Fuerzas en marcha / Opinión

Fuerzas en marcha / Opinión

La politóloga Juliana Mejía Peláez habla sobre el panorama social en Colombia. 

Protestas

Durante los últimos días hubo una serie de protestas en todo el país. 

Foto:

AFP

Por: Juliana Mejía Peláez
24 de septiembre 2020 , 11:51 p. m.

Antoine de Saint-Exupéry decía: “En la vida no hay soluciones, sino fuerzas en marcha”. La historia del país ha estado marcada por fuerzas en marcha que, en la mayoría de los casos, vinieron acompañadas no solo de cambio, sino también de rabia, resentimiento y violencia. Sentimientos que se han logrado contener, en alguna medida, gracias a acuerdos políticos, como el Frente Nacional, la Asamblea Nacional Constituyente y los acuerdos de paz con los diferentes grupos armados.

Esto ha hecho que la historia reciente del país haya girado alrededor de dos ejes: violencia y acuerdos. No obstante, pese a estar anclados en ese círculo vicioso, hemos tenido mejoras en indicadores sociales que han permitido un avance en espiral.

Hoy nos encontramos frente a una nueva fuerza en marcha que promueve cambio, impulsada por las nuevas generaciones (millennials y centennials). Generaciones disruptivas, con mayores niveles de educación, más analíticas, innovadoras, pero, sobre todo, más irreverentes y retadoras. Generaciones muy sensibles a las problemáticas mundiales, que conciben el mundo como una “aldea global” y ven al hombre como una sola especie.

En lugar de fronteras, ven ríos, montañas y bosques. En lugar de etiquetas y colores de piel, ven seres humanos. Se sintonizan profundamente con todo tipo de injusticias (discriminaciones, brechas de género, migraciones, minorías, etc.) y rodean causas como el aborto, el matrimonio de personas del mismo sexo, etc.

Sienten que el mundo se está cayendo a pedazos y que en sus manos está la obligación de solucionar los problemas que dejaron las generaciones anteriores.

Son una fuerza de cambio que promueve ideas sobre las que la mayoría podemos converger, como la protección del medioambiente y el respeto a los recursos de uso común del planeta, pero traen otros que prometen generar polémica.

Hablan de desigualdad y no de pobreza, lo que evidencia que lo más relevante no es ‘cómo estoy yo’, sino ‘cómo estoy con respecto a los demás’; adjudicándoles a los temas de justicia y equidad una importancia que antes no tenían.

A los jóvenes se les vendió la promesa de que con educación podían conseguir todo lo que se propusieran. Sin embargo, cuando salieron a buscar trabajo, muchos endeudados, se encontraron de frente con una desaceleración económica que ha reducido las ofertas laborales y ha cerrado la brecha entre las remuneraciones de quienes tienen educación superior y quienes no.

Estas generaciones desconfían de las instituciones, partidos y políticos. Perciben al Gobierno como incapaz, indolente y corrupto. Nuevamente hay una comparación con el otro, cuando tienen la sensación de que hay una élite que no pasa los mismos trabajos que la mayoría.

Es muy preocupante la percepción que tienen sobre el Estado cuando ejerce su función de control: más que una autoridad legítima capaz de poner orden, lo perciben como un Estado “opresor” que no les quita la mano de encima.

Pese a que estas generaciones abrazan la diversidad, muchas veces carecen de tolerancia y disposición para escuchar y comprender la posición del que piensa diferente. Las pasiones parecen estar por encima de las ideas. Olvidan que el debate de pensamientos disímiles más que opacar las ideas, las engrandece. Churchill les diría “valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar”.

Nos corresponde tener los ojos bien abiertos y entender hacia dónde van estas nuevas fuerzas en marcha que se están abriendo camino para encauzar esas voluntades de cambio hacia una evolución positiva en la que todos quepamos, sin importar qué tan distintos seamos o pensemos.

No podemos cometer los errores del pasado, cuando la falta de escucha y reconocimiento llevó a que estas fuerzas llegaran con rabia y odio y marcaran de sangre y cicatrices la historia del país.

JULIANA MEJÍA PELÁEZ
Politóloga

Descarga la app El Tiempo

Noticias de Colombia y el mundo al instante: Personaliza, descubre e infórmate.

CONOCE MÁS
Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.