¿Qué sirve más: amenaza de cadena perpetua o que no haya impunidad?

¿Qué sirve más: amenaza de cadena perpetua o que no haya impunidad?

Idea de prisión de por vida puede dar réditos políticos, pero no sirve para nada.

Joven colombiano preso en Francia

En las cárceles del país hay 9.469 condenados por delitos sexuales contra menores y 5.213 sindicados.

Foto:

Jaime Moreno / Archivo EL TIEMPO

Por: Jhon Torres
14 de julio 2019 , 08:28 p.m.

Cuando en los salones académicos y en las agendas de la política vuelve a posicionarse el tema de la cadena perpetua, una nueva tragedia, la de la pequeña Sharik en el Guaviare, nos pone de nuevo frente a la cruda realidad de los depredadores sexuales y cómo enfrentarlos.

El crimen nos avergüenza e indigna como país y como sociedad. No solo por la sevicia del violador y asesino, sino por su amplio prontuario delictivo frente al que la justicia no fue capaz de actuar a tiempo. Así, a Édinson Díaz, capturado por el caso, le aparecen otros dos procesos por acceso carnal violento, una fuga y anotaciones por otros delitos. Y, sin embargo, seguía libre. Por eso sumó una nueva víctima.

Cada día, según los registros de Medicina Legal, al menos hay 60 ataques sexuales en los que las víctimas son menores de edad. En promedio, son unos 20.000 casos al año, y se esperaría que la cifra de capturados y condenados fuera al menos cercana.

Pero estamos lejos de eso. A corte de este fin de semana, el Inpec reportaba que en las cárceles del país hay 9.469 condenados por delitos sexuales contra menores y 5.213 sindicados. Es decir, todos los capturados en los últimos años no equivalen ni siquiera al total de casos denunciados en apenas 12 meses. Peor aún, algunos expertos aseguran que por cada caso que se denuncia puede haber cuatro más que nunca lleguen ante la justicia.

Que se deben tomar todas las medidas para proteger a las víctimas potenciales, casi siempre nuestras niñas y niños, quién lo discute. El alto índice de reincidencia es un poderoso argumento para los que defienden la cadena perpetua en estos casos.

Pero si algo está demostrado en materia de crimen y castigo es que la primera cuenta que hace un delincuente no suele ser a cuántos años de prisión se arriesga, sino la posibilidad de que sea efectivamente capturado, condenado y puesto en una cárcel.

Vender la idea de la cadena perpetua puede dar réditos políticos y ayudar a calmar la conciencia de un país que depreda y explota a miles de sus niños. Pero no sirve para nada si no hay políticas efectivas de prevención y protección y, sobre todo, una justicia que haga su trabajo.

Hoy tenemos una pena máxima de 60 años para estos delitos. Los que la han recibido son, a pesar de la epidemia de ataques, relativamente pocos. Poner todos los esfuerzos y recursos para investigar estos casos, lograr las condenas y garantizar que estas se cumplan sin gabelas es la manera de honrar la memoria de víctimas como la pequeña Sharik y de evitar nueva tragedias.

Embarcarse en nuevos capítulos del ‘populismo punitivo’ puede terminar para el Gobierno en una reedición de las malhadadas objeciones a la JEP. Mucho más porque la cadena perpetua no solo es ajena al espíritu de la Carta del 91 sino a todo el aparato legal colombiano de los últimos 200 años.

JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

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