La familia con el karma de la violencia

La familia con el karma de la violencia

Desde hace 20 años, tras la última masacre, la familia de Mariluz Amaya ha perdido cinco allegados.

Mariluz Amaya Torres

Mariluz Amaya Torres, desplazada por un tiempo a Puerto Berrío–, desde que su cuñado, César Manuel Barroso, fue asesinado por los paramilitares el 28 de febrero de 1999.

Foto:

Archivo particular

Por: Erick González G.
09 de abril 2019 , 11:11 a.m.

“Lo jodido es la primera bomba. Después uno se va acostumbrando”, lo dice el afamado cronista argentino Martín Caparrós en su texto Belgrado la guerra moderna, que dio a luz cuando inscribió su primera guerra en su currículum, luego de convencer a la revista Veintiuno de enviarlo al conflicto de los Balcanes por allá en el 99.

Lo difícil es el primer muerto. Después uno se va acostumbrando”, lo dice cualquiera que ya haya matado a alguien, sea policía, militar o sicario, cuya carrera lo ha obligado a inscribir en su hoja de vida el historial de muertos a su haber.

Lo verdaderamente jodido o difícil es poner el primer muerto o varios muertos de su propia familia. Nadie se acostumbra. Lo dice cualquiera a quien la injusticia, el crimen o la guerra lo han empujado a inscribirse como víctima de un conflicto, de la violencia o de la delincuencia.

Este último párrafo lo ha vivido Mariluz Amaya Torres –de 37 años, de Barrancabermeja, desplazada por un tiempo a Puerto Berrío–, desde que su cuñado, César Manuel Barroso, fue asesinado por los paramilitares el 28 de febrero del 99.

En ese entonces Mariluz todavía pasaba al pizarrón en el colegio Camilo Torres, su hermana era ama de casa y su cuñado, comerciante de electrodomésticos y vendía cuadros. Ya había pasado la masacre del 16 de mayo de 1998, en la que los paramilitares asesinaron a 32 personas. De esa tragedia solo quedaba el rumor de otra futura matanza, porque nunca se escuchó una amenaza que certificara lo que pasó el 28.

Era un domingo de ciclovía y bazar para recoger fondos con el fin de pavimentar una calle del barrio, el primero de una serie de actividades programadas para ese propósito.

Ese día de reflexión, César Manuel lo endosó al trabajo y se fue a Puerto Wilches con su primo William Rojas. De regreso, decidieron gastar lo que sobraba de la tarde tomándose unos refrescos en el estadero El Rancho, una especie de bailadero de la época.

Allí llegaron los paramilitares. Testimonian que los primos tuvieron la mala fortuna de ocupar la mesa más cercana a la entrada del lugar; que William recibió un balazo en la mano por querer demostrar que eran personas de bien a unas personas de mal. Que a él lo pusieron boca abajo y a César Manuel, boca arriba, y que los acribillaron.

El 13 de febrero del 2000, mi abuela murió por la explosión de una bomba en el barrio Santa Ana, cuando barría la acera en frente de su casa

Ese fue el inicio de una sucesión de infortunios. Al año siguiente, “el 13 de febrero del 2000, mi abuela murió por la explosión de una bomba en el barrio Santa Ana, cuando barría la acera en frente de su casa. Ese día sería la última vez que hablaría con mi hermana, María Yesenia Amaya, esposa de César Manuel”, recuerda Mariluz.

Y eso pasó simplemente por ser cónyuge de alguien que murió masacrado por ellos. “A principios de febrero de ese año citaron a mi hermana por teléfono y se la llevaron, junto con su hija Leidy, a Bucaramanga y luego al sur de Bolívar”, añade Mariluz.

Cuando estalló la bomba, María Yesenia habló con Mariluz para comunicarle que se retornaba a Barranca por aquello de las exequias, pero otra llamada después le avisó que de regreso la habían capturado los paramilitares por Morales, en el sur de Bolívar, y que la iban a matar.

Hasta allá viajaron con su madre. Al arribar los paramilitares se las llevaron a un lugar llamado Rancho de Lata. No hubo rezo ni compasión que les regresara a su hermana; solo les devolvieron a Leidy, pero les dijeron que chito, para garantizarles la no repetición. La hija solo recuerda el machetazo que le dieron a su mamá.

Pero mi padre declaró, y por eso lo mataron el 9 de junio del 2000”, afirma Mariluz. Ese día unos encapuchados, como si fueran un Ku Kux Klan santandereano, llegaron a la casa donde vivía con su madrastra y se lo llevaron. Casi lo acribillan en frente de los hijos de su hermana, César y Leidy, pero solo cambiaron el lugar del guion de la represalia: se lo llevaron y lo asesinaron en el Campestre, un barrio distante de su casa.

Ese día, haciendo caso omiso a su embarazo, con su hermano arrancaron en moto a buscarlo, pero él la bajó después. Se puede imaginar no haber nacido y ya tener semejantes enemigos. Entonces pasó por un compañero de la Universidad, con quien estudiaba ingeniería de producción, para que lo ayudara a buscar a su padre.

Ese arrojo le costaría unas heridas de bala y la vida del amigo, por los lados del puente elevado, y no se sabe si también la del tío de Mariluz, asesinado al mes siguiente. “Trabajaba en el seguro social, y era uno de los ejes principales de la casa. Le hicieron el atentado en julio y murió a los tres días”.

No se podía demandar. “En boca cerrada no entran moscas”, dicen por ahí, así que decidieron marcharse a otro municipio. Se fueron adonde unos familiares, pero el peligro los seguía como un mal karma: también era zona paramilitar, y los tenían en el radar, así que con resignación y la fe puesta en la señal de la santa cruz se regresaron a Barranca.

Luego de 20 años Mariluz vive con sus hijas y su sobrina Leidy; su hermano, con su madre, en otro municipio, y se dedican al comercio. Hace unos años, el Gobierno les dio un dinero por lo de su papá.

Pese al tiempo, no se acostumbran a esos recuerdos ni a una que otra amenaza. “Mi hermano y mi madre, por iniciativa propia, han recibido mucha atención psicológica por culpa de esos atentados”. La zozobra no los abandona, y cualquiera entiende que eso es lo difícil.

Dos incógnitas rondan a toda su familia: “saber qué pasó con mi hermana y por qué tanta violencia con nosotros”. Saber ese designio kármico es lo jodido.

ERICK GONZÁLEZ G.

Descarga la app El Tiempo. Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias. Conócela acá

Empodera tu conocimiento

Logo Boletin

Estás a un clic de recibir a diario la mejor información en tu correo. ¡Inscríbete!

*Inscripción exitosa.

*Este no es un correo electrónico válido.

*Debe aceptar los Términos y condiciones.

Logo Boletines

¡Felicidades! Tu inscripción ha sido exitosa.

Ya puedes ver los últimos contenidos de EL TIEMPO en tu bandeja de entrada

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.