¿Es viable reconstruir las Farc?

¿Es viable reconstruir las Farc?

Eduardo Pizarro, expresidente de Comisión Nacional de Reparación, habla de disidencia de ‘Márquez’.

¿Es viable reconstruir las Farc?

En el tercer video de los exjefes de las Farc que se rearmaron, ‘Iván Márquez’ anunció la creación de un movimiento político clandestino.

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Archivo / EL TIEMPO

Por: Eduardo Pizarro Leongómez
23 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

El 29 de agosto de este año al amanecer, ‘Iván Márquez’ y ‘Jesús Santrich’, al lado de otros antiguos miembros de las Farc, anunciaron mediante un video de 32 minutos su retorno a la lucha armada, bajo denominación de Farc-ep (La segunda Marquetalia). “Nos obligaron a regresar al monte”, afirmó en aquel video ‘Márquez’, intentando revivir su mito fundacional de 1964.

La reacción inicial en el país fue de pánico. No solamente este anuncio podía significar el total fracaso del proceso de paz de La Habana con este grupo guerrillero, sino también el agravamiento del orden público gracias a la unificación de los múltiples grupos reincidentes de las Farc (o, como los denomina el Ministerio de Defensa, “grupos armados organizados residuales”). Es más. En el discurso florido y retórico de ‘Iván Márquez’ se anunciaba, además, un posible acuerdo con el Eln.

Sin embargo, a medida que fueron pasando los días, el dramático anuncio de ‘Márquez’ fue perdiendo fuerza, al menos, por tres motivos fundamentales.

En primer término, de los 23 grupos reincidentes de las Farc que están repartidos a todo lo largo y ancho del país –en especial, en las zonas de frontera–, la mayoría tienen ya más un carácter mafioso que político. Difícilmente, sus jefes van a querer volver a una disciplina de mando vertical cuando ya tienen su propio poder territorial y aseguradas sus fuentes de financiamiento ilegal. Prefieren ser cabezas de ratón que cola de león. El único que se ha pronunciado a favor de ‘Iván Márquez’ ha sido el líder del frente 28 ‘José María Córdoba’ de las disidencias de las Farc, ‘Antonio Medina’, el cual opera en los límites entre Boyacá y Casanare. Es interesante anotar al respecto que de los tres tipos principales de frentes guerrilleros que tenían las Farc –los frentes dedicados más a la acción política, los frentes especializados en la acción militar y los frentes dedicados a las economías ilegales–, estos últimos fueron los que abandonaron los acuerdos de paz.

A pesar de que no es evidente
que la disidencia de las Farc pueda convertirse en una amenaza grave para el orden público interno, no deja de ser preocupante

Es decir, ante todo, los frentes localizados en las fronteras terrestres y marítimas, cuyos jefes sufrían ya de una profunda degradación delincuencial. Los ejemplos más elocuentes son los de Noé Suárez Rojas ‘Grannobles’ y Géner García Molina, ‘John 40’, inmersos desde hace años en la “narco-cultura”. El tráfico de drogas ilícitas constituyó, sin duda, para las Farc un regalo envenenado: de un lado, le permitía mejorar sus ingresos; pero, de otro, era una fuente de descomposición interna. Es lo que en África se denominan los ‘diamantes ensangrentados’.

En segundo término, la inmensa mayoría de los desmovilizados de las Farc no están dispuestos a volver a retomar las armas. Los exguerrilleros que han permanecido en las zonas veredales acordadas o los que han partido hacia otras regiones y se hallan bajo el acompañamiento de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización quieren reconstruir su proyecto de vida lejos de la guerra. Son conscientes no solo de que la guerrilla nunca tuvo opciones reales de acceder al poder por la vía de las armas, sino que, además, hoy en día es más y más evidente su anacronismo. (“Son un puñado de ilusos. La lucha armada está desfasada en el tiempo”, sostiene Rodrigo Londoño, Timochenko, en una entrevista esclarecedora de Francesco Manetto en El País, 16 de septiembre de 2019).

Y, en tercer término, no es evidente que el Eln quiera echarse encima el bulto de un grupúsculo desprestigiado y sin mayores posibilidades. Por ello, pensar que es viable un relanzamiento de la Coordinadora Guerrilla Simón Bolívar (CGSB) o de algo similar en las actuales circunstancias no parece muy realista. No debemos olvidar las heridas que dejaron los enfrentamientos entre el frente de guerra Oriental del Eln y el bloque Oriental de las Farc por el control de Arauca entre 2006 y 2010 –en los cuales murieron centenares de guerrilleros y civiles– ni la aceptación de ‘Iván Márquez’ de negociar en La Habana solos, sin la presencia del Eln.

Estas dos humillaciones han dejado profundas huellas en los ‘elenos’. Si bien el comandante ‘Uriel’ del frente Che Guevara, adscrito al frente de guerra Occidental Omar González que actúa en el departamento del Chocó, sostuvo que la declaración de ‘Márquez’ constituía un “hecho legítimo de resistencia”, en el único pronunciamiento oficial de este grupo armado publicado en la Revista Insurrección, se afirma que solo la dirección nacional del Eln está facultada para dar una respuesta oficial. Amanecerá y veremos, pero nada indica que la respuesta vaya a ir encaminada hacia una unidad que nada les aporta.

Sin embargo, a pesar de que no es evidente que la disidencia de las Farc pueda convertirse en una amenaza grave para el orden público, no deja de ser preocupante. Ante todo, debido a su localización en la difícil frontera colombo-venezolana y las tensiones actuales entre Bogotá y Caracas. Tanto el Eln como las Farc quieren convertir la frontera común en un “santuario estratégico”, es decir, en una zona desde la cual puedan actuar a sus anchas para impulsar sus objetivos y con impunidad.

No debemos olvidar que tanto un grupo como el otro han tenido presencia histórica en la zona. Incluso, durante muchos años, ‘Iván Márquez’ disponía de una oficina en el complejo militar de Fuerte Tiuna, en el corazón de Caracas, la base castrense más importante del país, sede el Ministerio del Poder Popular para la Defensa, la Comandancia General del Ejército, el Círculo Militar de Caracas, la Academia Militar de Venezuela y la residencia oficial del vicepresidente de la República.

Lo que debemos temer es que la frontera se convierta en una región desde la cual el régimen autoritario de Nicolás Maduro busque afectar la seguridad nacional

Las funciones de los “santuarios estratégicos”, tal como el que disponía Eta en el País Vasco Francés (Ipar Euskal Herria) o las propias Farc mediante los campamentos de ‘Raúl Reyes’ en Ecuador antes de la operación Fénix en 2008, son los siguientes:

Refugio para escapar de la persecución oficial.

–Bases seguras para escuelas de formación de cuadros políticos y militares propios o de organizaciones aliadas.

–Bases seguras para realizar acciones a través de la frontera.

Corredor de movilidad con garantías de seguridad a lo largo de la frontera común, con objeto de eludir áreas de riesgo y poder cruzar la frontera por pasos seguros.

–Espacio para impulsar la ‘diplomacia insurgente’ y efectuar reuniones con gobiernos amigos o miembros de la propia organización. Ante todo, gracias a las denominadas ‘casas de seguridad’.

–Zona de descanso.

–Plataforma para enviar jefes o militantes a tratamiento médico.

–Fuente de ingresos legales o ilegales.

Obtención de armas, explosivos, alimentos, suministros médicos y documentos ilegales de residencia o inmigración (pasaportes, visas, etc.).

–Lavado de activos.

–Conformación de redes de apoyo político local.

–Base de comunicaciones protegida (comunicaciones radiales, internet, etc.), así como para edición de libros y revistas y la conformación de archivos delicados.

–Fuente de información tanto táctica como estratégica.

–Espacio para la realización de actividades públicas (congresos, conferencias, conciertos, etc.) en apoyo a la causa que defienden.

(Eduardo Pizarro, ‘Fronteras olvidadas. La operación Fénix en Ecuador, 2008’, Bogotá, Editorial Planeta, 2019, en preparación)

A mi modo de ver, más que el riesgo de que la disidencia de las Farc logre recomponer un proyecto militar, lo que los colombianos debemos temer es que la frontera geopolíticamente más sensible hoy en América Latina –la extensa y compleja frontera colombo-venezolana– se convierta en una región desde la cual el régimen autoritario de Nicolás Maduro busque afectar la seguridad nacional.

Ante todo, mediante lo que los expertos denominan la ‘fragilización del vecino’, es decir, alimentando los factores de conflictividad interna y, por tanto, disminuyendo los recursos que el país requiere para construir una más eficaz fuerza de disuasión defensiva.

De ahí la importancia de fortalecer la presencia del Estado como una totalidad, tanto en sus dimensiones civiles como militares, para proteger la frontera dada su sensibilidad extrema. Así mismo, es fundamental garantizar el éxito de las políticas de reintegración de los excombatientes que le apostaron a la paz, así como su protección.

EDUARDO PIZARRO LEONGÓMEZ
Para EL TIEMPO

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