No sé si narcotráfico, pero veo una motivación personal: Timochenko

No sé si narcotráfico, pero veo una motivación personal: Timochenko

El exjefe máximo de la guerrilla de las Farc evalúa el regreso a las armas de Iván Márquez.

BBC Mundo: Timochenko e Iván Márquez

Timochenko e Iván Márquez han separado sus caminos en el proceso de paz en Colombia.

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Getty Images

Por:
04 de septiembre 2019 , 10:44 a.m.

Rodrigo Londoño, el exmáximo comandante de la guerrilla colombiana de las Farc y conocido por el alias de "Timochenko", reflexiona un instante sobre su vida sin guerra y suena agobiado. 

"Son tantas las cosas que hacer en el día a día, que ahí es uno pensando en cumplir las responsabilidades", comenta Londoño en diálogo con BBC Mundo. "Ahí vamos, pa'delante".

Los últimos días han sido especialmente movidos para él, después que Iván Márquez y otros conocidos guerrilleros de las Farc anunciaran la semana pasada que retoman la lucha armada en Colombia.

Márquez encabezó el equipo negociador de las Farc que alcanzó un acuerdo de paz con el gobierno colombiano en 2016, en Cuba, y el anuncio de su regreso a las armas arrojó dudas sobre la firmeza de ese pacto.

Londoño, hoy presidente del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, con las mismas siglas FARC de la guerrilla, se define comprometido con el proceso de paz y critica la decisión de Márquez, Jesús Santrich y sus aliados.

"La motivación política no considero que la tengan. No hay", dice. "No sé si narcotráfico o qué, pero en todo yo veo una motivación personal, individual".

Aunque afirma que el de Márquez "es un grupo muy pequeño", advierte que el retorno de más exguerrilleros a las armas es un riesgo a contener y reclama "un compromiso mucho más claro" del presidente colombiano, Iván Duque, con el proceso de paz.

"Tenemos que ayudar al presidente en ese sentido, hacerle entender que aquí no se trata de tocar los clarines de la guerra", sostiene.

Lo que sigue es una síntesis del diálogo telefónico con Londoño, un médico de formación de 61 años que en 2011 asumió el liderazgo de las Farc y las condujo al proceso de paz tras medio siglo de guerra.

¿Lo tomó por sorpresa el anuncio de Iván Márquez y otros excomandantes de la guerrilla de las FARC de que retoman la lucha armada?

Con sinceridad, pues uno escuchaba cosas. Él hacía más de un año se había retirado, al partido no le dijo absolutamente nada. Los otros compañeros con que aparece, igualmente. Algunos habían dejado los esquemas que tenían de protección. Y se rumoraba mucho.

Pero yo tenía confianza porque ellos, especialmente él y el mismo Santrich, ayudaron a construir este acuerdo. Tenía la esperanza de que no iban a tomar este camino. Había dificultades que ellos argumentaban, pero nunca creí que esas dificultades las iban a tomar como argumento para la decisión equivocada que han tomado.

¿Ha podido comunicarse recientemente con Iván Márquez o alguno de los otros miembros de las Farc que aparecen en el video, para comprender sus motivaciones o persuadirlos de que eviten volver a las armas?

No señor. Ellos cortaron toda comunicación con el partido y conmigo en particular. Desde que se fueron, nunca hemos tenido la posibilidad de intercambiar. Y pues ahora mucho menos, las circunstancias son más complejas.

Si este anuncio de regreso a las armas que hizo Iván Márquez supone de hecho una ruptura de las Farc, la pregunta es quién representa realmente a las Farc ahora…

¿Cuál FARC dice usted? Ya ahora nos toca diferenciar…

Ese es un tema… ¿Fue un error haber nombrado al partido Farc con las misma siglas que siempre estarán vinculadas a la guerrilla?

Sí, en el Congreso fundacional se cambió el nombre pero se dejó la sigla. Yo hice la propuesta de cambiarla. De todas maneras era un evento democrático y la mayoría se mantuvo en la sigla. Y uno sabía que eso a la larga nos iba a generar problemas.

Uno no adivinaba que se iba a enfrentar a este caso con Iván, pero sabía que en el camino cualquiera podía coger esas siglas y eso nos iba a generar situaciones complejas por las implicaciones que esas siglas tienen en la historia de Colombia.

¿Qué capacidad militar tienen hoy Iván Márquez y quienes han vuelto a las armas a su lado, qué amenaza real representan para la el proceso de paz y el Estado de derecho en Colombia?

Es un hecho muy desafortunado que le genera dificultades, le genera problemas a la construcción de la paz en Colombia. Pero decir que su capacidad es… magnificar no, es un grupo muy pequeño, muy reducido. Y como yo he venido insistiendo, acá en función de construir la paz nos quedamos los más y los mejores, que es lo más importante.

¿Pero aunque sean un grupo de algunas decenas, usted descarta que tengan la capacidad para desestabilizar el proceso de paz o aumentar la espiral de violencia en Colombia?

Lo contrario: lo que estamos viendo en este momento es que el apoyo al proceso de paz se ha fortalecido. Esto ha permitido incluso mucha más claridad y ha hecho que mucha gente que estaba como en una actitud neutral haya tomado partido y esté en este momento rodeando el proceso y presionando para que se implemente. La forma de neutralizar cualquier peligro del proceso de paz es que lo acordado en La Habana se implemente de manera integral.

Iván Márquez sugirió en el video realizar una alianza con la guerrilla del Eln. ¿Cuánto podría aumentar el poder de la guerrilla en Colombia si lo lograse?

La incidencia de cualquier movimiento de tipo alternativo, guerrillero, armado o no armado, está en que interprete cuál es el sentir de la mayoría de los colombianos. Y el sentir de la mayoría de los colombianos en este momento es la paz, el camino de la reconciliación, el sanar las heridas tan profundas de un conflicto de más de 50 años.

En eso nos estamos esforzando todos y cualquier acción de tipo militar encaminada a promover la guerra va a ser rechazada por las grandes mayorías.

En una circular que envió a los desmovilizados y a los militantes de su partido, usted escribió: "Sabemos que los que se llaman hoy jefes no van a hacer la guerra, que se quedarán del otro lado de la frontera. Serán sus tropas las que lleven las peores consecuencias". ¿Se refiere a que Iván Márquez y quienes aparecen a su lado están en Venezuela?

Pues eso es lo que se deduce de todo lo que ha venido sucediendo.

¿Cuál es la deducción? ¿Qué tipos de vínculos tiene el presidente Nicolás Maduro y su gobierno con Iván Márquez en este momento?

Yo tengo la completa seguridad de que de parte del gobierno bolivariano no están recibiendo ningún apoyo. Si están recibiendo algún apoyo en la frontera será por ahí de personajes, de individuos que no comprometen al gobierno bolivariano.

El gobierno bolivariano, desde (Hugo) Chávez y continuando por Maduro, siempre estuvo apoyándonos en el harto y difícil trabajo que fue llegar al acuerdo firmado en La Habana, que tuvimos que ratificar en el Teatro Colón aquí en Colombia. Entonces estoy completamente seguro de que por ese lado no tienen ningún apoyo.

Pero usted al mismo tiempo dice que ellos están operando en territorio venezolano. ¿Cómo es posible?

No, es que uno en la frontera se puede mover con mucha tranquilidad, sin necesidad de que el gobierno central le dé el apoyo. Todo lo contrario. Yo estuve muchos años en la frontera y sé cómo se maneja eso por ahí.

¿Cuál es la principal motivación de Márquez y los demás para retomar las armas? ¿Es política o es por narcotráfico?

La motivación política no considero que la tengan. No hay. Si hubiera una motivación política que encarnara los principios, la ideología y el programa que mantuvimos en las Farc, estarían aquí acompañándonos. Hay una motivación, yo no sé si narcotráfico o qué, pero en todo yo veo una motivación personal, individual.

¿Que puede ser por narcotráfico?

Bueno, eso sí ya lo dejo al libre albedrío de cada persona.

Observadores como el periodista Daniel Coronel creen que lo que motiva a Márquez es su temor a que Estados Unidos solicite su extradición, como hizo con Jesús Santrich, y por las mismas razones. Recordemos que Santrich está acusado de narcotráfico. ¿Coincide?

Ese temor lo podemos tener todos. Nosotros sabemos y tenemos muy clara cuál es la posición de EE. UU. frente a nosotros. Incluso en este momento, y a pesar de haber firmado un acuerdo, no nos sacan de la lista de terroristas.

Y sabemos que cualquier desliz que podamos tener, EE. UU. va a tratar de extraditarnos. Ese es un riesgo que tenemos todos. Pero tenemos un instrumento que fue construido en los acuerdos e incluso vimos su efectividad, y es que Santrich salió libre y no fue extraditado a través del camino fácil con que quería hacerlo EE. UU.

Usted se está oponiendo al regreso a las armas de gente que luchó bajo su mando. ¿Es porque considera un error en este momento particular hacerlo, o porque usted filosóficamente ahora rechaza la lucha armada contra cualquier gobierno electo en democracia?

No, porque considero que en esta coyuntura es una equivocación hacerlo. En este momento llamar a la gente a una confrontación es ir en contra de la historia, de la corriente. En este momento lo que da incluso réditos políticos no es solamente hablar sino trabajar por esa reconciliación.

Ya lo decía antes y lo hemos venido percibiendo todos este tiempo que tuvimos la oportunidad de hablar con la gente.

¿Pero usted cree que hay circunstancias que pueden ameritar en algún momento el regreso a la lucha armada de parte suya y de la gente que usted mismo ha desmovilizado?

La lucha armada sigue siendo un instrumento útil para los pueblos, para rechazar regímenes totalitarios. Eso sí yo no lo niego, pero tiene que ser dentro de una coyuntura y un momento muy concreto que interprete y recoja el sentir de los pueblos. Si no es así, está en contra vía y se cae más bien en el terrorismo.

¿Lo suyo ha sido un adiós definitivo a las armas o es un "adiós por ahora y luego las circunstancias dictarán qué voy a hacer"?

Aquí hicimos un compromiso, dejamos las armas, nos comprometimos a dejarlas con base en que se abría un espacio para nosotros continuar nuestra lucha en el marco de las leyes. Lo hemos ratificado y lo decimos: lo vamos a cumplir por encima de las circunstancias que se presenten.

¿Entonces es un adiós definitivo a las armas?

Sí señor.

Uno de los argumentos de Márquez es que el Estado colombiano "no ha cumplido ni con la más importante de sus obligaciones, que es garantizar la vida de sus ciudadanos y, particularmente, la de evitar asesinatos por razones políticas". ¿Usted coincide con esto?

Es una lástima que saque un argumento que ya lo habíamos discutido en su momento internamente. Es más, cuando tomamos la decisión de firmar los acuerdos, sabíamos que la sola firma no garantizaba que se iba a cumplir todo lo que estaba en el papel. No era un punto de llegada sino un punto de partida para iniciar una lucha mucho más compleja y difícil, en la cual necesitábamos hacernos acompañar de amplios sectores de la sociedad colombiana e incluso de sectores de la clase dirigente.

Lo que necesitábamos era aunar esfuerzos en función de hacer cumplir los mecanismos acordados en La Habana. Ahí están y estamos en esa pelea, vamos lográndola poco a poco.

Además, no sé si será irónico o qué término utilizar: ellos reivindican lo de los 150 excombatientes que han sido asesinados en la implementación del proceso. Pero muchos de esos 150 han sido asesinados por grupos de esos que se han denominado disidentes, que desertaron del proceso, e incluso algunos han sido asesinados por miembros del ELN.

Usted ha dicho que está comprometido con lo acordado en las negociaciones de paz, "aun con todas las dificultades o peligros que se avizoran". ¿Cuáles son esos peligros?

Hay un sector de la clase dirigente que es pequeño pero que tiene mucho poder económico y político, que desde el principio se opuso. Le tiene temor a que nos reconciliemos. Ese sector ha hecho todo lo posible por hacer fracasar el proceso. Desafortunadamente, el gobierno que tenemos en este momento viene de ese partido político que todos conocen y que se ha opuesto.

Pero de todas maneras hay una mayoría, incluso de la clase dirigente de este país. Y las grandes mayorías de los sectores sociales de Colombia comienzan a hacerse conscientes de ese peligro y la necesidad de aunar esfuerzos para salvar este proceso de paz.

De ahí se desprende ese peligro, que de todas maneras cada vez está más neutralizado.

¿Qué esperaba usted del gobierno de Iván Duque?

Lo que él anunció en su discurso presidencial y es lo que estamos esperando. Además lo ha seguido ratificando: que se compromete con todos nosotros, los que estemos dentro del proceso, a la implementación.

Yo creo que a él le falta información, lo desinforman, pero además tiene la presión de su partido político que es muy fuerte. Todos tenemos que ayudar al presidente en ese sentido, hacerle entender que aquí no se trata de tocar los clarines de la guerra a partir de ese anuncio que hicieron esos compañeros desertores, sino de hacer sonar las campanas para que en todo Colombia nos organicemos en torno a la construcción de la paz. Y que haya el máximo esfuerzo en el gobierno para que se implemente lo acordado en La Habana.

¿Cree que falta un compromiso más claro del presidente Duque con el acuerdo de paz?

Sí, creo que se necesita un compromiso mucho más claro. Aunque lo ha venido haciendo, pero el país necesita certezas porque hay veces que en su discurso pareciera que no hubiera esa certeza. El país y todos necesitamos la certeza de que sí hay un compromiso de tiempo completo.

Porque ahí comienzan por ejemplo en el Congreso a presentarse proyectos encaminados a afectar la columna vertebral de los acuerdos.

Entonces esto es una lucha política en la cual hemos ido avanzando, a pesar de las dificultades. Yo lo decía de una manera muy cruda: a pesar de que nos están matando, estamos avanzando y eso es lo importante para Colombia.

Usted ha señalado que aproximadamente 90% de los miembros de las Farc desmovilizados siguen comprometidos con la paz. ¿Pero ve un riesgo de que sigan volviendo más exguerrilleros a las armas a medida que pase el tiempo y si el proceso de paz no avanza?

Sí, ese es un riesgo. Y es el riesgo que estamos tratando de hacerles entender al presidente y a los funcionarios del gobierno encargados de hacer realidad la implementación.

Es un riesgo al cual tenemos que atajar implementando los acuerdos: no solamente la reincorporación nuestra sino de forma integral lo acordado en el tema agrario, en la sustitución de cultivos. Es gravísimo lo que el gobierno se está dejando imponer de EE. UU. en la erradicación forzada, cuando en La Habana acordamos la erradicación voluntaria y es algo que ha venido dando resultado pero el gobierno no ha tenido la fortaleza y voluntad de impulsarlo como se debe.

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Créditos: BBC Mundo

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