¿A ‘Santrich’ se lo debió proteger, pero además vigilar?

¿A ‘Santrich’ se lo debió proteger, pero además vigilar?

Jefe de la Unidad Nacional de Protección habla de la desaparición del exjefe guerrillero.

Pablo Elías González, director de la UNP

Pablo Elías González, director de la Unidad Nacional de Protección (UNP).

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Cortesía UNP

Por: María Isabel Rueda
07 de julio 2019 , 08:53 p.m.

Pablo Elías González, jefe de la Unidad Nacional de Protección –responsable de la seguridad de ‘Jesús Santrich’–, revela que fue un ciudadano chileno, alias Daniel, quien lo ayudó a escapar de la zona de protección. Teme que llegue el día en que la UNP llegue a ser insostenible.

¿Cómo una persona con su hoja de vida, que ha sido director del CTI, director de Fiscalías, acepta semejante chicharrón como es el ser jefe de la Unidad Nacional de Protección?

Es un reto. Pero lo hice también por compromiso con el país, con el señor Presidente, en razón de la necesidad de reorganizar y de redirigir la UNP en la forma más acertada posible.

¿Cómo la encontró: armada?

Sí, se encontró armada, se encontró funcionando pero, como toda entidad, puede mejorar.

¿Cuál es realmente el papel de la UNP?

Es una entidad nacional de seguridad. Es decir, se dedica fundamentalmente a la protección de servidores públicos y líderes sociales. Pero también tenemos enfoques diferenciales. Con poblaciones indígenas, negras, campesinos, desplazados, reclamantes de tierras, víctimas de violación de derechos humanos, tenemos en cuenta las especificidades de cada población. Con ellas concertamos protección colectiva.

¿Cómo llega la Unidad a detectar ese peligro? ¿Porque hay amenazas evidentes o porque las mismas personas van a solicitar la protección?

Para las amenazas o riesgos evidentes hay un equipo de aproximadamente de 170 personas que se dedican a nivel nacional a hacer las averiguaciones cuando alguien solicita protección. Ellos se encargan de recoger toda la información, hacer consultas a entidades como la Fiscalía, Personería, las alcaldías, con la Policía Nacional, con el Ejercito, para establecer el carácter o condición del líder, porque puede estar inscrito o no.

¿Cuántas personas trabajan en la Unidad Nacional de Protección?

Tenemos una planta de personal de 700 personas aproximadamente.

¿Armadas?

Sí, armadas, salvo los administrativos. Pero escoltas de protección son más o menos unos 400. También tenemos a los que tienen que ver con el componente de las Farc, que son más o menos unos 1.125, de los cuales 950 son reincorporados. Ellos actúan en esquemas mixtos con la policía.

Para las amenazas o riesgos evidentes hay un equipo de aproximadamente de 170 personas que se dedican a nivel nacional a hacer las averiguaciones

O sea, hay más escoltas que vienen de las Farc reincorporados que los que usted tiene de planta…

Sí, sí, muchos más.

¿A usted le produjo algún resquemor ese entrenamiento de los escoltas reincorporados? ¿Hoy le obedecen a usted o le obedecen a las Farc?

(Sonríe) Es una pregunta bien difícil porque, pues obviamente, ellos tienen su vínculo y tienen, digamos, sus relaciones con el partido Farc, y de alguna manera atienden las jerarquías.

¿A usted le ha costado trabajo hacer esa combinación?

Cuando llegué, ya los esquemas estaban armados de esa manera y fueron aceptados por el partido Farc. Entre otras cosas porque la Policía, al contrario de la UNP, sí es autoridad y ayuda a abrir muchos espacios. Entonces, el hecho de que vaya policía en los competentes es muy importante, porque cuando identifican a un policía que va en un esquema de protección, las demás autoridades respetan eso. En ese sentido me parece que está bien que sean esquemas mixtos. No con el fin, vuelvo y repito, de vigilarlo o de hacer inteligencia, sino de proteger.

¿Ustedes les pagan?

Sí, claro, ellos son servidores públicos. Y como tales, si cometen alguna falta, pueden ser disciplinados por la Unidad.

Las armas que ellos tienen son de ustedes…

Sí, claro, son de la Unidad.

¿Hasta ahora les ha traído algún tipo de problema esa combinación?

No dejan de presentarse inconvenientes. Pero, digamos, son la excepción.

Escoltas de protección son más o menos unos 400. También tenemos a los que tienen que ver con el componente de las Farc, que son más o menos unos 1.125

¿Cuántos de esos escoltas me dice usted que están específicamente asignados a los desmovilizados?

1.125, para 225 esquemas de protección de desmovilizados. Pero la Unidad Nacional tiene contrato para el resto de protegidos con cinco operadoras, que son uniones temporales o consorcios, y ahí tenemos 5.400 escoltas más, que son tercerizados, y 700 aproximadamente que tenemos nosotros en la Unidad, propios.

¿El esquema de Santrich también era mixto? ¿Reincorporados de las Farc con policía?

Sí, era mixto.

¿Qué ha podido usted averiguar de esa noche? Porque lo que se dijo inicialmente es que el señor se fue porque ahí no había escoltas...

Abrimos un proceso disciplinario, precisamente a efectos de determinar si hubo algún tipo de omisión. Sobre la base del informe que nos llegue, podremos determinar si se formula algún tipo de cargos o no.

¿Pero la escolta asignada esa noche apareció finalmente completa, o hay personas que no han aparecido?

Hay una persona, uno de los escoltas, que se trasladó inmediatamente a Bogotá. Tenemos que averiguar por qué razón. Al parecer sí hubo una omisión en la prestación de la vigilancia esa noche. Pero, según parece, el escolta había renunciado y se le había notificado la aceptación, y por eso habría viajado.

¿Un protegido puede voluntariamente rechazar su protección?

Sí, claro. La protección se basa en un principio que es el consentimiento.

¿Estos, como el de Santrich, no son esquemas de investigación sino de protección? ¿No debería, al tiempo que se lo protegía, estarlo vigilando?

Nosotros solamente protegemos, ni investigamos ni vigilamos.

¿Y esta es la hora que no ha logrado tener una información real de lo que pasó con Santrich?

Hay una información suministrada por la jefe del esquema, y la estamos verificando. La que conoce la opinión. Según Diana Londoño, coordinadora del esquema, Santrich había permanecido todo el día en el espacio territorial de Tierra Grata. En la noche se fue a su dormitorio con alias Danie', su acompañante de confianza, que siempre andaba con él. El esquema terminó servicio a las 21:19 y se replegó a sus dormitorios. En la mañana iban a Barranquilla, pero le tocaron a la puerta y nadie respondió. Ahí es cuando nos informan: “No había nada ni nadie”. La novedad que reportan es que el agente escolta Rafael Melón Castañeda no se levantó para la guardia. Así que ese es el que se vino para Bogotá. Luego, en la noche no hubo guardia desde las 23:45 hasta las 3 de la mañana, cuando se despertó el agente escolta William Molina Cruz.

¿Hasta dónde llega su papel en esto? Porque por un lado puede haber responsabilidad del esquema, pero por el otro, la Unidad, como usted ha explicado en esta entrevista, no era vigilante del señor Santrich.

Aquí pudo haber lo que se llama un abandono del esquema o un desistimiento tácito, es decir, revocación tácita del consentimiento. Como el señor no tenía ninguna orden de captura, y además nosotros no somos los facultados para capturar, así la tuviera, pues, en ese caso, él podía irse, inclusive delante de sus escoltas, o decir, ‘mire, no quiero más los escoltas’, como han hecho otros.

¿Descarta hasta hoy que haya podido ser sacado a la fuerza?

No, no creemos, porque primero él estaba acompañado por este señor de su confianza, ‘Daniel’. Lo único confirmado es que fue él, el ciudadano chileno Juan Bautista Hernández, alias Daniel, la persona que lo ayudó a salir del espacio territorial y desapareció con él. Segundo, el espacio territorial está vigilado por el Ejército y por Policía. Nos llama la atención que es muy cerca de la frontera.

Muchas autoridades dan por hecho que se refugió en Venezuela al lado de Iván Márquez…

Por ahora son conjeturas, pero es posible porque la frontera queda a 8 kilómetros de la zona, a 10 minutos en carro.

¿Cree posible que el señor se presente el 9 ante la Corte?

Creo que si fuera simplemente una situación de abandono momentáneo del esquema, por lo menos se hubiera comunicado con los medios de comunicación.

¿Cuántas situaciones, digamos, de salvar la vida de una persona protegida se han presentado desde que usted está en su cargo, con estos esquemas de protección?

Ha habido varias. La de Francia Márquez, la de Mayerly, la de Sigifredo López... En total son como unos ocho o diez casos. Pero la Unidad también hace presencia disuasiva.

Como el señor no tenía ninguna orden de captura, y además nosotros no somos los facultados para capturar, así la tuviera, pues, en ese caso, él podía irse, inclusive delante de sus escoltas

Sin la protección del Estado a través de la Unidad, probablemente no estarían vivos. ¿Cree que si esta unidad profesional, especializada, hubiera existido en época de la UP, hubiéramos podido salvar a mucha gente?

Sí. Pero, de todas maneras, esta Unidad es atípica. Porque no debería existir en un país democrático. Lo que pasa es que la Unidad surge como producto de la violencia que se presenta contra los líderes. Y si se hace un balance después de la firma del acuerdo de paz, Naciones Unidas habla de más de 250 líderes asesinados; la Defensoría, de más de 450. Independientemente de las cifras, nosotros hemos hecho una evaluación de cuántas de esas personas habían solicitado protección, y la respuesta es que la gran mayoría no la había solicitado.

Es imposible, en el ámbito de la violencia en el que vivimos entre otras cosas principalmente por el narcotráfico, que se le pueda poner un escolta a cada persona…

A cada persona es imposible. Inclusive ya estamos desbordados, con 7.400 protegidos que tenemos. Esta Unidad es muy compleja, tiene muchas obligaciones en relación con el tema de la protección, casi que los líderes terminan planteando que la solución está en la Unidad, cuando realmente no está ahí.

¿Dónde está la solución?

En desvertebrar las organizaciones criminales, llámense guerrilla, paramilitares, autodefensas, bandas criminales, como se les quiera llamar. Esa tarea ya tiene que realizarse de manera articulada por la Policía y el Ejército porque si no, la situación va a continuar empeorando y va a llegar un momento en que la Unidad va a ser insostenible. Inclusive desde el punto de vista económico, porque esta Unidad se gasta más o menos al día 2.500 millones de pesos.

¿Cuánto vale sostener el esquema de una persona al mes?

Más o menos 24 millones un esquema sencillo: un blindado y dos hombres. O sea, casi 290 millones al año. El presupuesto de la Unidad en este momento es de un billón de pesos. Nos hicieron un ajuste presupuestal, nos deben una platica más.

¿Alguna vez le ha sucedido que alguno de estos líderes haya solicitado protección y no se le haya dado y lo hayan matado?

Sí, pero los hechos sucedieron mientras se hizo el estudio de evaluación de riesgo. Son unos casos mínimos, dos o tres que se han presentado en ese sentido, porque se demoró en realizar el estudio y por esa razón no se detectó a tiempo la amenaza o el riesgo de esa persona.

Doctor Pablo Elías, ¿y usted qué siente cuando se levanta por la mañana y le dan la noticia de que cayó otro líder?

Mucho desasosiego. Lo primero que hago es chequear si esa persona había solicitado protección, pero la haya solicitado o no, es una situación muy dura. Esto no debe suceder si nos preciamos de democráticos; que a las personas las maten por el liderazgo. Se nota una gran intolerancia y que muchas veces no se entiende la actividad de los líderes, que es tan importante y esencial para el desarrollo de la vida social de las comunidades.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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