La mujer a quien la mafia ha querido asesinar cuatro veces
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La mujer a quien la mafia ha querido asesinar cuatro veces

Con una bala en la cara y mano de hierro, Claudia Gaviria, jefa de Aduanas, enfrenta a narcos.

Claudia Gaviria

La funcionaria lidera los operativos contra la mafia y el contrabando. Anda con agentes federales y con la Policía Fiscal y aduanera.

Foto:

Archivo particular

Por: Martha Soto
20 de marzo 2018 , 11:35 a.m.

“Jefe, por favor, cuidado (...). Están ofreciendo más de 100 millones por sacarla, así sea un mes, de Buenaventura, para meter lo que tienen represado: 350 contenedores. Cuídese mucho, que por allá hay mucho dinero para sacarla, así ande con escolta”.

Este anónimo llegó a las manos de Claudia Gaviria, directora de Aduanas de la Dian, a principios de noviembre, y un par de días después su camioneta fue atacada con fusiles, mientras se dirigía a un operativo anticontrabando en el puerto de Buenaventura, Valle del Cauca.

El puesto del pasajero, donde ella solía ir, recibió varias ráfagas de fusil. Sin embargo, el blindaje, la pericia de su escolta y su fe permitieron que por cuarta vez saliera viva de un atentado.

Ese viernes le ordenaron desde Bogotá que se devolviera de inmediato y le enviaron un avión de la Policía para trasladarla. Pero, antes de viajar, Gaviria tranquilizó a sus acompañantes y ejecutó el operativo: encontró evidencia de que los contenedores represados estaban repletos de mercancía ilegal, con la que un grupo de capos de la droga estaban lavando sus ganancias.

También halló el hilo conductor de ese caso con otro operativo que, hace 15 años, casi les cuesta la vida a ella y a su hijo, de tres meses de gestación.

El 5 de agosto de 2003, Gaviria recibió seis impactos de bala, uno de los cuales le destrozó el ojo derecho. Otro más le atravesó y partió una clavícula, y los demás le perforaron el pómulo y le destrozaron un dedo y la oreja derecha.

“Tuvieron que reconstruirme el pómulo con hueso del cráneo y tomar piel de mi nalga para injertarme en la cara. Cerca del ojo que perdí me quedó incrustado un proyectil, y tuve que ser sometida a varias cirugías con anestesia general, en las que, incluso, me pusieron una platina y me reconstruyeron el interior de la boca. La oreja también tuvo que ser reconstruida (...). Cuando el médico me dijo que había que sacar el ojo no lo dudé, pero no dejé que tocaran a mi hijo, que aguantó seis anestesias generales en mi cuerpo (...). Esa noche, el cirujano me dijo que me había salvado por unos centímetros”, recuerda la funcionaria.

Aunque sus médicos insistían en que debía tomar varios días de incapacidad e incluso en que se evaluara si debía pensionarse por la gravedad del ataque, tan solo un mes después ella retomó las funciones de jefe de fiscalización de aduanas de Medellín. Y a los cinco estaba naciendo su pequeño, sin complicación alguna.

“Yo solo quería trabajar. Me sentía inútil. Este tipo de operativos contra las mafias los hago por dignidad. Los que tienen que salir corriendo son los bandidos, no la autoridad”, asegura.

Yo solo quería trabajar. Me sentía inútil. Este tipo de operativos contra las mafias los hago por dignidad. Los que tienen que salir corriendo son los bandidos, no la autoridad

Para proteger a su funcionaria, la Dian elevó una solicitud urgente de asilo ante el Gobierno de Canadá. Pero fue rechazada por considerar que lo sucedido era parte de los riesgos que debía asumir por su trabajo.

Ella intentó realizar un trámite similar con el Gobierno de Estados Unidos, ante la angustia de su familia: “Pero cuando un abogado me dijo que realizara algunas diligencias con las que no estuve de acuerdo desistí y preferí irme a conocer Orlando con mis hijos y volver a la Dian”.

Seguridad extrema

En el récord de logros de Gaviria y de su equipo está la desarticulación de grandes bandas de contrabandistas. Una de ellas, la que integraba un importante empresario recién capturado, y otra fue usada para lavar un soborno transnacional.

Pero ahora está concentrada en las redes que le blanquean ganancias a la mafia. De hecho, después de recibir el anónimo, la Unidad Nacional de Protección evaluó su caso. Y cuando supieron que la habían baleado concluyeron que tiene un riesgo de seguridad extrema que solo comparte con tres personajes en Colombia: el presidente Juan Manuel Santos, el expresidente Álvaro Uribe y el candidato Germán Vargas Lleras.

Claudia Gaviria

Gaviria recibió seis impactos de bala, uno de los cuales le destrozó el ojo derecho

Foto:

Archivo particular


“Claudia Gaviria es un ícono de la nación en temas aduaneros. Su liderazgo, experiencia y conocimiento han sido claves en la construcción de leyes, políticas, estrategias y procedimientos. Es víctima de las mafias, y esto, por el contrario, afianzó su compromiso y valentía en la lucha frontal contra el contrabando”, asegura el general Juan Carlos Buitrago, director de la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa).

Ella conoce muy bien a los enemigos que enfrenta. Por eso aceptó que su familia se fuera a vivir al exterior. Aunque tiene contacto permanente con ellos, solo los ve una vez al mes.

“Viajo hasta donde están a prepararles sopitas, a abrazarlos y a reencontrarme con mi esposo, que ha sido otra de mis grandes fortalezas. Él iba manejando el día que las seis balas me impactaron: tenemos 22 años de casados y 7 de novios. Paso las Navidades con ellos y me desconecto del mundo. Y aunque algunos fines de semana son duros, por su ausencia, hemos podido criar dos hijos ejemplares”, dice.

Aceptó que su familia se fuera a vivir al exterior. Aunque tiene contacto permanente con ellos, solo los ve una vez al mes.

La funcionaria ingresó a la Dirección de Impuestos Nacionales en 1992, luego de estudiar becada toda su niñez, graduarse con honores de bachillerato, intentar sin suerte ser médica y convertirse en abogada, con maestría en derecho procesal y especialización en pruebas en derecho penal.

“Yo estudié en escuela pública y me gradué de bachiller en un colegio también público. Cuando me presenté a medicina, aún era una carrera elitista: me preguntaron si mi padre tenía fincas y carros. Pero mi familia era superhumilde, de barrio. Se comía lo que había, y las mujeres dormíamos en una cama y los hombres en otra. Mi madre, mi inspiradora, trabajaba en fotografía. Ella, Martha Elena, siempre nos sacó adelante. Nos pagaba por cuotas la ropa y nos decía: ‘Estudien, ustedes saben que yo no tengo plata’. Nunca la vi triste, y siempre estaba impecable, fuerte, sabia. Se fue a vivir a Nicaragua, y cuando empezó a llevarnos, uno a uno, estalló la guerra sandinista y tuvo que regresar cargada de fotos de esa época (...). Para pagarme la carrera, trabajé en una fábrica de mi hermana. No me pagaba sueldo pero sí la matrícula, y así estuve hasta que ingresé a Aduanas”, dice Gaviria con orgullo.

Había hecho prácticas de derecho en la cárcel de Bella Vista, en Medellín, y descubrió que no estaba hecha para defender delincuentes sino para meterlos presos. Por eso, cuando un compañero le dijo que habían abierto un concurso para entrar a la Dirección de Impuestos Nacionales, no lo pensó dos veces.

Pasó los exámenes, empezó en el área de cobranzas, y cuando se registró la fusión con Aduanas y nació la Dian se empezó a especializar en el tema aduanero. En el 2001 ya era jefa de fiscalización.

“Mi pasión son los operativos. En esa época los contrabandistas no nos dejaban ni siquiera entrar al ‘Hueco’, los sanandresitos de Medellín. Nos echaban orines y en una ocasión estuvieron a punto de lincharme, y tuvieron que sacarme escoltada para que no me mataran. Y le dijeron a mi jefe que me iban a poner una denuncia. Yo les respondí: ‘Que me esperen por allá, que la próxima vez voy con tanquetas’. Y así fue. Les caímos a las 7 de la noche, hicimos una incautación gigante y llegamos a una bodega oculta en donde estaban las facturas falsas. No nos querían dejar entrar, pero cuando pedí una orden y un cerrajero no les quedó otra salida. Ahí metimos a la cárcel al primer empresario por contrabando. Luego, mi hijo mayor contestó una llamada en la que decían: ‘Vieja h. p., la vamos a matar’, y entonces vino el primer atentado”, recuerda.

Luego, mi hijo mayor contestó una llamada en la que decían: ‘Vieja h. p., la vamos a matar’, y entonces vino el primer atentado

Y asegura que fue Juan Ricardo Ortega, exdirector de la Dian, quien le dio el gran timonazo a la lucha contra el contrabando, que Santiago Rojas, el actual jefe de la entidad, ha repotenciado.

“Antes trabajábamos con las uñas. No había intercambio de información con otros países y no habíamos dimensionado los nexos del contrabando con la mafia. Lo único que hacíamos era incautar chancletas. Pero Ortega, a quien considero un genio con una capacidad de trabajo increíble, empezó a ampliar el panorama. Me envió a Corea a conocer cómo funcionaba esa aduana, y me gané un concurso interno para conocer la de Japón. Ahora, gracias a él y a la inteligencia y paciencia del actual director, Santiago Rojas, ya no es un tema de simple recaudo fiscal, sino de seguridad nacional”, dice con firmeza.

‘Hasta que Dios quiera’

Por eso, aunque llega a la oficina envuelta en una nube de escoltas e impecablemente arreglada, tiene siempre a la mano el uniforme de la Dian para irse a operativos con la Policía y con el Servicio de Inmigración y Adunas de Estados Unidos (ICE). Hace poco estuvo en La Guajira, rastreando a las llamadas ‘caravanas de la muerte’.

“En ese operativo un oficial de la Polfa me salvó la vida. Estábamos intentando hacerles controles a los camiones, y de pronto me gritó: ‘Cuidado, doctora’, y me tiró a un lado de la vía. Uno de los camiones intentó atropellarme y salió huyendo”, cuenta Gaviria mientras planea una segunda visita a las caravanas guajiras.

“Claudia es parte de un grupo de mujeres de Antioquia formadas por una funcionaria de la aduana que falleció hace unos años: Carmen Patricia Salazar Correa. Colombia le debe mucho a este grupo de mujeres que Claudia lidera. Su tenacidad ha permitido la transformación de nuestra aduana. Mi gratitud, admiración y aprecio”, dijo Juan Ricardo Ortega cuando se le pidió una opinión sobre Gaviria.

Para ella es claro que su lucha no es personal, sino institucional y de patria. Además, que sin su equipo ni el respaldo de los directores no podría avanzar: “Yo amo la vida, pero sé que todos nos vamos a morir. Por eso, mis planes son a corto plazo, y entre ellos está seguir trabajando en contra de estas mafias hasta que Dios lo permita”.

Y su familia lo entiende. Por eso aceptó prestársela al país y esperar con paciencia su retorno: “Retos como la separación familiar y el riesgo de tu valentía laboral los enfrentas con la dedicación de pocos y con la pasión solo tuya. Tienes el corazón del tamaño de tus más grandes obstáculos. Como madre, guías; como esposa, acompañas, y como servidora pública, inspiras”, le escribió su hijo mayor en su más reciente cumpleaños.

MARTHA SOTO
Editora Unidad Investigativa
En Twitter: @uinvestigativa

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