ser lo peor. También hay penetración con objetos, penetración por un hombre mientras otros hombres están mirando, o que el violador cuente a tus pares que te violó. El estigma de haber sido tenido testigos también entra ahí. En algunos contextos pueden ser amenazas, no solamente el acto, en algunos contextos también golpear tus genitales. Hay otros actos que son horribles de pensar. En algunos procesos se obliga a los niños a estuprar con un pariente, inclusive con su madre. Esa ha sido una práctica en algunos países de África para la creación de combatientes niños. Es un acto brutal, pero también es un acto de violencia sexual.

¿Detrás de esas acciones les están enseñando una manera de ser hombres?

Una vez que un grupo le obliga a hacer daño a su familia, inclusive a lo peor de estuprar su madre o sus familiares, tienen una vergüenza total al punto que el jefe de ese grupo es su dueño, él sabe que ha hecho lo peor que un hombre puede hacer y te controla desde ahí. En cárceles también hay prácticas de ese tipo de dominación y humillación. La ‘creatividad’ de las violencias y agresiones es tremenda. Por eso creo que nosotros que trabajamos la prevención y recuperación tenemos que escuchar historias que son difíciles. Nos toca creer que podemos ser más creativos en los procesos de paz, de no violencia, de cuidado y de solidaridad.

Si lo traemos al contexto de América Latina y Colombia, ¿qué se podría decir de estas violencias?

Hay años del dominio de Estados violentos. Claro, con excepciones, procesos de modernización y de Estados de Derecho, pero seguimos con una gran secuela de la impunidad desde la conquista en términos de que un Estado dominador que no se deja ser juzgado por sus actos de violencia.

¿Podría afirmarse que la historia violenta de los Estados se traduce en la historia de violencia sobre los cuerpos?

Sí, con certeza. Y logramos medir eso en algunos casos. Hemos aplicado encuestas en favelas en Río y varias partes de la ciudad donde están más altas las violencias externas, como homicidio y robo. Cuando más actos de violencia hay fuera de casa es más alta la violencia dentro de ella. Esa violencia, además de lo que aprende como niño, también tiene que ver con la ausencia del Estado. Un Estado que no cumple su función de protección, de rendir cuentas cuando hay actos de violación, que es violento, es también cómplice, actor y agente en la violencia familiar doméstica.

En términos de reparación, ¿qué diferencia hay entre una víctima de violencia sexual hombre o mujer?

Tal vez el estigma es distinto. Es perder su virilidad, su identidad masculina y tiene un efecto diferente del estigma con las mujeres.

¿En qué sentido?

En que los hombres poco hablamos sobre nuestras debilidades, nuestros problemas, nuestras ansiedades y depresiones. Para tener una restauración yo tengo que hablar públicamente sobre el mal y la forma en que me fue hecho. Soy doblemente victimizado. Pero la restauración implica algún tipo de conversación pública. Si cuesta 10 años para las mujeres hablar públicamente sobre esas violencias, cuesta 30 años algunas veces para los hombres sentirse cómodos a decir: yo fui víctima, así me sentí, eso me pasó y me quedé callado durante X años. Y generalmente ese X son más años para los hombres. También hay una cuestión de homofobia, porque la misma pregunta que se hacen las mujeres -¿yo hice algo para provocar?- los hombres también la hacemos. La diferencia es que es una provocación dentro del ámbito de la homosexualidad. Si soy homosexual, sé cuál es el estigma. Si no soy, también lo sé. Y está la vergüenza de contar que no pude defenderme. No es que la mujer no lo sienta. Pero los hombres supuestamente somos protectores, fuertes, viriles, podemos protegernos. Lo que pasa en muchos actos de violencia sexual es que las personas se congelan. Paran de defenderse por pánico, ansiedad o miedo. Para un hombre confesar eso públicamente es súper difícil.

La violencia sexual es más alta contra ellas, la violencia verbal, el control de su movimiento, pero la violencia física es más practicada contra cuerpos masculinos

¿Y una vez se logra verbalizar, qué pasa en la reparación?

Ahí entra la importancia de trabajar en comunidad alrededor de él para apoyarlo, quitarnos las ideas de que hizo algo para provocar, de que no fue suficiente fuerte para protegerse. El proceso de recuperación debe ser colectivo.

¿Sin proceso colectivo es difícil hablar de reparación?

Sí. Necesitamos un apoyo al individuo, pero al mismo tiempo reconocer que ese acto de violencia fue una falla del colectivo.

¿Hasta dónde tiene sentido persistir en dividir la violencia sexual que sufren hombres de la que sufren las mujeres de la que sufren niños y niñas?

Es importante no hablar de más ni menos, no decir que es peor cuando pasa esto. Tiene secuelas distintas por la condición de género, y la cuestión de género entra en cómo yo me creo y me veo como hombre y cómo la sociedad me trata. Es importante una mirada de que reconoces las diferentes secuelas según no la edad, el estatus social, orientación sexual y el estigma cultural de diferentes grupos étnicos. Una mirada diferenciada de cómo puede impactar a un individuo es necesaria. No es decir quién sufre más o menos. Ahí entramos en una competencia perversa de quién es más víctima.

¿Qué implican la clase, la etnia, la edad…?

Implica que va a ser más difícil, por ejemplo, para hombres de un determinado grupo que ya es estigmatizado. Un afrodescendiente, a quien el Estado ya mira como agresor, al decir que fue víctima de esa violencia, puede recibir respuestas como ‘claro, tú, ese hombre fuerte que es el agresor, cómo que fuiste víctima de esa violencia’. ¿Voy a buscar un servicio que generalmente me violenta? Las mujeres también pasan eso. Pero hay que mirar cómo va a ser de difícil para ese hombre de determinado grupo de hacer esa queja, versus un hombre clase media que tal vez va directo a un abogado particular, o va a su amigo que es un juez. Son estereotipos y son verdades también.

¿Lograr sociedades con menos violencia sexual nos lleva a sociedades con menos violencia de todo tipo?

Es importante verlo en ese sentido. Las violencias van juntas: el Estado que no hace su papel, la crianza de niños y niñas en casa con el uso de violencia. No es que dar una palmada lleva a un hijo a ser violador, no es así que funciona, pero criamos en una aceptación de que la violencia se usa para conquistar lo que quieres. No, aquí no aceptamos, sea con ese juguete que quieres o con esa mujer que deseas. No se puede. No lo permitimos.

La violencia sexual en el conflicto

Por mandato del acuerdo de paz, la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP creó el año pasado el Grupo de Investigación en Violencia Sexual, un equipo conformado solo por mujeres para indagar por estos casos en el conflicto y por la forma de reparar a las víctimas. En este tiempo, ya avanzaron en la construcción de un protocolo de investigación para estos casos, cuenta el director de la UIA, Giovanni Álvarez.

También trabajan en alimentar una base de datos para analizar los tipos de violencias sexuales, dónde ocurrieron, quién los perpetró y qué daños han sufrido las víctimas. Además de investigar los casos –para esto se han acompañado de personajes como el nobel de paz 2018, Denis Mukwege, y el doctor en psicología Gary Barker (entrevista)–, estudian cómo pueden reparar a estas víctimas, incluso tras décadas de los hechos.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor de Justicia
Twitter: @LopezJuanDa

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