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El caso de Enrique Vives y los muertos de Gaira / Opinión
Enrique Vives 4

La defensa de Enrique Vives insiste en que el mortal accidente no fue responsabilidad del conductor.

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EL TIEMPO

El caso de Enrique Vives y los muertos de Gaira / Opinión

La defensa de Enrique Vives insiste en que el mortal accidente no fue responsabilidad del conductor.

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Vives sigue recluido en una clínica, pero se espera que este lunes se cumpla su envío a prisión.

La trágica muerte de seis muchachos en un accidente de tránsito que hoy tiene a las puertas de una cárcel al empresario y político de Santa Marta Enrique Vives Caballero se está convirtiendo también en una prueba para la justicia colombiana.

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Una semana después de los hechos, Vives sigue recluido en una clínica mental, aunque se espera que en las próximas horas se cumpla su envío a prisión. La jueza del caso, Olmis Cotes, incluso tuvo que trasladarse al primer centro médico donde el responsable del accidente buscó refugio, en lo que las familias de las víctimas denunciaron como una maniobra para evitar las audiencias de legalización de captura e imputación de cargos por homicidio en la modalidad de dolo eventual.

La defensa, entre tanto, insiste en que el mortal accidente no fue responsabilidad del conductor, que manejaba bajo efectos del trago y con exceso de velocidad (en un tramo en el que el máximo permitido son 30 km/h), sino de los jóvenes, quienes, según su versión, invadieron el carril de la camioneta e incluso habrían corrido hacia ella, haciendo inevitable el fatal desenlace.

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Uno de los derechos inherentes a todas las democracias es la garantía que tiene un acusado de poder ejercer su defensa jurídica y de recurrir para ello a todas las herramientas que brindan la ley y los códigos. Pero ese derecho no es absoluto: ni un acusado ni su abogado pueden obstruir la justicia con dilaciones injustificadas o con versiones y pruebas falaces.

Que este sea o no el caso de Vives Caballero es algo que deberá determinar un juez. Pero lo cierto es que en nuestro sistema penal hacen carrera este tipo de prácticas dudosas.

Enrique Viñas, el empresario de Barranquilla que asesinó a su esposa, Clarena Acosta, utilizó en el 2010 la táctica de internarse en una clínica mental para tratar de evitar la cárcel. Y gracias a controversiales conceptos médicos, Enilse López, la ‘Gata’, lleva más de una década eludiendo la celda que le esperaba tras la condena a 37 años por un crimen de los ‘paras’ a su servicio.

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¿En cuántos casos nuestra justicia impone condenas adicionales por tratar de hacerle trampas al sistema? Y, ¿qué tan probable es que un abogado, más aún si es de campanillas, reciba una sanción disciplinaria por promover o prestarse para tratar de meter esos ‘goles’ judiciales? Aquí hay otro boquete, entre los muchos que tiene nuestra justicia: demostrar –en procesos con todas las garantías, pero también con todo el rigor– que no todo vale para tratar de conseguir un fallo favorable.

JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

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