Secciones
Síguenos en:
‘Alguien odiaba demasiado a Karina’
‘Alguien odiaba demasiado a Karina’

De pequeña, Karina García sobrevivió a un accidente donde murieron 17 niños y creyó que Dios la reservaba para grandes cosas.

Foto:

Salud Hernández-Mora

‘Alguien odiaba demasiado a Karina’

Tres semanas después de su crimen, en Suárez esperan que la Fiscalía descubra al verdadero cerebro.

Tienes que bajar los vidrios si vas en carro, y quitarte el casco si viajas en moto, además de tener un motivo convincente para justificar la subida a la cordillera. Da igual si solo te diriges al pequeño corregimiento de La Betulia, a 10 kilómetros de la cabecera municipal por una vía destapada que serpentea la montaña.

Los milicianos imponen normas elementales para vigilar todos los movimientos desde que uno inicia el ascenso desde Suárez. Pero en estos tiempos de desconcierto y zozobra, nadie puede garantizar que quien se aventure a ingresar regrese sin contratiempos.

(Le puede interesar: En pausa, campaña política en zona donde fue asesinada Karina García)

Las disidencias del sexto frente y la columna móvil ‘Jaime Martínez’ de las Farc-EP son los absolutos amos y señores de una zona montañosa rica en cultivos de coca y en corredores de narcotráfico. No existe ningún otro grupo ilegal que haya intentado siquiera disputar un pedazo de su reino.

Karina lo sabía, al igual que el resto de aspirantes a la alcaldía de Suárez. Por esa razón pidió a la guerrilla que le dejaran desplazarse en la camioneta blindada de la UNP que le habían asignado, aunque las ventanas no pueden bajarse del todo.

Aceptaron, les quitó el polarizado y siguió sus correrías acompañada por un escolta sin armamento. No fue la única condición que cumplió. De los 30 millones que exigieron a los candidatos para hacer campaña, vestigios de la ley 002 que impuso el ‘Mono Jojoy’, que ella logró que le rebajaran a 15, alcanzó a pagar cinco.

Mujer valiente, impulsiva, arrojada, imprudente, carismática y frentera, incumplió la ley del silencio que garantiza la supervivencia en la Colombia roja, y pecó de exceso de confianza. Creía que sus conversaciones por chat o en persona con los comandantes ‘Alonso’ y ‘Marlon’, indicándole que no interferirían en su trabajo político, así como las muestras de cariño de los campesinos, resultaban escudos suficientes para seguir adelante pese a las advertencias y los ataques.

(También puede leer: Las amenazas en la recta final de la campaña electoral)

Semanas antes de la masacre en la que pereció junto a su mamá, Otilia, y cuatro acompañantes, en un atentado brutal, sus afiches en la zona rural aparecieron con su rostro pintado de negro. “Se habían tomado la molestia de taparle la cara con spray, incluso en los que colgaban en alto, algo muy extraño”, me comenta una persona que recorre el área y pide anonimato.

‘Alguien odiaba demasiado a Karina’

Las disidencias de las Farc fueron las autoras de la masacre de Karina García y son el único grupo armado en la zona.

Foto:

Salud Hernández-Mora

No vuelvan a poner publicidad, tenemos orden de quitar la que hay”, ordenaron cuatro guerrilleros, fuertemente armados, a dos seguidores de Karina mientras ponían publicidad el miércoles 28 de agosto. Regresaron a Suárez asustados, pero ella no se amedrentó. Volvió a pegar carteles y siguió su campaña por las veredas sin importarle que les cogiera la noche.

Llegó, incluso, a perseguir y cazar a un guerrillero armado, que estaba dañando sus afiches en pleno parque de La Betulia. Le pidió explicaciones de manera airada, con la confianza de saberse una aspirante honesta.

(Además: Ya van cinco candidatos amenazados en Córdoba)

Para entonces, le llegaron informaciones de que seguidores de otras candidaturas difundían en plaza pública las falacias de que traería erradicadores de coca, paramilitares y multinacionales a la región si ganaba, acusaciones que la ponían en el disparadero. Una fuente me aseguró que llegaron a declarar objetivo militar a quienes estuvieran con ella.

Pantalones

Expersonera con agallas, jamás nadie había insinuado que ella o alguien de su familia tuviese nexos con banda criminal alguna. Tampoco defendía la erradicación forzosa, ninguno de los candidatos lo hacía, sino la concertada. Pero lo de multinacionales no era nuevo.

Municipio de fuerte tradición minera, propagar el fantasma de la llegada de compañías extranjeras que desplacen a los locales no solo quita votos, sino que te pone en riesgo. Tanto es así que Otilia recriminó acalorada a Francia Márquez, en la vereda Gelima, el 30 de mayo, cuando la galardonada con el premio Goldman afirmó ante 120 vecinos que Karina favorecería el arribo de las empresas foráneas.

En lugar de ignorar los señalamientos, lo normal en donde impera las bandas criminales, la primera mujer que podría ser alcaldesa de Suárez rebatió los infundios en público. Afirmó que provenían de sus rivales, no solo en los dos videos que difundió en redes sociales, también en las veredas del corazón del reino Farc. Y no dejaba de reclamar a la guerrilla por el daño a su publicidad. “No debió ser tan directa. Eso en estos territorios es muy arriesgado, hay que ser prudente”, apunta el miembro de una campaña rival.

Nunca había ocurrido en Suárez una masacre tan horrible, con esa sevicia, con esa crueldad, por causas políticas. Tiene que haber algo más, alguien que la odiara demasiado

De alguna manera, Karina no creía que su vida corriera serio peligro. Aunque en agosto confesó que “tenía miedo”, admite una persona cercana, los citados comandantes de las disidencias reiteraban que nada había contra ella. “Si esa gente me dice que no siga, me retiro. Primero está mi hijo”, aseguraba a sus amigos que sufrían por su seguridad. Pero siempre quiso ser alcaldesa, mejorar la condición de su pueblo, no olvidaba que hace 19 años sobrevivió a un accidente donde fallecieron 17 niños. “Para algo me salvó Dios”.

Aun así, en círculos íntimos decía que solo temía a Rubén Darío Devia, exalcalde al que ella fustigó, primero como concejala y después en su calidad de personera, por considerarle un corrupto. Repetía que quería quitarla de en medio para evitar que derrotara a su candidato, César Cerón.

“Nunca había ocurrido en Suárez una masacre tan horrible, con esa sevicia, con esa crueldad, por causas políticas. Tiene que haber algo más, alguien que la odiara demasiado”, asevera una de tantas personas con quienes hablé, bajo la condición de anonimato, los días que permanecí en la población del norte del Cauca. Recuerda que 24 horas antes de la masacre asesinaron a dos forasteras y al lugareño que las trajo. Lo buscaban por un mal negocio de coca. “Pero fue con disparos”, agrega mi interlocutor, es decir, el normal ajuste de cuentas.

Lo que causó conmoción en la matanza de Karina, si bien el pueblo ya recobró su bullicio cotidiano, fue la sevicia con que actuaron. “Remátelos”, cuentan que gritaban los guerrilleros. Solo el escolta logró esconderse y refugiarse en una casa para salvar la vida. A los demás los acribillaron con tiros de fusil y granadas. El vehículo ardió en llamas y los cadáveres quedaron tan carbonizados que los amigos de Karina creyeron que estaban secuestrados.

“Un conocido pasó cerca y solo vio la camioneta calcinada. Le pregunté si había alguien dentro y me dijo que no vio a nadie. Eso nos animó porque pensamos que los tendrían en algún lado”, relata alguien que la quiso mucho y debe llorar su pérdida en silencio. “Aquí uno no puede ni siquiera mostrar dolor, nos lo tenemos que tragar y llorar cuando nadie nos ve”.

‘Alguien odiaba demasiado a Karina’

Las disidencias de las Farc en Suárez, Cauca, reclutan menores y muy jóvenes.

Foto:

Selfi de un guerrillero

En cuanto a los señalados, tanto Devia como Cerón rechazan su participación en los hechos. “¿Por qué una acusación tan grave si nunca ha sido mi estilo? Nunca hubo una confrontación personal con ella, ni una discusión”, afirma Devia, quien fuera alcalde y, en la actualidad, secretario general de Asocordillera y gerente de la campaña de Cerón. “Todo se remite al celo político. Como no tienen cómo señalar a César, la única manera de ponerlo en entredicho es atacándome a mí”, dice.

Asegura que ha “tenido que atender muchos llamados de la Contraloría y la Procuraduría por hechos que, según Karina, eran de corrupción”, pero, agrega, los está resolviendo a su favor, y en todo caso, ellos ganarán las elecciones.

Entretanto, en una casa que da al bullicioso parque central de Suárez, César Cerón asevera que “jamás en la vida he pensado en hacer nada contra nadie, nunca he sido una mala persona, a mí me dolió mucho su muerte. Fui docente y tengo una finca que era de mis abuelos, de cardamomo. Yo no estoy tranquilo con esos malos comentarios”. Me muestra el intercambio de mensajes de WhatsApp con Karina, que reflejan un tono cordial.

En el entorno de Devia y por boca de otras fuentes, escuchó que la candidata fue “demasiado osada al enfrentar a la guerrilla” y al denunciar públicamente lo que decían de ella. También, que a las Farc “se les fue de las manos” lo que pretendía ser un simple llamado de atención para que se callara.

Además de la terrible pérdida de Karina, Otilia, Aidé Tróchez, Héctor González, Lavedis Ramos y Yeison Obando, sus muertes han afectado el devenir cotidiano de Suárez. En La Betulia necesitan arreglar unos desperfectos en la escuela, pero no hay maestro que se atreva a subir, igual que los del ICBF. Tampoco comenzarán la obra por impuestos (una placa-huella de Suárez a Betulia, de 24.000 millones), que pagará Celsia. “Karina tenía supuestamente garantías y vea lo que pasó”, comenta un habitante del área, todavía aterrorizado.

En el equipo de Karina analizaron los pasos a seguir. “Queríamos una mujer de alcaldesa para cambiar la tendencia de los 30 años de existencia del municipio”, pero no cuentan con alguien de su carisma, “y las demás mujeres, no se atreven”.

Lo que harán, como Marly Janneth Sánchez, del corregimiento de La Toma, es no declinar la aspiración al Concejo. “Me da mucho miedo, pero no quiero dejar morir las banderas de Karina. La única vez que la vi quebrarse fue el 29 de agosto, en el Consejo de Seguimiento de Garantías Electorales. Llorando dijo: ‘Soy hija, esposa y mamá. Tengo un hijo de 3 años, no me hagan matar’ ”.

La población espera que la Fiscalía llegue esta vez hasta el fondo porque la baja de ‘Alonso’, comandante guerrillero que no era de la región y apenas conocían, no les tranquiliza. ‘Mayimbú’, el más sanguinario, bajaba al casco urbano a tomar cuando le provocaba y ahora anda perdido. Igual que ‘Marlon’, a quien era frecuente encontrarlo en la zona rural.

Y si bien nadie duda de que las Farc apretaron el gatillo, incontables voces creen que “en esa masacre hubo algo más”. Ronda la preocupación de que engaveten el caso, como suele ocurrir, y las dudas que generan miedo, odios y zozobra se enquisten. “Por la memoria de Karina y de todos los que murieron, tienen que averiguar lo que pasó, quién fue el verdadero cerebro”, claman sus amigos.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA
Especial para EL TIEMPO - Suárez, Cauca

Sigue bajando para encontrar más contenido

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.