Nelson, el hombre que desactiva las minas del alma

Nelson, el hombre que desactiva las minas del alma

Una mina antipersonal astilló su futuro como contraguerrillero pero el deporte ha aplacado su drama.

Nelson Ramírez

Nelson Ramírez y su nuevo estilo de vida en el deporte.

Foto:

Archivo particular

Por: Erick González G.
09 de abril 2019 , 10:45 a.m.

No era una simple refriega militar. Sin saberlo sus ráfagas presionaban al mismísimo Raúl Reyes, uno de los jerarcas de las Farc. No lo sabían porque para determinadas misiones el silencio es la única forma de desactivar a los posibles infiltrados en el Ejército. La compañía o el batallón que encara los fusiles enemigos desconoce qué enfrentan. El soldado abatido en combate ignora quién lo atacó. Solo inteligencia militar y los mandos superiores, que dan órdenes a los comandantes de las tropas, lo saben.

La escuadra de Nelson Ramírez llevaba algunos días con sus noches, de febrero del 2008, menoscabando los anillos de seguridad guerrilleros no muy distantes de la frontera con Ecuador. Nadie se imaginaba que estaban con las coordenadas precisas para hacer caer al primero de los cabecillas que, en marzo, fueron cayendo como fichas de dominó, socavando la moral del más longevo grupo guerrillero del país.

Luego de una noche intensa de combates, en la que mataron a su gran amigo ‘El ranchero’, llegaron hacia las diez de la mañana a un terreno que consideraron apto para una base móvil y ‘cambuchar’, cercano a un predio cocalero abandonado. Primero ubicaron los equipos en un círculo pequeño para luego explorar la zona y así corroborar su seguridad. Montaron puntos de observación y determinaron que era el lugar para pernoctar, con el fin de continuar al otro día la embestida patriótica.

A las 4:16 de la tarde, Nelson, con la tranquilidad propia de llevar seis horas en el lugar sin ningún percance, pero sin menospreciar las habilidades del enemigo para generar emergencias,

Perdí el conocimiento y quedé totalmente ciego y sordo. No recuerdo cuánto tiempo pasó hasta que volví a retomar la audición y la visión

“Perdí el conocimiento y quedé totalmente ciego y sordo. No recuerdo cuánto tiempo pasó hasta que volví a retomar la audición y la visión. Mi primera reacción fue tocarme la cara. Tenía muchísima sangre. Me asusté y creí que habíamos entrado en combate. Pensé que había quedado herido, pero se me hizo extraño que nadie gritaba, había tranquilidad, y momentos después escuché una explosión muy cerca. Así que creí que nos estaban lanzando granadas o artefactos explosivos; lo primero que hice fue buscar mi fusil y ponerme en pie, pero al dar el primer paso con la pierna derecha caí al piso, lo intenté nuevamente y caí otra vez, entonces me di cuenta de que de la parte del tobillo no quedaba nada, no había bota ni media, y empecé a escuchar los gritos “¡campo minado! ¡Hay heridos!”, recuenta Nelson.

Colgando de las oraciones decidió arrastrarse hasta la zona en la que hacían el desayuno y se escuchaban las órdenes de operaciones. Allí pidió ayuda. Sus compañeros temían activar más minas por ayudarlo, pero con cuidado llegaron a él.
En el helicóptero, una capitana vaticinaba un noventa por ciento de probabilidades de que perdiera la otra pierna por dos esquirlas que la comprometían. Los médicos en el hospital apostaron al otro diez por ciento y ganaron, solo perdió la derecha desde la pantorrilla.

“Fue algo durísimo que me tocó el alma. Lloré muchísimo, porque no se alcanza a dimensionar cuánto afecta a una persona la integridad, la moral y a los familiares, que son los que más sufren al verlo llorar porque uno tiene conductas de suicidio, de alcoholismo, de agresión, de rabia, de culpa, porque uno siente que ya no sirve para nada”, afirma Nelson.

El deporte, nuevo proyecto de vida

Esas reacciones cambiaron cuando llegó al Batallón de Sanidad y vio a más de 200 soldados con más mutilaciones físicas y morales que él. Recordó que una muerte, la de su tío por un tiro de gracia guerrillero, hizo que quisiera enfrentarse a ella durante 20 años. Sabía que la pensión normal o la pensión por invalidez o la muerte era lo que le esperaba como contraguerrillero, y asumió que la pensión que nadie quiere fue la que le tocó.

En el batallón comenzó a minar su resquemor y rearmar su proyecto de vida. “El deporte fue la herramienta de transformación y de resiliencia que me cambió todo. Me dieron la oportunidad de pertenecer a un deporte paralímpico y empecé mis entrenamientos en tenis de mesa”.

Participó en los juegos nacionales paralímpicos de Cali y de Cúcuta. Consiguió trabajo, y su vida se volvió un pimpón, del trabajo a los entrenamientos y viceversa. Laboró en bancos, en temas administrativos, pero llegó la Ley 1448 de 2011, y decidió capacitarse para ayudar a otras víctimas del conflicto armado.

“Trabajé como promotor de empleabilidad para ayudar a conseguirle trabajo a víctimas. Éramos 54 promotores en el país, Hacíamos ferias, conversatorios, reuniones con cooperantes, y me di cuenta al encontrarme con muchas víctimas del conflicto armado en diferentes dinámicas, líderes en diferentes experticias, de que podíamos unirnos en pro de personas era una experiencia espectacular”.

En un encuentro en Medellín advirtió que podía ser su propio jefe. Cambió de deporte, se dedicó al atletismo, pero fue su reencuentro con el microfútbol lo que definitivamente hizo que su alma dejara las muletas.

Todos teníamos las mismas heridas en diferentes piernas, las mismas prótesis y teníamos algo en común, nos gustaba estar detrás de un balón...

“Todos teníamos las mismas heridas en diferentes piernas, las mismas prótesis y teníamos algo en común, nos gustaba estar detrás de un balón; eso fue lo que motivó al grupo a decir que podíamos consolidar un grupo de ‘futsal’ y consolidar un proyecto para todos; nos consolidamos como grupo y familia. Ahí empecé a buscar patrocinadores, fundaciones que querían apoyar esto, y comenzaron a llegar, poco a poco, engranando como un reloj suizo en este proyecto", anotó.

“Cada uno de ellos aportó algo para que sea lo que es hoy el club Héroes de Honor, que le proporciona a las víctimas de la Fuerza Pública, con prótesis, una experiencia distinta a su vida diaria, que les evita meterse en las drogas o el alcoholismo, y los impulsa a tomar la decisión de decir: yo quiero ser alguien, yo quiero ser un deportista”, asegura Nelson.

El club decidió replicar su mensaje a los niños, niñas y adolescentes. “Se busca evitar que se incorporen a la criminalidad, que caigan en el vicio o que puedan evadir el reclutamiento forzado, ya que la pobreza o el mismo conflicto llevan a esos jóvenes a incorporarse a estos grupos”, añadió Nelson.

Esta labor la ha hecho con fundaciones en Bogotá, Cali, Medellín, La Guajira, incluso con jóvenes venezolanos, con el objetivo, además, de hacer que descubran sus herramientas de líderes para que las puedan aplicar en sus comunidades.

La discapacidad de Nelson tampoco ha sido impedimento para conquistar el amor. “Tener una prótesis no te hace más ni menos, te hace una persona especial porque tienes unos sentimientos de resiliencia, de superación, de emprendimiento, que de pronto otras personas no tienen, y estos factores pueden ser atrayentes para una mujer, ya que pueden ver en uno un futuro”.

ERICK GONZÁLEZ G.

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