Las lecciones de la caída de Botero / Opinión

Las lecciones de la caída de Botero / Opinión

Su caída tiene gran impacto en el ajedrez político, que pinta harto complicado para el Gobierno.

Guillermo Botero

Guillermo Botero durante el debate de moción se censura en su contra.

Foto:

Héctor Fabio Zamora. EL TIEMPO

Por: Jhon Torres
11 de noviembre 2019 , 11:04 p.m.

La renuncia forzada del mindefensa Guillermo Botero tuvo un catalizador nada inusual en otras crisis relacionadas con los temas de seguridad y orden público: el precario manejo de la información que debe ser entregada a todos los ciudadanos.

La muerte en un bombardeo de ocho menores de edad reclutados por las disidencias –sobre la que inexplicablemente el país no tuvo noticia hasta el debate de moción de censura contra Botero– debió dar pie a que el Estado denunciara ante las instancias correspondientes cómo los grupos irregulares siguen violando flagrantemente las normas del DIH. Pero terminó generando un escándalo que, al final, dejó sin margen de maniobra a un ministro que venía de salida.

La caída de Botero, en sí misma, tiene su mayor impacto en el ajedrez político, que pinta harto complicado para el Gobierno. Pero las repercusiones en materia de seguridad nacional pueden ser incluso más complejas. Así, por cuenta de la omisión en la información, quedó en la mitad del debate político el uso de los bombardeos, el arma que cambió el curso del conflicto interno en Colombia y que sigue siendo una opción válida frente a la magnitud de las amenazas que representan para el país tanto el Eln como las disidencias y las bandas criminales.

La versión del exministro de que solo se enteró la semana pasada de la muerte de los menores convertidos en carne de cañón por alias Gildardo es preocupante por donde se mire. O sí lo supo antes y optó por no comunicarlo al país o en verdad no tenía idea, lo que supone un nuevo revés para la inteligencia militar. Esto porque, recogiendo la versión oficial, no se enteraron de la presencia de un alto número de adolescentes y de una niña de 12 años en el lugar antes del bombardeo; y porque, supuestamente, nadie en el sector Defensa oyó del dictamen de Medicina Legal durante dos meses largos, hasta el debate.

En asuntos de conflicto y seguridad, la realidad suele ser descarnada. Pero es la realidad, y el país tiene el derecho de conocerla; y las autoridades, la obligación de comunicarla.

Este caso –y otros como el del grafitero Diego Felipe Becerra, muerto a manos de un policía en Bogotá en el 2011, o el del asesinato del desmovilizado Dímar Torres por una patrulla militar– les debe recordar a ministros y generales que no hay victoria posible sin transparencia.

JHON TORRES ​@JhonTorresET

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