Tras alza en víctimas de minas en 2018, este año tendencia disminuye

Tras alza en víctimas de minas en 2018, este año tendencia disminuye

Este año, siete personas han fallecido tras pisar artefactos explosivos.

Desminado humanitario

 

Foto:

Jaime Moreno / EL TIEMPO

Por: María Isabel Ortiz Fonnegra
19 de noviembre 2019 , 07:59 p.m.

La explosión de una mina antipersonal que le causó heridas a un menor de edad mientras jugaba con su perro en San Calixto, Norte de Santander, el pasado 14 de octubre, es solo uno de los eventos con esos artefactos que este año, hasta el 31 de octubre pasado, han dejado 96 víctimas, 7 de ellas fallecidas.

Aunque desde 2012 comenzó el desminado humanitario, y en el 2016 las Farc se desmovilizaron, el país aún no supera ese flagelo. En 2018, tras varios años a la baja, las víctimas de minas antipersonales aumentaron, llegando en todo el año a 178, lo que significó un promedio mensual de 14,8. Y este año, la tendencia vuelve a ser a la baja. En los primeros 10 meses, el promedio de víctimas fue de 9,6.

En esta reducción, los esfuerzos del desminado humanitario han contribuido de manera significativa. De hecho, el presidente Iván Duque entregó este martes en Pitalito, Huila, 38 nuevos municipios libres de sospecha de minas, con lo que en total se llegó a 391 municipios.

No obstante esos grandes avances, aún queda mucho trabajo por hacer, sobre todo si se tiene en cuenta que grupos armados ilegales están volviendo a sembrar minas antipersonales y que para un país es muy difícil saber cuántos explosivos han sido instalados.

De acuerdo con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, desde 1990 hasta octubre de este año se han registrado 11.789 víctimas de minas antipersonales o de municiones sin explotar –2.297 de ellas perdieron la vida y 9.492 quedaron heridas, lo que significa que históricamente cerca de 1 de cada 5 víctimas fallece a causa de estos artefactos–. De las persona afectadas, 4.634 han sido civiles y 7.155, miembros de la Fuerza Pública.

Infografía minas

Hasta el 31 de octubre iban 96 víctimas de minas y municiones sin explotar.

Foto:
Relación con rentas ilegales

Los departamentos con más afectaciones por minas son Nariño, con 36 víctimas, y Norte de Santander, con 18, seguidos por Arauca (9), Antioquia (8) y Chocó (5).

Precisamente, Nariño y Norte de Santander son los departamentos con más cultivos de coca en el país, según la medición del 2018 de Naciones Unidas, que indicó que el primero tenía 41.903 hectáreas sembradas con coca, y el segundo, 33.598 hectáreas.
Sobre la situación en Nariño, Mario Viteri, secretario de Gobierno del departamento, explicó que lo que más se ha visto son accidentes con personas que estaban realizando, precisamente, actividades de erradicación de cultivos ilícitos.

De acuerdo con Viteri, las situaciones que se han presentado están relacionadas con minas que fueron sembradas antes de que las Farc salieran del territorio, pero que no han tenido registro de instalación de minas nuevas.

En Norte de Santander, la situación es distinta, según Diógenes Quintero, defensor regional de Ocaña. Allí, grupos armados ilegales están instalando nuevas minas en busca de control territorial y para atacar a otros grupos y a la Fuerza Pública.

En la región de Catatumbo, el enfrentamiento territorial entre ‘los Pelusos’ y el Eln es lo que más ha desatado la reinstalación de explosivos, comentó Quintero, quien agregó que la presencia de un conflicto vigente impide que haya más acciones de desminado.

Y en Chocó, según información de la Defensoría, grupos armados ilegales también han estado instalando nuevas minas, lo que ha generado el confinamiento de poblaciones. En ese departamento, además de narcotráfico y enfrentamientos entre grupos como el Eln y el ‘clan del Golfo’, también hay minería ilegal.

Las minas son un flagelo, un azote producto del conflicto

De otro lado, según la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, aunque en el 2015, durante las negociaciones de paz con las Farc, se logró un acuerdo sobre limpieza de minas, en el que la guerrilla se comprometió a entregar información sobre los lugares donde instalaron esos explosivos, a septiembre de este año apenas habían suministrado datos sobre minas en cuatro municipios del país.

No obstante los grandes esfuerzos de desminado humanitario y del desminado militar –que realiza la Fuerza Pública–, debido a las dinámicas del conflicto, que continúa, y a la reinstalación de minas, para Miguel Ceballos, alto comisionado para la Paz, no se logrará el compromiso adquirido por el país en 2010, como parte de la Convención de Ottawa, de lograr ser una nación libre de esos artefactos para el 2021.

Por ello, Ceballos dice que en marzo del 2020 se espera lograr ante la comunidad internacional una prórroga con el compromiso de que el país esté libre de minas para 2025.

MARÍA ISABEL ORTIZ FONNEGRA
REDACCIÓN JUSTICIA
justicia@eltiempo.com
En Twitter: @M_I_O_F

Exguerrillera de las Farc lidera hoy procesos de desminado
Ángela Orrego, desmovilizada de las Farc que hoy lidera procesos de desminado humanitario.

Ángela Orrego, desmovilizada de las Farc que hoy lidera procesos de desminado humanitario.

Foto:

Juan Barreto / AFP

“Las minas son un flagelo, un azote producto del conflicto”, asegura Ángela Orrego, excombatiente de las Farc que hoy está a cargo de la primera organización de desminado, Humanicemos, que nació tras la firma del acuerdo de paz con esa guerrilla.

Orrego, quien tuvo bajo su mando a cerca de 50 hombres en armas, ha capacitado a más de un centenar de exguerrilleros en desactivación de estos artefactos explosivos en la zona de reincorporación Agua Bonita, en La Montañita, Caquetá. Muchas de esas minas fueron instaladas por ellos mismos en medio de la guerra que mantuvieron con el Estado por más de 50 años.

“Ser mujer tiene sus retos, y la verdad, ejercer liderazgo siendo mujer implica tal vez un doble esfuerzo. ¡Pero se logra!”, señaló esta excombatiente, quien reconoce que soñó con ser médica para “ayudarle a la gente” y que ahora su papel se basa en acabar con el flagelo de las minas antipersonales.

Esta mujer de 50 años de edad, de los cuales 34 los pasó en la guerrilla, estudia Psicología para, según dice, “allanar los caminos de la reconciliación” porque “la psicología juega un papel fundamental, en la medida que puede ayudar mucho al diálogo, a comprender las motivaciones de las personas y por qué eligieron estar allí o estar acá”.

Ángela, quien proviene de una familia humilde en Urabá, recordó cómo sus padres fueron asediados por sus ideas comunistas y cómo su familia fue víctima de desplazamiento. En esa región ingresó a las Farc a los 16 años luego de que dos de sus hermanos ya integraran esas filas.

En las Farc se inició como operadora de radioteléfono, luego trabajó como enfermera de combate, “atendía a los compañeros, pero también a los militares retenidos. Mi misión era mantenerlos vivos. El hecho de que fueran heridos anulaba el odio”, aseguró esta mujer que hace 18 años se convirtió en madre de una niña, a la que criaron sus familiares y que hoy es el motor de su vida.

Agencia AFP

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