La lucha de Heiler para demostrar que perdió a sus 7 hijos

La lucha de Heiler para demostrar que perdió a sus 7 hijos

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Heiler Martínez sobrevivió a los cilindros bomba en Bojayá en el 2002, pero perdió a su familia.

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Los tres hijos que la masacre se llevó y que no le reconocían

Heiler Martínez perdió a su esposa, cinco hijas nacidas y dos bebés en gestación en la iglesia de Bojayá.
Hasta ahora, solo le reconocían a cuatro de los niños.

Cinco meses pasaron hasta que Heiler Martínez Rentería volvió a Bojayá, en septiembre del 2002, después de salir desplazado. Huyó a Quibdó, capital chocoana, para protegerse de la guerra que seguía en el medio Atrato. Pero él, que tenía 26 años, no pudo salir con su familia. Su esposa y siete hijos murieron con el impacto de la pipeta lanzada por las Farc contra la iglesia.

Cuando regresó al pueblo, solo encontró cruces sobre la tierra. Le decían que allí estaban sus hijas y Luz del Carmen Palacios, su esposa. Pero, ¿cómo podía saber él si era así? ¿Cómo podía tener certeza de que todos los cuerpos reposaban en ese campo santo improvisado junto al río?

Ahora tiene 45 años y sigue en Bojayá. Es agricultor y, sobre todo, pescador. Con el tiempo, logró formar otra familia. Hoy, tiene cuatro hijos. Pero desde los 28 años viene pidiéndole a las autoridades que reconozcan a todos los niños que perdió en la masacre. De los siete, solo cuatro habían sido reconocidos en los registros oficiales.

Leyner Palacios Asprilla, sobreviviente de la masacre de Bojayá

Heiler Martínez perdió a toda su familia en la iglesia de Bojayá: su esposa, cinco hijas nacidas y dos bebés en gestación.

Juan David López Morales / CEET

Geidy tenía 9 años; Raquel 7, y Yasaira 5. Les seguían Geisy, de 3 años, y Eida, de 18 meses. Pero en las cuentas de la Fiscalía no aparecía Geisy. Entre los restos que recogieron días después de la masacre registraban solo cuatro hijas.

“Yo fui de los últimos que entró a la Iglesia”, cuenta Heiler. Recuerda que ese día llevaba una pantaloneta amarilla y un suéter blanco –así les dicen los chocoanos a las camisetas–. Su familia llegó antes, porque él manejaba un negocio de víveres de un primo y los enfrentamientos lo retuvieron allí. “Cuando ella se fue con todas las niñas, yo no me di cuenta. No sé cómo llegó ella allá con todas cinco”. Mientras tanto, Heiler estaba en el negocio. Pasó a refugiarse a la casa de un amigo, cuando fueron a decirles que todos iban para la iglesia. "El pueblo, casi todo, se vació".

Tomó cuatro cobijas, las echó en una bolsa: “Y ahí arranqué para la iglesia”. Se quitó el suéter blanco con un logo de Café La Bastilla y corrió esquivando las balas. Ninguna lo impactó. Era el 1° de mayo.

A las 6 de la tarde, los combates amainaron. En el templo, las familias durmieron como pudieron. El dueño de una tienda, "un señor Ricardo", permitió que sacaran la comida que necesitaran. A las niñas les dieron avena que cocinaban en la casa cural. Los combates se reactivaron 12 horas después, cuando despuntaba el 2 de mayo.

Su hija menor, Eida, de 18 meses, quiso irse para donde su papá. Heiler trató de hacerle comer la avena. "Papá, yo no quiero". Dice que sus hijos, para comer, siempre han sido un problema porque los consiente mucho. Entonces él se comió el último bocado. Ya eran cerca de las 10 de la mañana. Trató de dormir, pero un primo suyo no lo dejó. Entonces se paró y buscó otro lugar. En ese momento, su esposa le volvió a mandar a la niña, pero ella no se quiso quedar con él. "Me voy para donde mi mamá", le dijo. La mayor, Geidy, fue por ella y la llevó donde su mamá, cuando "se estremeció el mundo".

“Todo se hizo tiniebla” como a las 10:30 a. m. Así lo recuerda. Las mujeres y los más pequeños estaban resguardados en el centro del recinto, mientras los hombres dormían cerca de las paredes que, creían, eran el lugar más riesgoso. Pero la pipeta cayó justo sobre el altar y los más ‘protegidos’ llevaron la peor parte.

Heiler no terminaba de entender qué había pasado. Tenía una varilla incrustada en los músculos de su pierna derecha, más arriba de la rodilla. Salió caminando así.

“Yo sentía que no estaban muertas. Dios me dio el valor de resistir”. O tal vez estaba en shock. Los sobrevivientes salieron y cruzaron el río. Desde las orillas, los armados les disparaban: “Las balas se veían como un aguacero en el Atrato”, recuerda. Salió para Vigía del Fuerte, donde a sangre fría por la falta de medicamentos le retiraron la varilla y le cosieron cinco puntos, y de ahí para Quibdó. No tuvo tiempo para mirar hacia atrás.

Leyner Palacios, sobreviviente a la masacr de Bojayá

Heiler también perdió un hermano, a su suegro y suegra, sobrinos, primos y "muchos amigos".

Juan David López / CEET

A Heiler le llegaban rumores: le decían que habían visto a su hija de tres años salir con vida de la iglesia. Incluso, que las Farc se la habían llevado. Él nunca lo creyó, sabía que estaba muerta, pero sin un cuerpo para hacerle duelo, quedaba espacio para la incertidumbre. De lo que sí estaba seguro era de que Luz del Carmen tenía siete meses de embarazo y en su vientre había dos hijos más: Jorgelina –como la abuela de Heiler– y Geider, el primer hijo varón de la pareja.

Eran al menos ocho las mujeres embarazadas en la iglesia de Bojayá. Algunas dieron a luz allí y murieron. Otras salieron con vida, pero perdieron a sus hijos con los días y las semanas.

Heiler dice que algunos funcionarios judiciales lo llamaron mentiroso por reclamar por sus gemelos y su niña. En 2018, la Fiscalía reconoció que su esposa estaba en embarazo, gracias a una ecografía que se practicó dos meses antes de morir en una brigada médica de la Armada Nacional.

Además de sus siete hijos, Heiler también perdió un hermano, a su suegro y suegra, sobrinos, primos y "muchos amigos". Ahora, con la identificación de los cuerpos, sabe que fueron reconocidos Geisy y los gemelos. Los velará y los despedirá. Sin embargo, por la cercanía de edades y porque casi todas eran mujeres, todavía le queda una duda. “No me han determinado cuál es cuál. Que me digan quién es quién”, es lo único que pide.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Enviado especial de EL TIEMPO
QUIBDÓ, CHOCÓ
Twitter: @LopezJuanDa

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