Agentes encubiertos: el arma oculta para infiltrar a criminales

Agentes encubiertos: el arma oculta para infiltrar a criminales

Su trabajo es considerado de seguridad nacional. Han logrado infiltrarse en el 'clan Úsuga'.

Mujeres entrenando

Las mujeres de la Policía que integran el Grupo Antiterrorista, Grate, son de las más entrenadas de la Fuerza Pública.

Foto:

Policía Judicial, Dijín.

Por: Alicia Liliana Méndez
02 de octubre 2019 , 08:51 p.m.

Siempre se siente temor, miedo. Quien diga que no, miente. Cada encuentro, cada llamada es un mundo abierto al azar. Uno no sabe si lo descubrieron y le están tendiendo una trampa. Uno no sabe si tiene las horas contadas”.

Así describe una mujer policía su trabajo como infiltrada, figura jurídicamente denominada como ‘agente encubierto’. En 22 años de servicio, siempre en la Policía Judicial, ha trabajado en el Grupo Antiterrorista (Grate) y ha participado en varias operaciones contra la guerrilla, y ahora, contra los grupos armados organizados residuales, más conocidos como disidencias.

Esta mujer, de 46 años, cuya identidad por su seguridad y la de su familia no se puede revelar, tuvo su primer trabajo encubierta en el 2002. “Mi jefe me perfiló y me guio para asumir el papel de la amante de un hombre que me había sacado una pieza en un inquilinato. Vivía en un cuartico, contaba con un televisor y una cama. Un compañero de la Policía iba de vez en cuando para hacer creer que era mi pareja”, relata.

El objetivo de esa misión era hacerse amiga de la mujer de un jefe guerrillero que vivía en el lugar, alias el Embajador, que era mano derecha en esa época de Jorge Briceño, alias el Mono Jojoy, integrante del secretariado de las Farc.

“Me explicaron que me escogieron porque soy extrovertida y sé llegarle a la gente. Así que fue fácil ganarme la confianza y amistad de la señora. Conocí al ‘Embajador’ y hasta me quiso reclutar. Yo le había dicho que mi situación económica era difícil, y me ayudó con algo de dinero y empezó a plantearme la situación de irme a un campamento para conocer de la vida de la guerrilla. Claro, uno se cuestiona, ¿será que me descubrieron?”, cuenta esta caldense, quien resaltó que en dos meses logró recopilar la información que se requería para afianzar el dosier contra el jefe guerrillero, se fue del lugar, le dieron unos días de descanso y se reintegró al Grate, donde ha venido estructurando procesos investigativos y apoyando en vigilancias y seguimientos.

El año pasado, en julio, se convirtió en uno de los eslabones que contribuyó al desarrollo de la operación que adelantó la Policía en septiembre contra Víctor David Segura, alias David, jefe de las Guerrillas Unidas del Pacífico, una disidencia de la columna Daniel Aldana de las Farc. ‘David’ era considerado un objetivo de alto valor para la Fuerza Pública, por ser uno de los grandes narcos en Tumaco (Nariño) y por librar una guerra territorial con ‘Guacho’, que desencadenó un incremento de muertes en vendettas.

En medio de su relato recordó que su infancia estuvo marcada por la pobreza. Cuando tenía seis años se encontró en la calle un triciclo que se convirtió en su gran alegría. Siendo la menor de siete hermanos, fue muy consentida. “Pero lo más importante fue el ejemplo de mis padres, de honradez y de servicio. Por eso, desde pequeña veía en un policía un apoyo a la comunidad y me decidí a portar el uniforme”.

Su misión, en el caso de ‘David’, fue posar de vendedora de ropa de marca importada. Ubicaron a la esposa del narcotraficante en Bogotá, estudiaron sus pasos y así fue como detectaron su debilidad por los centros comerciales y las compras. “Planeamos un encuentro casual. La ubiqué en un mostrador, donde inicié una charla informal sobre moda y lo que nos estábamos probando. Con mucha naturalidad, hablamos sobre sus hijas y le comenté que traía ropa importada a buen precio y cruzamos teléfonos. El anzuelo era la ropa. Y para nuestra suerte cayó”, dijo la policía que al ganarse la confianza de la esposa de ‘David’, logró abrir la posibilidad de su captura, a quien habían intentado capturar, sin éxito, tres veces.

La agente señaló que la esposa de ‘David’ viajaba con frecuencia a Cali, donde se contactaba con mayor facilidad con el delincuente, ya que este, por motivos de seguridad, no utilizaba celular u otro medio de comunicación, y cuando la llamaba lo hacía a través de terceros.

En Cali organizó otro encuentro. “Viajé. Allí nos volvimos a ver y me pidió varias camisas y ropa interior de hombre de determinada marca, que era la que ‘David’ usaba. Se la conseguimos y quedó satisfecha. Además, era un hombre de lociones finas y joyas. En total, tuve unos 15 encuentros con la mujer. Siempre llegaba con la zozobra de haber sido descubierta. Por eso, cada vez que me despedía de mi familia solo les decía: ‘recen por mí’ ”.

La infiltrada cuenta que ‘David’ se comunicó con su esposa y le hizo una serie de peticiones: ropa, juguetes y otro tipo de elementos para entregarles a los pobladores de un caserío. “Ella me compró varias de las cosas que pidió ‘David’. Él estaba organizando, además, un partido de fútbol con la comunidad, y por esas cosas de la vida me pidió que la acompañara. Yo no mostré interés en el viaje, era mi táctica, y después de tanta insistencia la acompañé. En el lugar verifiqué hasta cuándo iba a estar ‘David’ en ese punto, y en cuanto pude informé de la ubicación del jefe de las disidencias”. Desde ese día, jamás tuve contacto con la esposa de ‘David’.

La información brindada permitió su ubicación. ‘David’ y su hermana murieron en el operativo de las Fuerzas Antiterroristas de la Dijín, en zona rural de Tumaco. Tras culminar su trabajo, descansó unos días, compartió con su familia y se sintió satisfecha de contribuir en neutralizar a uno de los delincuentes más peligrosos del país.

Siempre se siente temor, miedo. Quien diga que no, miente. Cada encuentro, cada llamada es un mundo abierto al azar. Uno no sabe si lo descubrieron y le están tendiendo una trampa.

Ley de Inteligencia

En la Fuerza Pública la figura del agente encubierto o infiltrado se maneja de acuerdo con la necesidad de la operación, siempre bajo los preceptos de la Ley de Inteligencia, que le da legalidad a este tipo de actividades en defensa del Estado, y que cuentan con el apoyo de la Fiscalía General de la Nación.

Una primera fase operativa puede requerir de un agente encubierto para hacer seguimientos y establecer el número de integrantes de una red, conocer su identidad, ubicación y modus operandi.

“Puede aparentar ser un habitante de calle, un vendedor informal, cualquier personaje. Otra es la situación del agente encubierto que se infiltra en una organización criminal, que posa de delincuente. Ese agente debe ser avalado por la Fiscalía y se clasificará el expediente como de seguridad nacional para proteger su identidad y vida”, dijo a EL TIEMPO un oficial de la Policía que señaló que este tipo de operaciones se hacen con el mayor sigilo.

En el caso de la Policía, las operaciones con agente encubierto se desarrollan en la Policía Judicial y en la Dirección de Inteligencia. Precisamente en esa área se encuentra un grupo élite que se dedica a este tipo de actividades. “Se inscriben en el curso, pasan los primeros filtros, tanto hombres como mujeres, y si hacen parte de los escogidos empiezan un duro entrenamiento que va desde valoración psicológica hasta clases de actuación”, dijo la fuente.

Resaltó que estas actividades operacionales son tan importantes que agentes de la CIA contribuyen con su entrenamiento. “Aprenden a enfrentar al delincuente en su ámbito, a ser uno más. En muchas ocasiones les toca negociar droga o armas. Por eso la Fiscalía avala el papel de ese agente”.

Estos infiltrados se apoyan con las fachadas. “En un municipio de Córdoba me enviaron hace cinco años a montar un prostíbulo. En este lugar había fuerte presencia de los hombres del ‘clan’ (Golfo) y la idea era lograr información preferente a través de sus mandos medios. Se alquiló una casa, se montó el negocio y conseguí unas mujeres dedicadas a la prostitución”, dijo a este diario una mujer de la Policía de la dirección Antinarcóticos.

“Mi edad, promediando los 50, mi contextura física, facilitaron que me infiltrara. Además, soy de la región, por lo que conozco la cultura y costumbres, lo que ayudó a no levantar sospechas”, señaló la agente, quien contó que los patrones culturales son tomados en cuenta en este tipo de operaciones. “No vas a enviar un costeño a pasar de boyacense”.

No todos, pero algunos han llevado una doble vida. Se han convertido en guerrilleros, y algunos, al ser descubiertos, han sido torturados y asesinados

En el Ejército, las operaciones con agentes encubiertos se concentraron en infiltrar a la guerrilla de las Farc o el Eln, tanto desde la parte armada como en las milicias urbanas. “La obra de arte de la infiltración más importante por parte de las Fuerzas Militares fue la operación ‘Jaque’, porque invadimos sus comunicaciones, les hicimos cambiar de actividad operacional, se les engañó y se logró el rescate de un grupo de secuestrados sin un solo disparo. Fue la conjugación de inteligencia e infiltración”, dijo a EL TIEMPO un excomandante de la institución castrense.

El oficial señaló que los agentes encubiertos pueden pasar meses y hasta años en cada operación, y en muchas ocasiones pierden la comunicación por semanas. “No todos, pero algunos han llevado una doble vida. Se han convertido en guerrilleros, y algunos, al ser descubiertos, han sido torturados y asesinados. Es una labor de mucho sacrificio y entrega”, dijo el militar. La estrategia para comunicarse con los demás son los llamados puntos muertos, una cafetería, un sitio que no genere sospechas para dejar información clasificada contando cómo va el objetivo.

Todos reciben apoyo psicológico antes y después de cada misión. “Esto es un trabajo diario. Así como infiltramos a la guerrilla, ellos también tratan de meterse en nuestros batallones prestando el servicio militar, o utilizando mujeres para obtener información de nuestros uniformados. Nunca podemos bajar la guardia”, contó la fuente.

ALICIA LILIANA MÉNDEZ
JUSTICIA
En Twitter: @JusticiaET

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