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Enfrentamientos de los grupos ilegales desangran el Pacífico nariñense
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Julián Ríos Monroy. EL TIEMPO

Enfrentamientos de los grupos ilegales desangran el Pacífico nariñense

Análisis de Ariel Ávila: ¿Qué pasa en el sur del país, donde bandas y carteles se disputan el poder?

Una verdadera guerra civil se vive en la costa Pacífica nariñense. Incluso se ha comprobado la presencia de emisarios estables de carteles mexicanos. Son 14 estructuras ilegales disputándose el territorio metro a metro.

Las comunidades se quejan de que no saben quién manda, los grupos cambian todos los días y la violación a los derechos humanos no hace más que incrementarse. Si bien Tumaco ha sido el centro de atención, lo cierto es que todos los municipios de la zona están incendiados.

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Las disidencias de ‘Gentil Duarte’ están en guerra con la ‘Segunda Marquetalia’, que son los de ‘Iván Márquez’. A su vez, estos se disputan el territorio con las disidencias dispersas, es decir, las que trabajan con carteles del narcotráfico.

Todos estos también se disputan la zona con el ‘clan del Golfo’ y el Eln. Sin embargo, una de las situaciones más dramáticas se vive sobre el municipio de Magüí Payán, particularmente, en las comunidades representadas en la Asojuntas del río Patía y el Consejo Comunitario Manos Amigas.

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La radiografía, luego de un recorrido por la zona, es desoladora: al menos 15 caseríos están totalmente abandonados.

Son 14 estructuras ilegales disputándose el territorio metro a metro

Cerca de 1.000 personas entre afrodescendientes, indígenas y campesinos han sido desplazadas, provenientes de las veredas Aguacatal-San Luis, Punta de Barco, Playa Menuda, El Trueno, Nuevo Amanecer, Serenil, Guápil, Junta Grande, José López, Plan Miguel, Santa Rosa, Tortuga, Tortuga-Magale, Zorro, Salto, Palmas, Casa Roja, Doradillos, Chorrera, Juan de Dios y Canaibu; así como del municipio de Cumbitara, de las veredas de Pesquería, Bocana, Nulpí y Guayabalito; también del municipio de Policarpa, de las veredas de Sánchez, Sidón, El Cocal, Nulpí y Miguel. En uno de los caseríos solo queda una familia.

Esta es la última foto que se conoce de Miguel Botache, ‘Gentil Duarte’.

Foto:

Archivo particular

Las comunidades manifiestan que desde hace dos años hay una guerra sin cuartel, nadie sabe cuáles son los grupos, cada semana cambian y nadie sabe quiénes son los mandos. Se dice que los reclutamientos han aumentado, todo el mundo está reclutando y las edades en que se reclutan son muy bajas. Además, los grupos tienen paranoia y por ende las denuncias de desapariciones forzadas, secuestros y confiscación de celulares son el común denominador.

En la zona, los enfrentamientos más fuertes son entre la disidencia de ‘Gentil Duarte’, frente ‘Rafael Aguilera’ o frente 30 contra el ‘clan del Golfo’, al mando de alias Matamba.

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Este último es el delegado de ‘Otoniel’ en la zona y controla gran parte de la salida de droga desde el Pacífico nariñense. Se habla de combates semanales, donde mueren decenas de personas, pero nadie ve nada, nadie sabe la cifra exacta, es una tierra de nadie.

Las Fuerzas Militares parecen ser espectadoras de toda la tragedia

Es tanta la necesidad de tropas que los grupos han comenzado a trasladarse de otras regiones. Por ejemplo, la gente de ‘Mordisco’ y ‘Duarte’ habrían ordenado trasladar tropas desde el Cauca e, incluso, desde el Valle del Cauca para reforzar con combatientes. El ‘clan del Golfo’ envió contingentes desde Buenaventura y desde el Urabá. También el Eln reforzó filas y, en general, todo el mundo está enviando tropas o reclutando a todo el que puede.

La disputa es por casi todo. Las economías ilegales, por ejemplo, son miles de hectáreas de hoja de coca sembradas, también salen toneladas de droga por toda la costa y son decenas los cristalizaderos. Pero no solo es narcotráfico, la minería ilegal es próspera y, claro, el acaparamiento de tierra. Además, se disputan la base social y el control de los ríos y, con ello, todo lo que se mueve en el territorio.

(Además: Más de 27.000 personas fueron desplazadas en primer trimestre del año)

Las Fuerzas Militares parecen ser espectadoras de toda la tragedia. Se dedican al tema de erradicación, pero las comunidades se quejan de su falta de operatividad, aunque también se recogieron denuncias sobre lo que las comunidades llaman una complacencia con el ‘clan del Golfo’.

En varias regiones del país los grupos disidentes y neoparamilitares están causando graves afectaciones en materia de orden público y violación de Derechos Humanos.

Foto:

Mauricio Dueñas Castañeda / EFE

Las comunidades acusan a los militares de estar aliados con ‘los Guachos’ y el ‘clan del Golfo’. Por otro lado, las Fuerzas Militares dicen que están en acciones y operativos de lucha contra las drogas y que están persiguiendo criminales.

El último de los sucesos se presentó entre el 10 y 17 de abril. En estas fechas, decenas de personas se concentraron y comenzaron una movilización, dicen ellos, de forma autónoma en el caserío de San Luis. La razón de la movilización está dada por la supuesta connivencia del Ejército Nacional con los grupos neoparamilitares, denominados ‘los Guachos’ y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia en esta zona del Pacífico colombiano.

(Lea además: ¿Cuáles son los principales grupos narcotraficantes en el país?)

Por su parte, las Fuerzas Militares dicen que estaban en peligro de ser secuestrados por los lugareños y que se movilizan bajo presiones. Los militares pedían tiempo para moverse del lugar. La situación en la zona es tensa, la gente no quiere regresar, se ha dispersado en varias zonas urbanas y los grupos criminales son los que manejan todo, hasta la movilidad de las personas. Lo que se vio en el recorrido es una verdadera tragedia humanitaria.

(‘Combatimos todos esos grupos armados por igual’: Fuerza Pública)

ARIEL ÁVILA
Para EL TIEMPO

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