Lo bueno, lo malo y lo feo de Justicia y Paz / Opinión

Lo bueno, lo malo y lo feo de Justicia y Paz / Opinión

Con muchos detractores, el experimento tuvo importantes aciertos y no pocos yerros.

Desmovilización de las Auc

Justicia y Paz se llamó la jurisdicción que procesó a los paramilitares desmovilizados tras la negociación con las Auc.

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Felipe Amaya. AFP - Archivo EL TIEMPO

Por: Jhon Torres
30 de junio 2020 , 07:38 a.m.

En junio del 2005, y no con poca controversia, Colombia dio su primer paso hacia la justicia transicional: esa que privilegia la verdad y la reconciliación por encima de la cárcel, a pesar de que se trataba de juzgar los más graves crímenes perpetrados en el conflicto interno.

Justicia y Paz se llamó la jurisdicción que procesó a los paramilitares desmovilizados tras la negociación con las Auc. Con muchos detractores, el experimento tuvo importantes aciertos y no pocos yerros. Y más allá de las discusiones ideológicas, es clave analizarlo a la luz de los hechos y los números.

1. Fue un avance histórico: antes, en Colombia ningún proceso de paz contempló algo de justicia para las víctimas del grupo desmovilizado.

2. Es el antecedente directo de la JEP. De hecho, al nuevo modelo de justicia negociado con las Farc se le critica no haber tenido en cuenta las lecciones de Justicia y Paz.

3. No hay muchas sentencias, pero sí penas cumplidas. Los críticos aseguran que fracasó porque el número de condenas (poco más de un centenar) es bajo frente al número de procesados (casi 5.000). Siendo esto así, los que se acogieron estuvieron en prisión los 8 años de pena máxima del modelo, con lo cual no podría asegurarse a rajatabla que no hubo justicia.

4. La verdad mostró la cara. Con 7.587 cuerpos recuperados de fosas comunes con información entregada por los ‘paras’, miles de familias pudieron al menos enterrar a sus muertos. Los desmovilizados confesaron más de 80.000 crímenes. Y las confesiones de la ‘parapolítica’ sacudieron como nunca antes el Congreso y las bases del poder regional, y llevaron a un centenar de condenas dictadas por la Corte Suprema.

5. Lo que faltó. Las fortunas ilegales amasadas por los jefes ‘paras’ no aparecieron para la reparación. La falta de castigo efectivo para los que mintieran –aplicación inmediata de las penas ordinarias, de hasta 60 años de cárcel– dio pie a aberraciones como el llamado ‘cartel de testigos’: el sistema de extorsión basado en la amenaza de involucrar a cualquier persona con los crímenes de las Auc. Y la verdad total sobre el paramilitarismo en el país está aún lejos de haberse revelado.

JHON TORRES
Editor de EL TIEMPO
En Twitter: @JhonTorresET

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