Secciones
Síguenos en:
Venezolanos en la delincuencia / Opinión
Migrantes venezolanos

El hecho concreto es que es imposible, para cualquier país, ejercer pleno control cuando hay millones de migrantes.

Foto:

Efe

Venezolanos en la delincuencia / Opinión

No nos queda la camisa de la xenofobia, menos con los vecinos de región más parecidos a nosotros.

El aleve asesinato del joven patrullero Edwin Caro tiene los ojos del país sobre el constante deterioro de la seguridad pública en todo el territorio nacional y, puntualmente, sobre el peso que tiene la delincuencia venezolana en esta grave situación.

De entrada hay que decir que a los colombianos –que hemos sido víctimas por años de la estigmatización por el narcotráfico, pero que también hemos tenido responsabilidad, por cuenta de unos pocos, en el aumento de la delincuencia en otros países (Argentina, Chile o España)– no nos queda para nada la camisa de la xenofobia. Menos aún con los venezolanos, que son tal vez los vecinos de región más parecidos a nosotros por costumbres, música y hasta fenotipo, y que durante décadas acogieron a millones de connacionales que emigraron hacia el oriente buscando la bonanza petrolera.

(Lea: Venezolanos cometen solo 2 % de los hurtos en Bogotá)

Por eso es que no se entiende que algunos políticos y muchos ciudadanos de a pie se duelan porque Colombia se haya convertido en la casa de 2 millones de venezolanos y porque nuestro Estado, como ninguno en todo el mundo, les haya tendido la mano con oportunidades de salud, educación y regularización a pesar de la precariedad de nuestros recursos.

Esa ruta de la solidaridad con los migrantes, que empezó en el gobierno de Juan Manuel Santos y se ha mantenido en el del presidente Iván Duque, no solo es pragmática porque responde con institucionalidad a la realidad de la diáspora venezolana, sino que nos dignifica como nación.

Pero no caer en el juego de la xenofobia y la estigmatización no impide ser pragmáticos frente a uno de los efectos de la migración masiva: la llegada, entre millones de personas honradas y trabajadoras, de avezados delincuentes. Eso ha pasado en varios destinos de nuestros migrantes, y ocurrió en Estados Unidos con la llegada de las mafias italianas; y en Europa, con las albanesas y chechenas.

La respuesta no es rasgarse las vestiduras y hacer declaraciones para la galería. El hecho concreto es que es imposible, para cualquier país, ejercer pleno control cuando hay millones de migrantes. Por eso están acá muchos de los delincuentes que en los últimos 20 años, como resultado de la connivencia con las autoridades del régimen chavista, se acostumbraron a atracar y asesinar sin temor a consecuencias.

(También: Los inquietantes señalamientos de Claudia López)

Nos falta dedicar más recursos de inteligencia policial a identificar, ubicar y detener a esos criminales. Hay que trabajar con los migrantes, como en su momento lo hicieron autoridades de EE. UU. contra la Cosa Nostra. Y hay que seguir golpeando las redes organizadas colombianas que han encontrado en los recién llegados mano de obra criminal barata y sin escrúpulos.

Y ante todo hay que meter en la cárcel a los delincuentes. Deportarlos no basta, porque es tal la falta de controles en la frontera que a la semana siguiente estarán otra vez acá. No por nada lo primero que pidió el fletero acusado del crimen del patrullero Caro fue que lo enviaran de vuelta a su país.

JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.