‘Se me estalló el ojo izquierdo. Me quería morir’

‘Se me estalló el ojo izquierdo. Me quería morir’

Hernando Jiménez, uno de los sobrevivientes del atentado al DAS, reconstruye ese día. 

Imágenes del atentado al edificio del DAS en 1989

El atentado se registró el 6 de diciembre de 1989. Dejó 63 muertos y más de 600 quedaron heridas.

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Archivo EL TIEMPO

Por: Angy Alvarado Rodríguez
07 de diciembre 2020 , 01:50 a. m.

Como era costumbre, ese miércoles 6 de diciembre de 1989, Hernando Jiménez Ñungo llegaba a su oficina, ubicada en el quinto piso del edificio del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), a recibir las órdenes del día.

Eran las 7: 30 de la mañana- recuerda perfectamente el entonces detective y escolta- y mientras estaban reunidos sintieron un fuerte estruendo y a su paso escenas de terror: “Se vino una ola intensa de humo y de tierra. A mí me llevó contra el techo y, en el aire, sentí el estallido en la cara. El rostro me quedó cubierto de cemento, vidrios y tierra. (...) Me quería morir. Sentí que se me estalló el ojo izquierdo, traté de sostenerlo con la mano y de empujarlo. Creí que me podían reconstruir el ojo, por eso nunca lo solté. Era como tener un huevo”.

Es el relato de Hernando Jiménez Ñungo, uno de los sobrevivientes del atentado con un bus bomba cargado con 500 kilos de dinamita al edificio del extinto DAS. El ataque, atribuido a la mafia del cartel de Medellín, iba dirigido al entonces director de esta institución, Miguel Maza Márquez, quien salió ileso. Sin embargo, murieron 63 personas y más de 600 quedaron heridas.

(Lea además: El horror que vivió un periodista que cubrió el atentado al DAS)

Sentí que se me estalló el ojo izquierdo, traté de sostenerlo con la mano y de empujarlo. Creí que me podían reconstruir el ojo, por eso nunca lo solté

Hernando Jiménez Ñungo

Hernando Jiménez Ñungo era detective y trabajaba en el edificio del DAS.

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Archivo familiar

Perdí la fuerza, me sentía perdido y fuera de este mundo. Todo era borroso, solo escuchaba los gritos de la gente y el sonido de las ambulancias”, recuerda. Hernando, para ese momento de 29 años, perdió el ojo izquierdo, y su rostro y cuerpo quedaron con varias cicatrices tras el atentado.

Las paredes del edificio, ubicado sobre la carrera 27 con calle 17, en Paloquemao, en el centro de la ciudad, desaparecieron y solo quedaron las columnas. Además, se vio un cráter de trece metros de diámetro y cuatro de profundidad.

Hernando fue trasladado, junto con ocho personas más, en una ambulancia camino a la Clínica Barraquer, en Bogotá. “Allá me valoraron y me dijeron que no había nada que hacer y no podían recuperar el ojo. Me sentía muy mal, se me venían muy malos pensamientos”.

“Escuchaba que el doctor decía: 'No le aplique tanta anestesia que se nos va'. Y yo respondía: 'Me quiero morir, no quiero vivir más'. Quería que me mataran. Eran llantos de dolor”, cuenta.

(Además: Así se sintió la explosión de 500 kilos de dinamita contra el DAS)

Y yo respondía: 'Me quiero morir, no quiero vivir más'. Quería que me mataran. Eran llantos de dolor

Minutos después del atentado, su hermano Eliecer Jiménez, también exdetective del DAS, llegó al edificio a buscarlo. Le dijeron que, a su hermano, a quien conocen como ‘Ñungo’, se lo habían llevado entre los heridos. Eliecer logra encontrar a Hernando hacía la una de la tarde y le comunica a su familia, que para ese entonces vivía en el barrio La Guaca, en el sur de Bogotá, que estaban vivos.

En la Clínica Barraquer, Hernando fue sometido a una cirugía por seis horas y al mes tuvo la prótesis. Estuvo 180 días incapacitado y lo pensionaron tras un diagnóstico del 96 por ciento de invalidez permanente.(Especial: 30 años del atentado contra el DAS)

Hernando Jiménez Ñungo

Hernando Jiménez Ñungo en la oficina del DAS. Para la fecha de 29 años.

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Archivo familiar

Hernando recalca que retomó la fuerza por su hija, quien para ese momento tenía 4 años; sus padres y su esposa.

Ahora, a sus 60 años, reflexiona y afirma que se siente un hombre afortunado: “Le doy gracias a Dios que no me pasó nada más grave. Soy afortunado de estar vivo”.  Sin embargo, hay momentos que, 31 años después, siguen marcados. “Ahora escucho una ambulancia y me desespero. Estuve en tratamiento mental y psicológico, y logré recuperarme por el amor a mi familia, de mis amigos y soñando que puede haber un mejor país”, dice.

Hernando reclama que, en todo este tiempo, no ha sido aceptado como víctima en el proceso judicial que se adelanta por el atentado. “El gobierno nos desconoce, eso no se entiende. Nos tocó una parte de la guerra que simplemente dejó dolor, huérfanos, discapacitados y las investigaciones siguen en lo mismo”, cuestiona.

Imágenes del atentado al edificio del DAS en 1989

El lugar quedó convertido en un área de guerra: 300 establecimientos comerciales arrasados, edificios de apartamentos destruidos, 30 entidades financieras y más de 200 juzgados averiados, entre otros.

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Archivo EL TIEMPO


Por estos hechos solo hay dos condenados. En 1994, un juez condenó a ocho años de prisión a Guillermo Alfonso Gómez Hincapié y a 9 años de cárcel a Eduardo Tribín Cárdenas, las bajas penas fueron producto de beneficios por la política de sometimiento a la justicia. Y los señalados autores intelectuales (Pablo Escobar, Gonzalo Rodríguez Gacha, el 'Mexicano'; John Jairo Arias Tascón, ‘Pinina’ y Gonzalo ‘Chalo’ Marín) están muertos.

                                                                       ***

‘Me salvó la vida una columna’
Jhon Jairo Castellanos Aguirre

Jhon Jairo Castellanos Aguirre junto con otro compañero del DAS.

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Archivo familiar

Jhon Jairo Castellanos Aguirre pasaba la noche en el tercer piso del DAS. Hacía parte del grupo de escoltas que no tenían familia en Bogotá y a quienes les ofrecían alojamiento.

Ese día se levantó a las 5: 30 de la mañana. Ya estaban listos los carros y todo el armamento que necesitaban para el servicio de escolta, pero, a último momento, Jhon Jairo decide regresar para cambiarse de camisa y llevar otro saco.

“A las 7: 25 de la mañana subí al alojamiento, abrí el locker, me quité la camisa y fue cuando explotó la bomba. Fue un estruendo y me agaché pensando que el techo se iba a caer sobre mí”, recuerda Jhon Jairo, quien para ese momento tenía 28 años y era jefe de escoltas.

(En imágenes: el horror y últimos días de Pablo Escobar hace 27 años)

“Todo estaba oscuro, con mucha tierra. Me di cuenta que todas las paredes que dividía mi alojamiento estaban derrumbadas. No existía nada, solo estaban las columnas. Una columna, ubicada al lado del locker, fue la que me salvó la vida”, resalta.

No existía nada, solo estaban las columnas. Una columna, ubicada al lado del locker, fue la que me salvó la vida

Jhon Jairo sostiene que la escena más aterradora fue cuando se asomó desde el tercer piso: “Me asombró ver el cráter que dejó el bus y ver muchos cuerpos mutilados en la vía. Llegaban los bomberos y observaba el cordón de seguridad que había alrededor del edificio. Grité un buen rato de ira y el desconsuelo que tenía”.

En ese instante, en lo único que pensaba Jhon Jairo era en auxiliar a los demás tanto que salió del edificio solo hasta el mediodía. Su familia vivía en Manizales, no tenía donde dormir y sus pocas pertenencias (ropa y un televisor) desaparecieron en medio de los escombros. Un amigo le permitió quedarse en su casa y le ofreció una habitación, donde durmieron otros seis exescoltas.

(Lea también: El 'fantasma de Pablo Escobar' todavía mancha la imagen de Medellín)

Solo hasta la noche de ese miércoles llamó a su mamá: “Estoy bien gracias a Dios, nos estamos recuperando de este gran susto”, le dijo.

Jhon Jairo cuenta que aprender a superar el atentado ha sido todo un proceso. En la noche se despertaba gritando y asustado.

La vida para Jhon Jairo no ha sido fácil. Para 1998, perdió su pierna izquierda mientras cumplía un turno de guardia en Sahagún, Córdoba, al accionar por error una escopeta. Ahora trabaja como comerciante y reclama que nunca fue indemnizado o pensionado por el DAS.                                                    

ANGY ALVARADO RODRÍGUEZ
ELTIEMPO.COM
vivrod@eltiempo.com
Twitter: @angyalvarador

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