‘No tengo ningún desespero ni voy a tirar la toalla’: De la Calle

‘No tengo ningún desespero ni voy a tirar la toalla’: De la Calle

El candidato liberal admitió que la distancia entre los partidos y la gente es cada día más grande.

‘No tengo ningún desespero ni voy a tirar la toalla’: De la CalleEl candidato liberal admitió que la distancia entre los partidos y la gente es cada día más grande.
‘No tengo ningún desespero ni voy a tirar la toalla’

Ricardo Pinzón / Revista Bocas

Por: Juan Francisco Valbuena G
22 de mayo 2018 , 07:00 a.m.

Cuando Humberto de la Calle comenzó su campaña por la presidencia no se imaginó que conseguir votos para conquistar el primer cargo del Estado fuera tan difícil como convencer a los veteranos líderes de la guerrilla de dejar las armas. Pero con paciencia y sabiduría lo logró. Lo del desarme, claro está.

A una semana de la primera vuelta, el aspirante presidencial por el Partido Liberal conversó con EL TIEMPO sobre diferentes temas: paz, economía, salud, política y también sobre sus competidores, de los cuales resaltó virtudes y defectos.

De César Gaviria, el jefe de su partido, dijo que ha sido un “unificador” del liberalismo; de impuestos, se comprometió a no crearlos para el ciudadano de a pie, y sobre la paz admitió que ha tenido tropiezos en su implementación.

Algunos liberales dicen que no hay mucho dinero para hacer campaña, ¿eso es verdad?

Somos la campaña más barata. Estamos trabajando, particularmente, con el anticipo del dinero oficial. Así deberían ser todas las campañas, pero en la base liberal encuentro entusiasmo y muchos congresistas han convocado. En Bolívar, en Atlántico, en Cundinamarca, para hablar solo de algunas visitas, ha sido estupendo porque ha habido reuniones grandes de la clase dirigente, los concejales, los ediles, y con sumas muy pequeñas, sin utilizar los buses tradicionales ni nada que se le parezca.

¿Más o menos en cuánto está tasando su campaña?

El valor del anticipo, si no estoy mal, está en alrededor de 7.000 millones de pesos.

¿Qué papel ha jugado César Gaviria en su campaña?

Desde el momento en que se consolidó la candidatura única, hemos venido trabajando conjuntamente. Incluso con presencia del doctor Gaviria en muchas de las reuniones y manifestaciones públicas.

En otros casos nos hemos repartido la tarea, pero siempre ha estado conduciendo al Partido Liberal y unificándolo alrededor de la candidatura única, hasta el punto de haber reunido a las bancadas de senadores y representantes a la Cámara, actuales y elegidos, reunión que concluyó con el apoyo a la candidatura. Yo le agradezco al doctor Gaviria la forma en la que nos ha apoyado.

¿No siente que al principio de la campaña lo impulsó decididamente y en las últimas semanas lo ha abandonado un poco?

No, al contrario, en las últimas semanas se ha intensificado su presencia en muy diversos actos con el Partido Liberal. Insisto en que él ha sido un factor determinante para la unificación del liberalismo.

El expresidente liberal Ernesto Samper dice que Gaviria está llevando el Partido Liberal a la tumba. Como sé que me va contestar que eso no es cierto, más bien le pregunto, ¿no será que muchos políticos tradicionales están llevando sus partidos a las tumbas y por eso la gente ya no cree en ellos?

Sí, claro. Primero hay una insatisfacción generalizada con los políticos, aun si son líderes correctos, honestos y buenos. Es un prejuicio que tienen muchas personas que piensan que todo político es corrupto y entran a lo público es a robar. Hay una crisis de credibilidad y confianza, sin duda ninguna, que afecta por igual a todos los partidos.

Pienso que Petro está cosechando en ese terreno, en el campo de la insatisfacción. También me parece que hay una responsabilidad enorme del Centro Democrático, porque en la medida en que el doctor Uribe, en su pelea con Santos, ya no solo lo crítica a él sino a las instituciones públicas, esto va deteriorando las instituciones.

¿Qué es más fácil, convencer a los líderes de las Farc de desarmarse o conseguir votos?

Conseguir votos en Colombia no es fácil para nadie, y si bien las encuestas no son favorables, no tengo ningún desespero ni voy a tirar la toalla. Hay suficientes días para cambiar la situación, entre otras cosas porque la verdadera oferta desde el centro, pero un centro transformador y no descafeinado, es la que nosotros tenemos.

Por otro lado, sí he encontrado que en mis años en La Habana no solo fue extraordinariamente difícil lograr acuerdos con las Farc, sino negociar aquí. Es decir, a mí me tocaba negociar en todos los frentes: con las Farc, luego regresar, hablar con los militares, con el Gobierno, con los ministros, con la Iglesia; es una tarea extraordinariamente compleja.

En el terreno de la política exterior, ¿usted qué haría, como presidente ante un fallo adverso de La Haya?

Lo primero que haría es entender que, desde el punto de vista constitucional, tenemos normas que han solidificado nuestros límites y que no pueden ser cambiadas, salvo un proceso de negociación con Nicaragua.

Entraría en una fase de negociación, no solo ante los fallos que han ocurrido, sino ante cualquiera que sobrevenga, particularmente el de la plataforma continental extendida, que es el que se supone que saldrá. Lo que ha venido ocurriendo es muy negativo para Colombia, pero se necesita una plena solidaridad de los colombianos con su gobierno.

Los políticos hablan mucha carreta sobre la salud, ¿usted qué le respondería a un paciente al que su EPS le dio la cita con un especialista para dentro de tres meses?

Pienso que el candidato que está proponiendo un modelo distinto soy yo. Las EPS reciben dinero por cada afiliado; luego, a través de las instituciones prestadoras de salud, cubren los eventos de enfermedad.

Todo lo que se denomina medicina preventiva y promoción de la salud termina siendo un homenaje a la bandera

Todo lo que se denomina medicina preventiva y promoción de la salud termina siendo un homenaje a la bandera. Por eso lo que voy a hacer es, entre otras cosas, crear el médico familiar, pero no como una especialidad adicional, sino un médico general que atendría a varias familias, que tendría carácter resolutivo y sería capaz de tomar decisiones y no ser un simple obrero de las EPS.

¿Y esto cómo aliviaría a los usuarios del sistema de salud?

Esta sería, a su vez, la puerta de entrada al sistema. Es lo que ocurre, por ejemplo, en el Reino Unido, donde hay un médico al que toda la población está obligada a ir y que la conduce a través de las diferentes especialidades.

Esto porque lo que está ocurriendo ahora es que hay, entre otros problemas, un exceso en la utilización de los hospitales de tercer nivel. La gente se desespera porque no le dan la cita y entonces se va para el hospital, la mayoría entra por urgencias, las congestionan y siempre buscan al especialista allí.

¿Con usted habrá menos impuestos o más impuestos?

Digo que para las empresas, menos. El impuesto para ellas es muy alto y les quita competitividad. Yo voy a bajar los impuestos a las empresas, pero eso genera un roto. Para llenarlo hay algunos caminos. El primero, hay de 5 a 6 billones de pesos en exenciones y privilegios tributarios, y pienso examinar uno por uno a ver cuáles sí tienen sentido y productividad y cuáles hay que eliminar. El segundo, la lucha contra la corrupción y la evasión, y atender las recomendaciones de la Comisión de Gasto.

¿Y para el ciudadano de a pie?

Para la gente de a pie no voy a subir los impuestos, y en relación con el IVA queremos lo siguiente: hay todavía muchas exenciones innecesarias en el IVA. Voy a mantener la canasta familiar con cero IVA, pero artículos que hoy están exentos sin necesidad, en la medida en que pueda ir estableciendo cuáles son, puedo crear metas más suaves de tributación para ver si uno es capaz de bajar del 19 al 17 por ciento, no más abajo.

¿Qué tiene de bueno Germán Vargas y qué tiene de malo?

Él ha sido un buen ejecutor, sin duda, y hay un papel que hay que reconocerle en esa materia, pero me parece que es el más tradicional de los políticos tradicionales, con el eterno uso de las maquinarias de manera extrema y recogiendo en ellas, sin ninguna discriminación, todo aquel que le ofrezca apoyos.

¿Y de Iván Duque?
Tiene buenas ideas en materia de un Estado más sencillo, que yo comparto, pero creo que sus propuestas son muy anacrónicas. Eso de unificar las cortes va a implicar la desaparición de la tutela, porque sin Corte Constitucional no es posible resolverla oportunamente.

¿Y de Sergio Fajardo?

Con él tengo identidades éticas y políticas, pero sí le hago una crítica muy dura y es que en noviembre, cuando obtuve la candidatura liberal, que lo invité a que hiciéramos una consulta interpartidista, no se logró.

Él se negó tres veces y cometió un error garrafal porque el 11 de marzo lo que pasó fue que las dos consultas se chuparon toda la opinión y nos dejaron, a quienes estamos en el centro, un poco desaparecidos. Estoy seguro de que si el 11 de marzo hubiéramos tenido tres consultas –una de ellas la que yo proponía– el panorama electoral sería distinto.

Hablemos del tema de la paz. ¿No cree que el desarme de las Farc salió bien, pero el tema del posconflicto está saliendo mal?

Creo que hay riesgos en la consolidación de la paz. No creo que sea necesariamente irreversible, y en eso discrepo del presidente Santos porque yo sí veo amenazas. La primera es política y es obvia: el Centro Democrático ha dicho que va a reestructurar los acuerdos; esa es sencillamente una expresión más moderada de volverlos trizas, pero en la práctica es lo mismo, y eso me parece un error histórico monumental.

Quiero decir esto por encima de la discusión electoral: cuando el Estado ha fallado, se reabren viejas formas de violencia. Adicionalmente, creo que en el Congreso ha habido mucha dificultad para tramitar las leyes. Cambio Radical venía apoyando el proceso y después cambió de opinión y dificultó claramente la aprobación de las normas que eran necesarias. Y luego, en el terreno, los planes de desarrollo con enfoque territorial han tenido dificultades burocráticas.

¿Y cuál será su fórmula, si es presidente, para encauzar el proceso de paz con el Eln?
Esas son conversaciones muy complejas y en el pasado se han ensayado sin mucho éxito. En este momento lo que creo recomendable es que el Eln entienda que el apoyo a la mesa es muy precario.

Fíjese cómo al principio de las conversaciones con las Farc, aun cuando había impopularidad de esa guerrilla, el proceso tenía mucho sustento en la opinión pública, y eso no es lo que está ocurriendo ahora. Diría que es necesario obtener del Eln la suspensión del secuestro en forma definitiva y sugeriría un cese unilateral del fuego indefinido, como hicieron las Farc en su momento y el cual permitió avanzar.

Hay muchos estudios que indican que los jóvenes, que son una de sus principales fuerzas, son los que menos votan. ¿No teme que el 27 de mayo lo dejen ‘colgado de la brocha’, como dicen?
Sí, dijéramos que hay una cierta tendencia en ese sentido. He visto un renacimiento del interés de los jóvenes en los asuntos públicos. Por ejemplo, alrededor del tema de la paz, después de la derrota del plebiscito, las movilizaciones fueron fundamentalmente de jóvenes.

Es impredecible qué tanto votarán o no, pero mi tarea no es solo esa, porque yo quisiera también no solo un resultado electoral, como es obvio, sino también un legado, dejar unas ideas; yo estoy defendiendo unas causas, y yo sí le quiero confesar que para mí es extraordinariamente gratificante ver que tengan recibo entre los jóvenes, eso me llena de vida y de vigor para seguir con esta prédica.

Juan Francisco Valbuena G.
Twitter: @juanfvalbuena
fraval@eltiempo.com

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