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Madres, pilotos, instructoras, técnicos: son las mujeres en la FAC
Mayor y capitán de la FAC

La mayor Mabel Rocío Rodríguez (Izq), y la capitán Yuli Mariel Ospina (Der), hacen parte del personal de la base militar de Apiay.

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Mauricio Moreno. EL TIEMPO

Madres, pilotos, instructoras, técnicos: son las mujeres en la FAC

Tres historias que demuestran el papel preponderante de la mujer en una institución militar.

El Comando Aéreo de Combate n.º 2 de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) está ubicado en la vereda Apiay, en la vía que de Villavicencio conduce a Puerto López, en Meta.

Desde esta unidad militar se han coordinado y desarrollado grandes operaciones contra los grupos armados, las cuales se fundamentan en bombardeos ya que este lugar concentra el personal –pilotos, analistas de inteligencia, técnicos e instructores– que está al frente de los Súper Tucano, que son los aviones de combate que se usan para ese fin

En la FAC, las mujeres han tenido un papel protagónico en asuntos de orden público y administrativo, en todos los rangos y especialidades. De las 742 uniformadas que hay en la institución, 97 forman parte del cuerpo de vuelo, es decir, son pilotos de combate, transporte y helicópteros.

La mayor Mabel Rocío Rodríguez Cely, de 35 años, es una las oficiales que viven y trabajan en la base militar de Apiay. Nació en Duitama, Boyacá, y es la segunda de cuatro hermanas.

Sobre su trabajo no está autorizada para hablar, solo señala que viaja –hasta 15 días en comisión– como parte de la tripulación de las aeronaves, lo que en su argot se conoce como navegante tripulante. Tiene a su cargo el manejo de información muy sensible y junto con su grupo se desplazan a otras zonas para prestar apoyo en misiones y operaciones.

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Mabel asegura que es muy unida con sus hermanas: “En medio de la pandemia nos comunicamos muy seguido por videollamadas”. Por ser mujeres, sus padres las cuidaban y protegían mucho, pero a la vez les inculcaron ser “berracas y fuertes para enfrentar la vida”, señala.

La oficial recalca que sus padres, ambos docentes, las criaron con buenos ejemplos, con mucha responsabilidad, y que por ello fue buena estudiante y se graduó del colegio Salesiano a los 16 años.

“Tengo que ser sincera, yo no soñaba con ser piloto, pero sí me gustaba la vida militar, la mística, la disciplina y el uniforme. Mi papá se emocionó mucho con la idea, pero mi mamá dijo: ‘No va a entrar. Eso es cosa de hombres’, y aquí estoy. Llevó 18 años en la institución”, relata esta joven mujer.

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En medio de la pandemia, desde Acción Integral se está coordinando la entrega de ayudas humanitarias en Mitú o Mapiripán, además de donaciones de mercados a la comunidad vulnerable

Mabel, quien juega baloncesto y trota, asegura que su ingreso a la Escuela Marco Fidel Suárez en Cali, donde se forman los oficiales de la FAC, no le dio duro, y estando allí le picó el bicho de ser piloto, pero su estatura no le permitió postularse para el curso de vuelo.

Yo mido 1,62 metros, y en esa época la estatura mínima era de 1,65 metros, así que, algo desilusionada, me enfoqué en otras opciones”, afirmó.

Durante los primeros cuatro años en la Escuela se fue por la Ingeniería Mecánica, y se encaminó, en el 2007, como navegante tripulante. “Esa especialidad la recibí en la base de Palanquero, y después tomé otro curso de 200 horas para trabajar a bordo del avión AC-47 o Fantasma”, señaló con mucho orgullo.

Además, desarrolla su labor como analista en “dos autonomías”, en el AT 29, que es el Súper Tucano, y en el Schweizer, que es un avión SA-237.

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En Palanquero conoció al hombre con el que se casó: otro oficial. Fueron trasladados a Barranquilla, donde vivieron cinco años. “Mi mayor alegría y orgullo es mi hijo, Miguel: tiene 9 años y es mi todo”, afirmó la mayor.

Esta mujer, que adora las pastas y el postre de tres leches, divide su tiempo como madre cabeza de familia y profesional en la base, donde además es la encargada del área de Acción Integral.

“En medio de la pandemia, desde Acción Integral se está coordinando la entrega de ayudas humanitarias en Mitú o Mapiripán, además de donaciones de mercados a la comunidad vulnerable de las veredas, donaciones de agua al personal de la salud”, señaló la mayor.

Relató que su hijo, que cursa cuarto de primaria, se ha adaptado al sistema de recibir clases virtuales. “Admiro mucho a los profesores, han logrado que los niños se mantengan concentrados y activos en las clases”, afirmó Mabel, quien es seguidora de la Selección Colombia, pero apoya la pasión de Miguel por el Real Madrid y su ídolo Ronaldo.

Solo esperamos que cuando todo vuelva a la normalidad, pueda salir con mi hijo y hacer nuestros recorridos y visitas. Por ahora gozamos de estar juntos y de la compañía de nuestros dos gatos”, concluyó con una gran sonrisa.

Instructora de vuelo

Otra es la vida de la capitana Yuli Mariel Ospina Pérez, que a sus 30 año es una de las cinco instructoras de vuelo –de ala fija, avión– de la FAC. Ha tenido a su cargo la instrucción de 10 pilotos, dos de ellos, de combate.

Nació en Sogamoso, Boyacá, y es la segunda de tres hermanos. Sus padres, María y Sadot, asegura, le dieron el mejor regalo de su vida: el nacimiento de su hermana 10 años menor que ella, “quien se convirtió en su muñeca y su bebé para jugar”.

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Yuli se describe como buena estudiante. Se graduó a los 16 años del Colegio Técnico Industrial Gustavo Jiménez y fue precisamente en una feria universitaria en el colegio que se inclinó por entrar a la FAC.

Ingresé a los 16 años a la Escuela, todo me motivó, terminé Ingeniería Informática y recibí las primeras nociones de aeronáutica, meteorología y materias relacionadas”, recuerda.

Para agosto del 2011, recién graduada, recibió el curso primario para pilotear una aeronave. “El entrenamiento me lo dieron en un Beechcraft T-34 Mentor. Es un avión pequeño en el que me familiaricé con tráfico, despegar, aterrizar, con la altura, velocidad y maniobras, entre otros factores”, señala la oficial. Al mes tuvo su primer vuelo sola: “Me temblaban las piernas, estaba muy nerviosa y fue un día duro, pero lo logré. Completé 24 misiones”, resalta.

El entrenamiento me lo dieron en un Beechcraft T-34 Mentor. Es un avión pequeño en el que me familiaricé con tráfico, despegar, aterrizar, con la altura, velocidad y maniobras

En diciembre de ese mismo año tuvo sus primeros acercamientos con los Tucano: “Son más rápidos, y con ellos recibí dos entrenamientos más sobre maniobras de acrobacia y formación”, explicó la piloto.

Algo que la deslumbró por la sensación es el giro loop, que es girar 360 grados sobre su propio eje y que permite sentir la fuerza g, o fuerza de gravedad, algo así como sentir la presión de su propio cuerpo 3 veces en unos 15 segundos. Para el 2012, Yuli era copiloto de C-295, que es un avión de transporte grande.

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“En esa época se prestó apoyo por el paro campesino, y casualmente tuve que ir a Sogamoso. Se podrán imaginar la felicidad y orgullo de mis padres”, señala con un brillo en sus ojos al pensar en su familia.

En octubre del 2013 dio el gran paso y logró ser piloto del avión de combate T-27 Tucano, y concretó 200 horas como comandante de la aeronave.

En el 2015 se convirtió en una de las cinco instructoras de vuelo de avión con las que cuenta la FAC. En su caso, de Tucano. “Mi objetivo es ser muy hábil para transmitir a los jóvenes el conocimiento sobre este tipo de aeronaves”, dijo la capitana, al resaltar que la primera fase de instrucción que brinda “es conocer el sistema del avión en tierra”.

Precisamente, la oficial Ospina hizo parte de la revista aérea con la que la FAC les rindió un homenaje a los símbolos patrios y a los colombianos este 20 de julio.
En la base de Apiay, Yuli comparte su vida con Snow, un perro de raza husky siberiano que la acompaña desde hace año y medio. Esta mujer, que pilotea aviónes que alcanzan velocidades de hasta de 350 kilómetros, dice que tal y como es su vida se siente realizada.

Técnico cuarta FAC

La técnica cuarta Leydy Andrea Chaparro, se encarga del mantenimiento de las aeronaves.

Foto:

Mauricio Moreno

Encargada del mantenimiento

Cuando tenía 10 años, Leydy Andrea Chaparro decidió que ingresaría a la Fuerza Aérea. La motivación venía de su papá, Germán Chaparro, quien se pensionó hace unos años en el grado de técnico subjefe.

“Siempre estuve muy orgullosa de la labor que desempeñaba, su disciplina y entrega a la FAC, y por eso quise seguir sus pasos”, asegura Leydy, quien a sus 25 años hace parte del selecto grupo de personas encargadas en Apiay del mantenimiento de los poderosos Súper Tucano.

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“Yo me le mido a todo. Me encargo del balanceo dinámico de la hélice, es un proceso que hay que hacer con la aeronave prendida”, señala con propiedad, al resaltar que además verifica el funcionamiento del sistema hidráulico, que garantiza que no haya problemas en el aterrizaje de estos aviones de combate.

Leydy, que lleva seis años en la institución, está en el grado de técnica cuarta, empezando su carrera militar, la cual comenzó con pie derecho, pues es la única mujer en un grupo de 18 personas que se encargan de mantener en las mejores condiciones de operación estas aeronaves, que están continuamente en operaciones.

Es una gran responsabilidad, estos aviones deben estar en su máxima potencia, por la vida de los pilotos y por la labor que desempeñan”, afirmó la técnica.

La suboficial es la mayor de tres hermanos. Uno de ellos tiene una condición especial, lo que los llevó a radicarse en Villavicencio. “El clima era mucho mejor para la salud de mi hermano”, explica, y por eso se graduó del colegio Cofram en la capital de Meta.

Y ese es mi reto diario, demostrar que puedo hacerlo y hacerlo bien. No es fácil, pero lucho día a día por dar lo mejor

Leydy es bogotana, hincha de Millonarios y prefiere levantarse temprano para preparar su almuerzo. “Me gusta la comida casera”, señala, al ratificar que su papá le inculcó que “para lograr algo hay que trabajarlo con disciplina y empeño”.

Estando en la Escuela fue seleccionada para especializarse en el sistema hidráulico de las aeronaves de combate. Este curso la llevó a permanecer tres meses en San Antonio, Texas (EE. UU.).

“Sé que al principio me miraban con desconfianza. Es un trabajo para hombres. Y ese es mi reto diario, demostrar que puedo hacerlo y hacerlo bien. No es fácil, pero lucho día a día por dar lo mejor”, asegura Leydy, quien sabe que se ha ganado el respeto de sus compañeros, de quienes afirma: “Son unos caballeros. He sentido su apoyo”.

Esta profesional también está pendiente del funcionamiento del sistema de oxígeno y de aire acondicionado, los cuales, a más de 10.000 o 15.000 pies, son vitales para garantizar que los pilotos no tengan ningún contratiempo.

ALICIA LILIANA MÉNDEZ
JUSTICIA
En Twitter: @JusticiaET

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