El colombiano que lidera a los médicos en la Franja de Gaza

El colombiano que lidera a los médicos en la Franja de Gaza

Hace más de un año Gabriel Salazar es coordinador médico del CICR en Israel. 

Gabriel Salazar médico del CICR

Gabriel Salazar, médico del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).

Foto:

Foto / CICR

12 de junio 2018 , 08:47 p.m.

Cuando a Gabriel Salazar le informaron que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) lo había elegido como coordinador de servicios médicos en Israel y los territorios ocupados, supo que estaba frente a la decisión que marcaría su vida.

En la misión humanitaria que lidera en la Franja de Gaza, los problemas van más allá de la violencia, de las muertes en manifestaciones o la presión que ejerce el ejército israelí. En Gaza, donde viven casi 2 millones de personas, todo escasea: el agua, las medicinas, la energía, el combustible...

Como médico de guerra, Salazar aprendió que en las zonas de conflicto el colapso del sistema genera más muertes que las armas.

Nacido en Bogotá y con más de 40 naciones en su trayectoria como médico humanitario, dice que sueña con volver algún día a Colombia para aportarle al país lo que aprendió salvando vidas en medio de las guerras más duras.

¿Cómo llegó a Israel?

Israel es único en el contexto humanitario, sobre todo por su ámbito geopolítico y social. Hay un enorme componente religioso y, sin duda, este fue uno de los elementos que más me atrajo. Para los que hemos trabajando en el mundo humanitario, es un referente. Israel es diferente porque su realidad está muy ligada a dinámicas regionales y mundiales, algo que no se ve en conflictos como la República Centroafricana o el sur de Sudán, que no están tan influenciados por factores externos.

Los conflictos en esta zona llevan más de 70 años, desde que se creó el Estado de Israel. La decisión de venir a Israel fue consensuada con el CICR y, tras pasar un concurso, llegué el 2 de enero del año pasado con mi familia, a Jerusalén, donde queda mi oficina como coordinador de los programas de salud.

¿Cómo es su trabajo en la Franja de Gaza?

Me encargo de generar estrategias para darles respuesta a las necesidades básicas de la población, evaluar su impacto y adaptarnos a los cambios bruscos que traen las guerras. Apoyamos a las instituciones públicas palestinas para que tengan agua a través de asesoría en ingeniería para que las bombas de agua funcionen. Pero para ello se necesita que haya energía.

Gaza depende de plantas generadoras y no hay más de 4 a 6 horas de energía al día porque no hay red eléctrica. La planta generadora funciona con gasolina, así que siempre se debe buscar quién dé la plata para el combustible, y cada tres meses hay crisis porque se acaba el dinero.

También hay problemas de seguridad económica. Gaza se encuentra limitada por el Gobierno de Israel; la gente no puede entrar ni salir libremente. Estamos hablando de dos millones de personas con muchas limitaciones.

¿Cómo es el sistema de salud?

Independientemente de los momentos donde hay confrontaciones, el sector de salud es crítico. Los hospitales también dependen de la electricidad de plantas generadoras. Además, no tienen los medicamentos e insumos que necesitan. En el 2017, el 40 por ciento de medicamentos y el 25 por ciento de insumos médicos no estaban disponibles en hospitales. Es una sociedad dependiente y vive mucho gracias al apoyo de la comunidad internacional.

¿Qué medicinas escasean?

Hay problemas para acceder a medicamentos para diabetes, cáncer o cirugías complejas. La gente muere por eso, porque no puede recibir tratamiento o medicamento a tiempo. Tendrían que ir a Jerusalén, pero para eso tienen que pedir un permiso que a veces se les niega o se complica la situación, y fallecen esperando. Tampoco hay muchos especialistas. Y cuando vienen los picos de la guerra, como el de 2009, 2012, 2014, o la situación de los últimos meses, el sistema se vuelve más frágil.

Gabriel Salazar médico del CICR

El médico colombiano Gabriel Salazar ha hecho trabajo humanitario en 40 países. En la foto se lo ve en una misión en Senegal, en el 2004.

Foto:

Archivo de Gabriel Salazar.

¿Cuántos médicos tiene bajo su mando?

Tengo un equipo multidisciplinario de unas 14 personas que están todo el tiempo trabajando en estos proyectos de urgencia. La mayoría de proyectos que tenemos se centran en la formación y capacitación de médicos, como el personal del servicio de urgencia en 7 de los 13 hospitales de Gaza.

En los últimos meses se habla de la peor escalada de la violencia desde el 2014…

Lo que aumentó la tensión fue el anunció del Gobierno estadounidense de hacer el traslado de su embajada a Jerusalén. Fue un evento político que generó manifestaciones en Gaza y Cisjordania, y por algunas semanas, casi a diario y sobre todos los viernes, después de orar en la mezquita, había manifestaciones, lo que dejaba un número de personas lesionadas. Después vino el 30 de marzo, la fecha de la Marcha del Retorno, un momento simbólico de protesta palestina.

¿Cómo fue esa jornada?

Es algo que hacen todos los años cuando el pueblo palestino expresa su inconformismo. Pero este año hubo centenares de lesionados; muchos necesitaron hospitalización y cirugía. Luego se pensó en el día clave, el 14 de mayo, el aniversario de la Independencia de Israel. Es un día de un contraste muy fuerte en la sociedad: para los israelíes hay regocijo, y para los palestinos, tristeza.

Para prepararnos el 13 de mayo estuve en el hospital de Shifa, el que es referencia en la zona y recibimos los casos más complejos y difíciles. Estos no son hospitales como los de Colombia ni Europa, así que era hacer lo mejor que se podía.

¿Dentro del trabajo humanitario, les afecta que no cambie la situación?

Nosotros no jugamos un rol. Lo que tratamos de hacer es aportar humanidad a las consecuencias, garantizar que se respeten en lo posible los derechos de la población civil. Sabemos que no estamos para resolver el problema, sino para un gesto de humanidad.

¿Cómo se convirtió en médico de guerra?

Estudié Medicina en México, en Monterrey; regresé a Colombia, hice mi año rural en el hospital de Líbano (Tolima), y volví a México para hacer una residencia. Pero decidí cambiar mi rumbo y estudié francés en París para hacer una especialización en Francia. Como estudiante de medicina había escuchado de la labor humanitaria de Médicos sin Fronteras, así que estudiando francés me acerqué a ellos y me dieron la oportunidad.

Tuve mi primer contacto de trabajo humanitario con esa organización en 1990. Estuve con ellos por 11 años en los que conocí muchos países en conflicto. Mi primera experiencia fue en Angola, aislado, con 40.000 personas desplazadas y asilado por la guerrilla de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita).

Con Médicos sin Fronteras también fui testigo del genocidio en Burundi, en el 93, el inicio del genocidio en Ruanda, en el 94, y testigo de las hambrunas en el sur de Sudán, entre otros.

En el mundo humanitario
se viven experiencias únicas en lo emocional. Muchos de esos contextos no son compatibles con una vida privada y estable

¿En algún momento regresó a Colombia?

En el 2001, con Médicos sin Fronteras, se me brindó la oportunidad de asesorar el área de estrategias de salud para diseñar proyectos en Chocó y luego en el sur del Tolima. Después decidí regresar al área de la salud básica y estuve trabajando en un centro de salud en Santa Marta. Fueron cuatro meses de una experiencia macondiana, donde hubo muchos choques con la realidad de nuestra sociedad. No aguanté la dinámica y volví a la labor humanitaria.

¿Qué no le gustó?

Me encontré con un sector de salud manejado por intereses individuales. Trabajaba como médico rural atendiendo a las comunidades de estratos 1 y 2, que bajaban de la Sierra Nevada, pero me encontré trabas, problemas de gestión e incompetencias. Parte de las personas que estaban en la dirección de las políticas de salud no estaban por mérito, sino por otras razones.

¿Qué pasó después?

Encontré en el 2002 la oportunidad de vincularme al CICR y desde allí comencé con ellos de nuevo en las labores humanitarias. Mi primera misión fue como coordinador de programas de salud en Georgia, Armenia y Azerbaiyán.

Gabriel Salazar médico del CICR

Gabriel Salazar con voluntarios del CICR tras el terremoto de Haití.

Foto:

Archivo de Gabriel Salazar.

¿Cómo es el día a día en el campo de guerra?

En el conflicto, la primera respuesta no siempre es puramente curativa. Primero hay que ver temas como el agua, saneamiento ambiental, abrigo, luego seguridad alimentaria, y seguridad económica. De nada sirve tratar pacientes, si no tienen qué comer, dónde dormir. Luego viene la salud preventiva, y luego la salud curativa, que es la de atender a los heridos. En el conflicto la mayoría de muertes no se generan por las consecuencias directas de las armas, sino por el colapso del sistema de salud, el sistema social y socioeconómico. Nuestro trabajo es más que ir y poner el vendaje y operar.

¿Cómo compatibiliza su trabajo con la vida familiar?

En el mundo humanitario se viven experiencias únicas en lo emocional. Muchos de esos contextos no son compatibles con una vida privada y estable. En ese momento hay otro tipo de entrega, y hay un momento en el que uno empieza a cuestionarse y reorganizar las prioridades. Lo logré hace 11 años, desde que me casé con Maritza, quien es trabajadora social, así que comparte muchos de mis valores. Tengo un hijo, Alejandro, que tiene nueve años y desde hace 7 ellos dos me acompañan a donde voy.

Siempre hay miedos, temores, pero es más el aprecio por esta función y ellos me apoyan. Ahora soy un poquito más prudente, no tomo los mismos riesgos porque sé que no estoy solo.

MILENA SARRALDE DUQUE
Periodista de Justicia 
Twitter: @MSarralde

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