De la cárcel a la calle: la vida de un excombatiente de las AUC

De la cárcel a la calle: la vida de un excombatiente de las AUC

Estuvo 15 años en prisión y ahora lucha por sobrevivir, a pesar de la "marca" que carga.

AUC

Con la medida, los crímenes cometidos por los 'paras' no prescribirán. (Imagen de archivo).

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Por: Lis Möller* y Redacción APP
28 de febrero 2019 , 02:11 p.m.

El proceso de paz con la exguerrilla de las Farc se convirtió en una oportunidad para hablar abiertamente de asuntos relacionados con la reincorporación a la vida civil, política, social y económica de quienes han pertenecido a diferentes grupos alzados en armas del país.

Para los excombatientes, la reincorporación no es nada fácil: se enfrentan a estigmas por su pasado, no cuentan con suficientes redes de apoyo y les hace falta compromiso de terceros en procesos que requieren corresponsabilidad.

Julián Carvajal** es un ejemplo de esto. Hizo parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), en dos etapas entre 1996 y el 2001), pagó 15 años de cárcel y ahora lucha por sobrevivir.

Lleva poco más de 30 meses libre, inició su ruta de reintegración con la Agencia de Reincorporación y Normalización (ARN), pero se ha encontrado con una marca difícil de borrar: la de haber pertenecido a una estructura armada ilegal.

“Después de estar sirviéndole al pueblo colombiano, me convertí en su victimario”.

El inicio

Carvajal nació en el municipio de Málaga, en Santander. De su infancia no contó mucho, pero recordó que a principios de la década de los 80, motivado por el gusto que tenía por la vida militar, ingresó al Ejército Nacional.

En 1984, ya era suboficial, pero cuatro años después, en 1988, dejó la institución: su padre fue asesinado por el Eln. Su resentimiento y su sed de venganza le empezaron a labrar otros caminos.

“No sé quién fue la persona que le disparó, pero recuerdo muy bien que lo dejaron como un colador: todo lleno de rotos”, contó.

Tiempo después de haber salido del Ejército, conoció en Valledupar a alias Jorge 40, quien en ese momento era ganadero de una familia prestante de la zona y estaba siendo extorsionado por las Farc.

Según narró, su pasado en las Fuerzas Militares llamó la atención de los líderes de las AUC. ¿Por qué?, se le pregunta. “Porque cuando fui militar estuvo infiltrado en un frente de las Farc durante 3 años y conocía detalles que eran útiles para las AUC”, respondió.

En 1996, después de ser convencido por el mismísimo Salvatore Mancuso, decidió entrar al grupo. Tenía 30 años, le iban a pagar un sueldo de $300.000 mensuales y él solo pensaba en vengar la muerte de su padre.

“Después de estar sirviéndole al pueblo colombiano, me convertí en su victimario”, confesó.

Paramilitares

Cesar fue el departamento en el que trabajó Carvajal en su primera etapa con las AUC.

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Archivo EL TIEMPO

¿Decepción?

Carvajal era un colaborar logístico de las AUC. Sus funciones consistían en llevar mercados, medicamentos, recoger enfermos y conducir los carros de los patrulleros urbanos del grupo, que eran quienes asesinaban a los objetivos militares.

A poco más de un año de su ingreso, en diciembre de 1997, dejó la organización. “Yo pensé que querían combatir la subversión y recuperar los bienes de quienes eran afectados por la guerrilla, pero me empecé a dar cuenta de que también trabajaban para su beneficio”, afirmó.

Dejó el departamento del Cesar y se instaló en Bogotá. Tres años después, en octubre del 2000, Mancuso y Jorge 40 volvieron a buscarlo. Le pidieron colaboración para instalar en la capital a miembros del Bloque Calima, quienes iban a hacer algunos trabajos.El 6 de febrero del 2001, con 35 años, fue capturado.

La prisión

Fueron 15 años que Carvajal estuvo en la cárcel (desde su detención hasta agosto del 2016). Durante ese tiempo, perdió a su esposa y la cercanía con sus hijos. Su único contacto en esa década y media fue su madre.

Algunas de sus ‘casas’ mientras estuvo privado de la libertad fueron las cárceles de Chiquinquirá, La Modelo, La Picota y la de Tierralta (Córdoba).

Durante su tiempo en prisión, aprendió a hacer pulseras artesanales. Sus creaciones las vendía y así conseguía recursos para comprar elementos básicos de aseo, alimentos y poder enviarle algo de dinero a su familia.

Esa labor, sin embargo, también le trajo problemas: luego de más de 10 años de realizarla, su brazo derecho empezó a presentar dolores fuertes y perdió a la movilidad, y su vista se deterioró.

“Estar en libertad es como volver a nacer”.

¿Una nueva vida?

Desde que está libre, Carvajal ha intentado conseguir empleo, pero cuando muestra su hoja de vida, sin experiencia y con un nivel educativo básico, y cuenta que estuvo en las AUC, las puertas se le cierran.

“Llevo una marca que la sociedad colombiana no ha sido capaz de perdonar, para poder recibir nuevas oportunidades”, aseveró.

A esa dificultad hay que sumarle otras que tampoco ayudan. Por ejemplo, los reincorporados tienen que cumplir un sinnúmero de diligencias judiciales que les quita tiempo para buscar un trabajo formal, no pueden acceder a créditos bancarios y, constantemente, reciben 'invitaciones' para reincidir.

Eso sí, no pierden la fe. “Estar en libertad es como volver a nacer. Quiero recuperar la movilidad de mi brazo y ser artesano”, señaló Carvajal, quien está cursando un tecnólogo en el Sena.

Penitenciaría La Picota en Bogotá.

La mayor parte de su condena, Carvajal la pagó en la cárcel La Picota.

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Archivo EL TIEMPO

Datos de desmovilizados

El camino que transita un excombatiente es complejo y la ARN es la encargada de acompañar a estas personas.

Según la entidad, de casi 52.000 desmovilizados que se inscribieron al proceso de reintegración antes de la firma de la paz con las Farc, cerca de 23.500 culminaron su proceso. De ellos, 7.000 son mujeres.

20.000 desmovilizados han logrado ubicarse en el sector informal, solo 9.000 han pasado por el sector formal y más de 3.000 han dicho que están desocupados.

Hasta la mitad del 2018, la ARN manifestó que contaba con el apoyo de 650 empresas del sector privado que se habían vinculado a procesos de reintegración. Algunas de ellas son Panaca, Éxito, Coca Cola-Femsa, Grupo Grajales y SAG.

Lis Möller* y Redacción APP
*Politóloga colombiana y magíster en Políticas Públicas
**Nombre cambiado a petición del protagonista de la historia por razones de seguridad.

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