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Los retos del desarme, desmovilización y reincorporación de combatientes
Exfarc en la firma del acuerdo del 2016

Firma del acuerdo de paz del 2016 desde el campamento del las Farc de los Llanos del Yari.

Foto:

Carlos Ortega / archivo EL TIEMPO

Análisis

Los retos del desarme, desmovilización y reincorporación de combatientes

Firma del acuerdo de paz del 2016 desde el campamento del las Farc de los Llanos del Yari.

Análisis del profesor Eric Lair sobre los obstáculos y desafíos de los procesos de paz en Colombia.

Los programas de desarme, desmovilización y reinserción/reincorporación (DDR) de combatientes han acompañado un número significativo de procesos de paz en el mundo desde hace casi medio siglo. Los programas de DDR han sido objeto de una atención creciente, aunque desigual, entre otros por los especialistas en resolución de conflictos. Estos programas se han vuelto uno punto de referencia para discutir del éxito o el fracaso de la paz en los hechos.

(Lea: La vida que se siembra en Montes de María tras el paso de la guerra)

Pese a la existencia de parámetros para definir y evaluar los programas de DDR, no resulta siempre fácil analizar sus orientaciones y efectos —aún menos sin suscitar controversias—. Se observa en particular un déficit de información sobre los programas en diversos contextos. Además, muchos combatientes no han transitado de forma continua o completa por las distintas fases de DDR.

Hay irregularidades dentro o entre cada fase que hacen los estudios complejos. Sobre todo, la literatura sobre el tema privilegia algunas dimensiones en detrimento de otras con enfoques disímiles, las cuales son generalmente fruto de los intereses, las sensibilidades y los hábitos predominantes. La literatura ha dedicado, en este sentido, importancia al impacto de los planes de DDR sobre los indicadores de la violencia, teniendo en consideración su representación y tolerancia en las sociedades.

(Además: Tensión entre Gobierno y ex-Farc por viviendas para reincorporados)

El caso de Colombia constituye a la vez la ilustración y la prolongación, con características propias, de las tendencias evidenciadas en materia de DDR en diferentes escenarios. Desde la década de 1980, los programas de DDR individuales o colectivos en el país han sido elaborados por las autoridades oficiales como instrumentos para favorecer el retorno a la vida civil de los grupos al margen de la ley en conflicto. Sin embargo, estos programas no se han articulado con una visión de la paz sostenible a largo plazo. Globalmente, los planes de DDR han sido tributarios de las prioridades más o menos belicistas de los gobiernos de turno.

Nunca se ha logrado negociar simultáneamente en un ambiente estable de cese de hostilidades con la totalidad de los grupos. Como consecuencia, las condiciones de DDR no han sido similares para la mayoría de los combatientes que han regresado sucesiva y parcialmente a la vía no armada. Varios fenómenos de disidencia armada se han manifestado en las regiones. A medida que se han desarrollado los programas de DDR, las problemáticas han evolucionado. Tradicionalmente, las miradas se han detenido en los medios de subsistencia precarios de los excombatientes a menudo para subrayar los riesgos asociados de reincidencia en la violencia. Sin perder vigencia, estas miradas han sido complementadas por perspectivas renovadas que se han enfocado en la difícil reconversión en partido institucionalizado de los alzados en armas, abriendo reflexiones sobre la democracia y la ciudadanía.

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Rodrigo Londoño, exjefe de las Farc y líder del Partido Comunes, alertó a la JEP sobre los riesgos para los excombatientes.

Foto:

JEP

Otras perspectivas han puesto a la luz pública la proliferación de los asesinatos de antiguos miembros de las facciones ilegales. Indudablemente, los recientes programas de DDR negociados e implementados con las Auc y las Farc-EP han influido sobre las transformaciones de las problemáticas en torno a la paz. Aunque los avances hacia la terminación del conflicto armado han sido innegables, las experiencias de DDR con las extintas Auc y Farc se han convertido en una fuente mayor de inquietud e incertidumbre. Múltiples amenazas pesan hoy sobre la seguridad de las personas que han abandonado las armas en un contexto de violencias difusas animadas por consideraciones como la codicia, el miedo o aún la venganza.

Los factores de inseguridad no se circunscriben a la vulnerabilidad económica y social, las vicisitudes de la reconversión política o aún los atentados contra la integridad física y moral de los desmovilizados. Detrás de estos factores, se expresa una inseguridad menos visible que se relaciona con la situación jurídica no resuelta o el estado psicológico y emocional inestable de los mismos desmovilizados. A su vez, los desmovilizados pueden generar inseguridad en diversas esferas de la sociedad al retomar los caminos de la violencia.

(En otras noticias: JEP llamó al Estado a rendir cuentas por los homicidios de ex-Farc)

El conflicto armado permea todavía con una intensidad variable lo cotidiano de innumerables excombatientes, poniendo en tela de juicio los alcances de los programas de DDR y por ende la calidad de la paz.

No (re)conocer y corregir las limitaciones de la implementación de los acuerdos sellados con las guerrillas y los paramilitares es dejar espacios propicios al silencio, el olvido y la negación – quizás una situación de paz violenta.

ERIC LAIR
*Experto en temas de conflicto armado y paz
Profesor Investigador de Uniminuto

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