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‘Que la violencia alcance las ciudades hace que más gente esté en peligro’
Talibanes en Afganistán

Talibanes lucen sus armas mientras están montados en una camioneta.

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WAKIL KOHSAR / AFP

‘Que la violencia alcance las ciudades hace que más gente esté en peligro’

Talibanes lucen sus armas mientras están montados en una camioneta.

José Mas, de Médicos Sin Fronteras, habla del impacto del ascenso talibán en Afganistán.

Desde hace 40 años la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF) atiende en Afganistán a población vulnerable en zonas rurales. José Mas, responsable de la Unidad de Emergencias de MSF, estuvo en junio en el país y ahora, desde España, habla del trabajo que ha realizado la organización en los últimos meses, durante la escalada de violencia, y en las últimas semanas, tras el cambio de gobierno a un régimen talibán.

José Mas hace parte de Médicos Sin Fronteras.

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Médicos Sin Fronteras

Explica que les preocupa la situación de desplazamiento, la persistencia de la violencia, el impacto que el cambio de gobierno pueda tener en un sistema de salud que ya era frágil desde antes, y el hecho de que en uno de los momentos en los que más ayuda humanitaria necesita la población, organizaciones hayan dejado el país o se haya reducido su financiación por cuestiones políticas.


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¿Qué han visto en los últimos meses en Afganistán?

La violencia se recrudeció desde mayo, cuando giraba en torno a las ciudades, pero aún no las había alcanzado sino que la contienda bélica pasaba sobre todo en el ámbito rural. Luego, en agosto, la línea de frente alcanzó el centro de las ciudades con un aumento exponencial de heridos, muertos, y pacientes graves que no podían acceder a infraestructuras sanitarias.El hecho de que la violencia alcance las ciudades determina que haya mucha más gente expuesta al peligro, bajo el riesgo de bombarderos y tiroteos en las calles.

Precisamente por el riesgo al salir a la calle, desplazarse a buscar atención médica es jugarse la vida, por lo que veíamos que la gente esperaba hasta último momento para salir a un hospital, por eso hemos visto muchos niños con urgencias pediátricas, neumonías graves, malnutrición y deshidratación, también muchas urgencias obstétricas. Dado que la contienda militar afectó la libertad de movimiento, en algunos de nuestros proyectos en los que hacíamos 50 o 60 partos al día antes de la contienda, en el peor momento de la violencia llegaba solo una mujer, y cuando la violencia amainaba un poco, llegaban otras 10.

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Entonces, como había menos acceso a la salud, la gente llegaba en condiciones más críticas. Esto se suma a los desplazados internos, en donde hemos podido ver que las necesidades humanitarias se han multiplicado muy significativamente.

¿Y qué han observado en las últimas semanas, tras la toma del poder por parte de los talibanes?

Dado que el traspaso de poder se produjo tan rápido, ahora los centros de Médicos Sin Fronteras están abarrotados dado que ya no hay contienda como tal y la gente tiene más capacidad de acceso. Estamos pudiendo dar abasto, pero las cifras se han disparado porque había mucha gente que lo necesitaba y porque en el país no hay muchas más estructuras sanitarias disponibles y muchos médicos habían huido. Los hospitales que llevamos nosotros o en apoyo a la Secretaría de Salud son de lo único que permanece abierto.

Actualmente tenemos cinco localizaciones: Kunduz, con un centro de traumatología para heridos de guerra o accidentes; Khost, donde tenemos una maternidad;Kandahar, con atención a pacientes con tuberculosis resistente a medicamentos, pero que hemos adaptado en la época de emergencia para dar respuesta a los desplazados internos que se acumulaban en la ciudad; Lashkar Gah, con un gran hospital con casi todos los servicios, y en Herat, con un centro de hospitalización intensiva para niños malnutridos.

Los civiles son preparados con armas y entrenamiento para defenderse de los talibanes.

Foto:

JALIL REZAYEE / EFE

A raíz de los cambios políticos en el país, ¿se ha modificado en algo la atención de emergencia que brinda MSF?

Ha dependido de cada localización. Por ejemplo, hubo un momento en que Lashkar Gah sufrió una ofensiva militar que duró dos semanas, estuvieron 24 horas al día bajo bombas.

Lo que hicimos fue concentrarnos en las actividades críticas esenciales, ahí concentramos personal, suministro, y reubicamos a los pacientes dentro del hospital para protegerlos.

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En Kunduz aceleramos la construcción del hospital y mientras tanto habilitamos una unidad de traumatología con 25 camas que permitió empezar a dar atención quirúrgica a los heridos que llegaban de los combates. Allí en Kunduz había 500 familias de desplazados internos y articulamos una clínica para brindar atención y evitar el deterioro en estado de salud.

En Kandahar, en lugar de mantener el programa de tuberculosis, nos centramos en montar una clínica para los desplazados y una unidad de estabilización para urgencias médicas. En Herat y Khost la ofensiva no fue tan dura, duró poco la violencia en el centro de esas ciudades.

Una de las preocupaciones que se han expresado en el mundo por lo que pasa ahora en el país tiene que ver con la situación de derechos de las mujeres, ¿qué han visto al respecto y esto ha afectado sus servicios de obstetricia en un país con una de las tasas de mortalidad materna más altas del mundo?

Médicos Sin Fronteras lleva 40 años en Afganistán. En ese tiempo hemos presenciado dificultades de acceso a personal especializado, a higiene para llevar a cabo partos seguros, entre otros.

Afganistán, desde antes del recrudecimiento de la violencia, estaba lejos de tener indicadores médicos razonables de mortalidad materna e infantil.

Para nosotros no hay duda, el personal médico femenino es esencial. En Kosht tenemos una maternidad llevada por mujeres para mujeres, lo mismo en las unidades pediátricas, necesitamos médicas y enfermeras para dar atención a los niños. Es esencial que nuestras compañeras puedan seguir desarrollando su trabajo en las mismas condiciones que lo han hecho antes.

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Hemos conseguido atravesar esta crisis con los servicios abiertos y el personal femenino sigue trabajando del mismo modo. No hemos recibido tampoco ninguna indicación de las nuevas autoridades, vamos a luchar y esperamos que la cosa siga así. Parece que no va a resultar en prohibiciones para el personal sanitario.

Es cierto que en 40 años de presencia hemos sido víctimas de ataques terribles. Nuestros hospitales fueron bombardeados, equipos en movimiento fueron asesinados en ruta, el año pasado una clínica de maternidad que apoyamos fue atacada salvajemente, pero en los últimos meses de recrudecimiento de la violencia no hemos sido objeto de ataques.

Las mujeres afganas sostienen pancartas mientras participan en una protesta contra Pakistán en Kabul el 8 de septiembre de 2021

Foto:

Hoshang Hashimi / AFP

¿Cómo ha cambiado la situación de desplazados internos en el país?

Preocupa la situación en la que viven ahora mismo: muchas a la intemperie, con poco o ningún acceso a agua potable o higiene, a saneamiento, con precario acceso a comida...

Estas personas se están aglutinando en grandes ciudades como Kabul y preocupa la situación en la que viven ahora mismo: muchas a la intemperie, con poco o ningún acceso a agua potable o higiene, a saneamiento, con precario acceso a comida; en esas condiciones es fácil que se presente un estallido de epidemias, que su estado de salud se deteriore y sean más frágiles a enfermedades típicas. Nos preocupa enormemente la situación sanitaria de los desplazados.

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Dado que el traspaso de poder en Kabul ha sido muy rápido y no tan cruento como los peores escenarios auguraban, aún no hay refugiados por cientos de miles, esa crisis por ahora no ha tenido lugar, hay refugiados cruzando fronteras, no hay cifras todavía oficiales, pero sí está ocurriendo.

En medio de todo esto está la pandemia de covid-19, ¿cómo está la situación?

El coronavirus ha afectado como cualquier otro país, pero no sabemos hasta qué profundidad, hay infranotificación, no hay capacidad de diagnóstico, no hay oxigenoterapia, entonces los datos oficiales muestran solo la superficie, no sabemos lo que hay detrás.

Lo que sí podríamos decir es que el coronavirus ha sido la última de las preocupaciones de la población afgana en este tiempo.

De un modo más indirecto, ha marcado un declive en las condiciones de vida de la población, ha afectado la economía y flujos comerciales, lo que ha hecho que un país que ya era pobre sea todavía más pobre. La pobreza afecta su capacidad de acceso a la salud, pues muchos son de pago, a servicios sociales, a educación. Aun siendo la última de las preocupaciones, la pandemia ha tenido un impacto en que sus condiciones de vida hayan empeorado drásticamente.

¿Cuáles son sus mayores preocupaciones frente a la situación actual del país?

Al día de hoy, a Médicos Sin Fronteras le preocupa mucho cómo va a afectar la nueva situación a un sistema de salud que ya era frágil antes de esta oleada de violencia. En junio sacamos un informe sobre las dificultades de la población en general para acceder a servicios de salud, como no tener suficientes suministros, la inseguridad, la violencia, las distancias y costos que impedían a la población más vulnerable pudiera acceder a la salud.

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Si esto era ya una realidad antes, le agregamos ahora menos estructuras y menos donantes que las apoyen, es una ecuación paradójica: a más necesidades humanitarias, menos respuesta. Eso nos preocupa profundamente y observamos con muchísima atención porque al final los actores humanitarios deben guiarse objetivamente por las necesidades médicas y no por cuestiones políticas, un paciente es un paciente.

Un miembro de los talibanes visita el invernadero de la casa del exvicepresidente afgano Abdul Rashid Dostum en el barrio de Sherpur en Kabul.

Foto:

Wakil KOHSAR / AFP

¿Consideran que el país aún es seguro para la permanencia del equipo de MSF o han pensado en irse?

Evaluamos constantemente los riesgos a los que los equipos están sometidos en las diferentes localidades, y hemos contado siempre con las garantías de todas las partes en el conflicto. Nos han pedido que continuemos nuestro trabajo y así lo hemos intentado hacer.

El riesgo cero no existe, en un frente de combate todo puede ocurrir, pero hemos conseguido mantener las actividades abiertas; tomamos como primera medida reducir los equipos al mínimo esencial para las actividades médicas esenciales, todos los demás equipos que pudieran desarrollar su trabajo desde otras localizaciones, hasta fuera del país, fueron reducidos.

Ahora estamos intentando evitar quedarnos sin suministros, es una amenaza porque el aeropuerto todavía no es funcional, estamos intentado negociar vías de acceso para aprovisionamiento y nuevos equipos humanitarios que puedan reemplazar a los equipos que han atravesado estos tiempos tan turbulentos.

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No pensamos en abandonar Afganistán, es ahora cuando más hay que estar, sobre todo sabiendo que muchas otras organizaciones o van a verse obligadas a abandonar el país o van a ver su financiación reducida. Creemos que es ahora cuando más hay que evitar que la población afgana pague la factura de que los diferentes actores sanitarios se vayan, hay que estar ahora más que nunca con ellos.

En Twitter: @MIOF_
Periodista de Justicia
justicia@eltiempo.com

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