La justicia vacante / En el ojo de la justicia

La justicia vacante / En el ojo de la justicia

Su tuviéramos fiscal en propiedad, ¿se habría hundido la reforma anticorrupción en el Congreso?

Búnker de la Fiscalía

Han pasado 40 días desde que Néstor Humberto Martínez renunció al cargo de fiscal general.

Foto:

Abel Cárdenas / Archivo EL TIEMPO

Por: Jhon Torres
24 de junio 2019 , 09:09 a.m.

Un fiscal general. Una sala entera, de siete integrantes, en la Judicatura. Cinco magistrados, de un total de 23, en la Corte Suprema...

Esos son, por encima, los altos cargos en la justicia colombiana que están o en interinidad o vacantes, algunos hace años. Como si tener funcionarios y servidores públicos en propiedad fuera lo mismo que tener que recurrir a los que llegan, literalmente, a disfrutar del ‘palomazo’.

El 15 de mayo pasado renunció el fiscal Néstor Humberto Martínez. Con él se fue su vicefiscal, María Paulina Riveros. Algunos dirán que los 40 días que han pasado desde entonces no son tantos; menos si se comparan con lo que ocurrió en el 2010 con la sucesión del fiscal Mario Iguarán en plena guerra fría entre la Corte Suprema y el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez.

Pero, ojo que los efectos de la interinidad ya se sienten. Si hubiéramos tenido fiscal en propiedad, ¿se habría hundido como se hundió, sin un doliente en el Congreso, la ley que les quitaba la gabela de casa por cárcel a los corruptos presentada en su momento por Martínez Neira?

Probablemente, no. Y, no obstante las calidades y el liderazgo del fiscal encargado, Fabio Espitia, basta con visitar el búnker de la Fiscalía en Bogotá y hablar con los funcionarios para ver que el ritmo al que ahora se mueve el ente investigador es otro.

Y la interinidad se puede prolongar aún meses. El 4 de junio, el presidente Duque aseguró que dos semanas después entregaría su terna de candidatos. Ese plazo se cumplió y hasta ahora no hay señales de los tres nombres. Pero, incluso con la terna lista, en la Corte Suprema se necesitan 16 votos para alcanzar la mayoría calificada (dos tercios del total de integrantes) que requiere la elección del fiscal. Hoy hay 18 magistrados en ejercicio, y varios de ellos consideran que, antes que nada, deben llenar los cinco puestos que faltan en la Sala Plena. Incluido el que dejó Margarita Cabello al ser nombrada por el Presidente en el Ministerio de Justicia.

De nuevo, no es lo mismo un elegido con todos los requisitos y procedimientos que impone la ley, incluidos concursos de méritos y pesos y contrapesos entre poderes, que un encargado. Este tiene siempre su suerte en manos de los que lo nombraron temporalmente. El primero podrá sentirse en deuda con quien lo postuló o eligió, pero a nadie debe su continuidad en el cargo.

En el río revuelto de la interinidad –más cuando se prolonga indefinidamente, como ha ocurrido con la Sala Disciplinaria de la Judicatura, que debió haber desaparecido hace tres años para dar paso a la nueva Comisión de Disciplina Judicial– pesan muchos intereses. Casi nunca son los del país.

JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

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