Fajardo, el profesor que aprendió a buscar votos

Fajardo, el profesor que aprendió a buscar votos

El exalcalde de Medellín, aficionado al ciclismo y al fútbol, inició su vida política en las calles.

Fajardo

Sergio Fajardo estudió matemáticas en la Universidad de los Andes e hizo un doctorado en Matemáticas en la Universidad de Wisconsin-Madison.

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Claudia Rubio /EL TIEMPO

27 de mayo 2018 , 01:46 a.m.

Siempre llega a tiempo. Adonde quiera que va, Sergio Fajardo Valderrama, de 61 años, carga con él un lapicero en la camisa y un cuaderno argollado grande de hojas blancas en el que hace diagramas.

Los comenzó a “pintar” cuando estaba en tercero de primaria y su padre, el arquitecto antioqueño Raúl Fajardo, le enseñó a entender con gráficos las ideas principales de los textos que leía en el colegio. “Desde ahí comencé a pensar de manera organizada”, dice.

Cincuenta y cinco años después, usa diagramas para simplificar sus ideas, para sus presentaciones y para estructurar respuestas cuando está frente a un público.

“Yo soy un matemático”, afirma él, que ahora aspira a ser presidente por la Coalición Colombia, en la que participan la Alianza Verde, el Polo Democrático Alternativo y Compromiso Ciudadano, el movimiento que formó en Medellín a finales de la década de los 90 con el apoyo de miembros de la academia, el empresariado y las organizaciones sociales.

Los números han definido gran parte de la vida de Fajardo. Cuando era niño nunca fueron un dolor de cabeza para él y matemáticas era una de las materias en las que mejor rendimiento tenía. Por eso, después de terminar el colegio, a los 16 años, y de debatirse entre ser ingeniero civil o matemático, escogió la segunda opción y se trasladó a Bogotá para hacer su pregrado en la Universidad de los Andes. Después hizo una maestría y un doctorado en Matemáticas en la Universidad de Wisconsin- Madison (EE. UU.).

¿Qué le gusta de las matemáticas? “Los argumentos, las demostraciones. Para mí, la demostración es una expresión de lo más poderoso de la mente humana y, además, hay unas demostraciones que son de una belleza conmovedora”, señala.

Fue precisamente esa fascinación por los números la que lo llevó a ser profesor e investigador. Fajardo enseñó en la Universidad Nacional y en los Andes, donde fue director del departamento de Matemáticas.

Según cuenta el bioquímico, investigador y exrector de la Nacional Moisés Wasserman, el candidato a ocupar la Casa de Nariño hizo parte del primer Consejo Nacional de Ciencias Básicas hace 25 años.

“Era una persona joven, rigurosa, mentalmente muy organizada. Las discusiones con él siempre fueron con argumentos y sobre hechos. Como buen matemático cuantifica, entonces, hablábamos sobre números y hechos, y no sobre hipótesis vacías”, apunta Wasserman, quien dice que Fajardo fue seleccionado como uno de los 125 académicos de más alto nivel, en una convocatoria hecha por el entonces rector de la Nacional, Antanas Mockus, para conmemorar los 125 años de esa Universidad, en 1992.

Las discusiones con él siempre fueron con argumentos y sobre hechos. Como buen matemático cuantifica

Fajardo mantiene hoy las características de docente intactas: se ve cómodo hablando en público; pone ejemplos; mantiene el contacto visual con sus interlocutores; recibe todas las preguntas que le hacen y explica el contexto y el problema para llegar a la respuesta. “Yo siempre me siento profesor, hasta en la política. Ese es mi espíritu”, explica.

Fajardo

Fajardo, en su primera comunión.

Foto:

Archivo familiar

El comienzo en política

Es por eso, según dicen quienes han estado con él a lo largo de su vida política, que lo frustra tener que presentar una propuesta o responder a un cuestionamiento en un minuto, como suele suceder en los debates.

“Él se resiste a simplificar problemas muy complejos. Dice que es profesor, que va a explicar y que no le va a decir mentiras a nadie solo por simplificar”, señala su hijo, Alejandro Fajardo, que define a su papá como “un hombre idealista”.

Pero es precisamente eso, el tiempo que se toma para explicar, lo que le critican sus contradictores.

Fajardo no creció rodeado de poder. El candidato aterrizó en la política a los 43 años –una edad extraña, según él– cuando ya había sido, entre otras cosas, columnista de distintos medios y director del Centro de Ciencia y Tecnología de Antioquia.

Fue en 1999 cuando regresó a Medellín y, de la mano de personajes como el periodista y escritor Alonso Salazar, comenzó la formación de Compromiso Ciudadano. “A nosotros no nos gustaba la política tradicional, pero la decisión que tomamos fue: vamos a participar en política, a ganar elecciones y a transformar la sociedad”, recuerda.

El ahora candidato a la presidencia empezó a recorrer las calles de su ciudad para hablar con la gente. “Yo aprendí a hacer política caminando, entregando volantes. Para mí dos personas ya eran una manifestación. Caminamos por horas y horas llegando a rincones”, dice.

Ese mismo año, se lanzó como candidato a la alcaldía para las elecciones del 2000. “Cuando llegó vino con la idea de ser alcalde; parecía algo imposible”, cuenta Salazar, quien añade que las estructuras políticas tradicionales en esa ciudad eran muy fuertes.

El matemático no ganó, pero obtuvo 60.000 votos, un resultado inesperado para una plataforma independiente que tenía su base en los ciudadanos. Pero Fajardo no se rindió. En el 2003 volvió a repetir su estrategia política. “Fue a cada barrio, cuadra por cuadra a ver realidades distintas. Hizo algo muy importante: escuchar a muchos expertos sobre lo que estaba pasando”, cuenta Salazar.

Fue así como, con el aval de la Alianza Social Indígena, logró ser elegido para ese cargo con más de 208.000 sufragios, la votación más alta registrada hasta ese momento en Medellín.

Ese fue tan solo el comienzo de su carrera política. Aunque afirma que no siempre quiso ser presidente, el exalcalde decidió apuntarle al Palacio de Nariño en el 2009, pero su partido Compromiso Ciudadano no consiguió suficientes votos en las elecciones de Senado.

En el 2010, Fajardo terminó en una alianza con el Partido Verde y como la fórmula vicepresidencial de Mockus. “Sergio es un educador que entendió que podía aportar a la sociedad educando a una escala más grande”, dice el senador electo y exalcalde de Bogotá.

Tras una segunda vuelta en la que Mockus fue derrotado por Juan Manuel Santos, Fajardo fijó, en el 2011, su próximo objetivo: ser gobernador de Antioquia. Lo logró y estuvo en ese cargo entre el 2012 y el 2015. Dos años más tarde volvió a manifestar su aspiración a la presidencia y se convirtió en el candidato de la Coalición Colombia.

Sergio es muy dedicado a lo que mueve su vida, el conocimiento y, en los últimos años, la política. Está muy concentrado en las metas que se pone (...). De ahí no lo saca nadie”, afirma Iván Marulanda, amigo cercano del exalcalde de Medellín.

Fajardo

A finales de los 90, Fajardo regresó a Medellín, donde comenzó la formación de Compromiso Ciudadano y lanzó su candidatura a la alcaldía.

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Campaña Fajardo

Los ciclistas, sus ídolos

Los que lo conocen de cerca lo describen como un hombre tímido y reservado. Incluso hay quienes dicen que muchas veces esa timidez hace que sea muy directo, algo que lo hace ver arrogante ante la gente.

Sergio es muy dedicado a lo que mueve su vida, el conocimiento y, en los últimos años, la política.

Pero una de las cosas que más destacan de él es que es respetuoso, algo que, según Marulanda, aprendió de su padre. “La impaciencia viene de mi mamá (Mara Valderrama). De mi papá viene la sabiduría. Yo soy una mezcla”, dice Fajardo.

“Él puede tener un día de desespero, de mal genio, puede ofuscarse, pero no dice nada desobligante sobre nadie (…). Si alguien no le gusta no se refiere a esa persona, se calla”, dice Johanna Peters, coordinadora de la oficina del candidato.

Fajardo es un aficionado del ciclismo. Afirma que cuando era niño su gran ídolo era Martín Emilio ‘Cochise’ Rodríguez y que ahora admira a deportistas como Rigoberto Urán, Nairo Quintana y Esteban Chaves, entre otros. De ahí viene su gusto infinito por subirse a una bicicleta y escalar las montañas emulando a los escarabajos colombianos. “Cuando uno ha montado a conciencia, llegar a una cima es delicioso”, señala.

Su fidelidad al Deportivo Independiente Medellín también marca otro de sus gustos: el fútbol. Una fascinación que lo llevó a ver a jugadores como Diego Armado Maradona en Bogotá, Pelé en Medellín, y Lionel Messi en Barcelona.

“Ver un partido bien jugado, ver a Messi cuando puede desplegar ese talento, me hace muy feliz”, cuenta al recalcar que sus hijos, Alejandro y Mariana, y su esposa, la psiquiatra Lucrecia Ramírez, son su “felicidad natural”.

¿Y le gusta cantar? “No. Canto pésimo. Yo hubiera querido saber... Yo no tengo muchas de esas habilidades, cantar, bailar, no salí con ninguno de esos atractivos”, dice.

Pero si está solo y escucha una canción que le gusta o le trae recuerdos no duda en hacerlo. Así ocurrió una mañana fría de Bogotá, cuando mientras esperaba por un evento de campaña en un restaurante de almuerzos típicos en Quinta Paredes terminó cantando el coro de canciones como La Yerbita o La Bonga, en las versiones de los Corraleros de Majagual.

Fajardo reconoce que no es un melómano y que tiene pocas canciones favoritas: “las variaciones de Goldberg de Johann Sebastian Bach, algunas de Vivaldi y de Joaquín Rodrigo”.

Cuando se acerca la hora de su cita se alista para salir. Al llegar, cinco minutos antes, camina despacio, saluda, se remanga la camisa y, cuaderno en mano, empieza a hablar. “Yo les voy a contar por qué estoy acá (...)”, dice.

SANDRA RAMÍREZ CARREÑO 
Subeditora Internacional de EL TIEMPO@esalgosimple

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