Chucho, el oso que abrió un debate sobre los animales en cautiverio

Chucho, el oso que abrió un debate sobre los animales en cautiverio

El jueves, la Corte hará una audiencia para evaluar hasta dónde llegan los derechos de los animales.

Oso Chucho

Chucho nació a mediados de los noventa en una reserva natural, en Nariño. Hoy vive en cautiverio en el zoológico de Barranquilla, a donde fue trasladado en el 2017 desde Manizales.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIEMPO

Por: Milena Sarralde Duque
03 de agosto 2019 , 08:30 p.m.

El oso Chucho nació en semicautiverio a mediados de los noventa en la reserva natural La Planada, en Nariño, que abarca tres mil hectáreas de bosque y niebla, de musgo y orquídeas. Cuatro años después, a Chucho y a su hermana Clarita los donaron a la reserva del Río Blanco, en Manizales, para iniciar en esa zona del país un programa de repoblamiento del oso andino o de anteojos, su especie.

Pero el plan no resultó porque los oseznos eran hermanos y, por razones genéticas, no pudieron reproducirlos. En esa zona montañosa Clarita murió de un cáncer de útero hace unos 11 años, y Chucho, al quedar solo, entró en depresión. Se volvió sedentario, pasivo y, según dijeron los veterinarios, empezó a sufrir sobrepeso.

Aunque la reserva era su hábitat natural, allí también estaba cautivo. La misma Corporación Ambiental de Caldas reconoció que pasaba sus días en un área de media cuadra, encerrado por una malla, un alambre de púas y una cerca eléctrica. 

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Por eso, en el 2017 Corpocaldas decidió donarlo al zoológico de Barranquilla donde había una osa andina que recientemente había perdido a su pareja. Desde entonces, Chucho vive en la Fundación Zoológica y Botánica de Barranquilla, en cautiverio, al igual que miles de animales en el país y en el mundo.

Pero Chucho no es un animal cualquiera. En el 2001 se creó un plan para proteger a los osos como él que habitan la cordillera de los Andes. Y en el 2007, la Unión Internacional de la Naturaleza incluyó al oso andino en la categoría de ‘vulnerable a la extinción’ por los riesgos que afronta debido a la caza, la destrucción de su hábitat y la expansión de la frontera agrícola. Y en el 2012, lo pusieron en la moneda de 50 pesos como una de las especies representativas de la biodiversidad colombiana. 

Pero sobre todo, Chucho no es como los demás porque se convirtió en el primer animal de Colombia al que un magistrado le concedió un hábeas corpus, acción judicial que se creó para ordenar la libertad de los seres humanos, pero que terminó protegiendo los derechos de un oso.

La inédita decisión fue tomada, el 26 de julio del 2017, por el magistrado Luis Armando Tolosa, de la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, quien consideró que los animales “son seres no humanos, titulares de derechos”, pues a su juicio se debe superar la visión antropocéntrica que considera que sólo el hombre tiene esas garantías y está por encima del medioambiente.

Tolosa ordenó trasladar a Chucho a una condición de semicautiverio porque, según dijo en el trámite judicial, nunca se demostró por qué el oso iba a estar mejor confinado en un zoológico que en una reserva natural. El magistrado le reconoció derechos más allá de los humanos, como los tiene el río Atrato –por orden de la Corte Constitucional, desde el 2016–, o la Amazonía –por decisión de la Corte Suprema, en el 2018–.

También recordó que los animales no son cosas, como decía la vieja legislación civil, pues como sienten tienen el derecho a “la libertad, así sea a vivir una vida natural, con menor sufrimiento y calidad de vida”.

Pero el zoológico de Barranquilla interpuso una tutela afirmando que ese fallo vulneró su debido proceso y que no se tuvo en cuenta que el oso estaba mejor en sus instalaciones que en Manizales. Por ejemplo, el zoológico aseguró que a pesar de que su dieta natural son los vegetales y el consumo ocasional de proteína animal, a Chucho se lo alimentaba generalmente en la reserva con un concentrado de perro.

Casa del oso Chucho en Manizales

Esta foto, suministrada por el Zoológico de Barranquilla, muestra la edificación en la que Chucho dormía en la reserva de Manizales.

Foto:

Archivo particular

Así, la Sala Laboral aceptó sus argumentos y tumbó el hábeas corpus considerando que no era la vía adecuada para pedir su libertad porque, dijo, este instrumento que se creó en Colombia a partir de la Constitución del 91, debe utilizarse para defender los derechos de las personas, de los humanos. 

Desde entonces, Chucho abrió un debate que se trasladó a la Corte Constitucional, que eligió la tutela para revisión, y evaluará este jueves en una audiencia pública si los animales tienen derechos, cuáles son y sus implicaciones. También, si pueden verse beneficiados de hábeas corpus y tutelas, lo que no sólo afectaría a ‘Chucho’, sino a los animales que viven en los más de 18 zoológicos que tiene el país. 

Si tienen derechos, qué va a pasar con 'Chucho', quien siendo un cachorro vivió en Nariño, quien luego fue trasladado por 18 años a una reserva, con un espacio limitado en Manizales, y quien ahora vive en el zoológico de Barranquilla. Si Chucho tiene derechos, ¿cuál será la mejor decisión para garantizarlos? 

Y si hay un derecho a la libertad de los animales, como primero dijo el magistrado Tolosa, ¿habría que evaluar las condiciones de vida de todas las especies cautivas en los zoológicos? ¿Qué va a pasar, por ejemplo, con los 1.300 animales que viven en el zoológico de Cali, los 774 que habitan el de Barranquilla, o los 823 del parque zoológico Santa Fe? 

No se trata entonces sólo del hábeas corpus y la tutela del oso Chucho. ¡El debate es más grande y muy serio!

La discusión
Oso Chucho

Por 18 años, Chucho vivió en una reserva en Manizales.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIEMPO

En el 2017, Luis Domingo Gómez, un abogado experto en derechos humanos y derecho constitucional, estaba en su casa viendo noticias. Así se enteró de que en Manizales había indignación porque la Corporación Autónoma Regional de Caldas había decidido donar a Chucho a Barranquilla.

Gómez no conoce al oso, pero pensó que lo mejor que podía hacer por él era interponer un hábeas corpus, pues las acciones que hoy permite la legislación –como una acción popular–, pueden tardar mucho tiempo. Recordó entonces la experiencia de Brasil y Argentina, en donde a través de esa vía judicial se ha logrado ordenar el traslado de simios y orangutanes a reservas especiales. 

Sucedió en Argentina, en Mendoza, en el 2016. Pablo Buompadre, presidente de la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales, elevó un hábeas corpus para liberar a Cecilia, una chimpancé de 30 años que vivía en una jaula de cemento en el zoológico de la ciudad. El Tercer juzgado de garantías le dio la razón en que los grandes simios, entre ellos el chimpancé, son seres sintientes, sujetos de derechos, por lo que “no son cosas, no pueden ser un objeto del cual se dispone como se puede disponer de un automóvil o un mueble”, dijo el juez.

Y sucedió en Buenos Aires, en el 2014, cuando un juez ordenó sacar a la orangutana Sandra del zoológico en el que había vivido 20 años en cautiverio, para enviarla a una reserva natural en Sao Paulo (Brasil). Un juez aceptó el hábeas corpus que interpuso una ONG, afirmando que Sandra era un “sujeto no humano” que tenía derecho a la vida y a la libertad.

Por eso, la lucha por la liberación de los animales, o por lo menos de llevarlos a que vivan en condiciones con un menor encerramiento, no es nueva. Lo novedoso de ‘Chucho’ es que no es un simio. Es un oso andino que vivió 18 años de su existencia en la reserva de Río Blanco en Manizales, en semicatuvierio, y ahora está en un zoológico.

Con los antecedentes en Latinoamérica, Gómez asegura que no tiene ninguna duda de que los animales sí tienen derechos y están consagrados en la ley 1774 del 2016, conocida como la ley contra el maltrato animal. Esa norma, dice Gómez, creó cinco principios que se pueden interpretar como derechos, pues establecen que los animales no deben sufrir hambre ni sed, malestar físico o dolor injustificado, enfermedades por negligencia, ser sometidos a estrés ni miedo, y deben poder manifestar su comportamiento natural. Quien incumpla esos principios puede ser condenado por un juez.

Gómez afirma que lo que hay detrás de Chucho es "una verdadera historia de abandono por parte de sus tenedores, en Manizales". También asegura que nunca ha pedido liberarlo por completo porque esa decisión sería irresponsable, ya que este oso de anteojos nació bajo el cuidado humano. “Tiene que ir a una zona de semicautiverio donde pueda desplegar la mayoría de sus comportamientos naturales”, dice.

Tiene que ir a una zona de semicautiverio donde pueda desplegar la mayoría de sus comportamientos naturales

Pero Gómez va más allá. Considera que hay que desmontar los zoológicos tal y como hoy están concebidos, y gradualmente dejarlos sólo para preservar a algunas especies. Gómez asegura que muchos animales viven en zoológicos en condiciones indignas, y por eso "la política pública debería plantear en qué casos, en qué especies, es aceptable tener cautivo a un animal. Una posible medida que se podría crear con una política pública, es la de establecer que los hijos que nacen de padres en cautiverio, sean liberados”, asegura.

Oso Chucho

El oso Chucho vive desde hace dos años en el zoológico de Barranquilla.

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Vanexa Romero / EL TIEMPO

En la otra orilla está Farah Ajami, quien no sólo es la directora del zoológico de Barranquilla, sino que también dirige la Asociación Colombiana de Parques Zoológicos y Acuarios. Ajami le dijo a este diario que el hábeas corpus de Chucho era ambiguo, porque ordenó enviarlo a semicautiverio a pesar de que “hoy en Colombia no existe tal condición para muchas especies, incluida el oso andino”. También porque no tuvo en cuenta que si se lo trasladó a Barranquilla es porque su zoológico tiene una tradición en el cuidado del oso Andino, y en esas instalaciones iba a estar mejor que en la reserva de Manizales.

Farah dijo que los animales que viven en cautiverio, como ‘Chucho’, no pueden ser liberados y regresados a la vida natural porque no tienen “habilidades y destrezas de un animal silvestre. Están acostumbrados a que se les dé techo, comida, no tienen las habilidades de la caza, el cortejo y la defensa”.

No tienen habilidades y destrezas de un animal silvestre. Están acostumbrados a que se les dé techo, comida, no tienen las habilidades de la caza, el cortejo y la defensa

Aunque afirma que los zoológico son los primeros en defender los derechos de los animales, cree que estos seres no son sujetos de derechos porque para tener derechos hay que tener obligaciones, algo que los animales no poseen. Además, dice, tampoco tienen cómo reclamarlos.

“Lo que dice la Asociación Mundial de Zoológicos es que los animales no son sujetos de derechos, sino objetos de derechos, y somos los humanos quienes tenemos que garantizarlos”, afirma Ajami. Por eso no cree que el hábeas corpus se pueda usar para pedir la libertad de un animal, y considera que esa es una vía peligrosa porque podría tener implicaciones no sólo económicas, sino también socioculturales como en las corridas de toros y la producción de alimentos. “Si se le garantizan derechos a un oso, qué pasa con lo que reclaman los veganos que dicen que los cerdos y vacas también los tienen”, asegura.

Ajami finalmente afirma que los animales que son llevados a los zoológicos nacen en otros zoológicos, son reubicados o son víctimas de tráfico. “No recibimos animales directamente del medio silvestre porque eso es ilegal. Sólo se hace en los casos en los que están enfermos, se pueden rehabilitar y luego se liberan”. 

Para Andrea Padilla, vocera en Colombia de Animanaturalis, los animales no humanos hoy son sujetos de mecanismos de protección especial, y aunque tienen derechos naturales aún no se les han reconocido constitucionalmente, lo que constituye una deuda del derecho jurídico. El gran desafío de reconocerles derechos, dice, es crear los mecanismos para garantizarlos, pues la institucionalidad colombiana sigue siendo débil en materia ambiental.

Padilla cree que la decisión que tome la Corte, aunque reconociera legalmente sus derechos, no llevará a abrir las puertas de todos los zoológicos para liberar a los animales. Esto porque considera, más bien, que será un fallo que tomará medidas en el caso concreto de Chucho, aunque sí creará doctrina sobre los derechos de estos seres, lo que permitirá evaluaciones futuras.

Agrega que en Colombia se reconoció que los animales son seres sintientes, y ahora lo que la Corte va a debatir es si esa condición es el atributo para reconocerles derechos, o si deberían tener más atributos como las capacidades cognitivas. Así, dice, en el caso de Argentina se les reconoció el hábeas corpus a los dos primates teniendo en cuenta que hay abundante investigación que dice que tienen consciencia, proyección al futuro y memoria.

Más que reconocer derechos, se necesita una institucionalidad para garantizarlos

Oso Chucho

Chucho nació en Nariño a mediados de los 90.

Foto:

Vanexa Romero / EL TIEMPO

Y Laura Santacoloma, investigadora y doctora en derecho, asegura que los animales susceptibles de sentir dolor ya tienen derechos y considera que lo importante es que si la Corte se los reconoce legalmente, establezca a qué tipo de animales no humanos se les está dando esa garantía para ir borrando las incertidumbres. Así, dijo que se necesita de la Corte que dé reglas sobre, por ejemplo, cuándo se podría hablar de un derecho de los animales a su libertad, y si esto aplica para animales domésticos (como los perros), o los silvestres, los de zonas rurales, o algunos de ellos, porque todos no pueden incluirse en la misma lista.

Pero Santacoloma dice que más que reconocer derechos, se necesita una institucionalidad para garantizarlos, y mucho dinero, porque todo esto cuesta. En todo caso, asegura, el derecho sigue siendo antropocéntrico, pues es un sistema diseñado para regular la conducta del ser humano.

La abogada no cree que el hábeas corpus pueda aplicarse a un animal y señaló que más que la libertad total de los animales cautivos, como Chucho', lo que se debe buscar es "su bienestar", para no ser irresponsables con las especies que están no solo en zoológicos, sino también en centros de rescate. 

Sobre la posibilidad de que un reconocimiento de derechos traiga implicaciones para otras actividades, Santacoloma asegura que “la Corte ya ha establecido unos límites frente a la protección de los animales en donde no se tipifica como maltrato animal lo que el alto tribunal ha marcado como cultural (las corridas de toros), la alimentación, investigación científica, control de plagas y salubridad pública”.

Aunque hay diferentes puntos de vista, algo en lo que coinciden los abogados, animalistas, directores de zoológicos y expertos consultados es que el debate sobre los derechos de los animales es una vía con luces y sombras, con implicaciones sobre nuestra forma de vida, e incertidumbres. De cualquier forma, que estas discusiones se estén dando y que lleguen a las altas cortes es bueno para los animales. Un debate tan profundo le recuerda al ser humano que no es el amo y señor del mundo, que no está solo en el planeta. 

MILENA SARRALDE DUQUE
Periodista de Justicia
En Twitter: @MSarralde

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