El médico, los ladrones y la legítima defensa: nada que celebrar

El médico, los ladrones y la legítima defensa: nada que celebrar

La desprotección ante el crimen desbordado genera afán por armarse y hacer justicia por mano propia.

Mueren tres presuntos delincuentes cuando cuando abordaban a ciudadano en Santa Bárbara

En la noche del jueves pasado, un ciudadano mató a tres asaltantes en un puente peatonal del norte de Bogotá.

Foto:

Leonardo Ballesteros. Citytv

Por: Jhon Torres
03 de febrero 2020 , 11:46 a.m.

Una de las figuras más antiguas, y no por ello menos polémicas, del mundo del derecho es la legítima defensa. En esencia, significa que una persona que con razones lógicas asume que su vida, la de su familia o, incluso, la de un tercero está en real riesgo tiene derecho a defenderse y a defenderlos, y que si en esa defensa hiere o mata al agresor, no será perseguida penalmente.

Como en todo, se aplican condiciones. Primero, se debe configurar una situación de verdadera amenaza para la vida. Segundo, es un derecho que vive solo el breve instante del riesgo: si tras la agresión la víctima persigue al agresor y lo mata, debe ser procesada por asesinato, pues lo que hubo fue justicia por mano propia.(Lea también: Médico que mató a tres presuntos ladrones tenía salvoconducto)

Y, tercero, la defensa debería ser lo más proporcional a la agresión, si bien la forma como quien se defiende percibe la amenaza y reacciona en consecuencia suele ser el centro del debate en cada caso.

Todo este largo preámbulo para abordar el dramático episodio del médico que la noche del jueves pasado mató a tres asaltantes en un puente peatonal del norte de Bogotá. El hombre se entregó a las autoridades y quedó libre, pero a la espera de un proceso penal que determinará si, como todo lo indica, por defender su vida terminó cobrándose la de tres avezados delincuentes.

(Le recomendamos: Policía podría multar al médico que disparó a tres ladrones)

Pendientes las investigaciones que dirán la palabra final sobre cómo ocurrieron los hechos, no tendría justificación que quien ha tenido que soportar el trance de matar en legítima defensa terminara además en la cárcel. Pero harto va de coadyuvar en la defensa de los derechos de este ciudadano a celebrar, como muchos lo están haciendo (solo miren sus redes sociales), un episodio que retrata varios de nuestros fracasos como país.

No nos equivoquemos. La desprotección en la que suele estar la ciudadanía frente al crimen desbordado –a lo cual se suma la inoperancia de una justicia que deja en libertad a peligrosos delincuentes capturados previamente, como habría sucedido en este caso– invoca en la sociedad a dos peligrosos demonios: el afán por armarse y la justicia por mano propia.

Esta tragedia nos muestra todo lo que nos falta para lograr un sello básico en una nación realmente viable: que es el Estado, y solo el Estado, el que nos defiende y el que castiga a los delincuentes.

(Le puede interesar: Hombre que les disparó a presuntos asaltantes quedó en libertad)

JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

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