Así es el duro entrenamiento de los comandos Jungla contra los capos

Así es el duro entrenamiento de los comandos Jungla contra los capos

Este cuerpo élite se prepara bajo condiciones extremas para ser arma eficaz contra el narcotráfico.

AUTOPLAY
Video_comandos_junglaComandos jungla.
Comandos Jungla

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Por: Alicia Liliana Méndez
03 de noviembre 2019 , 07:18 a.m.

¿Qué persona de su familia está capacitada para recibir la peor noticia sobre usted?

Esa es una de las preguntas del formato que cada comando jungla debe responder antes de salir a una operación. El motivo es claro: la probabilidad de que pierdan sus vidas es muy alta.

Los Comandos Jungla son el cuerpo élite de la Dirección Antinarcóticos de la Policía Nacional. Son los encargados de ubicar, capturar o dar de baja, entre otras actividades, a los delincuentes considerados objetivos de alto valor por el Gobierno.

Los Jungla, que esta semana cumplen 30 años de operaciones, han sido una pieza fundamental en el debilitamiento del ‘clan del Golfo’, la red criminal más grande dedicada al narcotráfico en el país.

“Desde el momento que sale de la base, usted ya sabe que la posibilidad de morir o de ver morir a un compañero es latente. Por eso cada uno, de acuerdo con su credo, se encomienda. Antes de salir a la operación, hacemos una oración en grupo”, relató uno de estos comandos que nació hace 29 años en Manizales, Caldas. El hombre, que tiene grado de patrullero, lleva diez años en la institución y siete como comando jungla.

“Eran como las cinco y media de la mañana. Por fortuna, ya empezaban a verse las primeras luces del día, de ese 7 de febrero de 2017. Por eso, en cuestión de dos segundos, pude ver la granada que nos lanzaron. Al tiempo corríamos para evitar la onda expansiva. Desde el piso, la ubiqué visualmente. No explotó, pero quedó sin seguro, justo sobre el corredor que conducía al cuarto donde se atrincheraba desde hacía varios minutos el delincuente que pretendíamos reducir”, relató.

El patrullero, técnico antiexplosivos y tirador de alta precisión –francotirador–, está entrenado para evaluar situaciones de peligro en pocos segundos. “Decidí acercarme a esa granada, lo hice en arrastre bajo hacia el pasillo. Le coloqué la carga hueca (una contra carga), me retiré y apenas detonó el equipo estaba listo e ingresamos al lugar donde estaba el objetivo”.

El blanco era Deivis Johan Barragán Blanco, alias Cobra 2, uno de los jefes más buscados del ‘clan del Golfo’, quien estaba atrincherado en una finca de la vereda El Brillante, en Puerto Libertador, Córdoba.

‘Cobra 2’ estaba sindicado del asesinato de varios integrantes de la Fuerza Pública, de extorsionar a los comerciantes de la región, de narcotráfico, de minería ilegal y de desplazar a comunidades enteras.

“Cuando ingresamos, ‘Cobra 2’ empezó a dispararnos y observé que tenía una granada en su mano. En reacción, le disparamos. Él cayó al piso y se activó la granada que tenía en su mano”, relató el comando, con la convicción de la importancia del respeto a la vida que le inculcaron tanto en su familia como en los meses de entrenamiento que recibió en la Escuela Nacional de Operaciones Policiales (Cenop), ubicada en el municipio de San Luis, Tolima.

Comandos Jungla

Cuando salen a operación, saben del riesgo de morir. Por eso siempre deben informar a quién de su familia debe avisarse si les pasa algo.

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

Siempre que sale de operación, este jungla deja el nombre de un tío, que también es policía, como la persona ‘capacitada’ para recibir la noticia de su muerte. “Soy muy apegado a mi mamá y a mi abuelita, con ellas comparto cada periodo de descanso”, asegura el uniformado, quien se califica como un mal bailador y alejado del fútbol: “Lo mío es el atletismo, trotar, nadar y el tiro; y la felicidad total es reunirnos en familia y saborear el sancocho de gallina que prepara mi mamá”, dice.

Cada año, al curso de Comando Jungla se presentan más de 150 aspirantes. Cada uno se somete a pruebas médicas y psicológicas de todo tipo. Al finalizar la etapa de entrenamiento, apenas logran graduarse 20 o 30, por la exigencia de este cuerpo élite.
Estos hombres están entrenados para sobrevivir en condiciones extremas, ya que una operación en terreno puede durar hasta 15 días, tiempo en el que llegan a permanecer en un solo sitio esperando un blanco.

“El entrenamiento lo direccionamos para que se cumpla la misión, pero lo más importante es que regresen con vida. Nuestros comandos salen con su ración, comida empacada al vacío que les debe alcanzar para 24 horas. Ellos aprenden a medirla de acuerdo con las circunstancias para que aguanten más tiempo”, dijo uno de los instructores jungla. Es de grado mayor, está casado y tiene hijos.

La ración está prevista para dos comidas y contiene pan, proteína, panela, leche condensada y bocadillos. “Además, en su equipo llevan un elemento que les sirve de fogón, que se activa con alcohol y no desprende humo, lo que impide que sean ubicados”, explicó el instructor, quien señaló que es imprescindible que no quede rastro de su presencia en el lugar y que se mimeticen con la naturaleza. “Por eso, se les enseñan tácticas de observación, comen los frutos que ven que comen los pájaros u otro de tipo de animales de acuerdo con la geografía del lugar y saben cómo purificar el agua con métodos naturales: filtrándola con piedras, carbón o arena”, resaltó.

Los comandos terminan su entrenamiento con la llamada ‘semana infernal’, en esa fase duermen poco, casi nada, porque se está en operación todo
el tiempo

Resistencia al máximo

Una de las operaciones que puso a prueba el entrenamiento de los jungla fue la lanzada en julio de 2017 contra Efrén Vargas Gutiérrez, ‘Culo de Toro’. Para entonces era tercero al mando del ‘clan del Golfo’, y hermano de Roberto Vargas Gutiérrez, alias Gavilán, segundo cabecilla de la estructura.

“A ‘Culo de Toro’ se le hizo una operación completa de infiltración, se le ubicó tras más de una semana de movernos por las selvas de Chocó, exactamente en Titumate, zona rural de Acandí”, señaló uno de los jungla, quien narró que “cuando logramos ubicar el grupo del objetivo, rompimos comunicación, nos entendíamos a través de señas y los movimientos se limitaron a un punto exacto de observación para establecer sus actividades. Fueron horas sin movernos, limitando al máximo el consumo de comida. Esto nos permite mantener carga calórica y no deshidratarnos, aunque la humedad y el calor fueron un factor en nuestra contra”, dijo.

En una operación de infiltración se desplaza un equipo táctico compuesto por seis hombres: un guía, un comandante, un enfermero, el que porta una ametralladora liviana M2-49 y el llamado especialista, encargado de la ametralladora de alto poder ECO-6, que tiene una cadencia de tiro de 550 disparos por minuto, o de la M-203, que es un fusil lanzagranadas.

Cada hombre, en una operación de esta magnitud, carga hasta 50 kilos en su equipo. “Es un peso muy fuerte, pero créame que en medio de un combate como el que vivimos contra la gente de ‘Culo de Toro’ no se siente, la adrenalina es muy fuerte y se piensa en salvar la vida”, aseguró el comando.

El uniformado resaltó que cuando se tuvo la certeza por la identificación plena de que el hombre era el tercero del ‘clan’ se les ordenó proceder. “Inicialmente se busca la captura, pero en cuanto ingresamos al punto abrieron fuego con armas de largo alcance contra nosotros. Era tan fuerte el poder de fuego de los delincuentes que tuvimos que retroceder por unos minutos, rodearlos y atacar. Fueron más de 20 minutos de fuego cruzado. Ese día murieron ‘Culo de Toro’ y cinco de sus lugartenientes”, recordó el jungla.

Comandos Jungla

Una de las partes más difíciles del entrenamiento es la semana que pasan en Facatativá, todo un "infierno".

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO.

El éxito está en su fuerza mental, aseguran los entrenadores. Los jungla “duran días alejados de su familia, sin comunicarse con ellos, concentrados en un solo objetivo”. A eso se suma la exigencia de “pasar días sin bañarse, sin cambiarse el uniforme, mimetizándose con la naturaleza y, por ejemplo, para no dejar rastros, envasan sus orines y materia fecal para cumplir con los protocolos de seguridad. Están dando lo máximo como seres humanos”, señaló.

Este grupo táctico tiene reconocimiento internacional por sus altos estándares.
A Colombia vienen integrantes de la fuerza pública de más de 15 países a recibir la instrucción como junglas. Para los de acá, el curso es patrocinado por la embajada de Estados Unidos.

Los jungla realizan operaciones terrestres, acuáticas y helicoportadas. No en vano terminan su entrenamiento con la llamada “semana infernal”, en la Escuela de Carabineros, ubicada en Facatativá, donde los comandos tienen una base de entrenamiento. “En esa semana se duerme poco, casi nada, porque se está en operación todo el tiempo. Se han asignado objetivos a cada grupo y los entrenadores somos el enemigo, en este gigantesco terreno (la escuela), tomamos posiciones y gana el que sobreviva”, en términos metafóricos, explicó el instructor.

En 30 años de operaciones 83 comandos Jungla han muerto en medio de operaciones. Los últimos fallecieron en desarrollo de la operación ‘Agamenón’, articulada para acabar con el ‘clan del Golfo’. En agosto de 2015 localizaron a ‘Inglaterra’, el segundo al mando de la red de narcos.

Partieron en un helicóptero desde la base Antinarcóticos ubicada en Necoclí, norte de Antioquia. La aeronave colisionó contra una montaña, al parecer por factores climáticos.

Allí fallecieron 16 policías, tres de ellos Jungla. Dos días después, en una radiocomunicación interceptada por la Policía, escucharon que ‘Inglaterra’ realizó junto a sus lugartenientes una fiesta por todo lo alto para celebrar la muerte de los policías.

ALICIA LILIANA MÉNDEZ
Redacción JUSTICIA
Twitter: @JusticiaET

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