‘Hay cierta nostalgia de la guerra en voces radicales’

‘Hay cierta nostalgia de la guerra en voces radicales’

Para Humberto de la Calle hay disonancia entre lenguaje de Duque y sus decisiones frente a la paz.

Humberto de la Calle

Humberto de la Calle.

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Leonardo Muñoz / EFE

Por: Marisol Gómez 
11 de febrero 2019 , 08:03 p.m.

El excandidato presidencial y exjefe de la delegación que negoció la paz con las Farc, Humberto de la Calle, está alejado de la política, pero sigue activo, observando lo que está ocurriendo frente a la paz y la coyuntura nacional.

En esta entrevista con EL TIEMPO, De la Calle afirma que ve confusión en el gobierno de Iván Duque y que el Presidente debe aclarar su posición para lograr el acuerdo nacional que ha promovido.

Al referirse a lo ocurrido con la carta de Santrich, usted dijo que el hecho superaba a Macondo. ¿Cree que fue producto de inexperiencia en el Ministerio de Justicia o que tuvo alguna intencionalidad?

No deseo especular. Hay colombianos que piensan que es un hecho deliberado, pero como suele ocurrir en Colombia, caben teorías en uno u otro sentido: que fueron los del lado de Santrich, para que no llegaran las pruebas; o los enemigos del diálogo, para desacreditar a la JEP. El hecho es que sí hubo una ausencia de verificación por parte del Ministerio de Justicia, difícilmente justificable.

Usted ha criticado el desconocimiento del Gobierno de los protocolos firmados con el Eln para la salida de su delegación de Cuba. ¿Qué salida le ve a esto?

Aunque muchos piensen que ante el carácter horrendo del ataque terrorista, el Eln no merece que el Estado cumpla su palabra, hay un choque de valores. La necesidad de castigo, de un lado, y la palabra empeñada, del otro. Ante una violación, por grave que sea, el Estado no puede responder con violaciones adicionales. Sería tanto como justificar la tortura. El Estado colombiano, y no solo el Gobierno, está obligado no solo por los protocolos, sino por algo superior: el Primer Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra, que prohíbe acudir a la perfidia en medio de la guerra.  Proscribe los actos que invitan a la fe de un adversario y que le llevan a creer que tiene un derecho, para luego proceder a su captura. La decisión del Gobierno no solo es reprochable en lo conceptual, sino en lo práctico, no solo hiere de muerte nuevas conversaciones, sino que conduce a una sin salida. Ya se sabe que los garantes, y otros países respetables, condenan la decisión de Colombia. ¿Cómo sortear esto? El Eln propuso sentarse a renegociarlos. No lo veo fácil.

¿Qué opina de la campaña de desprestigio contra la JEP que ha protagonizado un sector del Centro Democrático?

Es muy grave. La JEP es una de las vigas maestras de la consolidación del proceso. Hay resistencias, algunas por prejuicios porque los miembros de la JEP no pertenecen a las filas tradicionales de la jurisdicción. Otras, por temor a la verdad. Yo espero que con las decisiones de fondo de la JEP contra los diversos responsables el panorama se despeje, al menos para quienes miran esto de buena fe. Pero lo que me preocupa es que si se piensa que una de nuestras violencias fue violencia buena, la distancia que tenemos que recorrer es más grande de lo que pensábamos. La clave es permear la sociedad con esta idea: ni hay violencia buena, ni hay victimario bueno.

Frente a Venezuela,
creo que Colombia tiene que utilizar un lenguaje firme, pero no coquetearle a la posibilidad del uso de las armas

¿Cómo ve al Gobierno frente a los acuerdos de paz con las Farc, que usted ayudó a sacar adelante?

Todavía hay un grado de incertidumbre. El Presidente no ha utilizado un lenguaje pugnaz, en París defendió el acuerdo. El doctor (Emilio) Archila ha dicho cosas atinadas. Pero hay hechos que generan dudas. No se ve clara la voluntad de convertir en realidad la reforma rural, la apertura política es muy tímida, algunos nombramientos parecieran satisfacer intereses radicales. Y ahora el nuevo director del Centro de Memoria Histórica revive la teoría de que en Colombia no ha habido conflicto armado interno. Grave e ilegal afirmación.

¿Qué otros nombramientos le parece que responden a la idea de satisfacer intereses radicales?

Uno no debe prejuzgar a las personas, pero en el tema de tierras, por sus antecedentes, la señora Claudia Ortiz (directora de la Agencia de Desarrollo Rural) no parece ser la más amiga de la reforma rural.

Hay quienes piensan que por los bajos índices de popularidad del presidente Duque, reflejados en las encuestas, comenzó a gobernar el ala radical del uribismo. ¿Qué piensa usted?

Reafirmo que veo confusión. Todo gobierno está sujeto a tensiones internas, pero hay actitudes difícilmente compatibles con el cumplimiento leal del Acuerdo del (Teatro) Colón. Y si, además, se busca un pacto nacional, esto no será posible mientras el panorama no se aclare. Pero lo que me parece un contrasentido es una cierta nostalgia de la guerra en voces radicales. Aquí vamos a tener nuevos desafíos. Mire lo del Eln, para el Gobierno, pero sobre todo para la sociedad colombiana, lo elemental es quitarle combustible al incendio, en vez de tratar de apagarlo con gasolina. Consolidar lo logrado en vez de destruirlo.

¿Ve a Duque titubeando entre satisfacer intereses radicales de su partido y cumplir los acuerdos?

En cuanto al cumplimiento de los acuerdos, él ha sido consistente en decir que va introducir modificaciones. Yo no estoy de acuerdo, pero esa es la posición que ganó. Tampoco es que sea el único Presidente que tiene problemas dentro de su gobierno, pero en el caso del doctor Duque sí hay cierta disonancia entre su lenguaje, que no es tan agresivo como algunos temíamos, y las decisiones, que van en otra vía. Creo que hay un conflicto interno en el Gobierno y que para la idea del doctor Duque de lograr un acuerdo nacional, primero necesitamos aclarar cuál es la posición del Gobierno.

No se ve clara la voluntad de convertir en realidad la reforma rural, la apertura política es muy tímida, algunos nombramientos parecieran satisfacer intereses radicales

Y el presidente Duque debe aclarar eso…

Sí, porque en este momento todavía hay incertidumbre. La verdad es que no sabemos exactamente hacia dónde vamos.

Iván Márquez y el ‘Paisa’ están prácticamente por fuera del acuerdo de paz. ¿Atribuye eso al radicalismo de Márquez o cree que tiene alguna razón?

Siempre dije que había riesgos de fraccionamientos, de disidencias, eso pasa en todos los procesos. Puede haber miembros de las Farc que prefieran continuar en la delincuencia, y particularmente se sientan atraídos por el narcotráfico. Pero también, desde su campaña, el mensaje del Centro Democrático fue que iba a cambiar los acuerdos. Le doy la razón a Márquez en que los cambios son la revocatoria de decisiones tomadas de común acuerdo. Hubo incumplimientos graves del Estado sobre temas centrales como la reforma rural, toda Colombia sabe que no hay buen ambiente para la reforma rural, y la reforma política es una timidez. Pero lo que Márquez debe hacer no es huir o desaparecer, sino dar la cara, él debió ir al Congreso.

Timochenko y otros jefes se mantienen en la política…

Puede haber diferencias internas, pero en mi opinión, a la sociedad colombiana le conviene que las Farc, de manera unificada, continúen en el acuerdo. Dividir a las Farc genera riesgos para el país, deberíamos dar por terminada esta página de las Farc, consolidar el acuerdo y prepararnos porque aquí se vienen cosas graves. Lo que está pasando con el Eln nos puede someter a más de una década de terrorismo y luego va a haber agitación de muy distinta naturaleza. Lo que puede haber es más conflictos en el futuro, y es un error no consolidar lo que tenemos, en eso hay una equivocación histórica y es lo que muchos colombianos no están entendiendo.

¿Y cómo ve la posición del Gobierno colombiano frente a la crisis que está viviendo Venezuela hoy? 

Estoy de acuerdo con el Gobierno en promover un cambio en Venezuela. Eso le conviene a Colombia, no solo por la consolidación de la democracia en la región, sino por la protección que Venezuela le brinda al Eln. Lo que me parece es que Colombia no debe estar en la posición de liderazgo, porque nuestra situación es mucho más vulnerable que la del resto de Latinoamérica. Yo hubiera imaginado a Colombia muy firme, pero en el pelotón, no cortando el viento en primera línea, porque eso le da realce al doctor Duque, pero genera riesgos por la condición de ser vecinos de Maduro. Estoy en total desacuerdo con las voces de guerra, eso es muy peligroso. Sería un desastre para Venezuela y para Colombia. Creo que Colombia tiene que utilizar un lenguaje firme, pero no coquetearle a la posibilidad del uso de las armas.

¿Siente al Gobierno colombiano en primera línea en la amenaza de intervención militar y no le parece conveniente?

No me parece conveniente, ese papel lo pueden hacer otros mandatarios que no tengan los mil kilómetros de vecindad con un régimen tan oprobioso como el de Maduro.

Voy a seguir luchando por la paz, pero realmente no tengo intereses electorales

Finalmente, quiero su opinión sobre un tema electoral. Fajardo se retractó de su decisión de no volver a la política y dijo que podría ser candidato presidencial en el 2022. ¿Cómo se ve usted en el 2022?

Yo entiendo la decisión de Fajardo, que era inevitable. Finalmente, cuatro millones de votos, como él bien lo ha dicho, son también un compromiso. A veces no son decisiones personales, sino compromisos. Mi caso es muy distinto, porque la votación mía fue tan exigua y fue tan grande mi derrota que yo no me veo en actividad. Voy a seguir luchando por la paz, pero realmente no tengo intereses electorales.

¿Y qué opina de la decisión de los hermanos Galán de dar la pelea jurídica para revivir el Nuevo Liberalismo?

Me parece conveniente que existan voces como las de los hermanos Galán en la política colombiana, sería lastimoso que esas voces desaparezcan del escenario público.

¿No importa que el Nuevo Liberalismo sea de alguna manera una escisión del Partido Liberal?

Yo los respaldo en que su voz se mantenga. La discusión jurídica reglamentaria, realmente no me interesa. Lo importante es que son voces renovadoras que no se deberían desaparecer

MARISOL GÓMEZ 
EDITORA DE JUSTICIA Y PAZ @MariGomezGirald

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