Las voces a favor y en contra de volver a asperjar coca con glifosato

Las voces a favor y en contra de volver a asperjar coca con glifosato

Corte Constitucional evalúa si mantiene requisitos que congelaron esa estrategia, o si los suaviza.

El año pasado el Ejército destinó 400 hombres para erradicar manualmente 1.500 hectáreas de cultivos de coca.

El año pasado el Ejército destinó 400 hombres para erradicar manualmente 1.500 hectáreas de cultivos de coca en el sur de Bolívar.

Foto:

Ejército Nacional

Por: Justicia
10 de marzo 2019 , 06:51 p.m.

Hace 25 años, la Corte Constitucional recibió por primera vez una tutela contra el Consejo Nacional de Estupefacientes; en ella, un líder de la entonces Alianza Democrática M-19 le pedía que suspendiera un programa de fumigación con glifosato sobre cultivos de amapola.

Según el demandante, ese herbicida ponía en riesgo la salud y el medioambiente, por lo que debía ser suspendido.

Desde entonces, Colombia ha mantenido un fuerte debate político y jurídico acerca del glifosato, una de las herramientas que el país usó por años –sobre todo entre el 2001 y el 2014, con el Plan Colombia– para erradicar matas de coca. Del 2001 al 2015 se fumigaron con glifosato 1,6 millones de hectáreas, pero los cultivos no se redujeron como se esperaba. En ese mismo tiempo se detectaron 1,2 millones de hectáreas de narcocultivos.

Las fumigaciones fueron congeladas en el 2015, cuando el gobierno de Juan Manuel Santos acató la orden de la Corte de suspenderlas porque podían causar cáncer. Dos años después, en el 2017, la Corte abrió una puerta estrecha para asegurar que si el Gobierno quería volver a fumigar, debía cumplir seis requisitos, entre ellos certificar que el herbicida no afecta la salud.

Hace cuatro días, la Corte hizo una audiencia histórica sobre el glifosato para escuchar las voces a favor y en contra. La conclusión es que el herbicida sigue dividiendo opiniones no solo en cuanto a sus efectos en la salud y el medioambiente, sino también sobre qué tan efectivo es para la lucha contra las drogas y la seguridad.

En momentos en que Colombia tiene 171.000 hectáreas de coca, la cifra más alta en su historia, y mantiene una producción récord de 1.379 toneladas al año, el presidente Iván Duque le dijo a la Corte que para poder garantizar la seguridad, el país necesita todas las herramientas, entre ellas la aspersión aérea. En una orilla contraria se ubicó el expresidente Santos, quien aseguró que esa estrategia no ha sido efectiva y que la mejor alternativa es la sustitución voluntaria. Estos son los principales puntos del debate:

Efectividad

El Gobierno sostiene que la baja cifra de 60.000 hectáreas con coca lograda en el 2012 fue gracias a la combinación de varias herramientas, entre ellas el glifosato. Según el presidente Duque, mientras que los grupos manuales pueden erradicar entre 2 y 3 hectáreas por día, la fumigación logra afectar 150 hectáreas. Otro argumento de la Policía Antinarcóticos es que la aspersión terrestre, que pretendía la utilización de drones y una oruga para realizar la aspersión con glifosato, no dio mayores frutos. Los drones no cubrían las 12 hectáreas por vuelo, y la oruga no resultó viable en terrenos agrestes y de ladera.

Pero, ante la Corte, el expresidente Juan Manuel Santos cuestionó la efectividad de la fumigación aérea con glifosato. Dijo que el 2006 y el 2007 fueron los años de mayor aspersión en la historia, con 172.000 y 153.000 hectáreas respectivamente, y que, sin embargo, en esos dos años la producción de coca aumentó. Agregó que el gran problema de la aspersión y erradicación forzada es la resiembra, que “puede llegar al 60 por ciento”. Santos insistió en que “la clave del éxito” está en la sustitución voluntaria, con la que en 21 meses se erradicaron 32.000 hectáreas, con una resiembra de solo el 0,6 por ciento. El expresidente César Gaviria también afirmó que aunque entre 1994 y 2015 se fumigaron 1,9 millones de hectáreas, no se acabó el narcotráfico.

Costo

El Gobierno argumenta que la erradicación manual es 2,65 veces más costosa que la fumigación aérea. Sin embargo, esa afirmación fue controvertida en la Corte.

Según Diana Rodríguez, subdirectora de Dejusticia, en un derecho de petición, contestado en octubre del 2018, la Dirección para Sustitución de Cultivos Ilícitos de Presidencia le dijo al Congreso que asperjar una hectáreas de coca cuesta en promedio 72 millones de pesos, mientras que erradicar esa hectárea con sustitución cuesta 40 millones de pesos.

Al ser consultado por la Corte, el ministro de Defensa, Guillermo Botero, aseguró que la aspersión aérea puede costar una cuarta parte de lo que cuesta la erradicación manual. Afirmó que el costo de la aspersión podría rondar los 2 millones por hectárea. Sin embargo, el alto tribunal dijo en la audiencia del jueves que según la información que tiene, el costo por hectárea podría ser de 100 millones de pesos, por lo que “le preocupa de dónde va a salir el dinero para financiar esta estrategia”, si es que la Corte permitiera su regreso.

Según el Ministerio de Defensa, el glifosato se financiaría con recursos de esa cartera. Botero dijo que, en todo caso, hay países que “están haciendo aportes significativos para estas fumigaciones, como el ajuste de equipos”.

Seguridad

Garantizar la seguridad del país fue el principal argumento del presidente Duque para pedirle a la Corte Constitucional que permita el regreso del glifosato como otra de las herramientas en la lucha contra las drogas.

Esa tesis la comparte el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, quien sostiene que con 200.000 hectáreas de coca –que son las que Colombia tendría actualmente–, “el país es inviable”. Según Martínez, el narcotráfico se está llevando “los dividendos de la paz”, pues los homicidios crecieron un 30 por ciento en las zonas que dejaron las Farc tras el acuerdo de paz debido a la pelea entre los narcotraficantes por el control de las drogas. Añadió que al menos el 25 por ciento de los asesinatos de líderes sociales se relacionan con problemas de narcotráfico en las regiones.

El ministro de Defensa, Guillermo Botero, dijo que si no se frenan los narcocultivos, en el 2022 habría 290.000 hectáreas sembradas. Por eso insistió en volver a la aspersión afirmando que esa estrategia minimiza el riesgo de los grupos de erradicación forzada, afectados por atentados y minas. En los últimos seis años han perdido la vida en esa labor 49 personas y 357 han resultado heridas.

Pero para otros sectores, el glifosato no mejoraría las condiciones de seguridad, pues, por el contrario, podría generar crisis sociales. Así se lo dijo a la Corte Constitucional el gobernador de Nariño, Camilo Romero, para quien las familias que hoy cultivan coca en ese departamento –el que tiene más siembras ilícitas– acuden a este negocio ilegal porque es su único sustento. Y según Camilo Gónzález Posso, director de Indepaz, “la erradicación forzada de los cultivos produce el desplazamiento igualmente forzado de las familias productoras”.

Salud y medioambiente

El exministro de Salud, Alejandro Gaviria, aseguró ante la Corte que existen por lo menos tres estudios recientes que demuestran que “el glifosato tiene un efecto adverso sobre la salud, puede ocasionar cáncer, aumenta la mortalidad infantil, causa problemas dermatológicos y respiratorios y puede interferir en el desarrollo embrionario”.

Y para Christopher Portier, profesor de la Universidad de Queensland, en Australia, hay estudios que asocian el glifosato con el linfoma no Hodgkin (cáncer de tejido linfático).

Según Diana Rodríguez Franco, de DeJusticia, en las fumigaciones aéreas, la cantidad que se riega en promedio es cinco veces más alta que la usada en la agricultura, por lo que el efecto sobre la salud humana es mayor. Además, como se fumiga con avionetas a 50 metros del suelo, el viento hace que no solo afecte la coca, sino los cultivos de pancoger y las fuentes hídricas.

Pero para otros sectores, el glifosato no genera este tipo de daños. Keith Solomon, profesor de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guelph, dijo que “todas las agencias de Canadá, Europa y Estados Unidos han descartado la relación entre el glifosato y el cáncer”, mientras que David Eastmond, del Comité de Evaluación Química (EPA), afirmó: “No existe una asociación entre glifosato y genotoxicidad”.

El ministro de Salud, Juan Pablo Uribe, señaló que en los estudios del Instituto Nacional de Cancerología sobre el pesticida, “la información no es suficientemente precisa ni confiable para ver la relación del herbicida con el cáncer”.

JUSTICIA
En Twitter: @PazyJusticiaET

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Empodera tu conocimiento

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.