El turbio pasado de Ezequiel, la víctima 33 del sicariato en Bogotá

El turbio pasado de Ezequiel, la víctima 33 del sicariato en Bogotá

Fue capturado por la DEA por narcotráfico y deportado en 2002. Gatilleros lo mataron en la 116.

AUTOPLAY
El video del asesinato en la calle 116Las autoridades buscan que la ciudadanía ayude a identificar y localizar a los responsables del crimen.
Asesinato de Ezequiel Rodríguez

Video de EL TIEMPO

Por: Unidad Investigativa
26 de marzo 2019 , 06:47 a.m.

El pasado del comerciante Ezequiel Rodríguez Hoyos es la principal pista que las autoridades siguen para establecer por qué, a plena luz del día, dos hombres se arriesgaron a entrar a un reconocido establecimiento comercial, vigilado por cámaras, para asesinarlo a sangre fría.

Tal como lo muestra el video, revelado en exclusiva por EL TIEMPO, los sicarios llegaron tranquilamente a la plazoleta de comidas de Carulla de la calle 116 con carrera 15, y pasadas las 9:30 de la a mañana, frente a empleados y clientes, dispararon varias veces, propinándole un tiro en la cabeza.

Para los investigadores es claro que los gatilleros conocían detalladamente los desplazamientos de Rodríguez. Además, que tenían lista una ruta de escape que les permitió salir caminando, mientras que la gente corría y algunos tomaron de escudo las mesas. Afuera los esperaba otro hombre, y los tres se fueron en motos de alto cilindraje hacia el sur.

Aunque el Distrito maneja menos casos, Ezequiel es la víctima de sicariato número 33 que se registra en Bogotá, en lo corrido del año, según la Fiscalía General.

Para expertos, su caso confirma que –aunque autoridades locales no lo admitan y los homicidios hayan cedido gracias a la acción conjunta con la Policía–, en Bogotá funcionan grandes organizaciones criminales, como las que azotan a Medellín, y no simples bandas de barrio, un fenómeno que obliga a tomar medidas especiales y de choque como lo ha hecho Cali.

Sobre el caso de Carulla de la 116, curtidos agentes de la DEA confirmaron que la víctima había sido capturada hace algunos años en un viejo operativo antinarcóticos. En efecto, EL TIEMPO estableció que, a finales de los 90, cuando Rodríguez tenía 30 años, cayó en una redada de la DEA en el estado de Florida, al que había llegado en 1996 a desempeñar oficios varios.

“Fue deportado en 2002 y no pudo volver nunca más a Estados Unidos. Llegó muy sano, sin señales de vida carcelaria y optimista. No es cierto que hubiera regresado a Colombia hace dos meses, como han dicho”, le dijo a este diario un allegado de Rodríguez.

Y agregó que el otro Ezequiel Rodríguez Hoyos que salió a relucir tras el tiroteo del lunes es un homónimo de nacionalidad mexicana que nada tiene que ver con su familia.

Esa misma fuente asegura que, tras su deportación, el barranquillero, con raíces en Cúcuta, “se dedicó al comercio y rehízo su vida, alejado de la ilegalidad”. De hecho, lo describen como un hombre “alegre, sencillo, humilde, buen padre y sin adicciones”.

Pero a las autoridades les llama la atención que alguien le haya pagado a tres sicarios para eliminar a un comerciante con tan bajo perfil. Por eso, están chequeando sus negocios en el sector de finca raíz.

Se busca confirmar o descartar versiones según las cuales la víctima manejaba propiedades o dinero del llamado grupo de ‘los Cambalacheros’. Se trata de negociantes dedicados a canjear bienes –haciendas, edificios y hasta carros de alta gama– ligados a todo tipo de personas, incluidos mafiosos que han regresado de pagar condenas en Estados Unidos o sus herederos.

Y, aunque allegados a Rodríguez dicen que desconocen sus actividades, admiten que en el pasado se rumoró que un familiar muy cercano a él tenía nexos con la mafia.

“Eso es cierto y también que ese familiar tuvo una gran fortuna. Pero nunca fue vinculado a ningún proceso o crimen”, aseguró una de las personas que asistió a la velación de Rodríguez en la funeraria La Candelaria del centro de Bogotá.

Cifras no cuadran

Por ahora, las autoridades tienen dos cosas claras: que los sicarios que mataron a Ezequiel Rodríguez vinieron de la Costa y que los contrató la oficina de cobro que funciona en Sanandresito de la 38.

A mitad de semana, la Secretaría de Seguridad del Distrito aseguró que con este caso van tan solo tres actos de sicariato en la capital –36 menos que en el primer trimestre de 2018–. Pero el viernes ajustó las cifras. En efecto, fuentes de la entidad dijeron que van 30 casos y 161 en todo el 2018. Sin embargo, en bases de datos de la Fiscalía, la cifra es de 298 casos en 2018 y de 33 en lo que va corrido de este año. En todo el país van 1.142 casos.

Además de la diferencia estadística, expertos consultados por EL TIEMPO insisten en que no puede seguir negando que en la capital funcionan grandes estructuras criminales organizadas que requieren un tratamiento diferente al del crimen callejero.

“Pareciera que a Bogotá se le hubieran perdido algunos muertos por sicariato, y preocupa que las autoridades de seguridad y justicia –la Secretaría de Seguridad y la Fiscalía– no tengan cifras homogéneas”, aseguró Hugo Acero, experto en seguridad. Y agregó que negar que en Bogotá funcionan este tipo de maquinarias criminales, que se dedican al cobro de deudas legales e ilegales y matan por encargo, no es una forma de solucionarlo”.

Néstor Rosanía, director del Centro de Estudios en Seguridad y Paz, coincide en que sigue habiendo un caos en el manejo de cifras sobre seguridad en Bogotá, no solo en casos de sicariato sino de atracos.

“Se ha visto la intención de minimizar los fenómenos de estructuras ilegales organizadas. A veces se camuflan como pandillas de barrio, pero en realidad son dueñas de grandes economías ilegales en varias localidades”, dijo Rosanía.

Y hay evidencia de que manejan desde pistolas hasta ‘rockets’, como el que se iba a usar para asesinar a un esmeraldero.

El Distrito responde

Pero el Distrito insiste en que, por el contrario, las cifras de homicidios siguen a la baja.

“Hay que contextualizar el comportamiento del homicidio en Bogotá. Durante tres años hemos tenido una reducción histórica. Iniciamos la administración con 17 por 100.000 en la tasa de homicidios y hoy estamos en 12, la más baja en 40 años”, le dijo a EL TIEMPO Jairo García, secretario de Seguridad de Bogotá.

Y agregó que la ciudad tiene la cifra más alta sin homicidios en una ciudad: 12 días.

“Todas las capacidades que ha financiado la administración, desde equipamientos tecnológicos hasta equipos móviles, lo que han permitido es fortalecer la capacidad tanto de la Policía como de la Fiscalía”, explicó el funcionario.

Así mismo, García destacó que, junto con la Policía Metropolitana de Bogotá, se resolvió en tiempo récord el reciente crimen del joven deportista José Silva, asesinado con arma blanca por dos sujetos que le robaron su bicicleta.

Por ahora, allegados a Ezequiel Rodríguez piden que también se esclarezca su crimen para tranquilidad de sus hijos, a quienes califican como profesionales de bien.

Cali y Medellín también tienen cifras alarmantes

Bogotá no es la única ciudad azotada por el sicariato. Según cifras de la Fiscalía General, en lo que va del año se han registrado 1.142 casos en todo el país. Y si bien no están discriminados por ciudades, autoridades de Cali confirman que en esa ciudad se han registrado 148 casos y, en 2018, los muertos por esta modalidad llegaron a la cifra de 489.

El caso más reciente fue el del crimen de Pablo Enrique Muñoz, abogado del líder camionero Pedro Aguilar, así como el atentado al juez Jorge Tamayo.

“Hemos adelantado una serie de estrategias para reducir los ataques por sicariato que incluyen la desarticulación de bandas. Este año hemos desarticulado ocho bandas y tenemos unos refuerzos en las tareas de control y vigilancia, a través de la verificación de documentos de motos y de la prohibición del parrillero hombre mayor de 14 años”, explicó Andrés Villamizar, secretario de Seguridad de Cali.

En cuanto a Medellín, autoridades locales señalaron que van 26 casos en lo que va del año y dicen que aún no se tiene el consolidado de 2018. Según explican, en algunos casos de homicidio no hay ni siquiera testigos que indiquen cómo fue el crimen, o no son precisos en los datos. Y en otras ocasiones, tras la investigación puede cambiar la modalidad delictiva.

“Quien entregue una cifra exacta de este tema está siendo impreciso por simple deducción técnica”, dijeron.

UNIDAD INVESTIGATIVA
u.investigativa@eltiempo.com
En Twitter: @uinvestigativa

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