¿Es simplista concluir que fallo abrió libertad absoluta a consumo?

¿Es simplista concluir que fallo abrió libertad absoluta a consumo?

Presidenta de Corte Constitucional explica alcance de fallo sobre libre desarrollo de personalidad.

Magistrada

Gloria Stella Ortiz habló en entrevista con María Isabel Rueda.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

Por: Maria Isabel Rueda
19 de junio 2019 , 05:12 a.m.

¿Cómo se sintió con la derrota del Pasto?

Muy triste, pero también contenta porque hicieron buen papel.

Bueno, espero que en el futuro se pueda resarcir de ese tremendo dolor... Pasando al plano de lo jurídico, ¿usted y la Corte Constitucional se sienten incomprendidas y casi objeto de bullying con el fallo sobre el libre desarrollo de la personalidad?

Nosotros sentimos que nuestro fallo se manipula políticamente. Incomprendidos por algunas personas en redes sociales, por ejemplo, que dan opiniones sin ni siquiera leer el comunicado de prensa, pero inspirados por algunos grupos manipulados.

Pero, a ver, esa respuesta me da pie para preguntarle: ¿cuándo es que la Corte va a acortar los términos entre el comunicado de prensa que anuncia el fallo y la producción real y definitiva de la sentencia? Porque uno puede echarle la culpa a la gente de que es superficial, pero si no existe la sentencia, pues por más de que uno trate de darle profundidad al fallo, no tiene ese documento...

Tienen toda la razón. Pero una vez que sale el tema de la Sala Plena, se demora la Corte elaborando documentos que producen cambios al proyecto. El debate en Sala Plena hace que los proyectos se modifiquen sustancialmente en ocasiones, y eso toma tiempo. Por eso es que hay tanta distancia entre el momento en que se toma la decisión y el momento en el que sale la sentencia. Estamos cada vez más tratando de acortar esas diferencias, pero es imposible en ocasiones como estas, cuando el debate en la Sala enriqueció tanto la ponencia.

De manera muy simplista, la opinión pública en general asoció el fallo de ustedes con que la Corte le había dado permiso al consumo indiscriminado, en cualquier momento del día, en cualquier lugar de las ciudades, de droga y licor en lugares públicos como los parques. ¿Esa es una interpretación muy simplista del fallo, o es la realidad?

Es una interpretación equivocada; simplista y equivocada. La Corte declaró inexequible la prohibición total del consumo. La Corte no permite que se prohíba en absoluto el consumo, pero claro que la propia sentencia permite las restricciones de lugares de consumo. Por eso, la Corte dejó la norma en cuanto a que la prohibición de consumo pueda generar multas, por ejemplo.

Multas, pero, digamos, no privaciones de la libertad o destrucción de las sustancias que se están consumiendo...

Claro, porque la norma que estudiamos es el Código de Policía; regulaba solamente las multas. Esas otras consecuencias están en el Código Penal y no eran materia de debate.

Por lo que yo veo, ustedes tacharon del numeral séptimo del artículo 140 “bebidas alcohólicas” y dejaron “sustancias”, pero tacharon “psicoactivas” y dejaron lo demás: sustancias prohibidas en estadios, coliseos, centros deportivos, parques, hospitales, centros de salud y, en general, en el espacio público, excepto en las actividades autorizadas por la autoridad competente. Es decir, ¿un alcalde puede prohibir lo que ustedes permiten hoy?

Indudable. El alcalde y las autoridades locales incluso tienen la responsabilidad legal y constitucional de proteger, por ejemplo, a los niños, y en esa labor de protección pueden restringir derechos. Por ejemplo, los alcaldes pueden restringir a que se consuma alcohol o sustancias psicoactivas en ciertos lugares específicos. Pero es una prohibición puntual, en un lugar específico, o en lugares específicos, como sucede con el cigarrillo. Sobre las prohibiciones de fumar cigarrillo, por ejemplo, hay reglamentaciones en ciudades en donde no se puede fumar en sitios cerrados.

Esa limitación es típica de las autoridades locales. Exactamente, eso mismo puede pasar acá. Existen algunos lugares en donde los alcaldes podrán prohibir el consumo de bebidas alcohólicas o el consumo de sustancias psicoactivas, pero la diferencia es que antes estaba prohibido en todos los lugares públicos, y ahora se requerirá una reglamentación puntual de los alcaldes para determinar los lugares puntuales donde no pueden ser consumidos. Esto muestra que la prohibición general es la inconstitucional, no la restricción.

Le iba a insistir en eso. Entonces, lo que ustedes tumbaron fue la prohibición general, pero dejaron abierta la puerta a la restricción de manera particular sobre lugares, horarios, etcétera...

Exacto. Porque la regla en los Estados de derecho es la libertad, la excepción es la prohibición. Por eso, una regla que invierta eso y haga que la regla general sea la prohibición es inconstitucional.

Déjeme preguntarle para que me conteste de manera muy precisa. ¿Ustedes con este fallo le dieron carácter absoluto al libre desarrollo de la personalidad?

No. No le dimos carácter absoluto, le dimos protección a su núcleo esencial.

Porque, digamos, el libre desarrollo de la personalidad, según el artículo 16 de la Constitución, tiene dos talanqueras: “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que (uno) las que imponen los derechos de los demás y (dos) el orden jurídico”. ¿No es el derecho de los niños estar en sus parques, tranquilos, sin que les estén consumiendo sustancias psicoactivas encima, una de esas limitaciones?

Como todos los derechos, tienen limitaciones con los derechos de los otros. Todas las libertades se restringen, porque no hay libertades y derechos absolutos. Y eso es lo que Corte reitera en esta providencia. La prohibición absoluta implica una afectación absoluta de derechos, pero la restricción está permitida. Entonces, yo puedo restringir el libre desarrollo de la personalidad, regulando lugares en donde no es posible consumir bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas, pero lo que no puedo hacer es dejar de proteger el núcleo del derecho, es dejar que haya la posibilidad de tomar una decisión con libertad. Como todos los derechos, el libre desarrollo de la personalidad es un derecho susceptible de restricción.

¿Por qué el libre desarrollo de la personalidad se aplica, por ejemplo, en caso del consumo de estupefacientes o licor, pero no en otros casos que también pueden ser alegables como de libre desarrollo de la personalidad, por ejemplo, pellizcarle la cola a una mujer en la calle? ¿No puede alegar una persona que eso forma parte de su libre desarrollo de la personalidad, porque siente satisfacción haciendo eso?

Como con todos los derechos, la ponderación, o sea, cuando se enfrenta a otro derecho, debe hacerse en cada situación concreta. El hecho de pellizcar, por ejemplo, a una mujer involucra la ponderación con otro derecho que también entra a jugar. Lo que yo no puedo hacer es, a través de una ley, prohibir hacer pellizcos, para evitar que a una mujer la puedan pellizcar en las calles. Esto es lo que está sucediendo; yo puedo, en el caso concreto, analizar que el pellizco que le hicieron a esta mujer es un pellizco contrario a su dignidad. Pero lo que la ley no puede hacer es, para evitar que eso suceda, que yo voy a prohibir de ahora en adelante que haya pellizcos.

El hecho de que las personas sean libres y autónomas para elegir su forma de vida no puede ser una talanquera si interfiere con la autonomía de las otras personas. Entonces, uno pregunta: ¿la libertad del consumidor no termina donde empiezan los derechos de los niños?

Sí, es un hecho, pero el interés de los niños se va a proteger de distintas maneras, y se va necesariamente a ponderar prevalentemente en el momento en el que ellos se encuentren en riesgo. Y hay un ejemplo para los parques: hablar de que en ningún parque puede consumirse bebidas alcohólicas no necesariamente involucra los derechos de los niños, porque es posible que en ese parque no haya niños, es posible que en ese parque solamente haya adultos. Fíjese en cómo la prohibición en abstracto termina anulando los derechos, porque aquí ponemos el ejemplo de los niños como una posibilidad, pero existe también la posibilidad de que en ese parque no haya niños, sino adolescentes o adultos.

Adolescentes, personas adultas o mayores a los que también puede afectarlos en su tranquilidad que se estén tomando el espacio público con trago o con sustancias psicoactivas...

Sí, cada medida, que es tomada con base en la posibilidad de existencia y en la posibilidad de que se vulneren los derechos, nos llevaría a acabar con ellos. Por ejemplo, es posible que hoy las personas salgan a la calle y les roben sus celulares; por eso, para evitar esa situación o ese riesgo, prohibimos los celulares. O, tal vez, mejor este ejemplo: es posible que a los niños los agredan en las casas, hay estadísticas que muestran cómo los niños son agredidos por sus propios padres. Para eso vamos a evitar que los niños tengan relaciones con adultos, o sea, no, ustedes no se sienten con adultos porque pueden ser agredidos en sus propias casas. Prohibiciones en abstracto, prohibiciones generales para poder proteger, no son las medidas necesarias e idóneas para producir el resultado de protección.

¿Realmente el consumo de drogas es un ejercicio de libre desarrollo de la personalidad, o más bien de la libre erosión de su voluntad? Porque eso nos lleva a una reflexión más profunda. Es que leyendo la sentencia de cuando el magistrado Carlos Gaviria dio vía libre a la dosis mínima, con base en el libre desarrollo de la personalidad, se encuentra uno con unos salvamentos de voto muy interesantes. Entre ellos, uno dice que “no puede afirmarse que el uso de la droga puede ser algo opcional, porque conduce a la privación de un bien, la salud, tanto física como mental, de manera, a menudo, irreversible y siempre progresiva”. ¿Eso no es, digamos, interpretar equivocadamente el libre desarrollo de la personalidad?

El debate entre las libertades y las prohibiciones para producir buenos resultados en la sociedad es un debate profundo, y un debate constitucional constante. ¿Para proteger la salud de las personas, es lo más adecuado dejar en libertad para que usted tome la decisión, o prohibir que consuma o coma algo que le pueda producir un daño?

En ese debate se encuentran las autoridades, y en ese debate se encuentran los jueces cuando resuelven un asunto. La conclusión a la que la Corte Constitucional ha llegado desde muchos años atrás es que el debate de las prohibiciones no necesariamente conduce al resultado. Prohibir en abstracto el consumo de bebidas alcohólicas, y prohibir el consumo de sustancias psicoactivas, no necesariamente cura al enfermo, ni necesariamente previene que otros nuevos consumidores vuelvan a caer en el vicio. Existen muchas otras alternativas de protección, que pueden conducir a mejores resultados.

¿Lo que ustedes hicieron no fue más bien lavarse las manos y tirarles la responsabilidad a los alcaldes?

No, esa siempre ha sido una responsabilidad de los alcaldes. La Corte Constitucional hace el análisis de una norma, pero la responsabilidad no es de la Corte, porque es una responsabilidad siempre de los órganos que ejercen función y política pública. Y, de hecho, creemos que además son responsabilidades de cada ser humano, cada uno es libre de tomar las decisiones para definir su plan de vida. Para efectos de protección de las generaciones futuras, esa es una responsabilidad de la sociedad entera.

MARÍA ISABEL RUEDA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO​@MIsabelRueda

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