¿Han tenido éxito las disidencias guerrilleras?

¿Han tenido éxito las disidencias guerrilleras?

Casos en Irlanda, España y Perú muestran que destino probable de disidencia de Farc es el fracaso.

AUTOPLAY
Iván Márquez: ¿Quién es quién en el video de su regreso a las armas?Iván Márquez: ¿Quién es quién en el video de su regreso a las armas?
¿Han tenido éxito las disidencias guerrilleras?

Video del anuncio de Iván Márquez de regresar a las armas. 

Por: Eduardo Pizarro León Gómez
26 de octubre 2019 , 09:20 p.m.

El lanzamiento de las Farc-EP (La Segunda Marquetalia) por parte de ‘Iván Márquez’ y ‘Jesús Santrich’ el 29 de agosto de 2019 como una disidencia del nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, que surgió exactamente dos años antes –en agosto de 2017–, nos lleva a preguntarnos si grupos disidentes similares en la reciente experiencia histórica –tomando como marco de referencia a Europa y América Latina– han tenido éxito o, por el contrario, no han conseguido sus objetivos de revivir facciones de grupos guerrilleros. 

Una mirada comparativa atenta lleva a una conclusión apabullante: han sido un fracaso absoluto. ¿La disidencia de las Farc tendrá el mismo destino?

Los casos de Europa

En Irlanda del Norte, tras la firma en 1997 del Acuerdo de Viernes Santo entre el Ejército Republicano Irlandés (IRA) y la Gran Bretaña, surgió una disidencia que se oponía tanto a un alto de fuego definitivo como al texto de los acuerdos de paz, que se autodenominó Ejército Republicano Irlandés Auténtico (IRA Auténtico). Este grupo, que, tras integrarse con otros grupúsculos, pasó a denominarse más tarde Nuevo IRA, es liderado por Michael Mckevitt y agrupa entre 200 y 350 miembros. Lo cierto es que, a pesar de su capacidad para llevar a cabo algunas acciones de sabotaje marginales, no goza de ningún respaldo popular y se halla en franca extinción.

Aunque las autoridades españolas son escépticas en relación con los ‘descarriados’ de ETA, es decir, los exmiembros de esta organización descontentos con la decisión del grupo terrorista vasco de abandonar las armas, permanecen vigilantes. El Comité Ejecutivo de ETA anunció esta trascendental decisión mediante un comunicado publicado en el diario vasco Gara, el 16 de octubre de 2011.

Sin embargo, una corriente denominada Amnistia Eta Askatasuna (ATA), que alientan dos exmilitantes de ETA en prisión, Daniel Pastor e Iñaki Bilbao –quien participó en 1973 en el asesinato del presidente del gobierno franquista, almirante Luis Carrero Blanco–, sigue sosteniendo la vigencia de la lucha armada. Empero, al igual que el IRA Auténtico, este grupo tampoco encuentra apoyo social en una región igualmente harta de la violencia.

La principal debilidad de esta disidencia es la fatiga de la guerra (...). Al menos el 90 % de los desmovilizados quieren reconstruir su proyecto de vida, al margen de los azares de la guerra

América del Sur

Desplacemos ahora la mirada hacia América del Sur, dado que tras la firma de los acuerdos de paz en 1991 en El Salvador y en 1996 en Guatemala, no surgieron grupos disidentes, ni del FMLN ni de la URNG.

Tras la derrota militar de Sendero Luminoso en el Perú, emergieron dos grupos disidentes de algún peso. Por un lado, una fracción ultraortodoxa, fiel al maoísmo del pasado, dirigida por José Flores (‘Artemio’) y que actuaba en la región de Huallaga, y otra más pragmática en el plano ideológico, liderada por Víctor Quispe (‘José’), con alguna presencia en el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vrae). Ninguna logró nunca echar raíces.

Lo mismo ocurrió con el otro grupo armado de significación en este país: el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). La captura de su fundador y máximo dirigente, Víctor Polay, en julio de 1992, y el brutal aniquilamiento del comando que se tomó la embajada de Japón mediante la Operación Chavín de Huántar el 22 de abril de 1997 fueron el comienzo de su franca decadencia. Los sobrevivientes intentaron reconstruir el movimiento y enviaron numerosos miembros a los campamentos de las Farc en la frontera con Ecuador para recibir adiestramiento militar. Se trató de un grupo que bajo el liderazgo de Julio César Vásquez (‘Camilo Reyes’) intentó reorganizar sin éxito al MRTA bajo la nueva denominación de Fuerzas Armadas Revolucionarias-Ejército Popular Tupacamarista (FAR-EPT).

En Ecuador, a pesar de que fue un país muy poco fértil para que prosperaran grupos guerrilleros y aunque hubo más de 17 intentos posteriores a la revolución cubana, solo uno íntimamente ligado al M-19 tuvo alguna resonancia: Alfaro Vive Carajo (AVC). Tras su debilitamiento durante el gobierno autoritario de León Febres-Cordero (1984-1988), firmó un acuerdo de paz y dejación de las armas bajo el mandato de Rodrigo Borja el 26 de febrero de 1991.

Sin embargo, años después, en el año 2001, surgió un grupo denominado Patria Alfaro Liberación-Ejército de Liberación Alfarista, que pretendió recoger en sus filas a los sobrevivientes o desafectos de las corrientes radicales de los años anteriores, las cuales se hallaban todas desarticuladas: desde exmilitantes de AVC insatisfechos con los acuerdos de paz alcanzados, hasta miembros de Montoneros Patria Libre y Sol Rojo. Fue un desastre total.

Finalmente, tuvimos también la experiencia fracasada de los grupos insurgentes renuentes a la paz en la Venezuela de los años setenta. En efecto, tras el proceso de desmovilización con garantías en 1969 de los poderosos grupos guerrilleros que habían surgido en esta nación tras la Revolución cubana, gracias a las gestiones del presidente Rafael Caldera, hubo dos grupos disidentes principales: el Partido de la Revolución Venezolana y su brazo armado, las Faln, y el grupo Bandera Roja, los cuales se fueron extinguiendo sin pena ni gloria a lo largo de la década siguiente.

Nuestro país tampoco ha sido ajeno al fenómeno de las disidencias guerrilleras. Basta recordar dos casos emblemáticos: por una parte, el caso del Movimiento Jaime Bateman Cayón, que emergió tras la desmovilización del M-19 en 1990. Y, por otra, el caso de la disidencia del Ejército Popular de Liberación (EPL) tras los acuerdos de paz de 1991.

En el caso del primero, en la votación celebrada en 1989 en la vereda de Santo Domingo, Toribio, Cauca, en la cual se decidió pasar de las armas a la política, dos dirigentes medios votaron en contra frente a los 312 votos a favor, y conformaron esa disidencia que tuvo alguna presencia marginal en el norte del Cauca hasta su extinción sin pena ni gloria poco tiempo después.

La disidencia del EPL constituye un caso excepcional a nivel mundial, pues mientras la inmensa mayoría de los mandos medios y los guerrilleros rasos se acogieron a la paz, la mayoría de la cúpula prefirió continuar en armas ligados a la ya inoperante Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar (CGSB). Y esta ha sido la disidencia que ha tenido el destino más trágico: terminó en una total degradación delincuencial localizada, particularmente en la región del Catatumbo, dedicada al tráfico de estupefacientes y portando el nada glorioso nombre de ‘los Pelusos’.

La disidencia de las Farc

¿Va a ser la disidencia de las Farc la única excepción?

Aun cuando las perspectivas de la disidencia de las Farc no son muy distintas a las anteriores, es indispensable no minimizar los riesgos. Ante todo, debido a que, a diferencia de escisiones mencionadas, las Farc-EP (La Nueva Marquetalia) cuentan con recursos y apoyos externos excepcionales.

La principal debilidad de esta disidencia es la ‘fatiga de la guerra’, un elemento común en todas las experiencias analizadas. Al menos el 90 % de los desmovilizados quieren reconstruir su proyecto de vida, al margen de los azares de la guerra. Hasta el momento, solamente dos de los 23 grupos disidentes de las Farc-EP han acogido el llamamiento de ‘Márquez’. Se trata del frente 28 (o ‘José María Córdoba’), que aglutina unos treinta miembros entre Boyacá y Casanare, y del frente 18 (o ‘Román Ruiz’), que reúne a un poco más de cien y mantiene alguna presencia en los límites entre Antioquia y Córdoba. El resto, o no se han pronunciado o han rechazado simple y llanamente la oferta. Es decir que, hasta el momento, la disidencia solo ha logrado algunos apoyos muy precarios en los frentes rurales.

En efecto, la mayoría de los frentes reincidentes no solamente están inmersos en las economías ilícitas, sino que, además, no quieren atraer a la fuerza pública a sus territorios, debido a la prioridad asignada a la confrontación contra el Eln y las Farc-EP en la política de seguridad nacional.

Lo que sí es una real incógnita es saber si ‘Márquez’ y ‘Santrich’ han tenido iguales o mejores resultados en su intento de cooptar a los miembros del antiguo Partido Comunista Clandestino y del Movimiento Bolivariano por una Nueva Colombia, es decir, el aparato político y el frente de masas que las Farc habían conformado durante la vigencia de la ‘zona de distensión’ en el año 2000. En el Plan Estratégico Campaña Bolivariana por la Nueva Colombia, que lanzaron públicamente hace pocas semanas, sus dos máximos líderes reafirman que van a continuar actuando con base en la trilogía guerrilla-partido y frente de masas, y por tanto, no es improbable que estén detrás de las condenables expresiones violentas que tanto daño le están haciendo a la protesta social y al movimiento estudiantil.

A pesar de las limitaciones del grupo disidente, también existen factores de fortaleza; en concreto, los ingentes recursos provenientes de las economías ilegales y el apoyo de Nicolás Maduro para que puedan disponer de un ‘santuario estratégico’ protegido en la frontera común. Además, el riesgo siempre latente de un acuerdo con el Eln, eventualidad que no se puede descartar.

Poniendo en la balanza los factores que afectan negativamente las perspectivas de este grupo desafecto y las que lo favorecen, a mi modo de ver, no va a tener un futuro distinto al de sus congéneres que hemos analizado. Tras 55 años de la ocupación de Marquetalia (1964) –es decir, la fecha simbólica del nacimiento de las Farc–, la lucha armada ha probado mil veces en Colombia ser totalmente inútil para llegar al poder.

Sin embargo, la posibilidad de que esta disidencia, así sea sin perspectivas de éxito, se mantenga por largos años –tal como ocurrió, por ejemplo, con los grupos provenientes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)– dependerá también del compromiso y la seriedad del gobierno de Iván Duque en el cumplimiento de los acuerdos de paz pactados.

Sin menoscabar el papel de la fuerza pública, la acertada respuesta hacia los desmovilizados comprometidos con la paz y la presencia integral del Estado en los territorios olvidados serán las dos dimensiones más cruciales.

EDUARDO PIZARRO LEÓN GÓMEZ
Expresidente de la Comisión Nacional de Reparación.

Descarga la app El Tiempo

Con ella puedes escoger los temas de tu interés y recibir notificaciones de las últimas noticias.

Conócela acá
Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.