La discreta estrategia de Duque en un tema que incomoda al uribismo

La discreta estrategia de Duque en un tema que incomoda al uribismo

En sus primeros 100 días de gobierno, el Presidente ha mostrado que quiere cumplir el Acuerdo de Paz

Presidente Iván Duque

La invitación de Duque a  Timochenko a la Casa de Nariño, para la cumbre contra la corrupción,  fue un reconocimiento del Presidente a la Farc como partido.

Foto:

César Carrión / Presidencia.

Por: MARISOL GOMEZ GIRALDO
14 de noviembre 2018 , 02:10 p.m.

Habían transcurrido solo 23 días de su gobierno, cuando el presidente Iván Duque recibió en la Casa de Nariño a Rodrigo Londoño, Timochenko, como uno de sus invitados a la cumbre de partidos que convocó para hacer un Pacto Nacional contra la Corrupción.

La presencia del exjefe guerrillero en el palacio presidencial, que marcó un deslinde de Duque con el ala más radical del Centro Democrático, fue la primera prueba de que el nuevo Presidente de Colombia reconocía en Rodrigo Londoño al director del partido político en el que se transformó la exguerrilla y de que respetaría el Acuerdo de Paz que un sector del uribismo quería hacer “trizas”.

Como Presidente, Duque, además, ha dejado de lado la idea de modificar el Acuerdo de paz para que los exjefes de las Farc con curules en el Congreso tengan que renunciar a ellas cuando sean condenados por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), mecanismo de justicia transicional diseñado para cerrar el conflicto con esa exguerrilla.

Desde que era senador, el actual Presidente había dicho que la participación de los excombatientes en política no podía darse sin que antes pagaran sus penas por los delitos graves que cometieron durante el conflicto armado.

Aunque Duque nunca ha sido explícito en su renuncia a esta idea, su alto comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, le dijo a EL TIEMPO hace unas semanas que, frente a la participación política de los exjefes de las Farc, el Gobierno acoge el concepto de la Corte Constitucional según el cual son los magistrados de la JEP los que determinan si hacen o no compatibles las tareas legislativas de los congresistas de la exguerrilla con las penas que deben pagar.

Si bien el ala radical del Centro Democrático podría ver esto como un desapego de Duque a los postulados centrales del partido que lo llevó a la Presidencia, otros valoran que el mandatario haya atendido la recomendación de respetar el Acuerdo de Paz porque es lo que más le conviene a Colombia.

Alejandro Eder, quien trabajó en los gobiernos de Álvaro Uribe y de Juan Manuel Santos en la Agencia Colombiana para la Reintegración, y quien además hizo parte del proceso de paz de La Habana, fue uno de los que le recomendó a Duque cumplir y dar continuidad a los acuerdos de paz con las Farc.

El Presidente dio un paso contundente en ese sentido el 31 de agosto, cuando, de común acuerdo con el partido Farc, envió al Consejo de Seguridad de la ONU una carta en la que le pidió prorrogar por un año más el mandato de su Misión de Verificación en Colombia.

La Misión del organismo se encarga de monitorear el cumplimiento de la reincorporación social, económica y política de los excombatientes de las Farc y de que se den garantías de seguridad a ellos y a las comunidades.

La decisión de Duque de mantener lo acordado entre Santos y las Farc se manifestó también en las primeras actividades de su Alto Comisionado para la Paz, quien recién iniciado el gobierno recorrió varias de las zonas donde están los excombatientes haciendo su reincorporación para llevar el mensaje de que se daría todo el apoyo a quienes se mantuvieran en la legalidad.

Y de manera explícita, el Presidente ratificó esa determinación --por lo menos en lo que atañe a la participación política y la reincorporación--, durante su primera intervención como Jefe del Estado ante la Asamblea General de la ONU, el pasado 26 de septiembre.

Nuestro gobierno va a trabajar para que el proceso de desmovilización, desarme y reinserción adelantado en los últimos años salga adelante con éxito

En ese foro, la paz de Colombia fue su primer planteamiento de fondo. Se refirió a ella antes de hablar de narcotráfico, la corrupción y Venezuela, los otros tres temas que abordó ante el organismo multilateral.

“Nuestro gobierno va a trabajar para que el proceso de desmovilización, desarme y reinserción adelantado en los últimos años salga adelante con éxito”, dijo Duque.

Y en sintonía con uno de sus pilares de gobierno, la legalidad, enfatizó: “Reitero a esta Asamblea que nuestro propósito, el propósito de Colombia, es cumplirles a quienes han tomado el camino genuino de dejar la violencia”.

El Eln: una prueba a la paciencia

Si la postura de Duque frente al acuerdo de paz con las Farc ha probado su estilo conciliador -desde el día de su triunfo en las elecciones habló de su deseo de terminar con “los odios y las polarizaciones” y de “unir a Colombia”-, su actuación frente al Eln ha puesto a prueba esa característica.

El día que asumió la Presidencia, Duque se dio un plazo de 30 días para decidir la continuación o no de los accidentados diálogos con el grupo armado.
El hecho es que el Presidente ya cumple 100 días de gobierno y no le ha dado un portazo al Eln, pese a que esa guerrilla ha mostrado menosprecio por el proceso de paz con hechos como el asesinato, el 20 de septiembre, de tres geólogos que trabajaban para la minera canadiense Continental Gold (Laura Flórez, Camilo Tirado y Henry Martínez) en Yarumal, Antioquia.

Además, desde hace mes y medio el Eln tiene en su poder a la comerciante de Amagá (suroeste antioqueño) Diana María Toro Vélez.Este domingo 11, es decir 97 días después de haber asumido la Presidencia, Duque dio indicios de que se le está agotando la paciencia con el Eln.

Desde París, pidió a los países donde se encuentren los cuatro jefes de esa guerrilla con circular roja de la Interpol que los detengan y los entreguen a la justicia.

Se refería a Cuba, donde se supone que está el máximo jefe del Eln, Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino, y a Venezuela, donde según varias autoridades están ‘Antonio García’, el segundo al mando de esta guerrilla; Gustavo Aníbal Giraldo Quinchía, alias ‘Pablito’, y ‘Ramiro Vargas’.

Los cuatro pertenecen al Comando Central (Coce) de esa guerrilla y tienen orden de captura internacional.

Si ellos quieren persistir en esta escalada de ataques a la infraestructura, de intimidación, de secuestros, lo único que van a recibir de parte del Estado es toda la capacidad ofensiva y disuasiva

“Si ellos quieren persistir en esta escalada de ataques a la infraestructura, de intimidación, de secuestros, lo único que van a recibir del parte del Estado es toda la capacidad ofensiva y disuasiva, y llevarlos al poder judicial para que respondan por sus crímenes”, afirmó Duque el domingo.

Apenas el viernes ocurrió otro atentado del Eln al oleoducto Caño Limón-Coveñas. Lo dinamitó en el tramo de la vereda La Cañaguata de Cubará ( Boyacá). Según Ecopetrol, en lo que va del año suman 76 los atentados de esa guerrilla contra ese oleoducto, dos cada semana en promedio.

Tras 100 días como Presidente de Colombia, en lo que se refiere a la paz y al control del orden público nacional, Duque tiene dos grandes retos: consolidar la el proceso de reincorporación de los exguerrilleros de las Farc y tomar una decisión definitiva sobre la continuidad o no de los diálogos con el Eln.

El suspenso en el que mantienen las conversaciones de paz con esa guerrilla no se puede prolongar indefinidamente, y menos mientras el grupo armado sigue cometiendo ataques y secuestros.

Para consolidar la paz en Colombia también será necesaria una estrategia eficiente contra los cultivos ilícitos y los narcotraficantes. Se espera que el Presidente anuncie su política antidrogas en los próximos días.

Por MARISOL GÓMEZ GIRALDO
EDITORA DE PAZ Y JUSTICIA – EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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